miércoles, 13 de febrero de 2008

La flor del paraíso: El consumo del qat en Yemen

Esta mañana mientras me dirigía en coche al trabajo, he escuchado una noticia por la radio que me ha llamado la atención:

Una nueva droga se ha incautado en Barcelona. Los Mossos se incautan del primer alijo de “khat”, la droga de África. Los consumidores mastican los tallos del arbusto para combatir el hambre y la fatiga. Detenido un hombre que enviaba la mercancía por correo a Nueva York”.

A continuación han explicado algo más sobre los efectos de esta “nueva” droga y los países donde habitualmente se consume y han dado más detalles sobre la actuación policial.

Antes de viajar al Yemen nunca había oído hablar de esta droga, ni siquiera en clase de Toxicología donde nos dieron unas buenas lecciones de todos los estupefacientes habidos y por haber.

Lo primero que me llamó la atención al llegar a Sana’a fue la cantidad de plásticos de color verde o rosa que se amontonaban en cualquier rincón de la ciudad. Se trataba de las bolsas que envuelven el qat (o khat), el nombre común de la planta catha edulis.
Es una droga que se consume habitualmente y no se concibe ninguna fiesta, acto social o una simple reunión de amigos, sin hojas de qat.
Tan sólo en Yemen, el 80% de la población adulta –sobre todo hombres -consume esta droga, que en la calle cuesta, el manojo, 2 dólares y si es de la mejor calidad, unos 30. Algunas mujeres también lo toman pero siempre en reuniones privadas.






Los países donde más se consume son el Yemen en la península arábiga y Somalia y Etiopía en el llamado “cuerno de África”. Los tres países están geográficamente muy próximos y hay diferentes versiones sobre en cual de ellos se originó el hábito de masticar las hojas de qat.

Las crónicas aseguran que esta costumbre se remonta al siglo XIII y estaba reservado a las clases ricas hasta la guerra civil de 1962, momento en que se generalizó su consumo.

En estos países todo intento de prohibición ha sido inútil y día tras día es vendida de forma totalmente legal en sus mercados.






Los emigrantes africanos residentes en Estados Unidos, Canadá y Alemania son los nuevos consumidores de qat que han disparado el tráfico de esta sustancia. Precisamente las dos cajas con 24 kilos de qat que han intervenido los Mossos iban dirigidas a un hotel de Nueva York.

El reparto inicia al amanecer y grandes cantidades de esta planta se envían desde sus dos grandes productores, Etiopía y Kenia varias veces por semana.

Se trata de un arbusto que crece entre 5 y 8 metros de altura. La hoja es perenne y tiene entre 5-10 cm de largo y 1-4 cm de ancho. Son las hojas las que tienen propiedades psicoestimulantes.

Sus principios activos son los alcaloides catina y catinona, química y funcionalmente parecidos a las anfetaminas.
   
Las hojas se mascan como si fuera tabaco, durante horas y horas, lentamente se van extrayendo todos los principios activos y empiezan a notarse los efectos: desaparece el hambre y la fatiga. Se pierde la noción del espacio y del tiempo y dicen que provoca una gran euforia, da mucha energía y desarrolla la imaginación. Sin embargo los efectos secundarios son terribles: insomnio, depresión, anorexia, irritación estomacal, dificultades respiratorias y claro está, adicción.

Otro gran problema es el económico. Consumir qat no es barato y una gran parte de sus escasos salarios se funden en la compra casi diaria de la droga. Los más adinerados pueden comprar la de mejor calidad, aquella de tallos más frescos y tiernos y evidentemente son los que tienen un mayor prestigio social. En Occidente el precio se dispara y puede llegar a costar unas 10 veces más, hasta 300 $ el kilo. Por otro lado, su producción amenaza con desplazar otros cultivos como el café o los cereales ya que el qat supone dinero rápido y diario.

Principalmente por la tarde, casi todos los yemenitas mascan su qat: policías, taxistas, tenderos, artesanos, agricultores, pastores, estudiantes ... casi toda actividad laboral se paraliza y prácticamente nadie trabaja, lo que comporta la pérdida de millones de horas de trabajo.

Se reúnen en el mafreg, una acogedora habitación que se encuentra en el piso más elevado de la casa, donde sentados sobre colchonetas empiezan la sesión.






Lo venden envuelto en bolsas de plástico o en hojas de plátano para que conserve su frescura, y uno a uno van sacando los tallos que se meten en la boca después de doblarlos.

Las hojas una vez masticadas las van acumulando en la boca, hasta tal punto que la bola que guardan les deforma totalmente la mejilla.


Ellos defienden que estas sesiones fortalecen sus lazos de amistad y son una excelente ocasión para aproximar posiciones, convenir bodas o hacer negocios. La reunión se va animando y en el centro del mafreg va creciendo la montaña de ramas de qat desechado, a la vez que las colillas en los ceniceros y el tamaño de la bola dentro de su boca.

Se oye la voz del moecín llamando a la plegaria y dan por acabada la sesión. Escupen la enorme bola de qat que se ha formado en la mejilla, se enjuagan con abundante agua fresca y se sienten felices.

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