jueves, 13 de marzo de 2008

Mount Kenia Safari Club


En octubre de 1992 – y parece que fue ayer – realizamos nuestro primer viaje a África subsahariana y Kenia fue el destino escogido. Visitamos Amboseli, Lago Nakuru, Masai Mara, Aberdares, Monte Kenya, Samburu y acabamos el recorrido en la ciudad costera de Mombasa.

Nos alojamos una noche en el exclusivo Mount Kenya Safari Club, situado a los pies del Monte Kenia y que con sus 5199 metros es la montaña más alta del país y la segunda del continente africano, tras el Kilimanjaro. De las siete cumbres de la mítica montaña, Batian (5199m) es la más alta. La siguen Nelson (5188m) y Lenana (4985m). Se trata de un volcán inactivo y los kikuyu – etnia mayoritaria de la zona – la consideran una montaña sagrada pues creen que el ser supremo Ngai, creador del primer hombre, tiene allí su morada.
El misionero Johann Ludwig Krapf fue el primer europeo que, en 1849, afirmó haber visto el Monte Kenia.
El resort Mount Kenya Safari Club se encuentra en este lugar privilegiado. Un cartel de madera donde se puede leer que nos encontramos a 0º de latitud, nos recuerda que estamos en el ecuador a pesar de poder intuir los picos nevados en medio de la bruma que impide ver la montaña con claridad.
Sin embargo, el prestigio del lugar no se debe a su emplazamiento sino a su historia y a lo que representa.
Fue hacia los años 20 cuando se pusieron de moda los safaris y comenzaron a llegar a Kenia millonarios aristócratas blancos atraídos por la naturaleza salvaje y abundancia de caza y ávidos de pieles, marfil y otras exóticas piezas.





En 1938, una rica americana llamada Rhoda y su amante francés, compraron en subasta aquellas tierras a 190km al norte de Nairobi. Allí construyeron una lujosa mansión que llenaron de trofeos de caza, antigüedades, pieles de tigre y demás excentricidades. Se dice que Rhoda recibía a las visitas con dos guepardos amaestrados que lucían collares de brillantes. Después, la mansión se convirtió en un hotel llamado Mawingo donde se alojaban algunos cazadores. Fue en 1959 cuando el actor William Holden quedó prendado de aquel entorno y junto al millonario texano Ray Ryan y al financiero suizo Carl Hirschmann transformaron el lugar en un selecto club de caza llamado tal como lo conocemos hoy en día. Desde entonces, políticos, actores y otros personajes célebres han ido desfilando por sus instalaciones. Sir Wilson Churchill fue uno de los miembros fundadores, pero también pasaron por el club Lord Delamere, Onassis, el Aga Khan y miembros de la realeza de varios países. La presencia de William Holden, uno de los actores más famosos de aquella época, atrajo a muchos personajes del mundo del celuloide como Frank Sinatra y Ava Gadner. También Deborah Kerr y Stewart Granger se alojaron en sus habitaciones durante el rodaje de la película “Las minas del rey Salomón”, o el mismo Robert Redford cuando rodó “Memorias de África” junto a Meryl Streep.
Al llegar, me impresionaron los cuidados jardines llenos de aves exóticas campando a sus anchas. Un grupo de kikuyu nos dieron la bienvenida con unas animadas danzas.










La habitación era espléndida, con todo lujo de detalles y una gran chimenea encendida. Encima de la cama nos encontramos dos detalles muy representativos del lugar que todavía guardo: Una figurita de madera representando a Ngai, el ser supremo que habita en el Monte Kenia y un pequeño trozo de piedra negra de la misma montaña, que según dice la leyenda nos traería 10 años de fortuna. Un paseo por las instalaciones del hotel te trasladan a la época colonial, cuando Kenia era conocida con el nombre de "África Oriental Británica". En el hall cuelgan diversas fotografías de Karen Blixen cuando llegó a Kenia en 1913. En una de ellas aparece frente a su granja que inspiraría su famoso libro y en otra junto a su esposo, el barón Bror von Blixen.
Entre tanto lujo, se suponía que debíamos cumplir algunas normas en cuanto a la vestimenta. Habíamos leído que los caballeros tenían que vestir americana y corbata para la cena, pero lo tomamos un poco a broma. Lo único que teníamos más que claro es que no cargaríamos con una americana durante todo el safari. Una camisa limpia y una corbata serán suficientes, pensamos. Además ¡oh salvación! leí en la guía que el hotel tenía un servicio - previo pago, evidentemente – de alquiler de americanas.



A media tarde y después de dar un agradable paseo por los jardines nos acercamos a la oficina de alquiler. Supongo que igual que nosotros, el resto de clientes del hotel habían tenido la misma idea; la cuestión es que sólo quedaba una americana, pero no cualquiera. Una americana a cuadros, unos cuadros enormes de colores chillones y encima unas cinco tallas más grande de la que necesitaba. Evidentemente después de reírnos un buen rato, salimos de allí sin la americana. Con la corbata y la camisa limpia y planchada (antes acostumbraba a llevar una pequeña plancha de viaje) y yo más o menos arreglada seguro que no daríamos la nota. Pero ¡lo qué faltaba! una tormenta a última hora de la tarde dejó todo el recinto sin corriente eléctrica, con lo que nos tuvimos que vestir a la luz de una vela y de la llama de la hoguera y la camisa se quedó sin planchar.
Fuimos directamente al comedor pensando en la suculenta cena que nos estaba esperando. Los comensales iban entrando y los caballeros lucían las americanas que seguro habían ido a alquilar unos minutos antes que nosotros. Cuando llegó nuestro turno, un señor muy amablemente nos dijo que sin americana no se podía entrar al comedor. En aquel momento no supimos como reaccionar. Resignados y en plan cenicienta pregunté si nos podían servir la cena en la habitación. Hablaron entre ellos y al final nos adjudicaron una mesa en un rinconcito del comedor. Todavía no había vuelto la luz y el comedor estaba medio a oscuras, sólo con la iluminación de las velas, con lo que pasamos bastante desapercibidos y no desentonamos entre tanta tontería. Aquella noche nos sentimos totalmente fuera de lugar. Seguro que la cena servida en la habitación, con el pijama como traje de gala y el calorcito de la chimenea nos hubiera sentado mucho mejor.

El mítico Monte Kenya desde la habitación

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.