viernes, 28 de marzo de 2008

Périgord Negro, un placer para los sentidos


Como ya he comentado en otras ocasiones, Francia es un país al que nos gusta viajar con frecuencia. También es cierto que geográficamente hablando, la distancia que nos separa del país vecino no es mucha, lo que facilita poder hacer cortas escapadas.

A pesar de las bajas temperaturas que nos han acompañado y de algún que otro chaparrón hemos pasado unos días estupendos. Nos hemos movido básicamente por los Departamentos del Lot y de la Dordoña, concretamente por la región del Périgord negro.
El Lot y el Dordoña, ríos caudalosos que riegan estas maravillosas tierras ricas en castillos, en cuevas prehistóricas, en pueblos medievales y en exquisiteces gastronómicas.
Y un poco de todos y cada uno de estos placeres que nos ofrece la región es lo que hemos intentado saborear.
Caminamos por el puente Valentré una mañana fría y gris. Este puente, declarado Patrimonio por la UNESCO es el símbolo de la ciudad de Cahors y es uno de los más bellos y mejores conservados de los puentes medievales europeos. Con sus 6 arcos góticos y sus 3 torres, se levanta desde 1378 sobre las aguas del Lot. Respiramos paz en el claustro de la Catedral de St-Étienne. Tengo una especial fascinación por los claustros; me transmiten una sensación de tranquilidad como pocas cosas lo consiguen.





Hemos visitado pueblos con un rico patrimonio, donde la esencia del medievo se hace notar en todos los rincones: St Cirq Lapopie, Beyzac, Sarlat-la-Canéda , La Roque Gageac, Rocamadour.
La piedra es la gran protagonista de la región. Color miel de la piedra del Lot que se hace patente en muchas de las construcciones. Entramados de madera y tejados de lauze, la piedra plana calcárea característica de esta zona. Pueblos de vértigo construidos sobre acantilados, castillos que nos recuerdan que hubo un tiempo en que unos pocos dominaban estos valles.
Calles estrechas y empinadas, muy empinadas. Sin embargo, el esfuerzo siempre tiene recompensa.
Abundan los sitios prehistóricos y las grutas decoradas, como las cuevas de Lascaux incluidas por la UNESCO entre los bienes declarados Patrimonio de la Humanidad.
La cueva original está cerrada al público pero se puede visitar Lascaux II, una copia exacta y que merece la pena admirar por el gran realismo de las pinturas de animales que cubren techo y paredes.





Hemos circulado sin rumbo fijo por carreteras locales, sin apenas cruzarnos ningún coche. Hemos atravesado muchos pueblos donde también se hace evidente el abandono de la vida rural. Salvo en los pueblos más turísticos, poca gente joven vive en el campo. Gente amable, orgullosa de su tierra. En invierno somos pocos, pero en verano es otra cosa, nos dicen.
La mayoría de visitantes conocen bien los productos que aquellas generosas tierras pueden ofrecer. Productos que se venden en los mercados que se celebran semanalmente en muchos de los pueblos. Visitamos Sarlat en sábado, día de mercado, donde se pueden encontrar todos los ingredientes de la cocina del Périgord: foies, productos elaborados con nueces, cepes y trufas (cuando es la época), fresas, quesos, vino de Cahors …
Visitamos una granja donde crían ocas y patos para obtener los apreciados foies. Tres generaciones se han dedicado a esta actividad que en los últimos años tanta polémica ha generado.  Isabel intenta transmitirnos que los animales no sufren, que esta forma de alimentar a las ocas ya se hacía en el Antiguo Egipto. Lo tienen difícil, porque además les ha salido mucha competencia. Como nos decía, se vende mucho foie mientras que son muy pocos los que se dedican a la cría tradicional en granjas. Llega mucho producto de Europa del Este a precios mucho más bajos.






Durante estos días hemos comido mucho y muy bien y hemos saboreado al máximo la rica gastronomía perigordiense. Nos alojamos en una encantadora casa rural donde compartíamos mesa cada noche con Bernard y Corinne, unos auténticos enamorados de la vida. Bernard es chef de cocina y su historia daría tema para varios relatos. Elabora platos con ingredientes de mucha calidad y le satisface que sus huéspedes conozcan la gastronomía del Valle del Dordoña. Corinne no se queda atrás; a su cargo corre la elaboración de pasteles, mermeladas y otras delicias para el paladar.




Un viaje para repetir. Un auténtico placer para los sentidos.

7 comentarios:

  1. La verdad es que cualquier rincón de este mundo puede llegar a ser un placer para los sentidos. Te agradezco tu visita a mis blogs y por supuesto la labor que realizas en el tuyo. Espero, porque se que te gusta viajar, algún día realices un viaje por estas tierras, que seguro no te defraudaran y sigamos en contacto para lo que desees saber de Cazorla o Jaén. Un abrazo amiga.

    ResponderEliminar
  2. Conozco muy bien esa región... Hace unos años fui invitado a un simposium en un pequeño pueblito del Perigord, Les Arques, en donde el gran Zadquine tenía su taller de escultor... Fui para cuatro días y me quedé dos semanas!!! Es una comarca telúrica, atrapa, tiene mucho de magnético... No me extraña que en ella se dieron esas muestras de arte mágico, Lascaux y tantas otras... Y qué maravilla de gastronomía: comer todos los días ese foie y esas tortillas trufadas y demás... Ay, qué maravillas me recuerdas... Saludos... Pau

    ResponderEliminar
  3. Que lugares tan maravillosos y que fotos tan buenas. Se me hace la boca agua solo de pensar en las delicias que se pueden paladear en una zona como esa.

    Me ha gustado especialmente el pueblecito ese que trepa por la roca y que esta a tu espalda en esa foto en la que apareces con pañuelo amarillo. ¿Cual es su nombre?.

    Lamentablemente a nosotros esta zona del Perigord nos cae algo lejos para una escapada corta pero apuntada queda. Muchas gracias.

    ResponderEliminar
  4. El pueblo que comentas se llama Rocamadour y forma parte del camino de Santiago. Es un lugar muy antiguo de peregrinaje debido a una Virgen Negra muy venerada. Como me parece que también te va el tema gastronómico, te diré que el pueblo da su nombre -Rocamadour- al queso de leche con denominación de origen, desde el año 1996, el cual se elabora con un cierto tipo de cabra.
    Saludos

    ResponderEliminar
  5. Increible, Maria Teresa.

    Creo que leiste un relato que escribi en mi blog sobre una abadia llamada Valbonne y una vieja ermita en el pueblo donde pase mi infancia, a la que se conoce como Valbon.

    Bien, en ese mismo pueblo hay una iglesia del siglo XVI, declarada Monumento Historico-Artistico, llamada Rocamador. Este nombre no es castellano, por supuesto, con tu respuesta me has descubierto de donde procede.

    La visita al pueblo de Rocamadour ha ganado muchas posiciones en mi lista de prioridades.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Enhorabuena por el blog! Leyendo este relato, hemos recordado nuestro viaje en otoño del año pasado a estas tierras... A nosotros nos encantó, sobre todo porque era todo súper idílico y se respira una tranquilidad increíble!Lo que más nos gustó fue Sant Cirq Lapopi,Sarlat y Cordes sul Ciel. Rocamadur tiene mucho encanto, pero está quizás un poco desvirtuado con tanto turismo... El queso una pasada fmanega, pero aviso, huele fatal! De hecho es algo que algún día contaremos en nuestro blog, nuestro pequeño susto por eso ;-)
    Un abrazo y enhorabuena

    ResponderEliminar
  7. Soy de Barcelona provincia y siempre digo que nunca me cambiaría de residencia como mucho me iría a Girona para estar + cerca de la frontera, y Francia es uno de los motivos. El Perigord noir es la "Joie de vivre". Sarlat es turística pero de noche tenuemente iluminada es preciosa y Roque y Beynac y hacer kayak en el Dordogne es un placer. Rocamadour es precioso, pero y el puente ese, Cahors? no sabía ni que existía!!! excusa para volver.
    Gracias Mª Teresa, un blog genial

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.