domingo, 27 de abril de 2008

L'Alguer, con acento catalán


Con un grupo de amigos, decidimos visitar la costa norte de la isla de Cerdeña durante el puente de mayo de 2004, centrándonos básicamente en la ciudad de L’Alguer y alrededores (Alghero en italiano, S’Alighèra en sardo y L’Alguer en catalán).
Así pues, procedentes de Girona en vuelo de Ryanair, aterrizamos en aquella parte de la isla dispuestos a conocer la Barcellonetta, nombre con el que también se conoce a la ciudad. Situada en la costa noroccidental, en la famosa Riviera del Corallo, tiene el centro histórico más bello y mejor conservado de la isla. Resulta muy interesante y curioso a la vez, que la cultura catalana se ponga de manifiesto a tantos kilómetros de casa y que determinados hechos históricos nos hayan unido a esta encantadora ciudad italiana.







Durante la 2ª mitad del siglo XIII, L’Alguer se encontraba bajo la influencia económica y política de Génova, sobretodo a través de la potente familia Doria, pasando de ser un pueblo de pescadores a un centro comercial de cierta importancia. En 1353, con la batalla de Port Comte, las flotas catalanas y venecianas, capitaneadas por Bernat de Cabrera, derrotaron a la armada Genovesa. La conquista duró pocos días ya que los algareses se sublevaron y entregaron la ciudad nuevamente a Génova. El siguiente año, el mismo rey Pere el Cerimoniós guió la campaña de reconquista y después de cinco meses entró victorioso en la ciudad, empezando así la larga historia catalana en L’Alguer que se repobló con colonos catalanes, mallorquines y valencianos. El catalán fue reemplazado por el castellano como lengua oficial durante el siglo XVII, y, ya en el siglo XVIII, por el italiano.




Pero L’Alguer es mucho más que un recuerdo nostálgico de la expansión catalana por el Mediterráneo y aquel fin de semana llegamos dispuestos a descubrirlo.
Alquilamos dos coches en el aeropuerto, que nos permitirían desplazarnos cómodamente. Llegamos al Hotel Catalunya que goza de una inmejorable situación junto al puerto deportivo y después de pocos minutos ya nos encontrábamos paseando por las calles estrechas y empedradas del centro histórico.
No fue tan fácil como parecería en un principio poder comunicarnos en catalán ya que para más de un 80% de la población la lengua vernácula es el italiano. El alguerés (catalán arcaico) es la primera lengua para el 22% de la población pero menos de un 15% lo usa como lengua habitual. La forma oral se ha ido transmitiendo de generación en generación pero son muy pocos los que saben escribirlo. A pesar de ello, los folletos y las guías turísticas dicen que la ciudad conserva con orgullo su identidad histórica.
La catalanidad se respira también en los nombres de las calles que han conservado la toponimia, y en la arquitectura de estilo gótico catalán, que se puede observar en las fachadas de bonitos palacios.
Visitamos la Iglesia de Sant Francesc y su pequeño pero bien cuidado claustro. En esta iglesia se celebra misa en catalán y en la Catedral de Santa María hay una capilla dedicada a la Virgen de Montserrat, patrona de Catalunya.










El segundo día en la isla nos sorprendió con un cielo azul intenso. Empezamos la ruta visitando el Nurag de Palmavera, a 10 km de L'Alguer. Se trata del poblado prehistórico más importante de la isla, con una antigüedad de entre 1.000 y 1.500 años antes de nuestra era.
A unos 20km de L’Alguer se encuentra el Cabo de Caccia, desde donde se puede admirar una amplia panorámica de la Costa del Coral, el tramo de litoral que toma el nombre de una de las riquezas de la zona. Bajamos los 656 escalones de la llamada “Escalera de Cabirol” que con un desnivel de casi 300 metros conducen hasta la entrada de la Gruta de Neptuno, una cueva excavada de forma natural en la roca calcárea donde las estalactitas y estalagmitas configuran unas formas increiblemente bellas. A la subida, los 656 escalones se hacen eternos, pero los paisajes que desde aquí se contemplan indiscutiblemente lo merecen.






Después nos dirigimos rumbo a Sassari, la segunda ciudad de la isla después de la capital Cagliari, atravesando la comarca de Anglona, zona de colinas y de pastos. Después de visitar la ciudad nos acercamos hasta la basílica de la Santísima Trinidad de Saccargia, en un tiempo abadía de un gran monasterio, obra de arte del románico de Cerdeña, que combina la piedra calcárea de color claro con el basalto oscuro. La basílica en si es una preciosidad, pero el verde paisaje que la rodea resalta aun más su belleza.
El cielo azul de la mañana dejó paso a unas nubes de tormenta que dejaron caer un chaparrón primaveral que nos acompañó casi todo el camino hasta la Costa Esmeralda, la zona más famosa de Cerdeña que en los años 60 el príncipe Karim Aga Khan convirtió en capital internacional del turismo de élite; pasarela estival de personajes famosos, del deporte, las finanzas…incluso Berlusconi tiene aquí una villa.








El último día lo dedicamos a recorrer tranquilamente la Costa del Coral hasta la ciudad de Bosa a través de unos paisajes y unos acantilados que cortan la respiración. Volvimos de nuevo hasta L’Alguer para coger el avión que nos traería de regreso a Girona.
Se trata de una escapada muy recomendable, ideal para realizar en un fin de semana largo o durante un puente y que combina paisajes espectaculares, una rica historia y también una espléndida gastronomía.


2 comentarios:

  1. DESPEDIDA: Vengo a despedirme… Fue un placer leerte y saber que alguna vez también tú leíste los textos de Pau Llanes… Un saludo fraternal y un abrazo cómplice… Pau

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  2. Como alguien decía: "Fue bonito mientras duró". Tu forma de escribir y esta aureola de misterio que has sabido crear alrededor de tu personaje me ha cautivado.
    Hasta luego, Pau

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