miércoles, 2 de abril de 2008

Por el río Casamance

Como de costumbre, me levanté muy temprano, cuando apenas empezaba a clarear el día. Con el libro bajo el brazo y procurando no hacer ruido, cerré la puerta de la habitación y me dirigí al pequeño embarcadero que el propio hotel Kadiandoumagne tiene junto al río Casamance. Estábamos pasando unos días en Zinguinchor antes de dirigirnos a la isla de Carabane. Zinguinchor es la capital de la región de la Casamance situada al sur del Senegal; tierra de los diola, gente de una extrema amabilidad que tienen siempre a punto una amplia sonrisa y un “kassoumaye” por saludo. El hotel Kadiandoumagne es una maravilla, no abundan los lujos, pero la simpatía y profesionalidad del personal, sus cuidados jardines, su impecable limpieza y sobretodo su espléndida situación, lo hacen un lugar muy especial. Esta palabra tan larga y extraña “kadiandoumagne” que me costó lo suyo memorizar, en diola significa el nombre de una herramienta que se utiliza para trabajar el campo. Las llaves de las habitaciones del hotel van en unos bonitos llaveros de madera que lo reproducen.
Fui con la intención de leer un rato a orillas del río. A esa hora reinaba una tranquilidad absoluta y como todavía no apretaba el calor, se estaba de maravilla. Cuando voy de viaje es cuando más aprovecho para leer; en aquellos momentos tenía entre manos “L’ombra del vent” (La sombra del viento) de Carlos Ruiz Zafón al que estaba totalmente enganchada. De vez en cuando y sin perder el punto, cerraba el libro para contemplar la majestuosidad del río.
Cuando vi que ya empezaban a preparar las mesas para el desayuno me dirigí a la habitación a buscar a la familia.
Teníamos previsto hacer una excursión a la isla de los pájaros y a Djilapao y nos pusimos en marcha sin perder tiempo.











Salimos desde el mismo embarcadero del hotel en una “pirogue”, la embarcación tradicional africana. No sé realmente cual es la traducción que mejor se ajusta a este tipo de embarcaciones, quizás canoa o cayuco, ya que no tiene nada que ver con la imagen que yo tengo de una piragua.
Una de las cosas que más me sorprendieron de Senegal fueron sus ríos. Unos ríos inmensos y caudalosos, fuente de vida del país de la Teranga (que en idioma wolof significa hospitalidad):
El río Senegal al Norte, que forma la frontera con Mauritania; el río Gambia en el centro, rodeado por el país del mismo nombre a excepción de su extremo más oriental y el río Casamance al Sur, que da el nombre a la región, así como su sorprendente fertilidad, sin olvidarnos del río Saloum y su principal afluente Sine que en su desembocadura, el delta del Sine Saloum es un magnífico Parque Nacional y uno de los más bellos lugares del país.







Navegamos por el río Casamance, una especie de brazo de mar, con mareas altas, que se encuentra incluso bajo el nivel del mar lo que permite al océano de avanzar en él. El recorrido hasta la isla de los pájaros resultó muy placentero, deslizándonos entre manglares repletos de ostras en su sistema reticular. Ya en la isla de los pájaros, que en realidad no es una isla porque no es tierra firme, paramos el motor de la embarcación y nos fuimos adentrando entre la vegetación para poder observar la gran variedad de especies de pájaros que allí se acumulan: flamencos, pelícanos, águilas, cigüeñas, martines pescadores… que hacen parada antes de seguir su ruta migratoria.










Muchas veces me pregunto como es posible que algunos lugares del Planeta tan increíblemente bellos sean tan poco conocidos.
Continuamos hasta Djilapao, poblado característico de esta parte de la Casamance, donde por sus condiciones de falta de luz y de agua la vida allí parece bastante difícil.
Volvimos al hotel a la hora de comer soñando en el magnífico plato de gambas que nos estaba esperando.












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