lunes, 14 de abril de 2008

¡Qué noche la de aquel día! en Rinconcito Lodge (PN Rincón de la Vieja)


Aunque estábamos informados del pésimo camino que nos encontraríamos para llegar hasta el Rinconcito Lodge, el último tramo se nos hizo eterno. El Rinconcito Lodge está situado entre el Parque Nacional Rincón de la Vieja y el volcán Miravalles en la provincia Costaricence de Guanacaste. A pesar de quedar un poco alejado de los Parques Nacionales más concurridos del país, teníamos un especial interés por visitar el P.N.Rincón de la Vieja y el hecho de que fuera un lugar menos turístico le daba aún un mayor atractivo. La provincia de Guanacaste está situada en el extremo oeste del país, limitando al norte con Nicaragua. En lugar de llegar por Liberia – la capital de la provincia – como teníamos planeado en un principio, nos dejamos aconsejar y entramos por Bagaces. El paisaje de Guanacaste difiere significativamente del resto de Costa Rica. Cuando se han recorrido unos pocos kilómetros ya empiezan a encontrarse amplias llanuras donde pasta tranquilamente el ganado. Los pueblos lucen su pequeña plaza de toros y la cultura "sabanera" predomina en toda la zona. Refiriéndose a los sabaneros y a su arte de montar, el cronista alemán Moritz Warner describe: "Es el sabanero una mezcla de hombre, llanero y centauro”. El Conde Maurice de Perigny que visitó Guanacaste en 1912 dice de ellos: “Son hombres que llaman la atención, sentados sobre la albarda en caballos que hacen cabriolas, brincan y galopan con gran soltura”.



Teníamos la sensación de que aquellos caminos no conducían a ninguna parte y ahí si que se hace indispensable un 4x4, pero al fin llegamos al Rinconcito Lodge. Se trata de un albergue de montaña ubicado en un magnífico entorno a 600 metros sobre el nivel del mar. La principal actividad inicial de la finca que fue la ganadería, ha ido dejando paso al eco-turismo, pero todavía se mantiene una pequeña cabaña de vacuno y los caballos que destinan a realizar las excursiones que organiza el personal del lodge. Aunque los servicios son básicos, el bucólico lugar merece por si solo una visita. Cuando llegamos había cesado de llover y el color verde brillante de la hierba, el olor a tierra mojada y un arco iris perfecto, nos dieron un buen recibimiento.
También salió a darnos la bienvenida Amiguita, una perrita que se encariña con el primero que le hace cuatro fiestas. Las casitas de madera están situadas en la parte más elevada de la finca. La tranquilidad es absoluta y los caballos y las vacas campan a sus anchas.









Después de dar un paseo por los alrededores, programamos la excursión a caballo al Parque Nacional para el día siguiente.
A medida que iba oscureciendo se empezaron a ver cantidad de luciérnagas. Fue realmente todo un espectáculo, había tantas que no sabías donde mirar. Hacía años que no veía ninguna y aquella imagen me transportó inmediatamente a mi infancia. No sé si serán los insecticidas y plaguicidas que las han extinguido o simplemente es la contaminación lumínica que no las permite ver, pero Patrícia a sus 14 años, no había tenido la oportunidad hasta aquel momento de observarlas.
Después de cenar fuimos a la habitación y al cabo de pocos minutos se había llenado de todo tipo de insectos: mariposas, insectos hoja, insectos palo.... Nos dimos cuenta que una de las ventanas no cerraba bien y por la ranura se fueron colando multitud de animalillos atraídos por la luz. Cuando ya creíamos que estábamos solos de nuevo, apagamos la luz dispuestos a descansar. Ya habíamos cogido el sueño cuando se empezaron a escuchar unos ruiditos “clec, clec, clec…” Se despierta Josep Maria, que a pesar del calor que hacía dormía tapado hasta la cabeza por temor a los insectos, gritando ¿Quién se está cortando las uñas a esas horas? 






Insecto hoja

Efectivamente el insecto en cuestión emitía el mismo sonido de un cortaúñas. Al cabo de un rato, lo que yo pensaba que era la lucecita verde del cargador de baterías empezó a aparecer en distintas zonas de la habitación. Creía que estaba alucinando, pero el hecho es que habían entrado algunas luciérnagas que se encendían y apagaban sin cesar. Bueno, ya teníamos montado el espectáculo de luz y sonido. Para acabarlo de arreglar, empezó a caer el diluvio universal. Aparté la cortina y Amiguita, que no se había separado de nosotros desde que habíamos llegado, estaba acurrucada en el porche e iba cambiando de silla según la dirección del viento para no empaparse. Nos miraba con aquellos ojillos que la dejamos entrar hasta que paró un poco, ¡uno más ya no importaba!. Nadie pegó ojo y dudo que aquella noche se nos olvide jamás. Cuando amaneció continuaba lloviendo y estaba segura de que no podríamos salir con los caballos. Por suerte el día se arregló y pudimos hacer la excursión al Parque Nacional Rincón de la Vieja, una accidentada excursión que otro día contaré.






1 comentario:

  1. Hermoso, me encanta este país, hace un par de meses fui y quedé maravillado de la vegetación, la comida, la gente, sus playas y sus parques. Anduve paseando por San José y visité la playa de Tamarindos, muy recomendable por cierto. Ya espero otra oportunidad para regresar.

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