Si se viaja a la
capital lusa, una opción interesante para escapar del agobio de la ciudad, es
acercarse a dos de los principales enclaves de la llamada Riviera portuguesa: Cascais y Estoril. Se encuentran a unos 30 km al oeste de Lisboa
desde donde se dispone de un buen servicio de trenes de cercanías, que permiten
realizar cómodamente el corto trayecto.
Cogimos
el tren en la estación Cais do Sodré y en una media hora nos plantábamos en
Cascais.
A
partir de los años 30, Cascais y Estoril se convirtieron en lugares de refugio
para la clase alta portuguesa, algunas familias reales europeas (Umberto II de
Italia, Carol II de Rumanía, el conde de París, Don Juan de Borbón….) y de
viajeros ricos del mundo entero.
Aunque actualmente a Cascais ya no acude la jet-set internacional, todavía conserva el
aire clásico que la hizo famosa, con sus nobles mansiones, unas calles de
típico ambiente marinero y el puerto deportivo de La Marina. El Cabo da Roca,
que se encuentra dentro del Parque Natural de Sintra-Cascais es el lugar más
occidental de la Europa Continental y cuentan los relatos históricos que
Cascais junto a Oeiras eran las primeras poblaciones que avistaban los navíos
portugueses que entraban en el Tajo en la época de los Descubrimientos, con
especias de la India y oro del Brasil.
Actualmente
sus playas, como Rainha, Ribeira o Conceiçao, siguen siendo atractivas para
muchos amantes de sol y arena, especialmente para los lisboetas. A unos 8 km se encuentra la playa de
Guincho, bañada por la rompiente del Atlántico. En septiembre se reúnen aquí
los surfistas, pues es cuando se dan las condiciones adecuadas del viento. Como
en tantas otras poblaciones pesqueras, tienen fama los restaurantes
especializados en la cocina local basada en los productos de mar, que se pueden
degustar acompañados de un buen vino blanco portugués bien fresquito.
En
Rua das Flores casi cada casa es un restaurante, mientras que los bares se
concentran en la zona de la Plaza Camoes, cerca del Ayuntamiento, así como en
la zona de La Marina.
Paseamos
por las estrechas y comerciales calles del centro, bien pintorescas y con mucho
ambiente. Después nos dirigimos hasta las murallas de la Ciudadela y el faro de
Santa Marta.
Desde
Cascais fuimos caminando hasta Estoril por el Paseo Marítimo. Se trata de un
agradable paseo de algo menos de 3
km . Comimos en una terraza de los muchos restaurantes
que se encuentran a lo largo del Paseo. Era a principios del mes de mayo y nos
apetecía estar un rato sentados al sol contemplando las bravas olas rompiendo
en las rocas.
Aunque
la bahía de Estoril se promocionó a principios del siglo XX haciendo gala de
las suaves temperaturas que allí se disfrutan todo el año, a finales del siglo
XIX ya había empezado a ser conocida entre muchos aristócratas que iban a tomar
los baños de mar e hicieron construir allí sus villas y palacetes junto a las
playas, destacando entre ellas la
Playa de Tamariz. Estoril también es conocido por encontrarse allí el mayor
Casino de Europa.
A
media tarde fuimos hacia la estación para coger el tren de vuelta a Lisboa
después de haber pasado un estupendo día.








Que buenos recuerdos me trae esta historia. Recuerdos de mi niñez.
ResponderEliminarPortugal es un pais que adoro,creo que me ocurre algo similar a lo que a ti con Francia. Siento a Portugal muy proximo, muy cercano a mi. Y me encantan sus monumentos, sus gentes, su comida, sus vinos, sus canciones llenas de 'saudade'. Esta tan cerca de España y, por desgracia, a veces parece estar tan lejos...
Yo sólo he estado una vez en Portugal y me gustó mucho. De hecho estuvimos sólo en Lisboa y alrededores. A ver si antes de acabar el año podemos hacer una escapada a Oporto. ¡Se me acumula el trabajo!
ResponderEliminarOporto es una maravilla. Que no se enteren los lisboetas (la rivalidad Lisboa-Oporto es parecida a Madrid-Barcelona) pero incluso la prefiero a Lisboa.
ResponderEliminarSi vas a Oporto, aparte de admirar esta ciudad, trata de acercarte a Braga y/o Guimaraes. Te gustaran.