lunes, 21 de abril de 2008

Un viaje a Laponia


Calculo que debía ser a mediados de los 90 cuando leí un editorial de Carlos Carnicero en una conocida revista de viajes. Hablaba de unas vacaciones de ensueño en la Laponia Finlandesa, país que en aquellos años se empezaba a promocionar turísticamente hablando. La idea de dormir en una cabaña de madera en pleno bosque, con su propia sauna, la chimenea, a orillas de un lago, la barca a remos... era una idea no poco tentadora.
Desde aquel momento, Finlandia y, concretamente la región de Laponia, pasó a formar parte de nuestra larga lista de futuros destinos, pero no fue hasta 2002 cuando nos decidimos.
Después de pasar unos días en Helsinki y alrededores, cogimos un avión rumbo a Rovaniemi, la capital administrativa de la región ártica. Es una gozada sobrevolar Finlandia: bosques y lagos van configurando un paisaje que visto desde el aire se puede admirar en toda su dimensión.
Para los amantes de los blancos paisajes y las actividades en la nieve, los meses de invierno deben ser una auténtica maravilla, pero nosotros preferimos la época en que los días son más largos. Después de los meses de invierno prácticamente "a oscuras" debido a las escasas horas de luz, los finlandeses disfrutan al máximo del corto verano, siendo la noche de San Juan la que da el disparo de salida. Laponia es un área geográfica de 93.937 km2 situada al norte de Finlandia y que cubre casi una tercera parte del país. Unas 200.000 personas viven allí, la mayoría en las ciudades, mientras que las zonas más nórdicas tienen una densidad de población entre 0.2 y 0.8 habitantes por km2.
Las típicas kesämokki o cabañas tradicionales finlandesas se pueden encontrar por todo el país, desde las costas del mar Báltico y la Región de los Lagos hasta el entorno ártico de Laponia. Se acostumbran a alquilar por semanas, así que reservamos la primera semana de julio, coincidiendo con el período del "sol de medianoche". La cuarta parte del territorio finlandés se encuentra al norte del círculo polar ártico y en la zona más septentrional del país el sol no se oculta durante 73 días en verano.






Cabaña donde nos alojamos durante una semana

Alquilamos un coche en el mismo aeropuerto de Rovaniemi, fiel compañero a lo largo de kilómetros y kilómetros de carreteras desiertas, donde apenas nos cruzábamos algún coche.
Como no teníamos muy claro como podría resultar aquella experiencia, alquilamos la cabaña a pocos kilómetros de Rovaniemi por si tanta naturaleza nos podía llegar a cansar.
Llevábamos apuntadas las indicaciones claras y nos fue fácil encontrar el lugar. Se trataba de un conjunto de 4 cabañas propiedad de un granjero que vivía muy cerca de allí. Tal como esperábamos tenía una sauna y una chimenea que, aunque estábamos en el mes de julio, no molestaba en absoluto. A muy pocos metros se encontraba el lago Vikajärvi y las correspondientes barcas a remos. Disfrutamos de una semana espléndida. Salíamos por la mañana y a media tarde volvíamos de regreso a la cabaña. Nos metíamos en la sauna, encendíamos la chimenea y pasábamos el rato jugando a cartas, leyendo ... o simplemente charlando. Como no acababa de oscurecer, a veces se nos hacían las dos de la madrugada sin darnos cuenta.¡Eso si que lo llevaba mal: las 24 horas con luz y encima las ventanas sin persianas!.

Lago Vikajärvi

Durante aquellos días visitamos el pueblo de Santa Claus, lugar por donde pasa la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico que los finlandeses conocen con el nombre de Napapiiri, así como el Santa Park, lugares muy turísticos pero inevitables si se viaja con niños. Hicimos una excursión por el bosque con cachorros de perros huskies bajo una intensa lluvia de verano. La entrenadora iba observando su comportamiento y sus características físicas como fuerza, velocidad... para ver cual sería la mejor posición que ocuparían en el trineo. Aprendimos cantidad de cosas interesantes sobre esta inteligente raza procedente de Alaska. En la granja había unos 60 perros que los entrenaban para las carreras de trineos.

En casa de Santa Claus

Con el mismísimo Santa Claus

Excursión bajo la lluvia con cachorros huskys

Otro día caminamos unos 3 km por el Parque Nacional de Pyhätunturi hasta llegar a la mina de amatistas Lampivaara. El lugar es precioso, con un paisaje de bosque hasta donde alcanza la vista. La mina es a cielo abierto y actualmente no se explota pero nos explicaron los poderes mágicos de las amatistas conocidos en todas las antiguas civilizaciones. Con una especie de pico empezamos a buscar y todas las que encontramos nos las podíamos llevar de recuerdo, por lo que nos fuimos de allí cargados de pedruscos. Patrícia encontró una bonita amatista de tres tonalidades, como las que usan los chamanes de las tribus indias.
Bajamos hasta el Golfo de Botnia, donde se encuentra la ciudad de Tornio, ciudad fronteriza separada de Suecia por el rio Tornionjoki. En los rápidos de Kukkolankoski con una longitud de 3500 metros y un desnivel de 13.8, pudimos observar la pesca del salmón cuando remonta el río, con el mismo método de hace siglos. Los atrevidos pescadores se sitúan sobre unas inseguras pasarelas de madera y con una caña larga que acaba en un pequeña red intentan atrapar los salmones cuando saltan. La parte sueca está más explotada para el turismo; allí se encuentra un camping, un restaurante y un pequeño museo dedicado a la pesca del salmón.

Río Tornionjoki, frontera natural entre Suecia y Finlandia

También nos acercamos a Ranua, donde se encuentra el zoo más septentrional de todo el Planeta. El zoo está completamente integrado en el paisaje, y el itinerario va siguiendo unas pasarelas de madera en medio del bosque. Todas las especies que se encuentran son autóctonas de Finlandia, Laponia y Países Escandinavos, entre otros motivos porqué ningún otro animal podría soportar las bajas temperaturas del crudo invierno.
Nos paseamos por Rovaniemi, una ciudad relativamente pequeña (35.000 habitantes) que durante la 2ª Guerra Mundial fue totalmente destruida por el ejército nazi, y el prestigioso arquitecto finlandés Alvar Aalto fue el responsable de su posterior reconstrucción. El actual trazado de calles y barrios tiene un diseño basado en los cuernos de un reno. A pesar de que la ciudad no tiene demasiados atractivos, el espléndido y totalmente recomendable Museo Artikum que se ha convertido en el símbolo de la ciudad, merece una detenida visita. Está dedicado al entorno polar de Europa, Asia y América y muy especialmente a los pueblos que viven en él.
Recuerdo aquella semana en Laponia como una auténtica terapia antiestrés. Dedicamos unos días a conocer aquella magnífica región, pero también a conocernos mejor a nosotros mismos. En aquella cabaña, entre cuatro paredes de madera, pasamos las veladas haciendo cosas tan simples y a la vez tan escasas en la vida cotidiana como jugar, charlar, reír o simplemente mirar por la ventana.

Un besito de reno



7 comentarios:

  1. Enhorabuena por el relato. Dan ganas de marcharse ahora mismo a disfrutar de la tranquilidad lapona.

    Conozco Finlandia pero solo el sur del pais, toda la costa del Baltico, y supongo que, aunque abundan los bosques y los lagos, no es comparable al norte.

    Por cierto, lo de la falta de persianas es comun a todos los paises escandinavos. Ventanas amplias con cortinas practicamente transparentes y sin persianas. En Junio o Julio dormir es casi imposible, parece que te estas echando una siesta veraniega...

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  2. La verdad es que tenemos un buen recuerdo de aquel viaje y no nos importaría repetir, quizás ahora en invierno para poder ver alguna aurora boreal.

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  3. M.Teresa no había caído en la cuenta que vosotros ya anduvísteis por parajes lapones, pero cuando te he leído me ha resultado familiar.

    No me he leído la entrada entera, volveré con más calma. Pero quería echarle un ojo. Me ha gustado mucho la foto de Patricia (supongo que es ella) en la barca y con los remos :)
    Vistéis una cara contraria a la que yo viví: el verano finlandés.

    Un abrazo guapa

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  4. Hola Carme,
    A pesar de que el frío no me va demasiado, me encantaría ir a Laponia en invierno para poder disfrutar de aquellos paisajes nevados, los trineos e intentar ver alguna aurora boreal. Sería fantástico!
    Petons

    M.Teresa

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  5. Como siempre encuentro en tu blog estupendas recomendaciones. Este invierno hicimos un viaje a Bulgaria y tus relatos nos facilitaron muchísimo el viaje. El verano que viene queremos ir a Laponia, tengo dos hijos pequeños y no me gusta mucho la idea del frío del invierno por bonito y navideño que pueda ser. Nos gustaría ir a ver a Santa por supuesto, pero la idea de la naturaleza salvaje nos llama mucho más atención. Había leído lo de las excursiones en trineos de perros en invierno, pero no éstas tan interesantes de paseos con los perros por el bosque, a mis hijos les encnatarían, sé que hace muchísimo tiempo, pero ¿conservarías alguna información sobre donde lo reservásteis? ??Muchas gracias por tantas ideas y estupendos relatos

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    1. Hola! Me alegro de que los relatos de Bulgaria os fueran útiles. En cuanto a Laponia, a nosotros tampoco nos gusta el frío y aquel viaje lo disfrutamos mucho. Igualmente podréis visitar el Santa Park y Santa Claus Village, está (o estaba) abierto todo el año. Nosotros fuimos en 2002 y supongo que ahora habrá mucha más oferta. Reservamos la excursión en la Oficina de Turismo de Rovaniemi y la empresa que ofrecía los tours era LAPLAND SAFARIS, no sé si todavía existirá. La excursión la encontré carísima por lo que era, nos costó entonces 83€ por persona. Hacía pocos meses que habíamos abandonado la peseta para pasar al euro pero todavía calculábamos en pesetas y me pareció algo desorbitado. El turismo ha aumentado mucho en aquella zona, por lo que confío en que ahora haya más oferta y los precios se hayan moderado.

      Un abrazo

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  6. Muchísimas gracias!! Sí siguen existiendo, le he echado un vistazo a la web y tienen cosas interesantes. Es cierto que son caras todas las actividades, pero parece que hoy cosas muy entretenidas, así que las estudiaremos. Muchas gracias de nuevo!!!

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