jueves, 29 de mayo de 2008

Reus, ciudad modernista


Muchas veces la fascinación por conocer lejanas culturas hace que nos olvidemos de los interesantes lugares que tenemos a nuestro alcance y a los que más fácilmente podemos acceder.
Si caminamos por las calles de nuestras ciudades con los ojos bien abiertos, seguro que descubriremos infinidad de lugares que hasta entonces nos habían pasado desapercibidos.
De vez en cuando me gusta ponerlo en práctica y sinceramente, es una experiencia muy enriquecedora el hecho de "hacer turismo” en tu ciudad y Reus se presta a ello. El centro histórico acumula un patrimonio en el que destacan principalmente los edificios modernistas, heredados de la pujanza industrial de finales del siglo XIX cuando se desarrolló un importante comercio textil y del aguardiente. Referente al aguardiente, Reus era el primer centro de cotización europeo junto con París y Londres, de donde procede el dicho “Reus, París y Londres”.





Entre finales del siglo XIX y la primera década del siglo XX, Reus vivía unos momentos de grandeza económica que permitieron la construcción de edificios siguiendo la estética europea más vanguardista del momento: el Modernismo (conocido también como Art Nouveau en Bélgica y Francia, Liberty en Inglaterra, Jugendstil en Alemania…) convirtiendo la ciudad en la segunda capital del modernismo en Cataluña. El Modernismo era una corriente que se manifestó en todos los ámbitos: literatura, publicidad, arte, mobiliario, pero especialmente en la arquitectura.
La nueva burguesía enriquecida con la industria y el comercio empezó a construir lujosas viviendas, masías, fábricas, almacenes… con las líneas y motivos decorativos propios de aquella tendencia.
Es una lástima que el universal arquitecto modernista Antoni Gaudí (1852-1926) nacido en Reus, no dejara ninguna de sus obras en la ciudad que le vio crecer. Ya dicen que nadie es profeta en su tierra.
Aquellos nuevos ricos fueron en busca de uno de los arquitectos de más prestigio entre la burguesía de Barcelona, Lluís Domènech i Montaner (1850-1923) autor del Palau de la Música Catalana, del Hospital de Sant Pau o de la Casa Lleó Morera en Barcelona y de la Universidad Pontificia en Comillas (Cantabria)  entre otros.
En Reus, Lluís Domènech i Montaner dejó cuatro ejemplos magníficos de su talento: Casa Gasull y Casa Rull con espléndidas fachadas, el Instituto psiquiátrico Pere Mata y Casa Navás, la joya modernista de la ciudad. La familia Navás se había enriquecido enormemente con una tienda de tejidos que todavía sigue manteniendo las dimensiones y decoración originales, a pesar de la bomba que dañó gravemente el edificio durante la Guerra Civil. Si la visita de la tienda nos permite conocer como era un comercio de principios del siglo XX, poder admirar la casa es un verdadero placer para los amantes del Modernismo.











En la fachada principal destacan las cinco columnas que la sostienen, así como distintos motivos florales y rostros estilizados. En el interior de la casa, la naturaleza y el color son los principales protagonistas: mosaicos en la pared en forma de surtidores o de almendros floridos y motivos florales en el suelo. Rosales y hojas en las vidrieras y un cielo donde vuelan los pájaros en el segundo piso. Los mejores artesanos se encargaron de la cerámica, del mobiliario, de las pinturas, de la forja y de la piedra, con un resultado magnífico.

El Instituto psiquiátrico Pere Mata está situado a las afueras de la ciudad pero se organizan las visitas desde la Oficina de Turismo. Cuando se empezó a construir en 1897, Domènech i Montaner ya era un arquitecto de renombre. De los seis edificios de la época, destaca el llamado “pabellón de los nobles” que se acabó en 1908. Aquí se internaba a los enfermos – sólo hombres - cuyas familias disponían de recursos económicos. Durante el tour, los guías cuentan como anécdota que uno de los internos recibía cada seis meses la visita de su sastre desde Londres para confeccionarle los trajes a medida y que una orquesta amenizaba las tardes de los domingos. Aquí también se van repitiendo los motivos decorativos del Modernismo, formas florales y vegetales en general. Las salas comunes – comedor, sala de billar, salón – son más propias de un hotel de lujo que de un centro hospitalario.










Domènech i Montaner además de un gran arquitecto fue un gran decorador y todo está diseñado por él mismo, desde las lámparas (que en un principio eran de gas) hasta el mobiliario y la distribución del jardín.
También hay una parte de sentimentalismo en esta visita, puesto que un bisabuelo de mi marido fue uno de los escultores que trabajó en la decoración de este magnífico edificio. Teniendo en cuenta que no escatimaron en recursos y que se contrataron a los mejores artesanos de cada disciplina, no es para menos que este hecho nos llene de satisfacción.
Además de estas construcciones emblemáticas, el centro de Reus tiene otros interesantes edificios modernistas. Entre ellos: La Estación Enológica, Casa Sardà, Casa Grau, Casa Laguna, Casa Munné, Casa Homdedéu o Casa Punyed entre otras.

Es evidente que en la actualidad la ciudad ha perdido importancia en el conjunto de la Vieja Europa, pero no se puede negar que continúa siendo una ciudad comercialmente muy activa y con una oferta cultural rica y variada.

Animo a todos los amantes del Modernismo a visitar la ciudad de Reus, no os decepcionará. Os recomiendo mantener los ojos bien abiertos para no perder detalle y seguro que podréis captar la esencia de aquellos años de esplendor.


Aunque son muchas las veces que he turisteado por las calles, edificios y museos de la ciudad, nunca he tomado fotografías. Por ese motivo, las fotos de Casa Navás y del Instituto Pere Mata, que acompañan el texto están copiadas de la web http://www.reus.cat


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