miércoles, 11 de junio de 2008

Eyüp, un paseo entre lápidas


Estambul es una ciudad indiscutiblemente bella, donde la mezcla de modernidad y pasado la hacen atractiva a los ojos de cualquier visitante.
Llevábamos cinco días recorriendo la ciudad, y los monumentos y lugares más significativos ya estaban vistos, así que decidimos acercarnos hasta el barrio de Eyüp, situado al final del Cuerno de Oro.
El Cuerno de Oro es una ría estrecha que divide el lado europeo de la ciudad en dos partes: la ciudad vieja y la parte de Gálata, formando un puerto natural.
Sus cerca de 8 kilómetros desde el Bósforo hasta Eyüp, ya fuera de las murallas de Teodosio II, los recorrimos en un ferry local, la mejor forma y la más económica para acceder hasta allí. Eyüp, bautizado como Ayyub al-Ansarî era el portador del estandarte de Mahoma y murió en ese lugar durante un ataque contra Constantinopla en 670. Su tumba es considerada un lugar sagrado para el Islam, hecho que atrae a numerosos peregrinos durante todo el año.








Visitamos Eyüp en viernes y el barrio estaba de lo más animado, con la afluencia de muchos fieles que acudían a la tumba por diversos motivos. Las familias celebran allí distintos acontecimientos como el nacimiento de un hijo, la circuncisión pero también van a pedir protección o en señal de agradecimiento.
La plaza principal está muy concurrida y las palomas se acercan a beber y en busca de comida fácil. En la misma plaza se encuentra la entrada principal a la mezquita y la tumba se halla en el interior. Cuando se entra al recinto, se respira un ambiente de gran devoción. El patio interior tiene las paredes con ornamentaciones de azulejos y un gran árbol en el centro. Durante el Imperio Bizantino, los patricios coronaban a los emperadores en el barrio de Eyüp y después de la conquista de Estambul, Fatih Sultan Mehmet y sus sucesores continuaron esta tradición, haciendo lo que se conocía como “la ceremonia de la espada” en que los sultanes otomanos se hacían colocar la espada de Osmán en la investidura de su sultanato.








El mausoleo, levantado en 1458, es una maravilla; de forma octogonal y con una sola cúpula, está enteramente decorado con bellísimas piezas de azulejos en brillantes tonos azules y verdes. Los fieles se detienen a rezar delante de la verja de plata que protege el sarcófago.
Para los musulmanes, estar enterrado cerca de Ayyub al-Ansaî significa recibir la protección del compañero de Mahoma, hecho por el cual se pueden ver muchas tumbas y mausoleos por los alrededores. Tomamos el camino que se encuentra detrás de la mezquita hacia el norte y llegamos a un pequeño cementerio. La tranquilidad era total, con unas bonitas vistas al Cuerno de Oro. Paseamos entre tumbas admirando las lápidas como si se tratara de un museo de caligrafía, ya que la escritura árabe es una parte obligada de una buena lápida. Es interesante fijarse en los turbantes que decoran las lápidas, ya que dicen mucho del rango de quien allí está enterrado. Si hay un turbante es un hombre, mientras que una flor indica que es una mujer. La altura de la lápida nos indica la edad, es decir, que las más pequeñas corresponden a los jóvenes o niños.





Al final del camino se llega al café Pierre Loti, lugar donde el escritor francés disfrutaba de las vistas de Estambul mientras probablemente escribía las experiencias recogidas en sus múltiples viajes.
Allí nos quedamos un buen rato contemplando la ciudad e imaginando como debía ser Constantinopla a mitad del siglo XIX tal como la conoció Pierre Loti.



2 comentarios:

  1. Eyüp, un sitio fantástico, poco visitado y sin embargo, como relatas muy atractiva. una vez tuve la oportunidad de ir un domimgo por la mañana y es sobrecogesor ver como las familias se reunen allí, rezan, juegan con las palomas. etc...

    Buen y certero relato

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