sábado, 19 de julio de 2008

Sensaciones de Japón


Ya estamos de vuelta. Hemos pasado unos días estupendos en un país sorprendente.
A pesar de la dificultad del idioma y del escaso conocimiento de inglés que tienen los japoneses, hay muchos factores que hacen que no resulte para nada complicado moverse por el país: La amabilidad de sus gentes, el inmejorable funcionamiento del transporte público, el alto grado de civismo y educación, la limpieza y el respeto por lo ajeno, la gran seguridad ciudadana… y otros tantos aspectos que inclinan la balanza hacia el lado positivo.




Hemos intentado aprovechar al máximo y dejarnos sorprender por lo que el país nos ofrecía a cada momento. El patrimonio cultural es tan extenso que se hace difícil seleccionar los lugares a visitar en una primera escapada al país. A parte de los magníficos lugares que hemos tenido ocasión de conocer, hay algunos aspectos de la vida cotidiana de los japoneses que no nos han dejado indiferentes. Si tuviera que definir el país con una sola palabra escogería “Contraste”. La extrema modernidad y la cara más fashion conviven con la tradición. Desde los elevados rascacielos y las luces de neón multicolores a las sencillas casas de madera de la época Edo; desde las mujeres vestidas con el kimono tradicional o las geishas a las indumentarias más extravagantes que uno pueda imaginar; desde los inmensos atunes que se pueden ver en el mercado del pescado de Tokyo a los "casi-invisibles" pescaditos que se venden envasados; desde el ritual de la ceremonia del té a las vending machines que te encuentras por todas partes; desde los WC más sofisticados a los más rudimentarios; desde los descomunales grandes almacenes a los pequeños mercados… y así seguiría con un largo etcétera.





Otras cosas que nos han llamado la atención:
La gran afición por el móvil. Viajando en tren, en metro, en una parada de bus, en el restaurante, por la calle… todo el mundo está jugando con el teléfono móvil que acostumbran a llevar (sobretodo las chicas) bien decorado con diferentes muñequitos que cuelgan del aparato. También la afición a las máquinas de juego y al karaoke.
La gente se duerme en los sitios más inverosímiles y en el metro pocos son los que van despiertos a excepción de los que se entretienen con el móvil.








Las mujeres extremadamente presumidas y coquetas y los hombres que visten todos iguales para ir al trabajo, con su camisa blanca, corbata y traje oscuro.
Las avalanchas en las estaciones de metro en hora punta que me recordaban las migraciones de los ñus en el Serengueti.
¿Dónde están las papeleras? Se hace difícil encontrar una papelera, en cambio no se ve ningún papel por el suelo y por supuesto no se ven pintadas ni grafitis.
El cliente es el rey: Al entrar en un restaurante todo el personal da la bienvenida con gritos de “¡Irasshaimase!”, incluso los que están dentro de la cocina y ni siquiera te ven. En el tren, los revisores saludan con una reverencia al entrar y al salir de cada vagón; cuando cierran los grandes almacenes, el personal se sitúa al lado de las escaleras mecánicas para despedir a la clientela con una reverencia.





La gran capacidad de trabajo y los horarios comerciales; Los comercios trabajan todos los días de la semana y algunos establecimientos las 24 horas del día.
El buen gusto por el detalle, en la sencillez y elegancia de los jardines, macetas con flores en la misma vía del tren, decoración de los desagües, pasteles que son verdaderas obras de arte…
Tiendas exclusivas para perros: kimonos para perro, vestidos de novia, lazos y pelucas…y todo tipo de accesorio e indumentaria para el mejor amigo del hombre.
Afición por los dibujitos. Todo lo señalizan con dibujos.







Muy pocos atascos de coches si tenemos en cuenta que son ciudades con una densidad de población elevadísima. ¿Será porqué usan el transporte público? Juraría que si.
El amor y pasión por el arroz y el té verde que consumen a todas horas y bajo diferentes formas: galletas, helados, pasteles, refrescos, granizados…

De hecho, podría alargarme mucho con todo lo que nos ha llamado la atención, una infinidad de detalles que han hecho que cada día pudiéramos aprender de sus costumbres y manera de vivir.
Lo dejo para otro día.

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