martes, 19 de agosto de 2008

Colores en el cementerio de Chichicastenango


Si tuviera que ponerle un color a la muerte, sería sin duda el negro o quizás también el blanco pero ni el amarillo, el azul turquesa o el rosa los asociaría con el ocaso de la vida. Sin embargo, los habitantes de Chichicastenango, un municipio guatemalteco de población básicamente indígena de la etnia quiché, ven la muerte de otro color. Visitar el cementerio de Chichi a pocos días de la festividad de Todos los Santos (o festividad de Los Muertos, como la conocen ellos) fue una experiencia que me impactó.








Los rituales mayas se mezclan con símbolos católicos de tal manera que el sincretismo religioso se adueña del camposanto. Los colores rosa, azul, rojo fresa, amarillo o verde de las tumbas y templetes así como de las cruces, tienen su razón de ser. La tradición manda que el blanco de la pureza es para enterrar a los padres y el azul turquesa que significa protección para las mujeres se utiliza para enterrar a las madres. El color rosa para las niñas y el azul celeste para los niños y el amarillo se reserva para los abuelos, ya que representa la protección del sol sobre la humanidad.
Los indígenas se afanan en tener todo listo para el Día de los Muertos y mientras unos limpian, los otros repintan las tumbas para avivar aun más los colores. En el centro se encuentra un santuario maya donde se hacen ofrendas de incienso y alcohol. Se observan restos de hogueras donde se ha practicado algún ritual o incluso el sacrificio de algún animal. El primero de noviembre es uno de los días más importantes en Guatemala y los cementerios son visitados por los familiares de los difuntos como influencia de las tradiciones católicas traídas por los españoles en los siglos XVI y XVII.






El sincretismo religioso que practica la población maya es un fenómeno interesantísimo y la mezcla de las tradiciones católicas impuestas a la fuerza por los colonizadores con los rituales paganos, dieron lugar a esta fusión que se pone de manifiesto en todas las poblaciones indígenas. En Chichicastenango, se destruyó un templo maya para edificar en su lugar la Iglesia católica de Santo Tomás. Las gradas iniciales fueron rechazadas por los locales y se reemplazaron por la actual escalinata, donde cada escalón representa uno de los 20 días del calendario maya y es fácil encontrar chamanes practicando distintos rituales. Si la visita de Chichi coincide en jueves o sábado, se puede disfrutar del colorido mercado indígena que se celebra a los pies de la iglesia. 






Otras manifestaciones interesantes de este sincretismo religioso se pueden observar en distintos lugares de Guatemala y de Chiapas, en Méjico.
En Santiago de Atitlán se encuentra Maximón, una curiosa imagen de madera asociada con una deidad maya, pero también con San Pedro, con Judas Iscariote y con el conquistador español Pedro de Alvarado.
Otro de los lugares que me causó un gran impacto fue la Iglesia de San Juan Chamula en Chiapas, a pocos kilómetros de San Cristóbal de las Casas. En el interior de la iglesia se practican diferentes rituales, como el sacrificio de gallinas o pollos a los que cortan el cuello y con la sangre rocían el suelo, sobre la cual encienden una vela para que el mal espíritu que ha pasado a la sangre de la gallina se queme con el fuego. Algunos indígenas sumidos en un estado de meditación beben coca cola u otras bebidas gaseosas que les hacen eructar y así eliminar los malos espíritus que producen enfermedades.
La densa nube de incienso y cientos de velas quemando en el suelo cubierto de agujas de pino, crean una atmósfera difícil de olvidar por mucho que esté prohibido cualquier tipo de cámara en el interior de la iglesia. Toda una experiencia .


2 comentarios:

  1. Un lugar increíble donde hay mucho que aprender.

    Gracias por pasar por aquí.

    saludos

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