jueves, 28 de febrero de 2008

I ♥ LONDON. Un fin de semana en Londres


No es la ciudad con más encanto de todas las que conozco, su gente tampoco es la más amable. No es la más limpia ni tiene un clima envidiable. Además es una ciudad cara y el tema gastronómico dista de ser su punto fuerte...... pero me encanta Londres.
Sus inmensos y cuidados parques, sus magníficos museos, el ambiente de sus calles y mercados, la amplia oferta cultural, todo ello hace de Londres una de mis ciudades favoritas.

Cualquier excusa es buena para viajar hasta la Capital Británica y - todo sea dicho - los vuelos de bajo coste que salen desde Reus - a escasos 5 km de
casa - nos lo han puesto bastante más fácil.



Esta vez, la excusa fue bien simple. Había comprado un perfume en eBay como regalo de cumpleaños para mi marido y no me llegó a tiempo. Lo cambié por un fin de semana en Londres, aunque el perfume lo tuvo igual al cabo de unos días, claro.

El pasado fin de semana, del 22 al 24 de febrero hicimos la escapada. Era la 6ª vez que visitaba la ciudad, una ciudad donde siempre hay rincones por descubrir y que siempre me sorprende.
Un fin de semana no da para mucho, pero bien aprovechado se puede saborear.



El viernes lo dedicamos a la zona de Oxford y Regent's street, Picadilly, Soho y Covent Garden. Cenamos en el restaurante "La Spiga" una pizzeria del Soho con un ambiente impresionante. Al ser viernes estaba todo a rebosar, los locales llenos y al no hacer frío las calles también estaban muy animadas.
El sábado lo aprovechamos a tope. Nos levantamos con ganas de comernos la ciudad. A primera hora fuimos al British Museum y nos centramos básicamente en las salas de Egipto y Grecia. Me gusta pasar a "saludar" a las momias cada vez que voy a Londres. Al salir, nos dirigimos hacia la zona norte de la ciudad con la intención de visitar Camden Town y su famoso y concurrido mercado que aún no conocíamos. Paseamos por Regent's Park y aunque en esta época del año las flores no están en su mejor momento, estaba igualmente bonito, especialmente la zona de Queen Mary's Garden.



Salimos del parque por la parte donde se encuentra la mezquita central de la ciudad y nos fuimos a buscar el Regent's Canal que conecta desde 1820 el Grand Union Canal con los London Docks, el antiguo puerto de Londres y que en su día fueron unos motores de importante tráfico. Caminamos siguiendo dicho canal hasta la esclusa de Camden Lock.




Es un paseo muy agradable y tranquilo que te desconecta del ajetreo de la ciudad. Se van encontrando rincones muy pintorescos, algunos barcos vivienda e incluso un restaurante. Las casas que dan al canal son un auténtico lujo, pueden tener el coche aparcado en un lado y la barca en el otro.
Camden Market no me decepcionó. Había oído hablar tanto de este mercado que temía haberme creado demasiadas expectativas. Se respira un ambiente festivo, algo retro y se pueden encontrar mil y un artículos de lo más variopinto. Me imaginaba que después del espectacular incendio del pasado 9 de febrero habría más zonas cerradas, pero la verdad es que apenas me acordé del suceso. Aunque hay numerosos puestos de comida con una pinta increíble, ya empezábamos a estar un poco cansados y decidimos buscar un restaurante para podernos sentar y recuperarnos un poco. Comimos en el Max Orient, un buffet de comida china, vietnamita y malaya, un lugar aconsejable para quines les guste este tipo de comida. Flores naturales en la mesa y, lo que es más importante, una gran variedad de platos, un atento servicio y un buen precio.
Paseamos un rato más por las calles del mercado y luego nos dirigimos hacia la zona del Temple con la idea de visitar la Temple Church, iglesia que aparece en la película "El Código da Vinci". Dimos unas cuantas vueltas pero no hubo manera de encontrarla. Preguntamos por allí y nadie nos supo orientar. Había leído que está un poco escondida pero no pensaba que fuera tan complicado. Para la próxima ocasión intentaré llevar unas indicaciones mejor detalladas.
Cruzamos uno de los puentes del Támesis y fuimos caminando por South Bank hasta las Casas del Parlamento. Había un ambiente realmente increíble, muchísima gente paseando, grupos de turistas haciendo cola para subir a la inmensa noria London Eye, muchas estatuas vivientes a cual más perfecta y diferentes números de animación callejera.

La imagen del impresionante Parlamento y el BigBen vistos desde el puente de Westminster la encuentro simplemente magnífica.
Subimos por Whitehall hasta Trafalgar Square y entramos a la National Gallery a contemplar algunos de los highlights que allí se exponen.

Acabamos de pasar el día por la zona de Leicester square, Picadilly, Trocadero y nos regalamos una buena merienda en una cafetería de Regent's street.

El domingo amaneció soleado y dedicamos la mañana a caminar por Hyde Park. Nos gusta entretenernos con las pícaras ardillas y contemplar como se disputan la comida la gran cantidad de cisnes, patos, ocas y aves varias.



Poco tiempo, pero el suficiente para desconectar de la rutina y marcharnos con el propósito de volver lo antes posible.


martes, 19 de febrero de 2008

El arte de medir el tiempo

Desde tiempos muy remotos el hombre ha tenido la necesidad de medir el paso del tiempo pero fueron los babilónicos quienes comenzaron a usar las nociones de día, hora y año.

Son numerosas las variedades de elementos y maquinarias que el hombre ha inventado para tratar de medir ese preciado tiempo. Desde los más rudimentarios y sencillos como los relojes de sol y los relojes de arena, hasta la actualidad, con relojes que funcionan mediante sofisticados y complicados mecanismos. Cuando no era tan habitual el uso de reloj a nivel individual, eran los relojes de los campanarios de las iglesias o de las torres de los ayuntamientos los que marcaban las horas.

En muchas ocasiones, el simple hecho de medir el tiempo se ha convertido en una auténtica obra de arte. Siempre me han fascinado los relojes que tienen figuras animadas y en Europa encontramos magníficos ejemplos.

El "reloj" por excelencia es el magnífico reloj astronómico de Praga.


Caminamos por las callejuelas de la ciudad hasta llegar a la Plaza Vieja donde nos encontramos el edificio más fotografiado y admirado de Praga.


Esta pieza de ingeniería medieval está compuesta por una esfera superior (signos del zodíaco) y una esfera inferior (reloj calendario). Cada vez que el reloj marca las horas, asoma primero la figura de La Muerte en forma de esqueleto que aparece a la derecha de la esfera superior: ésta tira la cuerda que sostiene en la mano derecha.
En la mano izquierda tiene un reloj de arena que levanta e invierte.

Se abren entonces dos ventanas y aparecen las imágenes de los 11 apóstoles en cabezadas por San Pedro, con una llave dorada en la mano, y al final San Pablo con una espada y una pluma. Un gallo canta y el reloj marca la hora. Las otras figuras animadas son El Turco, símbolo de la lujuria, que sacude la cabeza de lado a lado; La Vanidad, que se mira en un espejo, y La Avaricia, representada por un "mercader de Venecia".

La originalidad de este reloj radica en su complicada esfera astronómica, que indica la posición y el movimiento de los cuerpos celestes con relación a Praga. Es también el único del mundo capaz de medir la hora babilónica, importante para la magia y la alquimia. El día babilónico abarca el período de tiempo que va de la salida a la puesta del Sol. Esto significa que en verano la hora babilónica es más corta que en invierno. Muchos creen que este reloj se construyó para dar la hora exacta, pero no es así; se creó para reproducir las órbitas del Sol y de la Luna alrededor de la Tierra y el movimiento de los astros a través de los signos zodiacales. Por este motivo, el relojero que repara este reloj astronómico debe dominar muchos oficios para ser capaz de confeccionar las piezas requeridas.


Durante los cinco días que estuvimos en Praga nos acercamos a la Plaza en varias ocasiones para poder disfrutar de esta maravilla. A todas horas la multitud espera delante de la torre con las cámaras preparadas para inmortalizar los diferentes personajes que van apareciendo casi ininterrumpidamente desde el siglo XV.

Otro reloj que destaca por su belleza, es el de la torre del Ayuntamiento Nuevo de Munich. El ayuntamiento es un edificio de estilo neogótico, construido entre 1867 y 1909. Se halla en la plaza central de la ciudad y destaca su carillón, por donde aparecen figuras mecánicas a tocar las horas a las 11:00, a las 12:00, a las 17:00 y a las 21:00 horas.


Este reloj fue fabricado para exorcizar la plaga de la peste de 1517, y de ahí sus adornos relativos al zodíaco, los planetas y ritos paganos antiguos. La figura dorada es la virgen María que da nombre a la plaza (Marienplatz). Este carillón se compone de 43 campanas y 32 figuras de cobre. Hay dos danzas diferentes. Arriba está representado el torneo celebrado en 1568 con motivo de la boda del duque Guillermo V y Renata de Lorraine.

En la parte inferior se ven tres figuras celebrando el final de la peste que asoló la ciudad entre 1515 y 1517.


Un ejemplo no tan espectacular pero también muy interesante es el reloj escultórico de bronce y cobre conocido como Anker, en la ciudad de Viena que une dos edificios de oficinas. Fue encargado por la Anker Company, una compañía de seguros local y diseñado por Frank Martsch quien lo concluyó en 1914.


Cada hora sale una procesión formada por personajes históricos con Carlomagno, el duque Rodolfo IV o Haydn, al son de una música de órgano. La mejor hora para verlo es a mediodía, porque desfilan todas las figuras.

En Rothenburg ob der Tauber, la encantadora ciudad alemana que ya comenté en otra ocasión,
http://mttj-viajesyexperiencias.blogspot.com/2008/02/rothenburg-ob-der-tauber-la-huella-de.html se encuentra el Ratsherrentrinkstube que nos recuerda la leyenda del vino que salvó a la ciudad de la ruina.

Fue durante la Guerra de los Treinta Años que la ciudad fue asediada por las tropas católicas.


En octubre de 1631 cuando el comandante imperial Tilly conquistó la ciudad y estaba decidido a prenderle fuego, las mujeres imploraron misericordia y ofrecieron los mejores vinos a los vencedores.
La leyenda nos cuenta como el comandante, animado por sus tropas trató de beber de un solo trago el contenido de una de las grandes copas de vino.

Ante la imposibilidad de conseguirlo, Tilly prometió perdonar la destrucción de la ciudad si alguien era capaz de beber de golpe el contenido de la gran jarra de más de tres litros de vino. El alcalde Nusch lo consiguió, salvando de esta manera la destrucción de su ciudad. Este hecho se conoce como "Meistertrunk" o "el maestro bebedor" y lo recuerda hora tras hora el artilugio mecánico del reloj de la Plaza Mayor.

En Rumanía se encuentra la ciudad medieval de Sighisoara. En esta bonita ciudad de Transilvania cuyo casco antiguo ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, también se puede admirar la más que destacable torre del Consejo o Turnul cu Ceas, que hasta 1556 acogió la Asamblea de la ciudad y cuya torre del reloj se ha erigido como símbolo de la villa. Data del siglo XVII aunque posteriormente se añadieron algunas figuras, como por ejemplo las que representan los días de la semana.
Actualmente la torre alberga el Museo de Historia de la Ciudad.

Podría hablar de los relojes de cu-cu de la Selva Negra o de los magníficos relojes suizos.
En Chaux-de-Fonds se encuentra el Museo Internacional de Relogeria que muestra la tradición relojera de este pequeño país. En sus jardines se encuentra el famoso carillón, a la vez sonoro y móvil. No se trata de un reloj como los mencionados anteriormente en los que van desfilando diferentes personajes, sino que en este caso se trata de una maravilla tecnológica. El reloj interno se regula automáticamente por señal de radio, lo que le permite mantener una precisión de una centésima de segundo.
Cada 15 minutos, pequeños martillos pican cada una de las 24 campanas y tocan una distinta melodía según la estación del año. A la vez que 12 láminas metálicas de colores se ponen en movimiento al ritmo de la música.

Y qué decir del reloj londinense por excelencia, el Big Ben, cuya torre se levanta imponente entre las Casas del Parlamento y cuya música es reconocida en el mundo entero.



A medida que van pasando los años parece que el tiempo corre más deprisa. Los días se quedan cortos, nunca llego a todo lo que me propongo..... si no fuera por esos maravillosos y a la vez tan odiados artilugios, diría que los días tienen menos de 24 horas y las horas menos de 60 minutos. No tengo tiempo, no llego a tiempo....... uff!. Va siendo hora de ir a dormir, casi puedo escuchar el desagradable sonido de mi reloj despertador.

jueves, 14 de febrero de 2008

Un triste capítulo de la Historia

Hay lugares que impactan por la belleza de sus paisajes, otros por sus atractivos culturales o por sus gentes y otros por algún acontecimiento que los ha inmortalizado para siempre. Se trata del caso de dos islas del continente africano que además de su indiscutible belleza nos recuerdan un vergonzoso episodio de la historia de la humanidad: el comercio de esclavos.
Una, en el Océano Atlántico, la otra en el Índico. Separadas por miles de kilómetros pero unidas en el recuerdo de un sufrimiento. La isla de Gorée, en Senegal, frente a la ciudad de Dakar a cuatro kilómetros de la costa y la isla de Zanzíbar, en Tanzania.

Ambas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

ISLA DE GORÉE
Desde el puerto de Dakar sale un ferry hasta la isla, y realiza el trayecto de unos 20 minutos varias veces al día.

Aunque los portugueses fueron los primeros en descubrirla ya en el siglo XV, no fue hasta el siglo XVI cuando se estableció la primera base comercial europea.
En un principio, la única misión de estos almacenes o compañías creados por algunos gobiernos europeos, era la de intercambiar abalorios, telas, útiles de hierro y algunas armas por el oro, marfil, plumas de avestruz, especies y esclavos. A partir del siglo XVII y sobretodo en el siglo XVIII y como consecuencia de la explotación agrícola del nuevo mundo, es decir de América, se necesitó cada vez más, una mano de obra barata para trabajar en las plantaciones de azúcar.


Fue uno de los principales asentamientos del esclavismo hasta 1815, año en que se abolió el tráfico de esclavos.
Desde las celdas que cada casa poseía, se sacaba directamente a los esclavos a un dique en la parte posterior del almacén y eran embarcados sin saber porqué ni a dónde se dirigían.

La isla guarda con respeto su pasado pero es un lugar de gentes acogedoras y alegres. Las tranquilas calles de Gorée son de dorada arena, por la isla no circulan los coches y el color ocre y rosado de las casas adornadas con las buganvillas que tapizan las paredes, le dan un aspecto muy agradable que invita al paseo.


Una de aquellas casas se ha conservado como museo, es la llamada Casa de los Esclavos. En la parte superior se encontraba la residencia de los traficantes, donde el mobiliario y la decoración recordaban a su lejana patria francesa. En los pequeños habitáculos de la planta baja se encontraban los esclavos, apiñados como ganado.


Una puerta daba directamente al barco que les llevaría a América, aunque más de la mitad morirían antes de llegar a destino.


Es la llamada “puerta del viaje sin retorno”.

Por su proximidad a Dakar, Gorée es una isla muy visitada. Grupos de escolares se dirigen hasta allí para pasar un divertido día de playa como excursión de final de curso. Sus habitantes viven básicamente del turismo y de la artesanía y se pueden encontrar diferentes restaurantes en la playa donde degustar un rico plato de pescado con arroz.



En África, como en otros continentes, la esclavitud ya existía antes de la llegada de los europeos. pero el esclavo poseía derechos cívicos y de propiedad. En general, se integraba rápidamente en la familia que lo poseía.
Los europeos produjeron un giro en la historia de la esclavitud de África, exportaron esclavos en cantidades alarmantes a regiones desconocidas para los africanos y modificaron la concepción de esclavitud asimilando directamente la palabra esclavo a cosa, con todo lo que esta caracterización implica para la vida del hombre.



En total se deportaron a las Américas casi 40 millones de africanos entre el siglo XVI y 1863, una tragedia espantosa de la que no sólo los europeos debemos avergonzarnos, puesto que muchos jefes de las tribus ofrecieron a la venta a sus propios hermanos e incluso algunos esclavos liberados en el siglo XIX se dedicaron a la trata de otros negros.

ISLA DE ZANZÍBAR

Fue, gracias a los 200.000 esclavos que llegó a importar y distribuir anualmente en sus momentos de mayor auge comercial, la ciudad más importante de la costa Este de África en el siglo XIX.
No se conoce muy bien como empezó el comercio de esclavos en Zanzíbar.

Desde principios del Siglo XVIII, la isla estuvo en manos del sultán de Omán que, desde Muscat nombraba a los gobernadores. Con el incremento del cultivo de los dátiles se fue a buscar mano de obra esclava al continente africano, tanto para utilizarla en la isla como para exportarla a otros sultanatos y emiratos. En la década de 1770, cada año se vendían unos 3000 esclavos. En 1807 se prohibió el comercio de esclavos en todo el Imperio Británico. En esa fecha cada año llegaban 8000 a Zanzíbar. Debido a que no todos se vendieron, los que sobraban se utilizaban para trabajar en las plantaciones de clavo, lo que originó más demanda. En 1822 se firmó un Tratado entre Omán y Gran Bretaña para acabar con el comercio humano. A pesar de ello, en la década del 1860 llegaban cada año 20000 esclavos a la isla.


A los hombres, en grupos de cinco o seis, se les unía, con cadenas sujetas a las argollas de los cuellos, a un largo y pesado tronco de árbol que, puestos en fila, cargaban sobre los hombros. En el otro brazo debían transportar cuernos de rinoceronte o colmillos de elefante. Las mujeres iban libres de ataduras en las manos y cuello, pero se les ponían argollas y cadenas en los pies y portaban su correspondiente carga de marfil. Si una mujer tenía un niño, la criatura debía seguir su paso. Si el niño se cansaba, la mujer podía tomarlo en brazos, a condición de que no dejara la carga de marfil. Si la mujer se agotaba, entonces se le quitaba el niño, que era degollado o abandonado a las fieras.

Viajeros europeos de la época cuentan que se podía advertir el rastro de una caravana esclavista por los buitres que sobrevolaban el camino, las manadas de hienas que la seguían y el olor a los muertos.

Los bordes de los senderos de aquellas rutas estaban marcados por toda suerte de restos humanos.
La odisea de los esclavos no terminaba, sin embargo, en la costa. Después de ser almacenados en Bagamoyo, en Kilwa, en Mombasa o en Pangani, durante un breve tiempo, eran embarcados en faluchos de carga para ser trasladados a Zanzíbar, donde iban a parar a las celdas de los almacenes de los mercaderes.

Todas las tardes tenía lugar la subasta; se exponían grupos de esclavos y después de que los compradores comprobaran la mercancía se iniciaba la puja.
En 1873 se efectúa un bloqueo de todos los puertos de la isla para impedir el tráfico y en el lugar donde se encontraba el mercado de esclavos se construyó la catedral anglicana (Catedral Church of Christ).
El altar de la catedral se encuentra en el mismo lugar donde eran azotados los esclavos. Se dice que el crucifijo de la iglesia está hecho con madera del árbol que crece junto al lugar donde está enterrado el corazón de Livingstone.
El precio de la entrada a la catedral, permite la visita al edificio de enfrente, en cuyo sótano se encuentran las minúsculas celdas donde esperaban los esclavos antes de ser subastados.
En la plaza, un monumento conmemora estos vergonzosos hechos.

Gorée y Zanzíbar, Atlántico e Índico, dos bellos rincones de África unidos por el horror y la tragedia que nos recuerdan cuan miserable puede llegar a ser la especie humana.

miércoles, 13 de febrero de 2008

La flor del paraíso: El consumo del qat en Yemen



Esta mañana mientras me dirigía en coche al trabajo, he escuchado una noticia por la radio que me ha llamado la atención:

Una nueva droga se ha incautado en Barcelona. Los Mossos se incautan del primer alijo de “khat”, la droga de África. Los consumidores mastican los tallos del arbusto para combatir el hambre y la fatiga. Detenido un hombre que enviaba la mercancía por correo a Nueva York”.

A continuación han explicado algo más sobre los efectos de esta “nueva” droga y los países donde habitualmente se consume y han dado más detalles sobre la actuación policial.

Antes de viajar al Yemen nunca había oído hablar de esta droga, ni siquiera en clase de Toxicología donde nos dieron unas buenas lecciones de todos los estupefacientes habidos y por haber.

Lo primero que me llamó la atención al llegar a Sana’a fue la cantidad de plásticos de color verde o rosa que se amontonaban en cualquier rincón de la ciudad. Se trataba de las bolsas que envuelven el qat (o khat), el nombre común de la planta catha edulis.
Es una droga que se consume habitualmente y no se concibe ninguna fiesta, acto social o una simple reunión de amigos, sin hojas de qat.
Tan sólo en Yemen, el 80% de la población adulta –sobre todo hombres -consume esta droga, que en la calle cuesta, el manojo, 2 dólares y si es de la mejor calidad, unos 30. Algunas mujeres también lo toman pero siempre en reuniones privadas.



Los países donde más se consume son el Yemen en la península arábiga y Somalia y Etiopía en el llamado “cuerno de África”. Los tres países están geográficamente muy próximos y hay diferentes versiones sobre en cual de ellos se originó el hábito de masticar las hojas de qat.

Las crónicas aseguran que esta costumbre se remonta al siglo XIII y estaba reservado a las clases ricas hasta la guerra civil de 1962, momento en que se generalizó su consumo.

En estos países todo intento de prohibición ha sido inútil y día tras día es vendida de forma totalmente legal en sus mercados.




Los emigrantes africanos residentes en Estados Unidos, Canadá y Alemania son los nuevos consumidores de qat que han disparado el tráfico de esta sustancia. Precisamente las dos cajas con 24 kilos de qat que han intervenido los Mossos iban dirigidas a un hotel de Nueva York.

El reparto inicia al amanecer y grandes cantidades de esta planta se envían desde sus dos grandes productores, Etiopía y Kenia varias veces por semana.

Se trata de un arbusto que crece entre 5 y 8 metros de altura. La hoja es perenne y tiene entre 5-10 cm de largo y 1-4 cm de ancho. Son las hojas las que tienen propiedades psicoestimulantes.

Sus principios activos son los alcaloides catina y catinona, química y funcionalmente parecidos a las anfetaminas.
   
Las hojas se mascan como si fuera tabaco, durante horas y horas, lentamente se van extrayendo todos los principios activos y empiezan a notarse los efectos: desaparece el hambre y la fatiga. Se pierde la noción del espacio y del tiempo y dicen que provoca una gran euforia, da mucha energía y desarrolla la imaginación. Sin embargo los efectos secundarios son terribles: insomnio, depresión, anorexia, irritación estomacal, dificultades respiratorias y claro está, adicción.

Otro gran problema es el económico. Consumir qat no es barato y una gran parte de sus escasos salarios se funden en la compra casi diaria de la droga. Los más adinerados pueden comprar la de mejor calidad, aquella de tallos más frescos y tiernos y evidentemente son los que tienen un mayor prestigio social. En Occidente el precio se dispara y puede llegar a costar unas 10 veces más, hasta 300 $ el kilo. Por otro lado, su producción amenaza con desplazar otros cultivos como el café o los cereales ya que el qat supone dinero rápido y diario.

Principalmente por la tarde, casi todos los yemenitas mascan su qat: policías, taxistas, tenderos, artesanos, agricultores, pastores, estudiantes ... casi toda actividad laboral se paraliza y prácticamente nadie trabaja, lo que comporta la pérdida de millones de horas de trabajo.

Se reúnen en el mafreg, una acogedora habitación que se encuentra en el piso más elevado de la casa, donde sentados sobre colchonetas empiezan la sesión.




Lo venden envuelto en bolsas de plástico o en hojas de plátano para que conserve su frescura, y uno a uno van sacando los tallos que se meten en la boca después de doblarlos.

Las hojas una vez masticadas las van acumulando en la boca, hasta tal punto que la bola que guardan les deforma totalmente la mejilla.


Ellos defienden que estas sesiones fortalecen sus lazos de amistad y son una excelente ocasión para aproximar posiciones, convenir bodas o hacer negocios. La reunión se va animando y en el centro del mafreg va creciendo la montaña de ramas de qat desechado, a la vez que las colillas en los ceniceros y el tamaño de la bola dentro de su boca.

Se oye la voz del moecín llamando a la plegaria y dan por acabada la sesión. Escupen la enorme bola de qat que se ha formado en la mejilla, se enjuagan con abundante agua fresca y se sienten felices.

viernes, 8 de febrero de 2008

Rothenburg ob der Tauber, la huella de la historia


Después de varios intentos fallidos, por fin nos pusimos de acuerdo un grupo de amigos para realizar una escapada a Alemania. Aprovechando que uno de ellos estaba trabajando allí, la excusa era perfecta. Nos movilizamos 14 personas para pasar juntos los cinco días del puente de la primera semana de diciembre de 2006.Salimos del aeropuerto de Reus con destino a Frankfurt Hann con la compañía Ryanair.

Al llegar al aeropuerto recogimos los coches de alquiler y, sin perder tiempo, nos dirigimos hacia nuestro primer destino:Rothenburg ob der Tauber.





El trayecto se nos hizo un poco largo, ya que el tráfico era intenso y enseguida oscureció, con lo que no pudimos ni siquiera disfrutar del paisaje. Estábamos alojados en el Hotel Gasthof Goldenes Lamm, un establecimiento sencillo pero con una inmejorable situación, en la misma Marktplatz.
Una vez dentro del recinto amurallado, enseguida se percibe la sensación de encontrarse en un lugar donde la historia ha dejado huella. Edificada en una de las orillas del río Tauber, en Baviera, es una de las ciudades medievales amuralladas mejor conservadas de la vieja Europa, a pesar de haber sufrido varias guerras y invasiones.
Salimos a dar un primer paseo por la ciudad que ya se encontraba totalmente tranquila. Los diferentes puestos del mercado de Navidad ya estaban recogiendo y los grupos de turistas que la invaden durante el día ya habían desaparecido. Caminamos sin rumbo por las callejuelas adoquinadas y la iluminación navideña ayudaba a recrear una imagen de postal.
Los orígenes de Rothenburg se remontan al siglo XII. En 1142 se construyó el castillo rojo o “rothe burg” que daría el nombre a la ciudad. Hacia 1274 obtuvo el título de ciudad imperial libre y en 1802 pasó a formar parte de Baviera. Durante la Guerra de los Treinta Años fue asediada y conquistada por las tropas católicas y estuvo a punto de desaparecer. Al final de la 2ª Guerra Mundial, un bombardeo destruyó algunas casas, nueve torres y casi 700 de los más de 2000 metros de muralla.



Algunos años después, se redescubrió para el turismo y se empezó a considerar una de las joyas de la Edad Media.
Después de aquel agradable paseo y de una merecida cena en el restaurante del hotel, nos fuimos a dormir con la satisfacción que produce el descubrir lugares como éste.
El edificio donde pasaríamos la noche también forma parte de la historia de la ciudad, ya que la cofradía de pastores lo utilizó desde 1438 como hostal en Rothenburg, y de ahí le viene el nombre de Goldenes Lamm.
El día siguiente empezó con un buen desayuno y con las ganas de seguir empapándose de cada rincón de la ciudad. La suerte estaba de nuestra parte y amaneció un día espléndido y soleado. Caminamos toda la muralla que fue totalmente reconstruida gracias a las aportaciones económicas de empresas y particulares.
A lo largo del recorrido se pueden ver las placas de piedra en el que consta el nombre de la persona (muchos japoneses) o empresa que hizo la donación y los metros que se restauraron con la misma. Desde aquí se divisa la techumbre de varios edificios, la mayoría triangulares y otros escalonados, destacando la silueta de una de las torres de la ciudad, la Klingentor, construida a mediados del siglo XV.





Se hace patente el orden, la limpieza y el buen estado de conservación de la muralla, torres, casas e iglesias.
Continuamos hasta el castillo que se encuentra en un agradable parque.Nos encontramos con rincones encantadores y tiendecitas para quedarse boquiabierto.
Entramos en la famosa tienda Käthe Wohlfahrt, un verdadero mundo de fantasía donde todo el año es Navidad. Seguimos por la Hofronnengasse hasta la Markplatz donde se encuentra el ayuntamiento, mitad gótico y mitad renacentista y la Ratsherrentrinkstube, la taberna de los concejales, con el reloj más antiguo de la ciudad, que data de 1683.

Subimos a la torre del ayuntamiento y desde sus 60 metros contemplamos la ciudad en toda su magnitud como si estuviera sacada de un cuento.

Al bajar, reponemos fuerzas con un vaso de glühwein, el delicioso y dulce vino caliente con canela.

domingo, 3 de febrero de 2008

La Estampida de Calgary


Calgary es la mayor ciudad de la provincia de Alberta. Está situada a unos 80 km al este de las Montañas Rocosas, por lo que la mayor parte de visitantes que tienen como destino los Parques Nacionales de Banff o Jasper utilizan el aeropuerto de esta ciudad. A pesar de que es una ciudad agradable, muy limpia, con unos museos espléndidos – como el Glenbow – y demás atractivos, la mayoría de turistas pasan de largo, dirigiéndose directamente a la población de Banff.


La economía de Calgary se centra sobretodo en la industria petrolífera, aunque la agricultura, ganadería y alta tecnología también tienen un peso importante.

Es el centro corporativo de la industria energética de Canadá y las petroleras más importantes se encuentran aquí. Grandes rascacielos acristalados conforman la estética del Downtown de la ciudad, destacando la Calgary Tower desde donde se divisan unas bonitas vistas.





Calgary cuenta con todos los servicios necesarios en una gran ciudad canadiense dentro de una cultura del Oeste donde el rodeo y la temática “Western” son parte de la vida calgariense.
El evento más importante es la famosa Estampida - The Calgary Stampede – que tiene lugar cada año a principios del mes de julio (desde 1884) y durante 10 días la ciudad se transforma y vive intensamente el acontecimiento.
Se reúnen cientos de miles de turistas y competidores de todo el mundo cow boy (principalmente norteamericanos y australianos) para participar en los rodeos y las chuckwagon races (carreras de carretas) al más puro estilo del Viejo Oeste y donde el ganador se lleva unas importantísimas sumas de dinero.
Pero el Festival no es sólo para vaqueros, puesto que se celebran desfiles, actividades para todos los públicos que llenan la ciudad del espíritu del Oeste.
Llegamos a Calgary el mismo día que empezaba la Estampida, y decidimos dedicar dos días a la ciudad para poder disfrutar del ambiente y de la diversión.
En el mismo aeropuerto nos recibieron con música country símbolo de bienvenida a todos los visitantes. Después de dormir un par de horas para cargar un poco las pilas salimos a patear el asfalto. Muchos locales y visitantes visten al estilo cow boy con el sombrero, las botas y los Wrangler jeans de rigor, al más puro estilo John Wayne.
Subimos a la Calgary Tower desde donde se domina todo el Parque de la Estampida. Es en ese recinto donde desde 1889 tienen lugar las exposiciones, los rodeos y carreras y donde se encuentran un gran número de atracciones.
Al día siguiente, a primera hora de la mañana tomamos el tranvía (gratuito) hasta Rope Square. Durante los 10 días de la Estampida se celebran desayunos populares en diferentes lugares de la ciudad y Rope Square es uno de ellos. Colaboran muchos voluntarios y hay varios chiringuitos montados donde preparan una especie de crêpes y bacon a la plancha que reparten a todos los que allí se reúnen para desayunar. Nos quedamos un buen rato en la plaza disfrutando del ambiente festivo y de los diferentes actos que tuvieron lugar como concursos caninos y desfiles de bandas de música con majorettes incluidas.







Por la tarde fuimos al Parque de la Estampida.
Había muchísima gente; yo creo que durante esos días casi la totalidad de la población se concentra en ese parque. Allí se reúnen muchas atracciones, exposiciones ganaderas y de maquinaria agrícola, música country y una reserva india en donde se muestra la artesanía y el folklore de los primeros pobladores de Canadá y que actualmente todavía representan un % importante de la población, especialmente en esta parte
del país.






Todo el mundo come y bebe sin parar. Me imagino que se consumirán cantidades astronómicas de hot dogs, algodones de azúcar y las típicas manzanas caramelizadas que se encuentran en todas las ferias.
Después de montar en algunas atracciones y a la hora prevista (habíamos comprado las entradas por Internet unos meses antes) nos dirigimos a ver las Chuckwagon races. Se trata de unas carreras de carretas tiradas por caballos como las que usaban los pioneros norteamericanos para recorrer largas distancias.





El estadio estaba abarrotado, ya que estas carreras desatan auténticas locuras entre los espectadores y día tras día se completan todas las localidades. No nos acabamos de integrar demasiado en el ambiente;
Allí todo el mundo grita, se levanta, anima a los competidores… y no entendemos muy bien el motivo de tanta euforia.

Después de las carreras nos quedamos a presenciar el Grandstand Show un espectáculo de música, desfiles al estilo americano que acabó con una espectacular exhibición de fuegos artificiales.


A pesar de que normalmente escapamos de las multitudes, nos gustó poder participar de la Gran Fiesta de la Estampida y aprender un poco sobre los gustos y la forma de divertirse de los habitantes de Calgary.