Con un grupo de
amigos, decidimos visitar la costa norte de la isla
de Cerdeña durante
el puente de mayo de 2004, centrándonos básicamente en la ciudad de L’Alguer y alrededores (Alghero en italiano,
S’Alighèra en sardo y L’Alguer en catalán).
Así
pues, procedentes de Girona en vuelo de Ryanair, aterrizamos en aquella parte
de la isla dispuestos a conocer la Barcellonetta, nombre con el que
también se conoce a la ciudad. Situada en la costa noroccidental, en la famosa Riviera
del Corallo, tiene el centro histórico más bello y mejor
conservado de la isla. Resulta muy interesante y curioso a la vez, que la
cultura catalana se ponga de manifiesto a tantos kilómetros de casa y que
determinados hechos históricos nos hayan unido a esta encantadora ciudad
italiana.
Durante
la 2ª mitad del siglo XIII, L’Alguer se encontraba bajo la influencia económica
y política de Génova, sobretodo a través de la potente familia Doria, pasando
de ser un pueblo de pescadores a un centro comercial de cierta importancia. En
1353, con la batalla de Port Comte, las flotas catalanas y venecianas,
capitaneadas por Bernat de Cabrera, derrotaron a la armada Genovesa. La
conquista duró pocos días ya que los algareses se sublevaron y entregaron la
ciudad nuevamente a Génova. El siguiente año, el mismo rey Pere el Cerimoniós
guió la campaña de reconquista y después de cinco meses entró victorioso en la
ciudad, empezando así la larga historia catalana en L’Alguer que se repobló con
colonos catalanes, mallorquines y valencianos. El catalán fue reemplazado por
el castellano como lengua oficial durante
el siglo XVII, y, ya en el siglo XVIII, por el italiano.
Pero
L’Alguer es mucho más que un recuerdo nostálgico de la expansión catalana por
el Mediterráneo y aquel fin de semana llegamos dispuestos a descubrirlo.
Alquilamos
dos coches en el aeropuerto, que nos permitirían desplazarnos cómodamente.
Llegamos al Hotel Catalunya que goza de una inmejorable situación
junto al puerto deportivo y después de pocos minutos ya nos encontrábamos
paseando por las calles estrechas y empedradas del centro histórico.
No
fue tan fácil como parecería en un principio poder comunicarnos en catalán ya
que para más de un 80% de la población la lengua vernácula es el italiano. El
alguerés (catalán arcaico) es la primera lengua para el 22% de la población
pero menos de un 15% lo usa como lengua habitual. La forma oral se ha ido
transmitiendo de generación en generación pero son muy pocos los que saben
escribirlo. A pesar de ello, los folletos y las guías turísticas dicen que la
ciudad conserva con orgullo su identidad histórica.
La
catalanidad se respira también en los nombres de las calles que han conservado
la toponimia, y en la arquitectura de estilo gótico catalán, que se puede
observar en las fachadas de bonitos palacios.
Visitamos
la Iglesia de Sant Francesc y
su pequeño pero bien cuidado claustro. En esta iglesia se celebra misa en
catalán y en la Catedral de Santa María hay una capilla dedicada a la
Virgen de Montserrat, patrona de Catalunya.
El
segundo día en la isla nos sorprendió con un cielo azul intenso. Empezamos la
ruta visitando el Nurag de Palmavera, a 10 km de L'Alguer. Se trata
del poblado prehistórico más importante de
la isla, con una antigüedad de entre 1.000 y 1.500 años antes de nuestra era.
A
unos 20km de L’Alguer se encuentra el Cabo de Caccia, desde donde se
puede admirar una amplia panorámica de la Costa del Coral, el tramo de
litoral que toma el nombre de una de las riquezas de la zona. Bajamos los 656
escalones de la llamada “Escalera de Cabirol”
que con un desnivel de casi 300
metros conducen hasta la entrada de la Gruta
de Neptuno, una cueva excavada de forma natural en la roca
calcárea donde las estalactitas y estalagmitas configuran unas formas
increiblemente bellas. A la subida, los 656 escalones se hacen eternos, pero
los paisajes que desde aquí se contemplan indiscutiblemente lo merecen.
Después
nos dirigimos rumbo a Sassari, la segunda ciudad de la
isla después de la capital Cagliari, atravesando la comarca de Anglona, zona de
colinas y de pastos. Después de visitar la ciudad nos acercamos hasta la
basílica de la Santísima Trinidad de Saccargia, en
un tiempo abadía de un gran monasterio, obra de arte del románico de Cerdeña,
que combina la piedra calcárea de color claro con el basalto oscuro. La basílica
en si es una preciosidad, pero el verde paisaje que la rodea resalta aun más su
belleza.
El
cielo azul de la mañana dejó paso a unas nubes de tormenta que dejaron caer un
chaparrón primaveral que nos acompañó casi todo el camino hasta la Costa
Esmeralda, la zona más famosa de Cerdeña que en los años 60 el
príncipe Karim Aga Khan convirtió en capital internacional del turismo de
élite; pasarela estival de personajes famosos, del deporte, las
finanzas…incluso Berlusconi tiene aquí una villa.
El
último día lo dedicamos a recorrer tranquilamente la Costa
del Coral hasta
la ciudad de Bosa a través de unos paisajes y unos
acantilados que cortan la respiración. Volvimos de nuevo hasta L’Alguer para
coger el avión que nos traería de regreso a Girona.
Se
trata de una escapada muy recomendable, ideal para
realizar en un fin de semana largo o durante un puente y que combina paisajes
espectaculares, una rica historia y también una espléndida gastronomía.















