viernes, 27 de junio de 2008

Destino Japón


Mañana a primera hora salimos en vuelo hacia Japón !!!. Esos momentos de cosquilleo en el estómago previos a un viaje me hacen sentir bien, a pesar de las largas y aburridas horas de vuelo y esperas en los aeropuertos que nos quedan por delante.

Nos moveremos por la isla de Honshu, aunque me hubiera gustado disponer de más días para viajar hasta Hokkaido, ¡otra vez será!.
Los desplazamientos los haremos básicamente en tren y alguno en autobús.
Llevo varias semanas planificando el viaje y la idea inicial es la siguiente, aunque nada nos impediría modificar el itinerario sobre la marcha:


Día 28/06/08: Barcelona – Helsinki – Tokyo
Día 29/06/08: Tokyo
Día 30/06/08: Tokyo
Día 01/07/08: Tokyo - Nikko – Tokyo
Día 02/07/08: Tokyo
Día 03/07/08: Tokyo – Kamakura – Yokohama – Tokyo
Día 04/07/08: Tokyo – Kyoto
Día 05/07/08: Kyoto
Día 06/07/08: Kyoto – Nara – Fushimi Inari – Kyoto
Día 07/07/08: Kyoto
Día 08/07/08: Kyoto – Hiroshima – Miyahima – Kyoto
Día 09/07/08: Kyoto – Himeji – Engyoji – Kyoto
Día 10/07/08: Kyoto – Kanazawa
Día 11/07/08: Kanazawa
Día 12/07/08: Kanazawa – Shirakawago – Takayama
Día 13/07/08: Takayama – Gifu – Nagoya
Día 14/07/08: Nagoya – Valle de Kiso (Magome – Tsumago) – Nagoya
Día 15/07/08: Nagoya – Helsinki – Barcelona

A la vuelta espero poder contar nuevas experiencias y alguna que otra anécdota. Mientras tanto, deseo a todos los visitantes del blog unas placenteras vacaciones. Tanto a los que les gusta conocer otras culturas, como a los que les atrae la playa y el relax. A los que no puedan disfrutar de ningún día de descanso, les tocará esperar. De todas formas, se pueden aprovechar los largos días de verano para hacer todo aquello que el resto del año las obligaciones del día a día nos impiden poder llevar a cabo.
¡Hasta la vuelta!

martes, 24 de junio de 2008

Valle de Chistau. Pirineo Aragonés


Decidimos ir a pasar el primer fin de semana de septiembre de 2007 en el Pirineo Aragonés, concretamente en el Valle de Chistau.
Salimos de casa a las 7 de la mañana y a las 9:30 ya nos habíamos plantado en Aínsa, interesante pueblo aragonés, declarado de interés artístico nacional. Aprovechamos para visitar el Centro Histórico, donde destacan el Castillo y la Iglesia románica de Santa María iniciada en el siglo XI y finalizada en el siglo XII. A lo largo del núcleo urbano se pueden observar interesantes casas, ejemplo de las edificaciones típicas de la comarca, con sus rejas, magníficas ventanas y portadas de piedra. Llegamos a la Plaza Mayor, porticada y de enormes dimensiones. En un extremo se encuentra el ayuntamiento y por el otro extremo se llega al castillo. Después de esta corta visita dejamos Aínsa y continuamos hacia Plan, donde pasaríamos la noche. Tomamos el desvío hacia el Valle de Chistau y el paisaje se va haciendo más agreste y la carretera más estrecha. El Valle de Chistau ha sido el más escondido de los valles altoaragoneses. Aislado por carretera hasta los años 30, en que se abrieron los túneles de La Inclusa, si bien ésta no llegó a Plan hasta años más tarde, sus únicos accesos hasta ese momento eran caminos de herradura, accesibles solamente a pie o a caballo. Estas dificultades de comunicación, hicieron que el Valle adquiriera unas características y peculiaridades que lo dotaron de personalidad propia, como la conservación de su lengua, una variante del dialecto aragonés, llamada chistabín, palabra que da nombre al Valle.




Geográficamente el Valle ocupa la cuenca del río Cinqueta y está limitado por altas cumbres entre las que destacan las escarpadas paredes de Cotiella, al sur, y el macizo de Posets, que con sus 3.375 metros, es la segunda montaña más alta de los Pirineos tras el Aneto. Por el oeste comunica con el Valle de Bielsa y por el este, con el de Benasque.
En ese marco natural, en parte zona protegida dentro del Parque Natural Posets-Maladeta, se distribuyen los 4 municipios que componen el Valle: Gistaín, Plan (con los pueblos de Plan, Saravillo, Servato y Señes), San Juan de Plan y Tella–Sin (con las poblaciones de Tella, Sin, Salinas de Sin, Lafortunada, Badaín, Hospital de Tella, Cortalaviña, Revilla y Caseríos de Lamiana).
Todos los pueblos del Valle son de fisonomía parecida. Las calles son estrechas y empinadas para poder adaptarse a la orografía del terreno, y en un espacio amplio se ubica la plaza, lugar de reunión de los vecinos, la mayoría de avanzada edad.
En total habitan unas 600 personas que viven esencialmente de la ganadería pero actualmente el turismo rural va dejando también algún ingreso extra, hecho que ayuda un poco a mantener la escasa población.





La primera vez que escuché el nombre de Plan fue hace ya 23 años, cuando apareció en todos los periódicos gracias a una original iniciativa que tuvieron los mozos solteros inspirados en la película “Caravana de Mujeres”. Organizaron una fiesta con el fin de atraer a mujeres de toda España. De aquella fiesta surgieron algunas parejas que trajeron un poco de esperanza al Valle.
Recuerdo que se hicieron varios documentales por televisión y unas preciosas imágenes de aquel Valle quedaron grabadas en mi disco duro. Hemos tardado unos cuantos años en ir a conocerlo, pero todo llega.

Al llegar a Plan nos dirigimos a la Oficina de Turismo. Me sorprendió que un pueblo tan pequeño disponga de una oficina tan bien montada. Recogimos información sobre el Valle y posibles excursiones a realizar.
Nos alojamos en el Hotel Mediodía, un bonito establecimiento desde donde se disfruta de unas vistas extraordinarias.
El pueblo es pequeño y en seguida está visto. Visitamos la recién restaurada iglesia de San Esteban del siglo XVI, de arquitectura tradicional. Parece ser que la “caravana de mujeres“ no funcionó mal del todo, puesto que el pueblo dispone de todos los servicios: escuela, supermercado, farmacia, consultorio médico…
Comimos divinamente en el mismo Hotel Mediodía. En el comedor hay un recorte de periódico enmarcado en el que se pueden leer unas declaraciones del Dr. Iglesias Puga, padre de Julio Iglesias, al Diario del Alto Aragón donde afirma haberse quedado maravillado con la cocina casera del Hotel. Dice textualmente: “… porque realmente esta Señora cocina como Dios. Me encuentro mucho mejor aquí que en el Hotel París de Montecarlo”. Con su esposa Ronna visitaron el establecimiento cuatro años consecutivos, de 1998 a 2001.
Esperamos que el sol bajase un poco para poder salir a caminar. Teníamos toda la tarde por delante y decidimos hacer el recorrido desde Plan - Gistaín – San Juan de Plan para volver a Plan. Los tres pueblos están unidos por senderos y dada su proximidad, los trayectos parecían asequibles para hacer en pocas horas. De la parte alta de Plan, junto a la fuente y el lavadero nace el camino que asciende a Gistaín (o Chistén) desde donde se tiene un impresionante mirador del Valle. Aunque el empinado sendero es precioso, los 45 minutos de Plan a Gistaín se nos hicieron un poco pesados por el calor que todavía apretaba. Llegamos a Gistaín que se encuentra a 1422 metros de altitud. Paseamos por el pueblo y nos paramos a charlar un rato con un abuelo que estaba tomando el fresco. Aquí se ven muchas casas de turismo rural y de alquiler de habitaciones.





Ya saliendo del pueblo, caminamos un tramo de carretera por donde pasa el GR19, en dirección a San Juan de Plan. Nos encontramos a otro simpático abuelo que mientras nos acompañaba nos explicó como discurrían sus días en el Valle. Nos indicó donde empieza el PR37, el camino que nos llevaría a San Juan. El empedrado sendero es muy estrecho y empinado, por lo que hay que andar con cuidado para no resbalar. En 30 minutos llegamos a San Juan. Visitamos el pueblo y por el camino que transcurre paralelo al río Cinqueta llegamos nuevamente a Plan.
El domingo y después de un buen desayuno seguimos una pista que conecta el Valle de Chistau con el Valle de Benasque. Desde Plan a Chía hay 25 km y de Chía a la carretera A-139 debe haber 2 ó 3 km hasta Castejón de Sos y desde aquí 14 km hasta Benasque.
El recorrido por la pista es de una gran belleza. El primer tramo discurre entre bosques de abetos y se encuentra un mirador desde donde se disfruta de una bonita panorámica del Valle de Chistau con los 3 pueblos que visitamos el día anterior. Los bosques se van substituyendo por prados de alta montaña y empezamos a ver vacas y caballos que están en los puertos. Las vistas cortan la respiración. Acabamos de pasar el día en el Valle de Benasque.

Aquellos bellos parajes, la amabilidad y sencillez de sus gentes y la paz que allí se respira consiguieron que disfrutáramos de un agradable fin de semana.

sábado, 21 de junio de 2008

Masai Mara en globo


El viaje a Kenya no había sido precisamente una ganga y como buenos catalanes, antes de desprendernos de la suma de dólares que nos pedían por un safari en globo, lo tuvimos que pensar varias veces. De todas formas, teníamos la excusa perfecta. El día siguiente, el 17 de octubre de 1992, cumplíamos el 5º aniversario de nuestra boda y, aunque nunca antes de aquella circunstancia ni tampoco después nos hemos intercambiado regalos para celebrarlo, la oportunidad que se nos presentaba no la podíamos pasar por alto.
Siempre había tenido la ilusión de volar en globo, pero hacerlo en la Reserva de Masai Mara era un sueño hecho realidad.
La reserva se inauguró en 1961 y está localizada al oeste del Rift Valley, lugar donde aparecieron los primeros homínidos. Al no ser un parque nacional sino una reserva, Masai Mara no está administrada por el servicio de parques, el Kenya Wildlife Service, sino por las autoridades locales.
Masai Mara es la continuación natural de las llanuras del Serengeti, en Tanzania. El río Mara es su columna vertebral y la atraviesa de norte a sur para continuar hasta el lago Victoria.
Sus aguas color chocolate donde abundan los hipopótamos y cocodrilos, son testigo cada año de las migraciones de más de un millón de ñus y 200.000 cebras que se desplazan entre ambos parques en busca de mejores pastos.



Su altitud por encima de los 1500m determinan un clima más suave y húmedo que en otras regiones del país, y sus praderas herbáceas que se alternan con acacias espinosas y matorrales, atraen gran cantidad de animales.
El nombre de Masai Mara quizás está un poco mitificado, ya sea por películas como “Memorias de África” o “Mogambo” o por ser el lugar donde habitan los esbeltos y temidos masai, un pueblo de guerreros y pastores nómadas que se debate entre conservar sus tradiciones ayudados por la venta de artesanía a los turistas y las visitas a sus aldeas, o acabar convirtiéndose en jóvenes que trabajan en los hoteles y que se disfrazan por las noches para interpretar las danzas ancestrales de su tribu, como lamentablemente pudimos comprobar unos años más tarde, en 2003, en Tanzania.
Volviendo pues al globo, nuestro escenario serían las inmensas llanuras de la reserva Masai Mara. Aquel día el despertador sonó más pronto que de costumbre, antes de las cinco de la mañana. Las noches suelen ser frías y agradecimos una taza de te bien caliente antes de salir del campamento. En total éramos un grupo de 5 personas: Una pareja de italianos divertidísimos que iban en viaje de luna de miel; Javier, con el que habíamos compartido todo el viaje y nosotros dos. Nos pasó a recoger un 4x4 y después de recorrer bastantes kilómetros, llegamos al lugar de despegue, hacia las 6. Había otro grupo de turistas y en total ocuparíamos dos globos. Empezaron a hinchar lentamente los inmensos artefactos con grandes ventiladores movidos por un motor y se encendieron los quemadores hasta que los globos se levantaron del suelo, contrastando sus alegres colores con un cielo azul intenso. En aquel momento estaba empezando a amanecer y nos dieron instrucciones para entrar en las cestas donde los pilotos nos indicaron las normas a seguir.




Cuando se empezó a elevar, una mezcla de emociones estaban comprimidas dentro de aquella pequeña cesta. Sin darnos apenas cuenta, ya nos encontrábamos volando sobre la reserva. La salida del sol en el horizonte y la sabana africana bajo nuestros pies nos dejó sin palabras. Nadie se atrevía a romper el silencio, sólo de vez en cuando el ruido de los quemadores interrumpía aquella inmensa sensación de paz.
La belleza del paisaje inducía a pensar que aquello formaba parte de un dulce sueño. Durante la hora larga que duró el vuelo pudimos observar un gran número de animales, los cuales sólo se asustaban cuando el globo se acercaba más al suelo. Vimos un león devorando a su presa, manadas de elefantes, cebras y gacelas corriendo bajo aquel inmenso objeto sin identificar, un enorme rinoceronte con su cría y un paisaje increíblemente hermoso.





Al final del vuelo, el globo aterrizó suavemente en una zona abierta. Allí nos esperaba un delicioso desayuno con champagne incluido para brindar por el éxito del vuelo.
También nos hicieron entrega de un certificado que acreditaba el viaje.
Después del desayuno, un todoterreno nos pasó a recoger para continuar el safari por tierra y fuimos a seguir la pista del rinoceronte con su cría para poderlos observar más de cerca, los únicos ejemplares que vimos en todo el viaje a Kenia.
A la hora de comer, regresamos al campamento felices y contentos.
A pesar de reconocer que se trata de un gran montaje para turistas ávidos de aventura y nuevas sensaciones, lo volvería a repetir sin dudarlo. Es más, después de la magnífica experiencia no creo que me costara tanto desprenderme de un simple puñado de dólares.




domingo, 15 de junio de 2008

Rainforest Cafe®. London


Si viajáis a Londres con niños y les queréis dar una sorpresa después de una agotadora mañana de museos, metro y asfalto, un buen sitio para ir a comer es el Rainforest Cafe®. Este simpático local, parte aventura, parte restaurante es un entretenimiento para toda la familia. Se encuentra en pleno centro de Londres, concretamente en el número 20 de la Shaftesbury Av., a dos pasos de Picadilly Circus. Voy a hablar del de Londres que es el único que conozco, pero en realidad se trata de una cadena americana con base en Minnesota que, con más de 5000 empleados está establecida en diferentes ciudades y puntos turísticos del planeta, especialmente en Estados Unidos, Canadá y Méjico, pero que también se encuentra en París (Disney Village de Eurodisney), Tokyo, El Cairo y Estambul.



Me imagino que visto uno, vistos todos y aunque no soy demasiado amiga de este tipo de business, hay que reconocer que su creador, Steven Schussler, tuvo una original idea que, apoyada en una buena campaña de marketing y disfrazada con actuaciones de protección al mediombiente, ha ido creciendo como la espuma.



Volviendo a Londres… para entrar al restaurante, situado en el sótano del local, se debe pasar primero por la tienda, donde los peluches de diferentes tipos, tamaños y colores son los protagonistas. Primero se encuentra a Nile dentro de una charca, un cocodrilo que parece tener vida propia. Destaca en el centro una "montaña" de ranitas verdes de ojos rojos (Agalychnis callidryas), una especie común de los bosques lluviosos de Centroamérica y que en el Rainforest café la han bautizado con el nombre de Cha! Cha!. Antes de bajar las escaleras que acceden al restaurante se pasa por un mostrador donde piden el nombre si se ha hecho reserva previa o dan número para guardar turno en el caso de que el local esté lleno.
La primera vez que entré me impresionó por lo bien lograda que está la decoración. Recrea una selva tropical con cascadas, una vegetación exuberante y muchos animales, entre ellos grandes mariposas, elefantes, serpientes y gorilas. Hay poca luz, como si la espesa vegetación impidiera penetrar los rayos de sol en el corazón de este bosque lluvioso. Lo más divertido son los efectos especiales; de pronto empiezan los relámpagos y los truenos anunciando una intensa lluvia que cesa al cabo de pocos minutos.



Al final de las escaleras está el mushroom bar, con una inmensa serpiente en la barra y unos divertidos taburetes de traseros de animales. Las mesas se hallan repartidas por todo el local, con un acuario en el centro.
Los platos tienen nombres como: Rainforest plant sandwich, Turtle Beach Salad, Hot Jungle Wrap, Sparkling volcano…que ya nos dicen el tipo de comida que podremos encontrar: ensaladas, pastas, sandwiches, platos combinados…menús pensados básicamente para los más pequeños.

Puntos fuertes: Sin duda, la original decoración. Una bien lograda página web: http://www.therainforestcafe.co.uk/. Se puede reservar por e-mail y también se pueden hacer compras on-line. Como no podía ser de otra manera, disponen de menús infantiles.
Puntos débiles: Acostumbra a estar muy lleno y si no se tiene reserva, posiblemente habrá que esperar un buen rato. Es un lugar donde se celebran muchas fiestas infantiles, por lo que si no queréis acabar con dolor de cabeza, mejor ir al mediodía que no hay tantas probabilidades de encontrarse con algún evento de este tipo.

miércoles, 11 de junio de 2008

Eyüp, un paseo entre lápidas


Estambul es una ciudad indiscutiblemente bella, donde la mezcla de modernidad y pasado la hacen atractiva a los ojos de cualquier visitante.
Llevábamos cinco días recorriendo la ciudad, y los monumentos y lugares más significativos ya estaban vistos, así que decidimos acercarnos hasta el barrio de Eyüp, situado al final del Cuerno de Oro.
El Cuerno de Oro es una ría estrecha que divide el lado europeo de la ciudad en dos partes: la ciudad vieja y la parte de Gálata, formando un puerto natural.
Sus cerca de 8 kilómetros desde el Bósforo hasta Eyüp, ya fuera de las murallas de Teodosio II, los recorrimos en un ferry local, la mejor forma y la más económica para acceder hasta allí. Eyüp, bautizado como Ayyub al-Ansarî era el portador del estandarte de Mahoma y murió en ese lugar durante un ataque contra Constantinopla en 670. Su tumba es considerada un lugar sagrado para el Islam, hecho que atrae a numerosos peregrinos durante todo el año.



Visitamos Eyüp en viernes y el barrio estaba de lo más animado, con la afluencia de muchos fieles que acudían a la tumba por diversos motivos. Las familias celebran allí distintos acontecimientos como el nacimiento de un hijo, la circuncisión pero también van a pedir protección o en señal de agradecimiento.
La plaza principal está muy concurrida y las palomas se acercan a beber y en busca de comida fácil. En la misma plaza se encuentra la entrada principal a la mezquita y la tumba se halla en el interior. Cuando se entra al recinto, se respira un ambiente de gran devoción. El patio interior tiene las paredes con ornamentaciones de azulejos y un gran árbol en el centro. Durante el Imperio Bizantino, los patricios coronaban a los emperadores en el barrio de Eyüp y después de la conquista de Estambul, Fatih Sultan Mehmet y sus sucesores continuaron esta tradición, haciendo lo que se conocía como “la ceremonia de la espada” en que los sultanes otomanos se hacían colocar la espada de Osmán en la investidura de su sultanato.





El mausoleo, levantado en 1458, es una maravilla; de forma octogonal y con una sola cúpula, está enteramente decorado con bellísimas piezas de azulejos en brillantes tonos azules y verdes. Los fieles se detienen a rezar delante de la verja de plata que protege el sarcófago.
Para los musulmanes, estar enterrado cerca de Ayyub al-Ansaî significa recibir la protección del compañero de Mahoma, hecho por el cual se pueden ver muchas tumbas y mausoleos por los alrededores. Tomamos el camino que se encuentra detrás de la mezquita hacia el norte y llegamos a un pequeño cementerio. La tranquilidad era total, con unas bonitas vistas al Cuerno de Oro. Paseamos entre tumbas admirando las lápidas como si se tratara de un museo de caligrafía, ya que la escritura árabe es una parte obligada de una buena lápida. Es interesante fijarse en los turbantes que decoran las lápidas, ya que dicen mucho del rango de quien allí está enterrado. Si hay un turbante es un hombre, mientras que una flor indica que es una mujer. La altura de la lápida nos indica la edad, es decir, que las más pequeñas corresponden a los jóvenes o niños.



Al final del camino se llega al café Pierre Loti, lugar donde el escritor francés disfrutaba de las vistas de Estambul mientras probablemente escribía las experiencias recogidas en sus múltiples viajes.
Allí nos quedamos un buen rato contemplando la ciudad e imaginando como debía ser Constantinopla a mitad del siglo XIX tal como la conoció Pierre Loti.



jueves, 5 de junio de 2008

Riad Jnane Mogador. Marrakech


En Marrakech nos hospedamos en el Riad Jnane Mogador por diferentes motivos. El primero y más importante porque queríamos alojarnos en un riad (o ryad) dentro de la medina y lo más cercano posible al centro vital de la ciudad, al gran teatro del mundo, la plaza Djema el Fna. El segundo y no menos importante, porque se trata de un establecimiento muy económico. A finales de septiembre ya casi nos habíamos gastado el presupuesto anual destinado a los viajes y todavía quedaba Dublín en diciembre, por lo que era indispensable encontrar un lugar como el Jnane Mogador.
Los riads en Marrakech son el alojamiento tradicional de los antiguos marrakchís y son grandes casas situadas la mayoría de ellas en la medina. Las habitaciones están dispuestas alrededor de un patio con una fuente y un decorado con mosaicos. Después de un período de abandono y deterioro de estas casas, la mayoría de ellas fueron compradas por europeos, principalmente franceses, y restauradas en los años 90 para adecuarlas como pequeños hoteles. En todo Marruecos y especialmente en la ciudad de Marrakech se encuentran riads que son verdaderos palacios, sólo hace falta navegar un poco por la web para descubrir auténticos tesoros. El riad Jnane Mogador no es para nada lujoso, pero por el precio que tiene (48€ la doble y 38€ en temporada baja – sin desayuno) no se puede pedir más.



Desde el aeropuerto, cogimos un taxi hasta la Plaza Djema el Fna y seguimos las indicaciones del mapa que facilita la web del hotel. (http://www.jnanemogador.com/) Se encuentra a menos de cinco minutos de la misma plaza, en una calle que al final va a parar cerca del Palacio Bahía.
Detrás de la robusta puerta de madera que se abre a la pequeña recepción, se encuentra el patio con una fuente de mármol blanco en el centro. Todas las habitaciones, tanto las de la planta baja como las del primer piso están situadas alrededor del patio.




Nuestra habitación no era muy grande pero tenía su encanto y estaba bien acondicionada, con los elementos típicos de la decoración marroquí. El baño era muy pequeño pero suficiente.
En el segundo piso se encuentra la cocina, una terraza con unas cuantas mesas para tomar el desayuno (40 Dirham, que equivalen a unos 4€) y dos salas comunes muy acogedoras, con una combinación de colores y materiales que invitan a sentarse un rato.
En la parte alta y como no podía ser de otra manera, está la terraza. Con vistas sobre los tejados de la medina encima de los cuales sobresalen los minaretes de las mezquitas, especialmente el de la Gran Mezquita de la Koutubia que está muy cerca del riad. A lo lejos se divisan las montañas del Atlas.




Es un lugar muy agradable para tomar un te o un refresco y esperar tranquilamente que oscurezca. Nuestro viaje coincidió con el mes del Ramadán y en cuestión de segundos la ciudad se transforma. Algunas pinceladas de color rosado rompen la monotonía del intenso azul del cielo y en el mismo instante que se esconde el último rayo de sol, desde todos los minaretes el muahidín anuncia la ruptura del ayuno quedando varias horas por delante de fiesta, comidas y reuniones familiares.
Sin embargo, los mejores momentos para estar en la terraza son a primera hora del día cuando no hay absolutamente nadie y se respira una paz y un silencio absoluto mientras la ciudad todavía duerme.

El Jnane Mogador también tiene un pequeño hammam. El precio de los masajes oscila entre 180 y 400 Dirham (18 y 40 € aproximadamente).



Puntos fuertes: La situación, a pocos pasos de la Plaza Djema el Fna.
El encanto del establecimiento. El precio. La terraza.
Puntos débiles: Se debe reservar con mucho tiempo de antelación, ya que dispone de pocas habitaciones y casi siempre está lleno.
La reserva se hace mediante el envío del importe de una noche a través de una agencia internacional y se debe ir a una oficina de correos para formalizarla; es poco práctico.
No se puede llegar en taxi hasta la puerta, sin embargo desde la Plaza Djama el Fna son menos de 5 minutos caminando.
Bastante ruidoso; algunas habitaciones dan a una calle lateral no demasiado tranquila.
El personal no destaca por su simpatía, se muestra totalmente indiferente aunque si se solicita consejo o ayuda de cualquier tipo son correctos en todo momento (quizás influyó que fuera Ramadán y estaban medio dormidos y apáticos durante todo el día).
A la hora de pagar, la máquina de la tarjeta de crédito siempre está “estropeada”, por lo que es aconsejable guardar el importe en Dirhams. A pesar de todo ello, si se busca un alojamiento en la medina con una buena relación calidad-precio, el Riad Jnane Mogador es una de las posibilidades. Repetiría sin dudarlo.

lunes, 2 de junio de 2008

Buen viaje, Monsieur. Jardines Majorelle


Cuando esta mañana escuchaba la noticia de la muerte del gran modisto francés Yves Saint Laurent, me ha venido a la memoria el agradable paseo que realizamos por los Jardines Majorelle, en Marrakech.
Viajamos a la ciudad marroquí a finales del pasado mes de septiembre y dedicamos unas horas de una calurosa tarde a visitar los Jardines Majorelle, recomendados en todas las guías de viajes y folletos turísticos, en los cuales siempre se menciona que el actual propietario es (bueno, era) Yves Saint Laurent, como si ello fuera una garantía del buen gusto y del glamour.
La mejor manera de acercarse hasta allí es en taxi, puesto que queda algo alejado de la Medina. Después del regateo de rigor, pagamos 20 dirhams (1.8 € aproximadamente) desde la Plaza Djema el Fna.
A parte del interés meramente botánico, la visita de los jardines es muy recomendable porqué son como un oasis de paz dentro de la caótica ciudad y permiten descansar del barullo y las multitudes que invaden la Medina a todas horas.




Como jardín botánico los hay mejores, pero la originalidad lo convierte en un sitio único que ha trascendido al público como parte de la obra de su creador, el pintor Jacques Majorelle.
Nació en Nancy (Francia) en 1886 y en 1919 se trasladó a vivir a Marrakech atraído por su luz y su color, que plasmaba en sus pinturas.
A principios de los años 20 compró una finca de palmeras donde se hizo construir al cabo de unos años la casa estilo Art déco inspirada en la arquitectura de Le Corbusier. Como gran enamorado de las plantas, empezó a diseñar los jardines que en 1947 abrieron sus puertas al público.
En 1962 tuvo un grave accidente de automóvil que le obligó volver a Francia donde murió.
En 1980 el modisto Yves Saint Laurent y su entonces pareja Pierre Bergé compraron la propiedad y llevaron a cabo un importante proceso de restauración, optimizando el sistema de riego, lo que permitió aumentar significativamente el número de especies.
Al entrar, lo primero que llama la atención es la explosión de color en azul y amarillo. Un azul intenso con nombre propio: el azul Majorelle. Fue en 1937 cuando el artista francés pintó su villa con ese tono que ha dado nombre al color, un color que contrasta con el verde de la vegetación y las sinuosas formas de los cactus.



Se encuentran una buena colección de plantas procedentes de los cinco continentes pero destacan las mil y una especies de cactus, difíciles de encontrar concentradas en cualquier otro lugar. También hay cocoteros, bambúes y buganvillas entre otras.
Sentarse en uno de sus bancos, bajo la sombra de una palmera y escuchar en silencio el canto de los pájaros y la agradable melodía del agua, es un verdadero placer. Siempre y cuando no coincida la visita con algún autocar de tour organizado, por lo que es recomendable acudir a primera hora de la mañana. En nuestro caso, fuimos por la tarde y gracias a la divina providencia no encontramos demasiado gentío, lo que ayudó, y mucho, a que el lugar no perdiera gran parte de su encanto.
La casa que fue el taller y lugar de inspiración de Jacques Majorelle, es actualmente un museo que acoge la colección particular de arte islámico de Pierre Bergé y de Yves Saint Laurent.
También hay una tienda donde se venden diferentes objetos, con la ventaja que no hace falta regatear pero con el inconveniente de que no es precisamente barato, como tampoco lo son los precios de la cafetería. Nos cobraron por un te exactamente lo mismo que por la entrada a los jardines (30 Dh por persona).



Se dice que en este lugar, el diseñador de moda encontraba la inspiración para muchos de sus trabajos, ¡quién sabe!. Es de esperar que sus herederos a través de la Asociación que se creó en 2001 para salvar el patrimonio ecológico, histórico y cultural que representan estos jardines y el museo de arte islámico, sepan conservar el espíritu inicial de su creador Jacques Majorelle, tal como hizo Yves Saint Laurent. Buen viaje, Monsieur.