Decidimos ir a pasar
el primer fin de semana de septiembre de 2007 en el Pirineo Aragonés,
concretamente en el Valle de Chistau.
Salimos
de casa a las 7 de la mañana y a las 9:30 ya nos habíamos plantado en Aínsa,
interesante pueblo aragonés, declarado de interés artístico nacional.
Aprovechamos para visitar el Centro Histórico, donde destacan el Castillo y la
Iglesia románica de Santa María iniciada en el siglo XI y finalizada en el
siglo XII. A lo largo del núcleo urbano se pueden observar interesantes casas, ejemplo
de las edificaciones típicas de la
comarca, con sus rejas, magníficas ventanas y portadas de piedra. Llegamos a la
Plaza Mayor, porticada y de enormes dimensiones. En un extremo se encuentra el
ayuntamiento y por el otro extremo se llega al castillo. Después de esta corta
visita dejamos Aínsa y continuamos hacia Plan, donde pasaríamos la noche.
Tomamos el desvío hacia el Valle de Chistau y el paisaje se va haciendo más
agreste y la carretera más estrecha. El Valle de Chistau ha sido el más
escondido de los valles altoaragoneses. Aislado por carretera hasta los años
30, en que se abrieron los túneles de La Inclusa, si bien ésta no llegó a Plan
hasta años más tarde, sus únicos accesos hasta ese momento eran caminos de
herradura, accesibles solamente a pie o a caballo. Estas dificultades de
comunicación, hicieron que el Valle adquiriera unas características y
peculiaridades que lo dotaron de personalidad propia, como la conservación de
su lengua, una variante del dialecto aragonés, llamada chistabín, palabra que
da nombre al Valle.



Geográficamente
el Valle ocupa la cuenca del río Cinqueta y está limitado por altas cumbres
entre las que destacan las escarpadas paredes de Cotiella, al sur, y el macizo
de Posets, que con sus 3.375
metros, es la segunda montaña más alta de los Pirineos
tras el Aneto. Por el oeste comunica con el Valle de Bielsa y por el este, con
el de Benasque.
En
ese marco natural, en parte zona protegida dentro del Parque Natural
Posets-Maladeta, se distribuyen los 4 municipios que componen el Valle:
Gistaín, Plan (con los pueblos de Plan, Saravillo, Servato y Señes), San Juan
de Plan y Tella–Sin (con las poblaciones de Tella, Sin, Salinas de Sin,
Lafortunada, Badaín, Hospital de Tella, Cortalaviña, Revilla y Caseríos de
Lamiana).
Todos
los pueblos del Valle son de fisonomía parecida. Las calles son estrechas y
empinadas para poder adaptarse a la orografía del terreno, y en un espacio
amplio se ubica la plaza, lugar de reunión de los vecinos, la mayoría de
avanzada edad.
En
total habitan unas 600 personas que viven esencialmente de la ganadería pero
actualmente el turismo rural va dejando también algún ingreso extra, hecho que
ayuda un poco a mantener la escasa población.
La
primera vez que escuché el nombre de Plan fue hace ya 23 años, cuando apareció
en todos los periódicos gracias a una original iniciativa que tuvieron los
mozos solteros inspirados en la película “Caravana de Mujeres”. Organizaron una
fiesta con el fin de atraer a mujeres de toda España. De aquella fiesta
surgieron algunas parejas que trajeron un poco de esperanza al Valle.
Recuerdo
que se hicieron varios documentales por televisión y unas preciosas imágenes de
aquel Valle quedaron grabadas en mi disco duro. Hemos tardado unos cuantos años
en ir a conocerlo, pero todo llega.
Al
llegar a Plan nos dirigimos a la Oficina de Turismo. Me sorprendió que un
pueblo tan pequeño disponga de una oficina tan bien montada. Recogimos
información sobre el Valle y posibles excursiones a realizar.
Nos
alojamos en el Hotel Mediodía, un bonito establecimiento desde donde se
disfruta de unas vistas extraordinarias.
El
pueblo es pequeño y en seguida está visto. Visitamos la recién restaurada
iglesia de San Esteban del siglo XVI, de arquitectura tradicional. Parece ser
que la “caravana de mujeres“ no funcionó mal del todo, puesto que el pueblo
dispone de todos los servicios: escuela, supermercado, farmacia, consultorio
médico…
Comimos
divinamente en el mismo Hotel Mediodía. En el
comedor hay un recorte de periódico enmarcado en el que se pueden leer unas
declaraciones del Dr. Iglesias Puga, padre de Julio Iglesias, al Diario del
Alto Aragón donde afirma haberse quedado maravillado con la cocina casera del
Hotel. Dice textualmente: “… porque realmente esta Señora cocina como Dios. Me
encuentro mucho mejor aquí que en el Hotel París de Montecarlo”. Con su esposa
Ronna visitaron el establecimiento cuatro años consecutivos, de 1998 a 2001.
Esperamos
que el sol bajase un poco para poder salir a caminar. Teníamos toda la tarde por
delante y decidimos hacer el recorrido desde Plan - Gistaín – San Juan de Plan
para volver a Plan. Los tres pueblos están unidos por senderos y dada su
proximidad, los trayectos parecían asequibles para hacer en pocas horas. De la
parte alta de Plan, junto a la fuente y el lavadero nace el camino que asciende
a Gistaín (o
Chistén) desde donde se tiene un impresionante mirador del Valle. Aunque el
empinado sendero es precioso, los 45 minutos de Plan a Gistaín se nos hicieron
un poco pesados por el calor que todavía apretaba. Llegamos a Gistaín que se
encuentra a 1422 metros
de altitud. Paseamos por el pueblo y nos paramos a charlar un rato con un
abuelo que estaba tomando el fresco. Aquí se ven muchas casas de turismo rural
y de alquiler de habitaciones.



Ya
saliendo del pueblo, caminamos un tramo de carretera por donde pasa el GR19, en
dirección a San Juan de Plan. Nos encontramos a otro simpático abuelo que
mientras nos acompañaba nos explicó como discurrían sus días en el Valle. Nos
indicó donde empieza el PR37, el camino que nos llevaría a San Juan. El
empedrado sendero es muy estrecho y empinado,
por lo que hay que andar con cuidado para no resbalar. En 30 minutos llegamos a
San Juan. Visitamos el pueblo y por el camino que transcurre paralelo al río
Cinqueta llegamos nuevamente a Plan.
El
domingo y después de un buen desayuno seguimos una pista que conecta el Valle
de Chistau con el Valle de Benasque. Desde Plan a Chía hay 25 km y de Chía a la
carretera A-139 debe haber 2 ó 3
km hasta Castejón de Sos y desde aquí 14 km hasta Benasque.
El
recorrido por la pista es de una gran belleza. El primer tramo discurre entre
bosques de abetos y se encuentra un mirador desde donde se disfruta de una
bonita panorámica del Valle de Chistau con los 3 pueblos que visitamos el día
anterior. Los bosques se van substituyendo por prados de alta montaña y
empezamos a ver vacas y caballos que están en los puertos. Las vistas cortan la
respiración. Acabamos de pasar el día en el Valle de Benasque.
Aquellos
bellos parajes, la amabilidad y sencillez de sus gentes y la paz que allí se
respira consiguieron que disfrutáramos de un agradable fin de semana.