jueves, 28 de agosto de 2008

Las puertas de Dublín


Una de las imágenes que más se repite en las tarjetas postales que venden todas las tiendas de souvenirs de Dublín, son las coloridas puertas del barrio georgiano.
La ciudad de Dublín no tiene ningún monumento o edificio tan emblemático como una Torre Eiffel o un Big Ben al cual se le pueda exprimir comercialmente hasta la última gota y quizás por ese motivo unas puertas representan uno de los símbolo de la ciudad.
La arquitectura georgiana es el nombre que recibe en los países anglosajones el estilo arquitectónico que se desarrolló entre 1720 y 1840. Se llama así por los cuatro reyes británicos llamados Jorge (George) que reinaron en Inglaterra desde 1714 hasta 1830. Los edificios de la ciudad medieval, de calles estrechas y ventosas, daban la espalda al río Liffey convertido en el lugar donde iba a parar toda la basura.






Dublín fue modificando su imagen de tal manera que el río ya no sería más un basurero escondido entre los edificios y por ley los frentes de las casas debían dar hacia el muelle.
Éste fue el primer lavado de cara de la ciudad, pero el aumento de población hacía necesario el desarrollo de nuevas áreas residenciales.
Durante los años iniciales de la era georgiana, la ciudad empezó a desarrollarse por el norte del río Liffey. Sin embargo, el edificio de un aristócrata, el Duque de Kildare, cambió la tendencia. Fue el primer noble de Irlanda que construyó su palacio en el lado sur, considerado hasta entonces de menor categoría. La residencia ducal causó furor y envidias entre la población puesto que después del Castillo de Dublín era el edificio más grande e imponente de la ciudad. Tal como había imaginado el Duque, sus pasos fueron seguidos inmediatamente y los aristócratas, obispos y la élite de la sociedad angloprotestante vendieron sus casas de la zona norte y se trasladaron al sur, puesto que necesitaban una zona residencial acorde con su refinamiento y raíces inglesas.




Todos estos edificios fueron configurando lo que se conoce actualmente como el Distrito Georgiano que comienza en el Gran Canal en Baggon Street y termina en St. Stephen’s Green.
Son tres manzanas las que concentran la mayoría de estos edificios: Merrion Square con su jardín residencial en la parte central, la zona alrededor del parque de 9 hectáreas St. Stephen’s Green y Fitzwilliam Square, el área más pequeña. Dependiendo del dinero y el rango de la familia la casa era más grande y lujosa o más modesta, pero siguiendo siempre el mismo estilo de altas mansiones de ladrillo, sus puertas coloreadas y sus verjas de forja.
Los edificios de la ciudad georgiana se inspiraron en los de la antigüedad clásica y como elementos decorativos se utilizaron frontones, columnas, frisos y molduras. Las altas casas de ladrillo son todas muy parecidas y sólo se diferencian por sus puertas, cuyos colores brillantes y a veces incluso chillones, constituyen una de las imágenes más típicas de Dublín.





Algunas de las casas han conservado los tradicionales rascadores para los zapatos, ya que en el siglo XVIII, las calles estaban llenas de barro. La organización de la casa georgiana también es común a todas. En el sótano – al cual se accede por una escalinata bordeada de rejas de forja - se encuentra la cocina, la bodega y en algunos casos una habitación para la gobernanta. La primera planta es la planta noble, donde está el recibidor, el comedor y un gran salón. Ya en la segunda planta se encuentran las habitaciones de los señores, el cuarto de baño y un saloncito para la señora. En la tercera planta, las habitaciones de los niños y de la niñera y los criados habitaban la buhardilla.

Hay que reconocer que, independientemente del gusto arquitectónico que cada uno tenga, las puertas de Dublín ofrecen a los irlandeses el color y la luz que su cielo, habitualmente gris, no les da.
Ahí dejo unas cuantas fotos de toda la gama cromática, un verdadero arco iris.

lunes, 25 de agosto de 2008

Jerusalén, la ciudad tres veces sagrada


Tan sagrada para cristianos como para judíos y musulmanes, nunca otra ciudad ha sido motivo de tantos conflictos como Jerusalén. Con 5.500 años de existencia, maneja tres calendarios: año 2008 para los cristianos, año 5768 para los judíos y 1385 para los musulmanes.
No es una ciudad que destaque por su belleza, sin embargo tiene algo que atrapa. Dentro de sus murallas y paseando por las laberínticas callejuelas o visitando los diferentes lugares sagrados, se respira una mezcla de espiritualidad e hipocresía. El hecho de ser la ciudad más importante para las tres grandes religiones monoteístas, no es poco. Es curioso ver en las tiendas del zoco camisetas, gorras y todo tipo de objeto con motivos bíblicos. Y en una misma tienda se puede comprar un crucifijo de madera, una pipa de agua árabe y un candelabro judío. ¡El negocio es el negocio!



Desde el Monte de los Olivos se puede contemplar una interesante vista de la ciudad amurallada. Entre las casas de color miel destaca la imponente cúpula dorada de la Mezquita de la Roca, el lugar de la ciudad más sagrado para el Islam. En el interior de la Mezquita se halla la roca sobre la cual Abraham, padre de todos los judíos y de todos los árabes, estuvo a punto de sacrificar a su hijo (Ismael y no Isaac, según el Corán) y también desde donde el Profeta Mahoma inició el viaje nocturno (mijray). En la misma explanada, se encuentra también la Mezquita de Al-Aqsa, la más grande de Jerusalén. El día 28 de septiembre de 2000, tras una visita de Ariel Sharón a la Explanada de las Mezquitas, estalló la llamada Intifada Al-Aqsa o Segunda Intifada, fenómeno que se atribuyó al carácter provocador de dicha visita, iniciando una oleada de violencia en los territorios palestinos.
En cada barrio abundan los lugares sagrados. Cerca de la Mezquita de la Roca, hay más de cincuenta sinagogas, algunas docenas de iglesias y aproximadamente, una docena de minaretes. Durante el día se oyen frecuentemente las campanas de las iglesias además de la llamada a la oración de los musulmanes que se escucha cinco veces al día.



El primer contacto con la ciudad vieja lo tuvimos cruzando la bulliciosa Puerta de Damasco que desemboca en pleno mercado árabe, donde se encuentra la Vía Dolorosa la cual asciende hasta la iglesia del Santo Sepulcro, levantada en el lugar donde, según la tradición, crucificaron a Jesús. Intentando esquivar el gentío que se encuentra en el zoco, centenares de peregrinos del mundo entero celebran su propio vía crucis con cruces de alquiler y entre cantos y rezos rememoran el mismo camino que hizo Jesús. La iglesia del Santo Sepulcro es un enorme templo donde los cristianos de las distintas iglesias se reparten el pastel. Cuando ya se cierra al público, queda custodiada por un franciscano, un pope de la iglesia ortodoxa griega y un sacerdote armenio. Pero es más, las llaves quedan al cuidado de una familia musulmana.
Durante los períodos bizantinos y de las Cruzadas, probablemente el Santo Sepulcro fue el lugar de peregrinación más importante para los cristianos. No se trata sólo de la colina del Calvario, sino también el lugar que se atribuye a la tumba y la posterior Resurrección de Jesús. En tiempos de Jesús, la ciudad vieja de Jerusalén era mucho más pequeña que la actual, y el lugar donde se levanta la Iglesia del Santo Sepulcro se encontraba fuera de las murallas de la ciudad. Cuando la reina Elena y el emperador Constantino construyeron la primera iglesia en el año 326 dC, edificaron una estructura circular sobre el lugar de la sepultura. En el lugar hay seis comunidades cristianas que rinden culto: la ortodoxa griega, la armenia, la católica romana, la siria ortodoxa, la copta y la etíope.




Un poco más allá donde los peregrinos cristianos rezan y a los pies de la explanada de las Mezquitas, también rezan los judíos y dejan sus deseos escritos en papelitos que introducen cuidadosamente entre las piedras milenarias del Muro Occidental o Muro de las Lamentaciones, el lugar más santo del judaísmo. El Muro es el último vestigio del Templo del rey Salomón demolido por Nabucodonosor. De hecho, el Templo que conoció Jesús era el segundo Templo, construido por Herodes para ser definitivamente devastado el año 70 dC por las tropas romanas del emperador Tito. Los judíos lloran la destrucción del Templo que según la tradición bíblica sólo se podrá reconstruir cuando llegue el Mesías.
Todo ese fervor religioso confluye en la Jerusalén intramuros, un espacio relativamente pequeño que se puede recorrer tranquilamente a pie y caminar por los cuatro barrios tan diferentes como lo son la noche del día. El barrio judío, pulcro y limpio, con sus joyerías, comercios y sinagogas, atravesado por el Cardo, la antigua vía romana y bizantina; El barrio musulmán, con su animado mercado donde se vive el bullicio característico de cualquier zoco oriental; El lúgubre barrio armenio y el barrio cristiano, inundado de hospederías que ofrecen alojamiento a los peregrinos que acuden a Tierra Santa.
Por lo visto, algunos están tan afectados por la emoción de pisar los escenarios bíblicos que empiezan a creerse María Magdalena o el propio Mesías. Se trata de las víctimas del llamado “síndrome de Jerusalén”.

martes, 19 de agosto de 2008

Colores en el cementerio de Chichicastenango


Si tuviera que ponerle un color a la muerte, sería sin duda el negro o quizás también el blanco pero ni el amarillo, el azul turquesa o el rosa los asociaría con el ocaso de la vida. Sin embargo, los habitantes de Chichicastenango, un municipio guatemalteco de población básicamente indígena de la etnia quiché, ven la muerte de otro color. Visitar el cementerio de Chichi a pocos días de la festividad de Todos los Santos (o festividad de Los Muertos, como la conocen ellos) fue una experiencia que me impactó.



Los rituales mayas se mezclan con símbolos católicos de tal manera que el sincretismo religioso se adueña del camposanto. Los colores rosa, azul, rojo fresa, amarillo o verde de las tumbas y templetes así como de las cruces, tienen su razón de ser. La tradición manda que el blanco de la pureza es para enterrar a los padres y el azul turquesa que significa protección para las mujeres se utiliza para enterrar a las madres. El color rosa para las niñas y el azul celeste para los niños y el amarillo se reserva para los abuelos, ya que representa la protección del sol sobre la humanidad.
Los indígenas se afanan en tener todo listo para el Día de los Muertos y mientras unos limpian, los otros repintan las tumbas para avivar aun más los colores. En el centro se encuentra un santuario maya donde se hacen ofrendas de incienso y alcohol. Se observan restos de hogueras donde se ha practicado algún ritual o incluso el sacrificio de algún animal. El primero de noviembre es uno de los días más importantes en Guatemala y los cementerios son visitados por los familiares de los difuntos como influencia de las tradiciones católicas traídas por los españoles en los siglos XVI y XVII.




El sincretismo religioso que practica la población maya es un fenómeno interesantísimo y la mezcla de las tradiciones católicas impuestas a la fuerza por los colonizadores con los rituales paganos, dieron lugar a esta fusión que se pone de manifiesto en todas las poblaciones indígenas. En Chichicastenango, se destruyó un templo maya para edificar en su lugar la Iglesia católica de Santo Tomás. Las gradas iniciales fueron rechazadas por los locales y se reemplazaron por la actual escalinata, donde cada escalón representa uno de los 20 días del calendario maya y es fácil encontrar chamanes practicando distintos rituales. Si la visita de Chichi coincide en jueves o sábado, se puede disfrutar del colorido mercado indígena que se celebra a los pies de la iglesia. Otras manifestaciones interesantes de este sincretismo religioso se pueden observar en distintos lugares de Guatemala y de Chiapas, en Méjico.



En Santiago de Atitlán se encuentra Maximón, una curiosa imagen de madera asociada con una deidad maya, pero también con San Pedro, con Judas Iscariote y con el conquistador español Pedro de Alvarado.
Otro de los lugares que me causó un gran impacto fue la Iglesia de San Juan Chamula en Chiapas, a pocos kilómetros de San Cristóbal de las Casas. En el interior de la iglesia se practican diferentes rituales, como el sacrificio de gallinas o pollos a los que cortan el cuello y con la sangre rocían el suelo, sobre la cual encienden una vela para que el mal espíritu que ha pasado a la sangre de la gallina se queme con el fuego. Algunos indígenas sumidos en un estado de meditación beben coca cola u otras bebidas gaseosas que les hacen eructar y así eliminar los malos espíritus que producen enfermedades.
La densa nube de incienso y cientos de velas quemando en el suelo cubierto de agujas de pino, crean una atmósfera difícil de olvidar por mucho que esté prohibido cualquier tipo de cámara en el interior de la iglesia. Toda una experiencia .


viernes, 8 de agosto de 2008

Ukai en el río Nagara. La pesca con cormorán


Los cormoranes son aves marinas de mediano tamaño, cercanas a los pelícanos. Se alimentan de peces, tanto de agua dulce como salada. La mayor parte de los cormoranes tienen el plumaje negro o blanco y negro. De hecho, la palabra “cormorán” tiene su origen en la denominación latina de la especie: “Corvus Marinus”, es decir, cuervo de mar, nombre con que se designó a esas aves en otro tiempo.
Para capturar a sus presas no se lanzan desde el aire, sino que bucean desde la superficie. Lo hacen con tanta destreza que han sido domesticados para pescar.
Japón y China son los únicos lugares donde tiene lugar esta práctica milenaria. La pesca con cormoranes ha sido representada en Japón desde el siglo VI, tanto en documentos como en la cerámica. Uno de los pocos lugares donde se puede ver es el río Nagara en la ciudad de Gifu y allí acudimos.


La pesca con cormorán se conoce con el nombre de ukai. Las aves se capturan salvajes y se domestican siguiendo un entrenamiento de por vida. Una vez capturado el pescado, suben a la superficie y lo engullen. Para evitar que lo traguen, les colocan una anilla en el cuello, llamada kubiyui. El pescador, lo agarra por el cuello y le aprieta la garganta para que lo suelte. La anilla es lo suficientemente ancha para que pueda tragar las piezas pequeñas y no morir de hambre. La temporada en Gifu dura 158 días, del 11 de mayo hasta el 15 de octubre. Se celebra cada noche, a excepción de las noches de luna llena o si ha llovido fuerte y el río baja demasiado crecido.
Consulté el calendario lunar para asegurarme de que el viaje hasta allí no sería en vano.
Es muy fácil llegar a Gifu desde la ciudad de Nagoya donde estaríamos dos noches. Los 30 km que separan ambas ciudades se pueden recorrer fácilmente en tren en un trayecto que dura unos 20 minutos.
Al llegar a Gifu, subimos al bus nº 11 hasta Nagara-bashi (puente del río Nagara), donde se encuentra el Cormorant Fishing Pier.



La ciudad de Gifu es relativamente pequeña (unos 500.000 habitantes) y no tiene ningún interés turístico ya que en 1891 un gran terremoto la destruyó por completo y posteriormente fue arrasada durante la 2ª Guerra Mundial. De todas formas, desde la última fila del autobús y durante otros 20 minutos, nos hicimos una remota idea del ambiente que se respira en sus calles.
Como es de imaginar, los turistas acuden a Gifu para ver la pesca con cormorán. Por supuesto, esta práctica pertenece al pasado, y en nuestros días no ofrece otro interés que el meramente folklórico.
Los cormoranes viven alrededor de sólo cinco años cuando tienen que pescar durante todo el año, pero en lugares como el Río Nagara viven de 15 a 20 años debido a que tienen largas vacaciones y son muy bien cuidados.
Aunque se aconseja hacer la reserva previa, nosotros no la habíamos hecho y nos arriesgamos. Al llegar al río, nos acercamos a las taquillas y previo pago de 3300 yenes por persona nos vendieron los tickets para la salida de las 7:15 y nos anotaron el número de barco asignado. Calculo que habrá en total unas 10 ó 12 barcas y cada una transporta unas 25 personas. Creo que éramos los únicos extranjeros occidentales; el resto parecían todos japoneses, o quizás chinos o coreanos, el problema es que me cuesta diferenciarlos.



La barca tiene una gran mesa central que va de una punta a la otra, sobre un suelo de tatami, con unos farolillos de papel decorados con dibujos de cormoranes. No hace falta decir que tuvimos que entrar descalzos y sentarnos en el suelo. En el folleto que nos facilitaron leí que hace 1300 años que se pesca con este sistema y que el privilegio de ser cabeza del barco de pesca es hereditario. Todas las barcas que llevan a los turistas se colocan en fila cerca de la orilla del río, mientras se espera a que oscurezca y aparezcan las ubune o barcas de pesca. Al cabo de una ½ hora de larga espera, los fuegos artificiales dieron la señal de que estaba a punto de empezar. Es todo un espectáculo ver como se acercan las barcas de pesca con las antorchas encendidas como única iluminación. En cada barca van tres hombres: el cabeza de pesca – usho- que sujeta a 10 ó 12 cormoranes atados con cuerdas o tanawa, el tomonori que es quien guía la barca y el ayudante o nakanori. Las barcas que llevan a los turistas van siguiendo y acompañando a las ubune de una forma más o menos ordenada de tal manera que todos puedan ver de cerca a los animales. Los peces -ayu-, atraídos por la luz de la antorcha acaban en el buche de los pájaros. El cabeza de pesca, el cual viste unas largas faldas de paja, con mucha rapidez les saca el pescado y rápidamente devuelve las aves al agua.
Las tanawa son trenzadas de forma ingeniosa, de tal manera que si se enredan con algo bajo el agua el usho puede torcerlas en sentido contrario para liberarlas. Los cormoranes podrían ahogarse si no salen a la superficie en 3 minutos. En el Río Nagara, el usho maneja 12 tanawa con la mano izquierda - una por cada ave - y utiliza la derecha de forma mágica para impedir que se enreden.




Para manejar las tiras el usho debe contar con mucha experiencia, intuición y confianza en los cormoranes, de esa forma las maneja hábilmente y por eso la pesca con cormoranes es tan fascinante de ver. El momento culminante es el llamado sogarami, cuando las seis barcas se colocan alineadas una al lado de otra y conducen los peces hacia la superficie. A pesar de ser un espectáculo para el turismo, no deja de ser una excelente y casi única oportunidad para poderlo disfrutar. Merece la pena.

miércoles, 6 de agosto de 2008

L'Artésienne - Le Roc / Souillac


Las posibilidades de un buen alojamiento en Francia son tantas, que se hace difícil escoger. El país se consolida año tras año como el primer destino turístico mundial y seguro que también contribuye a ello la excelente oferta de alojamiento. La mayoría de establecimientos ofrecen un servicio impecable con una gran profesionalidad y además, a unos precios razonables. El pasado mes de marzo, decidimos visitar una parte del Périgord y valle del Dordoña, que como ya comenté en su día es un verdadero placerpara los sentidos.



Queríamos un alojamiento que estuviera más o menos céntrico respecto a la zona que pretendíamos recorrer y a poder ser, un lugar con encanto y personalidad propia. Buscando un poco por internet "descubrí" L’Artésienne.
Esta casa pertenece a las llamadas Gîtes de France, lo que aquí conocemos como casa de turismo rural. Está situada en Le Roc, muy cerca de Souillac y tanto la situación como el precio nos interesaron. Las diferentes Gîtes de France están catalogadas en 1, 2, 3, 4 y 5 espigas y se clasifican en función de su entorno y su grado de confort y servicios. L’Artésienne, dispone de 3 espigas lo que nos garantizaba una estancia mínimamente cómoda.El alojamiento consta de un edificio principal construido en piedra del Lot y de un anexo que es una antigua granja reformada. Los propietarios, Bernard y Corinne, son dos personas encantadoras y sumamente hospitalarias que con su gran simpatía y profesionalidad consiguen que la estancia en su casa no se olvide fácilmente. Antiguos restauradores ubicados en Londres, decidieron un día volver a su país. Compraron una granja en ruinas en Le Roc, un pequeño pueblo de unos 200 habitantes del Departamento del Lot, a cuatro pasos de Souillac. Con mucha ilusión, se pusieron manos a la obra y ellos mismos fueron limpiando y rehabilitando todos los edificios, incluso la gran chimenea que tienen en el salón – comedor y que hacía años que no funcionaba. Nos mostraron unas fotos en las que se puede observar el estado en que se encontraban los edificios y todo el proceso de restauración; es increíble todo lo que han hecho.



Las habitaciones están decoradas con gusto, con bonitos detalles. Adjunto algunas fotos de la habitación donde nos alojamos nosotros.
Hay un gran jardín con piscina, aunque cuando nosotros fuimos hacía mucho frío y no la pudimos disfrutar.
La zona es muy tranquila y el descanso está asegurado después de un ajetreado día.
Es un placer compartir mesa y conversación con ellos. Restauradores de profesión y amantes de la buena cocina, preparan unos deliciosos platos basados principalmente en ingredientes de la zona. La hora de la cena se convierte en una pequeña aventura en la cual Bernard sorprende diariamente.



Corinne es una perfecta anfitriona a la que le encanta conversar. Grandes aventureros que han recorrido medio mundo con la mochila a sus espaldas. Con ellos se puede hablar de cualquier tema y es un placer escuchar sus experiencias y su forma de entender la vida.
Son correctos y saben estar en su lugar, incluso Max, el pastor alemán de la familia.
Puntos fuertes: La excelente cocina, la amabilidad y profesionalidad de los propietarios.
Puntos débiles: Costaba mucho caldear la habitación. Fueron unos días muy fríos y el radiador eléctrico no era suficiente.

domingo, 3 de agosto de 2008

El lujo de ser perro en Japón


Cuando ya hace años, vimos por primera vez la sección de moda para perros de los almacenes Harrods de Londres, me costó imaginar que realmente hubiera un mercado para todo aquello y gente dispuesta a gastarse el dinero en un disfraz de superman para su perrito o de bailarina para su adorable perrita. Sorprendentemente, no tan sólo no han cerrado la sección sino que la van ampliando. Por lo visto la moda canina va en auge. En el escaparate de la tienda Burberry de Regent street también en Londres, al lado de los maniquís que lucen la última moda de la marca, aparecía el maniquí de un perro con una gabardina para que la mascota no se moje los días de lluvia. Como es de suponer, la elegante prenda está fabricada en algodón y tiene el característico forro a cuadros beige, rojo, blanco y negro, de la marca británica.
Pensaba que eran excentricidades de los británicos, pero éstos se quedan cortos – y mucho – si los comparamos con los japoneses.



Los japoneses se vuelven locos por sus animales de compañía y cada vez más, los perros son considerados como un miembro de la familia igual a cualquier otro. Especialmente en Tokio, se pueden ver varias tiendas o secciones de grandes almacenes dedicadas a la moda canina. Desde las últimas tendencias a los kimonos para perritos con peluca de geisha incluida, disfraces de todo tipo, juegos de zapatitos (de 4, claro), mochilas para ir de excursión, trajes de novios, collares de Louis Vuiton y todos los complementos que uno pueda imaginar para las mascotas, incluso cochecitos parecidos a los de los bebés para poder sacarlos de paseo.
Vimos imágenes de lo más divertidas. A pocos pasos de la estación de metro de Roppongi Hills, hay una pequeña zona con césped donde un perro vestido con un equipo completo de portero iba parando las pelotas que su amo le disparaba. ¡Todo un espectáculo! porque además no se le colaba ni una.
También un Dog Bar, donde pueden acudir a beber agua. Viajando en autobús por el Valle de Kiso, concretamente de Nagiso a Nakatsugawa, vimos una empresa dedicada al arte funerario que tenía expuestas una gran cantidad de lápidas de mármol con la imagen de un perro o un gato….
A parte de las ya clásicas peluquerías caninas, existen fotógrafos de perros o incluso profesores de yoga que enseñan a los dueños a agregar a su perro a los ejercicios. ¡Increíble!



Por lo visto la industria de la moda canina es un negocio floreciente. Durante la fiesta de fin de año en Tokio se realizó un desfile de moda en el que participaron ocho empresas europeas, japonesas y americanas, entre ellas Manfred of Sweden que lleva cinco años triunfando en este negocio en su vertiente más lujosa, la alta costura perruna. Acaban de lanzar una colección de abrigos de pieles para perros con cristales de Swarovski. A los lados de la pasarela el público tomaba notas y sacaba fotos como en cualquier desfile para humanos.



El pasado mes de enero, salió una noticia en los periódicos que llama la atención: algunas empresas han implementado asignaciones familiares para mascotas. Kyoritsu Seiyaku, una sociedad de productos farmacéuticos, va a ofrecer a sus trabajadores una asignación mensual de 9$ por cada perro o gato que tengan. La compañía cree que así sus empleados se responsabilizarán más de sus mascotas. Kyoritsu Seiyaku va a ir incluso más lejos, pues está estudiando conceder una prima de 75$ a cada uno de ellos que adopte un gato callejero. Hills Colgate, el fabricante de alimentos para gatos, ya puso en práctica un sistema parecido hace dos años: cada empleado que compra un perro o un gato recibe 90$. Y la misma cantidad si el animal muere, junto con una carta de pésame firmada por el presidente de la sociedad.Esta nueva moda refleja muchos cambios en la sociedad japonesa. En las familias, los animales reemplazan cada vez más a los hijos.



En este país, con uno de los mayores índices de soledad del mundo, los accesorios y los servicios para perros son algo natural. En Tokio, por ejemplo, en el centro comercial Midtown, el más moderno y lujoso de la ciudad, hay un salón de belleza para perros. Este fenómeno sociológico, el traslado a las mascotas de recursos familiares que en otro tiempo hubieran sido de los hijos, es particularmente evidente en Japón donde el índice de soledad de sus habitantes es directamente proporcional al número peluquerías caninas y demás tiendas especializadas, y donde incluso se puede alquilar una mascota desde 12 euros la hora.
La vida del perro urbano en Japón ha pasado de ser un incordio para el dueño cada vez que tiene que bajar al parque para hacer sus necesidades, a viajar en taxi para ir a la peluquería. Los japoneses han aprendido a adaptar su vida a la del perro y lo han educado para que lleve su ritmo de vida en un país ultramoderno.


Las 5 fotos de los perros, están bajadas de internet