Una de las imágenes
que más se repite en las tarjetas postales que venden todas las tiendas de souvenirs de Dublín, son las coloridas
puertas del barrio georgiano.
La ciudad de Dublín no
tiene ningún monumento o edificio tan emblemático como una Torre Eiffel o un
Big Ben al cual se le pueda exprimir comercialmente hasta la última gota y
quizás por ese motivo unas puertas representan uno de los símbolo de la ciudad.
La arquitectura
georgiana es el nombre que recibe en los países anglosajones el estilo
arquitectónico que se desarrolló entre 1720 y 1840. Se llama así por los cuatro
reyes británicos llamados Jorge (George) que reinaron en Inglaterra desde 1714
hasta 1830. Los edificios de la ciudad medieval,
de calles estrechas y ventosas, daban la espalda al río
Liffey convertido
en el lugar donde iba a parar toda la basura.
Dublín fue modificando
su imagen de tal manera que el río ya no sería más un basurero escondido entre
los edificios y por ley los frentes de las casas debían dar hacia el muelle.
Éste fue el primer
lavado de cara de la ciudad, pero el aumento de población hacía necesario el
desarrollo de nuevas áreas residenciales.
Durante los años
iniciales de la era georgiana, la ciudad empezó a desarrollarse por el norte
del río Liffey. Sin embargo, el edificio de un aristócrata, el Duque
de Kildare, cambió la tendencia.
Fue el primer noble de Irlanda que construyó su palacio en el lado sur,
considerado hasta entonces de menor categoría. La residencia ducal causó furor
y envidias entre la población puesto que después del Castillo de Dublín era el
edificio más grande e imponente de la ciudad. Tal como había imaginado el
Duque, sus pasos fueron seguidos inmediatamente
y los aristócratas, obispos y la élite de la sociedad angloprotestante
vendieron sus casas de la zona norte y se trasladaron al sur, puesto que
necesitaban una zona residencial acorde con su refinamiento y raíces inglesas.
Todos estos edificios
fueron configurando lo que se conoce actualmente como el Distrito
Georgiano que
comienza en el Gran Canal en Baggon Street y termina en St. Stephen’s Green.
Son tres manzanas las
que concentran la mayoría de estos edificios: Merrion Square con su jardín residencial en la parte
central, la zona alrededor del parque de 9 hectáreas St.
Stephen’s Green y Fitzwilliam
Square, el área más pequeña. Dependiendo del dinero y el rango de la familia la casa era
más grande y lujosa o más modesta, pero siguiendo siempre el mismo estilo de
altas mansiones de ladrillo, sus puertas coloreadas y sus verjas de forja.
Los edificios de la
ciudad georgiana se inspiraron en los de la antigüedad clásica y como elementos
decorativos se utilizaron frontones, columnas, frisos y molduras. Las altas
casas de ladrillo son todas muy parecidas y sólo se diferencian por sus puertas,
cuyos colores brillantes y a veces incluso chillones, constituyen una de las
imágenes más típicas de Dublín.
Algunas de las casas
han conservado los tradicionales rascadores para los zapatos, ya que en el
siglo XVIII, las calles estaban llenas de barro. La organización de la casa
georgiana también es común a todas. En el sótano – al cual se accede por una
escalinata bordeada de rejas de
forja - se encuentra la cocina, la bodega y en algunos casos una habitación
para la gobernanta. La primera planta es la planta noble, donde está el
recibidor, el comedor y un gran salón. Ya en la segunda planta se encuentran
las habitaciones de los señores, el cuarto de baño y un saloncito para la
señora. En la tercera planta, las habitaciones de los niños y de la niñera y
los criados habitaban la buhardilla.
Hay que reconocer que,
independientemente del gusto arquitectónico que cada uno tenga, las puertas de
Dublín ofrecen a los irlandeses el color y la luz que su cielo, habitualmente
gris, no les da.
Ahí dejo unas cuantas
fotos de toda la gama cromática, un verdadero arco iris.




















