viernes, 26 de septiembre de 2008

Los Cafés de Oporto


Si uno quiere imaginarse como debieron ser los felices años 20 en Oporto no hay nada mejor que acudir al Café Majestic en la rua Santa Catarina. La decoración y el ambiente del local invitan a trasladarse al Oporto de la “Belle Époque”. Lugar de reunión de artistas, escritores, políticos e intelectuales, aquellas mesas de frío mármol fueron testigos de los debates de ideas y de las tertulias que allí se daban cita. Fue el día 17 de diciembre de 1921 que un lujoso café con el nombre de Elite, abría las puertas en la ciudad. Corta vida para aquel primer nombre, puesto que al siguiente año, con la entrada de un nuevo socio, pasó a llamarse Café Majestic. Espejos, querubies, mármol, candelabros y nobles maderas justificaban aquel pretensioso nombre para un local que sería el lugar de reunión de la alta sociedad de Oporto, pero frecuentado también por una corriente más progre de bohemios e intelectuales.



El local cayó en el abandono desde 1964 hasta 1980 hasta que pasó a nuevas manos. En 1983 fue declarado inmueble de interés público y patrimonio cultural de la ciudad iniciándose un importante proceso de restauración que le devolvería el esplendor de sus mejores tiempos convirtiéndose de nuevo en uno de los lugares con más encanto de la ciudad.
Después de un agitado día de visitas, bodegas, mini crucero y callejeo decidimos ir a cenar al Café Majestic. Intentamos captar toda la esencia del lugar sin perder ningún detalle y acompañados por la música del piano que interpretaba “Melodías de siempre” disfrutamos de unos agradables momentos. Buena comida, amable personal y precios aceptables hicieron que nos sintiéramos realmente bien. Tan a gusto como se debía encontrar allí la escritora J.K. Rowling, que acudía frecuentemente al Majestic durante los años que vivió en Oporto. Cuenta en su biografía que después de la temprana muerte de su madre y en un desesperado intento de huir, se marchó a Oporto donde había conseguido una plaza de profesora de inglés en un centro de idiomas. Se llevó consigo las primeras páginas manuscritas de su primer libro de la saga “Harry Potter y la Piedra Filosofal” que seguía escribiendo. Según cuenta, sentada en una de aquellas pequeñas mesas de mármol escribió varios capítulos del libro que la dio a conocer en el mundo entero.




Pero el Majestic no es el único café con solera de Oporto. La ciudad tiene larga tradición en este tipo de locales que, a lo largo de los años, han servido de punto de encuentro, de debate y de tertulia. Al igual que en Lisboa, se pueden encontrar varios establecimientos que después de unos años de decadencia, han sabido resurgir de sus cenizas.




Como la experiencia del Majestic nos gustó, al día siguiente acudimos a cenar al Café Guarany, situado en la avenida dos Aliados. El local no está tan ricamente decorado como el Majestic, pero también tiene su encanto. Se fundó en el año 1933 y pronto se le conoció como “el café de los músicos” debido a la atmósfera artística que allí se respiraba. El nombre Guarany es el de una tribu de una zona de Brasil de donde procedía el café que se servía en el establecimiento. Fue también lugar de encuentro de hombres de negocios y de intelectuales. Actualmente tienen un buen programa de actuaciones y pudimos disfrutar de la magnífica voz de Joana Costa que con sus fados nos acompañó durante la cena.

Nos quedaron muchos otros cafés por conocer, como el Progresso, Lusitano, Âncora Douro y Brasileira. Espero volver algún día.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Una joya en Oporto


La semana pasada pudimos disfrutar de cuatro bien aprovechados días en Oporto. Es una ciudad que me apetecía conocer desde hacía tiempo y no me ha decepcionado. Hay que reconocer que muchos de los edificios del casco antiguo están francamente deteriorados, lo que le da un aspecto de abandono importante pero también un cierto encanto y un aire nostálgico. Sin embargo, hay un edificio que desde su inauguración en 1906 se ha conservado espléndido, como si el paso del tiempo jugara a su favor. Se trata de la librería Lello, en la rua das Carmelitas,144. Fue el primer lugar que visitamos en la ciudad y nos quedamos realmente asombrados.
Hace algunos meses cayó en mis manos una lista con las 10 librerías consideradas las más bellas del mundo; junto con El Ateneo de Buenos Aires, la Selexyz Dominicaen en Maastricht, la Librería Border’s en Glasgow y otras seis, estaba la Librería Lello de Oporto ocupando el tercer lugar de la lista. No puedo opinar sobre esta clasificación porqué las dos primeras no he tenido aún la oportunidad de conocerlas, pero lo que si puedo decir es que la Librería Lello es una joya que bien merece una visita. 



Fue diseñada por Xavier Esteves, un ingeniero, profesor y político portugués y tanto la fachada del edificio como su interior son impresionantes. La fachada es de estilo neo gótico y destacan las dos figuras pintadas a ambos lados de la puerta representando el arte y la ciencia. En el centro, “Lello & Irmao” y en letras doradas Livraria Chardrón. La historia se remonta a 1869, cuando la Librería Internacional Ernesto Chardrón se encontraba en la rua dos Clérigos. Después de la inesperada muerte de Chardrón a los 45 años de edad, la editorial se vendió a la empresa Lugan y Genelioux sucesores. En 1894, Mathieux Lugan, vendió la librería a José Pinto de Sousa Lello, que tenía entonces otra librería en rua do Almada. Asociándose con su hermano Antonio Lello, la empresa pasa en 1919 a denominarse Lello y Hermano, SA.



El interior se conserva tal y como fue en sus orígenes, sólo han cambiado las novedades editoriales que allí se encuentran. Lo primero que llama la atención es la escalera central de color rojo. Sus bien proporcionadas formas curvilíneas serpentean hasta el piso superior del establecimiento. Cada rincón, cada detalle merecen una especial atención. El trabajo de la madera en techos y paredes es exquisito, destacando los elementos florales característicos de la corriente “Art Nouveau” que se imponía en Europa a principios del siglo XX. Es curioso fijarse en el carril por donde circulaban antiguamente las vagonetas con los libros. En el piso superior, más estanterías con libros y una pequeña cafetería, donde también se hacen algunas exposiciones de pintura. La luz natural que entra por la vidriera que cubre casi la totalidad del techo, le da un valor añadido. En el centro del vitral, destacan las letras latinas “ Decus in labore”, que vendría a significar algo así como “Honor en el trabajo”.




Cualquier persona que visite la bonita ciudad de Oporto no debería marcharse sin antes haber visitado esta joya del modernismo.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Treetops. Kenia


Treetops es uno de esos lugares que por una simple casualidad han pasado a formar parte de la Historia. El hecho es que durante la noche del 5 al 6 de febrero de 1952, se alojaron en ese lugar la entonces joven princesa Isabel de Inglaterra y su marido, el príncipe Felipe. Nada excepcional si no hubiera sido porque aquella misma noche y a muchos kilómetros de Kenia, moría el padre de Isabel, el rey Jorge VI de Inglaterra. Aunque no fue informada de la noticia hasta su siguiente escala en Sagana, el hecho es que entró en Treetops como princesa y descendió convertida en reina. Varios recortes de periódico enmarcados relatando los hechos, decoran las paredes del rústico establecimiento.



Treetops se encuentra en el Parque Nacional de Aberdares, situado en la cordillera del mismo nombre. En sus húmedos bosques se ocultaron los guerrilleros Mau-Mau durante la guerra de la independencia, entre 1947 y 1956. El parque fue creado en 1950 con una extensión de 584 km2, ampliándose después hasta los 770km2. Es el parque más elevado de África, ya que el altiplano se sitúa sobre los 3000 metros. Está atravesado por multitud de caminos, muchos de los cuales fueron trazados por las tropas británicas durante la rebelión.
El Parque Aberdares no está tan frecuentado como otros parques de Kenia, como pueden ser Amboseli o Masai Mara y la mayoría de visitantes lo hace para hospedarse en sus famosos lodges.
El más famoso es, sin duda, Treetops aunque hay otros más modernos que ofrecen mejores servicios y más comodidades para el turista exigente.
El hotel se construyó en 1932 junto a un pozo de agua en la zona conocida ahora como el Saliente. Consistía en una cabaña de dos habitaciones que, tal como indica su nombre, estaba construida sobre un árbol, una enorme higuera. En aquella época, unas lámparas de aceite ofrecían la única iluminación que acompañaba a aquellos valientes aventureros que se disponían a observar la fauna salvaje.



Precisamente con motivo de la visita de la princesa Isabel, el Treetops fue ampliado con una tercera habitación y una cabina para el cazador que permanecía de guardia.
En 1954, la guerrilla Mau-Mau destruyó aquella pequeña cabaña y en 1957 se reconstruyó de nuevo. El edificio actual es una construcción de madera sobre pilares que rodean las ramas de un castaño.
El acceso a Treetops se realiza en grupos desde el hotel base Outspan Golf&Country Club, en Nyeri, donde se debe dejar el grueso del equipaje, ya que debido al minúsculo tamaño de las cabinas, únicamente se permite subir con una bolsa de mano por persona, lo justo para pasar la noche. Algunas cabinas tienen baño, pero la mayoría disponen de aseos y duchas compartidos. No hay que olvidar la chaqueta, pues las noches son muy, muy frescas. De todas formas, tienen mantas a disposición de la clientela.



A pesar de las pequeñas dimensiones de las habitaciones y las limitadas comodidades, la experiencia es única. Lo habitual es observar la fauna desde la gran terraza o desde el subterráneo a ras de suelo, a partir del atardecer cuando los animales acuden a beber a la charca. Nosotros estuvimos prácticamente la noche en vela a la espera de ver alguno de “los grandes”. En la terraza y desafiando el frío, pasamos las horas contando chistes y riendo sin parar. De todas formas, cuando el sueño vence, se puede ir a dormir y los cazadores de guardia que vigilan los alrededores avisan con un código de timbres según el animal que se acerca.
Aunque la fauna de Aberdares es muy rica, fueron pocos los animales que pudimos observar aquella noche: algunos herbívoros y gran variedad de pájaros, pero no se acercaron por allí ni los rinocerontes, ni los elefantes, ni ningún carnívoro.
Para observar animales no es el lugar más apropiado, pero merece la pena dormir en un lugar de estas características.

Puntos fuertes: El encanto y la originalidad de este singular establecimiento.
Puntos débiles: El precio.


miércoles, 3 de septiembre de 2008

L' Escapada. Andorra


Al llarg de la meva infància, el fet de “pujar” a Andorra un cop l’any, el recordo gairebé com un ritual. L’avantatjosa diferència de preu en molts dels productes que es podien comprar en aquells inacabables carrers plens de botigues d’Andorra la Vella i Les Escaldes, feia que aquell viatge al Principat es pagués sobradament. Això si, també s’havia d’aprofitar per omplir fins dalt el dipòsit de la gasolina.
Van ser, primer el Renault Gordini i més endavant el Seat 124 familiar, els testimonis d’aquelles escapades. El sol fet d’haver de passar la duana sabent que podíem ser “víctimes” d’un registre de l’equipatge, ja era tot una proesa. La gent se les pensava totes per trobar un bon amagatall i lliurar-se de pagar els temuts impostos. Van néixer veritables professionals del contraban i qualsevol que anés massa sovint a Andorra (llavors encara no estava de moda esquiar) no es lliurava de despertar alguna que altra sospita.
Els pares es limitaven a omplir el maleter – o portapaquets, com li diem a casa – bàsicament de paquets de sucre, valgui la redundància. Quilos i quilos de sucre que la mare anava gastant la resta de l’any per fer les melmelades, confitures, fruites en almívar, els panellets per Tot Sants, les orelletes de Divendres Sant i algun que altre coc ràpid o braç de gitano. Tampoc podien faltar les boles de formatge del Sombrero de Copa i els pots de llet en pols Régilait. Això em costava d’entendre, doncs només bevíem llet en pols quan s’anava a Andorra, però com que era de marca francesa, es veu que devia ser més bona.



Les llaunes de mantega Breda i enormes rajoles de xocolata suïssa (més endavant unes capsetes de After Eight). Un parell de cartrons de Marlboro i algun que altre paquet de tabac de marques més sofisticades com Dunhill o Philips Morris. Aquelles caixetes del Dunhill tan elegants, feien que desitgés amb tota l’ànima tenir uns quants anys més per poder sostenir un d’aquells cigarrets prims i llargs entre els meus dits. El tema dels licors ja era més delicat, doncs es limitava a poques ampolles per cap. Tot i així, sempre passàvem amb unes quantes – poques- ampolles de Soberano i algun licor dolç d’aquells “que agraden a les dones”, que s’acostumava a dir. És clar, el Soberano era "cosa de hombres”. Bàsicament era això el que compràvem, doncs els productes de cosmètica i perfumeria i les vaixelles de Duralex no es van afegir al gran maleter del Seat 124 fins bastant més endavant. De tant en tant baixàvem amb un transistor, que és com es coneixien els petits aparells de ràdio de butxaca i possiblement un rellotge per la meva germana. Era dòcil i bona nena com no n’hi ha hagut d’altra, però sempre volia saber com estaven fetes les coses i abans d’arribar a la frontera ja l’havia desmuntat.
Tota aquesta llarga introducció és per explicar que per a mi Andorra era sinònim de compres i de llargues cues a la duana. Res més. No va ser fins fa relativament pocs anys que hi vaig descobrir un país totalment diferent.
Un país d’uns paisatges increïbles, d’un patrimoni romànic excepcional, d’uns museus interessants i una variada oferta turística.



Ara ja no hi anem tan sovint, però sí que cada dos o tres anys intentem fer “l’escapada” tal com deia un eslògan publicitari que promocionava aquest petit país.
Així doncs, aquest passat cap de setmana ens hi vàrem arribar. De finals d’estiu fins que comença l’època d’esquí es poden trobar bones ofertes d’allotjament i ho vam aprofitar.
Vam sortir el dissabte a les 7:30 de casa i poc abans de les 10 ja ens plantàvem a Andorra. Vam fer algunes compres, però la veritat és que aquests carrers d’Andorra ja són idèntics a qualsevol carrer de qualsevol barri comercial de qualsevol ciutat. Les mateixes franquícies de roba, sabates i complements que pots trobar a tot arreu i sense cap tipus d’encant ni personalitat. Això si, perfumeries, joieries i farmàcies tantes com es vulguin. Potser per algun producte en concret encara val la pena, però en general els preus són poca diferència com aquí.



Ens vam escapar ràpid del bullici comercial i vam anar cap a La Massana on teníem reservat l’hotel. D’aquí ja vam anar en direcció a les pistes d’Ordino per fer l’excursió als Llacs de Tristaina. Feia més de 15 anys que havíem fet aquesta bonica excursió i em venia de gust tornar-hi. És un privilegi poder accedir a uns llacs d’alta muntanya amb tanta facilitat, doncs la ruta és fàcil i a l’abast de tothom.
És una de les excursions favorites dels qui visiten Andorra, no tan sols per la seva accessibilitat des de la carretera i els camins ben marcats, sino per la bellesa d’aquest lloc. Existeixen diferents camins al voltant dels tres llacs. Un d’ells, comença darrera del restaurant de dalt de l'estació d'Ordino (on s'acaba la carretera asfaltada) S’ha d’ agafar el camí ben marcat que talla el prat de Coma Forat. (desnivell: +280 m, pujada: 1h20, tornada: 1h20). Hi ha una opció més curta i de menys desnivell (desnivell: +106 m, pujada: 0:50 h, tornada:  0:45 h).



Sigui com sigui, val la pena enfilar-se i gaudir de les magnífiques vistes de la Vall d’Ordino. Els noms dels tres llacs, són ben lògics i fàcils de recordar: Estany primer, Estany del mig i Estany de més amunt.També vam tenir temps de perdre’ns per alguns d’aquells poblets com Llorts i La Cortinada, amb la seva magnífica església romànica de Sant Martí i passejar sense cap pressa pels animats carrers d’Ordino. O pujar poc a poc fins les pistes de Pal, gaudint del paisatge i admirant el campanar de l’església de Sant Climent d’aquest petit poblet.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Puertas de Stone Town. Zanzíbar


La semana pasada escribí sobre las vistosas puertas de las casas del Dublín georgiano. Siguiendo con el tema de las puertas, merecen una especial atención los magníficos ejemplares que se encuentran en Stone Town, la capital de la isla de Zanzíbar.
Zanzíbar, también conocida como Isla de las Especias es un archipiélago formado por numerosas islas. Las dos mayores son Unguja, que coloquialmente se conoce con el nombre de Zanzíbar, y donde se encuentra la capital, cuyo barrio viejo, Stone Town, fue declarado por la UNESCO Patrimonio cultural de la Humanidad en el año 2000. La isla de Pemba, está situada más al norte y tiene unos 980 km2 de superficie.
En abril de 1964 se unió con Tanganika para formar Tanzania (nombre que proviene de la unión de Tanganika y Zanzíbar). A pesar de ello, el archipiélago elige a su propio presidente quien es el cabeza de Estado para los asuntos internos de la isla. Comparte con Tanganika política exterior, defensa, policía, sistema monetario, correos y telecomunicaciones, pero tiene competencias propias en educación e infraestructuras.




Zanzíbar fue el centro para el tráfico de esclavos del este del continente africano entre los siglos XVII y XIX, cuando la isla pertenecía al sultán de Omán.
En esa época se construyeron la mayoría de casas que se pueden ver en Stone Town, las cuales son una mezcla de la arquitectura árabe, india y europea. Se llamó "Ciudad de Piedra" para diferenciarla de los barrios pobres, donde las casas estaban construidas de barro y hojas de palmera trenzadas. La ciudad ha sabido conservar todo el carácter y esplendor de su pasado, a pesar de que muchas de las edificaciones se encuentran en un pésimo estado de conservación. En parte, es debido a que el material utilizado para su construcción no es piedra tal como indica el nombre, sino piedra coralina y cal, muy fácilmente erosionable. Los edificios más impresionantes son las casas árabes de dos o tres plantas, muchos de los cuales incorporaron elementos decorativos de influencia europea, tales como los balcones , terrazas… sin embargo, lo que llama más la atención cuando uno pasea por las callejuelas de Stone Town, son las impresionantes puertas de madera tallada. La puerta era un símbolo que mostraba la riqueza y posición social del propietario de la casa. Cuanto más poderoso era, más grande era la puerta y más ricamente decorada. Este tipo de puertas sólo se encuentran en África oriental, en Lamu y Mombasa (Kenia) y en Zanzíbar, siendo en este último lugar donde se hallan un mayor número de ellas. La más antigua es de 1694 y en 1980 se contabilizaron alrededor de 800 puertas, número que ha disminuido notablemente a causa de la destrucción de algunos edificios pero también por la venta de muchas de las puertas a coleccionistas de diferentes partes del mundo.



Las más antiguas se fabricaban en Burma (India) en madera de teca y viajaban desde Asia a través del Océano Indico. Más adelante se construyeron con teca africana y expertos talladores procedentes de la India eran los que se encargaban de desarrollar toda su creatividad. Hay dos tipos de puertas, las indias y las árabes. Estas últimas se diferencian porque normalmente incorporan una inscripción del Corán en el friso superior y están ricamente decoradas alrededor del marco. Por otro lado, las puertas indias incorporan unas tachas de bronce utilizadas para evitar que los soldados a lomos de los elefantes se aproximaran demasiado. En Zanzíbar, estas piezas metálicas tenían una finalidad meramente decorativa.
Las más antiguas son cuadradas y las que tienen marcos semi-circulares se introdujeron posteriormente, pero también se denominan “puertas árabes”. Observando los detalles de la parte inferior, también se puede conocer la edad aproximada de la puerta. Inicialmente aparecía el símbolo de un pez que fue evolucionando hasta la imagen de una piña. También aparecen olas marinas y palmeras, todo ello para dar protección, fertilidad y riqueza al propietario. Otro de los símbolos que pasó a formar parte de la decoración de las puertas fue la cadena. En cualquier rincón de sus trabajadas maderas aparecen unas cadenas, que según dicen eran para proteger la entrada de los malos espíritus, pero otros aseguran que las cadenas confirman el origen de la fortuna de sus propietarios: la trata de esclavos.
Un ejemplo dignos de admirar es la gran puerta del palacio de Beit el Ajaib, también llamada Casa de las maravillas.


Todavía hoy en día, los habitantes de Zanzíbar dan mucha importancia a la puerta y cuando se construyen una casa, es lo primero que colocan. Es curioso observar como humildes chabolas de barro y techo de hojas de palma lucen puertas trabajadas de una gran belleza.
En el año 1980, el gobierno contrató a un artesano de renombre, Bwana Yahya, con la finalidad de enseñar a los jóvenes el arte de la talla de puertas. Hoy en día y afortunadamente, no se pueden adquirir puertas originales. Desde que la UNESCO incluyó Stone Town en la lista de Patrimonio de la Humanidad están todas inventariadas y se han aportado sumas importantes de dinero para mantener y restaurar la “Ciudad de Piedra”. De todas formas, si uno no puede evitar rendirse a los encantos de estas maravillosas puertas, en la empresa ZanzíbarDoors se fabrican siguiendo los modelos originales y trabajan la madera de forma artesanal, con unos resultados muy dignos.