Desgraciados sucesos
como los recientes atentados cometidos en Bombay contra intereses turísticos,
hacen que inevitablemente uno se cuestione muchas cosas acerca de los viajes a
ciertas partes del mundo consideradas “poco seguras”. La conclusión a la que llego,
siempre es la misma y, tanto si se cree o no en la fuerza del destino, está
claro que la desgracia nos puede alcanzar en la puerta de nuestra propia casa.
De
todas formas, algunas de las trágicas noticias de los últimos años me han hecho
sentir como si estuviera jugando al escondite con mi propio destino.
1 de noviembre de 1996, Guatemala. A finales de octubre
de 1996 viajamos en avión de Guatemala city a Flores para visitar las fabulosas
ruinas mayas de Tikal. Al cabo de muy pocos días, concretamente el 1 de
noviembre, un avión que hacía ese mismo trayecto se estrelló una hora después
del despegue a 900 pies
de altitud debido al choque con una montaña. Murieron las 16 personas que lo
ocupaban.
11 de septiembre de 2001, Nueva York. Esta fecha quedará
grabada para siempre en la memoria de miles y miles de personas. La
espectacularidad del atentado fue de tales dimensiones que las imágenes que salían
por las pantallas de TV parecían más bien sacadas de una película de ciencia
ficción. Las famosas torres gemelas de Manhattan, símbolo de poder y grandeza,
visita obligada de cualquier turista que viajara a la ciudad de Nueva York, se
desplomaban en medio de un inmenso pánico llevándose por delante 2749 vidas.
110
plantas, 198 ascensores, 417m en la azotea y 526.3m en la parte más alta. La
primera vez que visitamos el World Trade Center fue en diciembre de 1994. En
julio de 2000 repetimos viaje a Nueva York con nuestra hija que tenía entonces
6 años y subimos también a una de las torres. Al cabo de poco más de un año,
aquel enorme complejo ya era tan sólo un capítulo de la trágica historia de la
ciudad.
26 de diciembre de
2004, Sri Lanka. No hacía ni cinco
meses que habíamos regresado de Sri Lanka.
En plena celebración
de las fiestas de Navidad nos sorprendió la triste noticia del tsunami que
devastó la costa de varios países bañados por las aguas del Océano Índico. Casi
todo el sur y sureste de Asia se vio afectado, incluyendo partes de Indonesia,
Sri Lanka, India y Thailandia, dejando un total de 229.866 pérdidas humanas.
Los últimos cinco días
de viaje los pasamos en el hotel Coral Gardens de Hikkaduwa, disfrutando de las
tranquilas playas del sur del país. El día 26 de diciembre de 2004 por la
mañana, a la hora del desayuno, el tsunami llega a las costas de Sri Lanka
irrumpiendo de lleno en el hotel Coral Gardens, construido sobre la playa,
rompiendo la pared de cristal del comedor y arrasando todo lo que encontró a su
paso. Unos murieron ahogados y otros aplastados contra los muros del fondo.
Nadie sobrevivió. Al instante me acordé del personal que trabajaba en el hotel,
de las mujeres que vendían pareos en la playa, de la amable pareja que
regentaba la tienda donde compramos artesanía, del buen hombre del restaurante
donde íbamos a comer las “jumbo prawns” que guardaba las chapas de las botellas
para nuestra hija, y pensé en todas y cada una de aquellas personas, sin saber
si alguna de ellas habría conseguido sobrevivir.
9 de noviembre de
2005, Jordania. Varios terroristas suicidas se inmolaron en tres hoteles de
Amán, capital de Jordania. Las explosiones tuvieron lugar en los hoteles
Radisson SAS, Gran Hyatt, los dos de cinco estrellas y el Days Inn, de tres.
Todos ellos frecuentados por europeos y americanos y el Radisson muy popular
entre turistas israelíes. Las explosiones tuvieron lugar casi al mismo tiempo y
Al Qaeda se atribuyó el ataque.
Hacía justo un año
habíamos estado alojados en el hotel Radisson SAS. El atentado fue
desencadenado por un kamikaze que se inmoló en la sala de baile donde se estaba
celebrando el banquete de una boda.
Septiembre 2006,
Israel. Ataques intensivos del grupo terrorista hezbolá contra el norte
de Israel. Las 12 víctimas mortales fueron blanco de un cohete Katiuska que les
cayó mientras estaban reunidos al aire libre en el kibbutz Kfar Giladi al norte
de Galilea cerca de la frontera con el Líbano. En este mismo kibbutz nos
habíamos alojado bastantes años antes, en octubre de 1999.












