sábado, 29 de noviembre de 2008

Jugando al escondite con el destino


Desgraciados sucesos como los recientes atentados cometidos en Bombay contra intereses turísticos, hacen que inevitablemente uno se cuestione muchas cosas acerca de los viajes a ciertas partes del mundo consideradas “poco seguras”. La conclusión a la que llego, siempre es la misma y, tanto si se cree o no en la fuerza del destino, está claro que la desgracia nos puede alcanzar en la puerta de nuestra propia casa.
De todas formas, algunas de las trágicas noticias de los últimos años me han hecho sentir como si estuviera jugando al escondite con mi propio destino.

1 de noviembre de 1996, Guatemala. A finales de octubre de 1996 viajamos en avión de Guatemala city a Flores para visitar las fabulosas ruinas mayas de Tikal. Al cabo de muy pocos días, concretamente el 1 de noviembre, un avión que hacía ese mismo trayecto se estrelló una hora después del despegue a 900 pies de altitud debido al choque con una montaña. Murieron las 16 personas que lo ocupaban.

11 de septiembre de 2001, Nueva York. Esta fecha quedará grabada para siempre en la memoria de miles y miles de personas. La espectacularidad del atentado fue de tales dimensiones que las imágenes que salían por las pantallas de TV parecían más bien sacadas de una película de ciencia ficción. Las famosas torres gemelas de Manhattan, símbolo de poder y grandeza, visita obligada de cualquier turista que viajara a la ciudad de Nueva York, se desplomaban en medio de un inmenso pánico llevándose por delante 2749 vidas.
110 plantas, 198 ascensores, 417m en la azotea y 526.3m en la parte más alta. La primera vez que visitamos el World Trade Center fue en diciembre de 1994. En julio de 2000 repetimos viaje a Nueva York con nuestra hija que tenía entonces 6 años y subimos también a una de las torres. Al cabo de poco más de un año, aquel enorme complejo ya era tan sólo un capítulo de la trágica historia de la ciudad.





26 de diciembre de 2004, Sri Lanka. No hacía ni cinco meses que habíamos regresado de Sri Lanka.
En plena celebración de las fiestas de Navidad nos sorprendió la triste noticia del tsunami que devastó la costa de varios países bañados por las aguas del Océano Índico. Casi todo el sur y sureste de Asia se vio afectado, incluyendo partes de Indonesia, Sri Lanka, India y Thailandia, dejando un total de 229.866 pérdidas humanas.
Los últimos cinco días de viaje los pasamos en el hotel Coral Gardens de Hikkaduwa, disfrutando de las tranquilas playas del sur del país. El día 26 de diciembre de 2004 por la mañana, a la hora del desayuno, el tsunami llega a las costas de Sri Lanka irrumpiendo de lleno en el hotel Coral Gardens, construido sobre la playa, rompiendo la pared de cristal del comedor y arrasando todo lo que encontró a su paso. Unos murieron ahogados y otros aplastados contra los muros del fondo. Nadie sobrevivió. Al instante me acordé del personal que trabajaba en el hotel, de las mujeres que vendían pareos en la playa, de la amable pareja que regentaba la tienda donde compramos artesanía, del buen hombre del restaurante donde íbamos a comer las “jumbo prawns” que guardaba las chapas de las botellas para nuestra hija, y pensé en todas y cada una de aquellas personas, sin saber si alguna de ellas habría conseguido sobrevivir.




9 de noviembre de 2005, Jordania. Varios terroristas suicidas se inmolaron en tres hoteles de Amán, capital de Jordania. Las explosiones tuvieron lugar en los hoteles Radisson SAS, Gran Hyatt, los dos de cinco estrellas y el Days Inn, de tres. Todos ellos frecuentados por europeos y americanos y el Radisson muy popular entre turistas israelíes. Las explosiones tuvieron lugar casi al mismo tiempo y Al Qaeda se atribuyó el ataque.
Hacía justo un año habíamos estado alojados en el hotel Radisson SAS. El atentado fue desencadenado por un kamikaze que se inmoló en la sala de baile donde se estaba celebrando el banquete de una boda.



Septiembre 2006, Israel. Ataques intensivos del grupo terrorista hezbolá contra el norte de Israel. Las 12 víctimas mortales fueron blanco de un cohete Katiuska que les cayó mientras estaban reunidos al aire libre en el kibbutz Kfar Giladi al norte de Galilea cerca de la frontera con el Líbano. En este mismo kibbutz nos habíamos alojado bastantes años antes, en octubre de 1999.


viernes, 21 de noviembre de 2008

A orillas del Lago Balatón


El avión aterrizó con más de media hora de retraso. No hacía ni diez minutos que habíamos llegado al hotel de Budapest y nuestro amigo Esteban ya nos estaba esperando en recepción.
Esteban, es una de aquellas personas con las cuales es un auténtico placer poder compartir unas horas. Húngaro de nacimiento, se vio obligado a exiliar a Francia durante la 2ª Guerra Mundial y posteriormente se afincó en España donde echó raíces. Cuando cayó el muro de Berlín y los países comunistas se abrieron al mundo, volvió a su querida Hungría donde pasa largas temporadas.
Un poco triste nos comentaba que se siente un apátrida. En España siempre ha sido un extranjero y cuando pudo volver a Budapest después de tantos años lejos de casa, también lo consideran un foráneo. Sin embargo, se siente muy orgulloso de la tierra que le vio nacer y se emocionó cuando nos llevó al Museo Nacional y nos mostró la corona de San Esteban, un auténtico símbolo nacional. Esteban I o San Esteban, fue rey de Hungría entre el año 1000 y 1038 y su figura ha sido siempre un referente de carácter político, primero para los monarcas húngaros y posteriormente para el movimiento nacionalista desde el siglo XIX.
Pero volviendo al principio, Esteban pasó a recogernos por el hotel con la idea de llevarnos al Lago Balatón para conocer a una parte de su familia. Sin dejarnos siquiera tiempo a reaccionar, nos montamos en su coche y emprendimos el trayecto hacia el Lago.


El Lago Balatón se encuentra a unos 100 km de Budapest y es el lago más grande de la Europa occidental, con una costa de 200km y un área de 595 km2. Su parte más profunda sólo tiene 2 ó 3 metros, con lo cual sus aguas se calientan rápidamente haciéndolas ideales para el baño. En invierno, el lago se hiela y es el lugar favorito de los patinadores.
El lago se formó a finales de la época terciaria cuando toda la superficie de Hungría estaba ocupada por el mar. Su costa fue habitada por eslavos, turcos y, finalmente los Habsburgo. Durante la 2ª Guerra Mundial, los alemanes tuvieron allí su última línea defensiva.
Actualmente es un lugar de veraneo muy frecuentado por los habitantes del país, que acuden a los múltiples balnearios famosos desde los siglos XV y XVI, a navegar, practicar windsurf, nadar en sus cálidas aguas, o simplemente a relajarse.
La costa norte es la más atractiva, por lo que cruzamos en ferry desde Balatonföldvár hasta la otra orilla para dirigirnos a Tihany, un bonito pueblo rico en historia. Esteban es un hombre de cultura extensa y nos iba explicando todos los detalles de los lugares que visitábamos. En realidad, Tihany es una pequeña península del lago que lo divide en dos partes, entrando 5 km al interior del mismo. Tiene una extensión de 12km2 y en 1952 se declaró reserva ecológica. Las primeras noticias de su existencia llegan con la construcción de la abadía (siglo XI) por orden de András I. Durante el período de los Habsburgo fue destruida y en el siglo XVIII se reconstruyó la iglesia de la abadía en estilo barroco.



Desde Tihany se observan unas bonitas vistas del lago y de su costa.
Seguimos hacia Balatonfüred, pueblo donde se encuentra uno de los balnearios más conocidos en toda Europa. Sus aguas proceden de once manantiales y están particularmente indicadas para el tratamiento de afecciones gástricas y dolencias del corazón. El primer balneario se abrió en el siglo XVIII y Balatonfüred se convirtió en el lugar favorito de la nobleza y gente rica del país que acudían a “tomar las aguas”. Muchos enfermos cardíacos recobraron aquí su salud, entre ellos el poeta premio Nobel, Rabindranath Tagore.
Era el momento ideal para descansar y Esteban como un auténtico anfitrión nos invitó a uno de los mejores restaurantes de la zona, el Baricska Csárda, una antigua venta, con diferentes salones decorados con objetos del campo y artesanía tradicional. Se tiene conocimiento de este lugar desde el siglo XIV y en la carta abundan platos de la cocina húngara, recuperados después de siglos de olvido. Nos sentamos en una de las mesas exteriores desde donde pudimos disfrutar de un espléndido panorama del lago, la abadía de Tihany y los famosos viñedos de la región.



Nos acompañó un magnífico repertorio de música zíngara. Es impresionante el dominio que tienen los gitanos sobre el violín que consiguen como nadie que una caja y cuatro cuerdas cobren vida propia.
Al salir del restaurante nos dirigimos a casa de la familia de Esteban, gente hospitalaria y amable. Aunque la comunicación con ellos resultó algo complicada, consiguieron que nos sintiéramos cómodos y pasáramos un rato muy agradable.
Llegamos al hotel de Budapest pasada la media noche, después de un bien aprovechado día en tierras húngaras y con la ilusión de todo lo que nos quedaba por delante.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Comer en un Dar. Fez


Comer en Marruecos es un verdadero placer, tanto por su excelente y variada cocina como por los encantadores restaurantes que se esconden detrás de discretas y toscas fachadas.
La calidad de los ingredientes y la esmerada elaboración de los platos hacen de la cocina marroquí una de mis preferidas. Los guisos, legumbres, verduras y carnes se combinan consiguiendo deliciosos manjares. Los tajines ya sean de carne o pescado, guisados a fuego muy lento con aceite de oliva, cebolla, verduras de temporada y una variada cantidad de especias están sinceramente deliciosos. También merece la pena degustar un buen cus-cus, una rica harira, la kefta de carne picada o la “pastilla”, típica de Fez.
De hecho, Fez es la capital gastronómica del país y la oferta es rica y variada, para satisfacer a los más exigentes paladares.
Igual que en Marrakech, en Fez también se pueden encontrar un gran número de Riads y de Dars que se han restaurado y acondicionado para albergar pequeños hoteles o restaurantes. Se entiende como Riad una residencia tradicional marroquí situada dentro de la medina y que tiene un jardín interior, sin embargo un Dar tiene únicamente patio, sin jardín.
Dos restaurantes de estas características y que me atrevería a aconsejar son DAR SAADA y DAR SALMA, ambos en la medina de Fez.




DAR SAADA es uno de los restaurantes más conocidos de la medina de Fez. Se encuentra en la calle Attarine, una prolongación de Talaa Kebira, una de las calles principales y más transitadas. Se trata de un palacio del siglo XIV y ha mantenido el aspecto actual desde 1946, en plena época de colonización francesa. En 1986 se llevó a cabo un importante proceso de restauración y hoy en día se pueden admirar los bellos mosaicos, mármoles, maderas nobles, lámparas y otros trabajos artesanales tan característicos de la arquitectura y artesanía marroquí. El lugar es muy acogedor y la carta es variada. Decidimos probar la famosa pastilla que está elaborada con delgadas láminas de hojaldre donde se intercalan pechuguitas de pichón con huevo y almendras, y con una pizca de polvo de azúcar y canela. Estaba deliciosa aunque, para mi gusto, demasiado dulce para saborearla como primer plato. A continuación unas ricas brochetas de cordero y una macedonia de frutas naturales del tiempo.
El encanto se desvaneció cuando entró un numeroso grupo de turistas y empezaron a organizar un gran escándalo. Afortunadamente ya estábamos acabando pero nos hubiera gustado alargar un poco más la sobremesa.




PUNTOS FUERTES: Local precioso y bien decorado. Bien situado y fácil de encontrar. Deliciosa comida típica marroquí.

PUNTOS DÉBILES: Demasiado turístico. Al ser muy conocido, acuden grupos numerosos. Raciones un poco justas por el precio que se paga. No sirven cenas.


DAR SALMA se halla en la zona del zoco Achebine, donde se encuentran las tiendas de medicina tradicional.
Está en una callejuela estrecha y oscura y es realmente difícil de llegar hasta ahí. Nos lo aconsejó Mohamed, el guía que contratamos el primer día. El interior del palacete quizás no es tan espectacular como Dar Saada, aunque tanto la distribución como la decoración es muy similar en los dos. La comida espléndida, muy rica, variada y abundante. Nunca había probado unas verduras tan deliciosas y el tajine, para chuparse los dedos. De postres, pastelillos variados, siempre con almendras y miel como los llamados cuernos de gacela o también con coco.



PUNTOS FUERTES: Auténtica comida marroquí. Personal muy amable y atento. Raciones generosas. Buenos precios. Local muy bonito, tranquilo y acogedor.

PUNTOS DÉBILES: La situación; me vería incapaz de encontrar de nuevo el restaurante. De todas formas, se puede llamar por teléfono (035.63.83.69) y te pasan a recoger.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Volúbilis - Mulay Idris - Meknés (Parte II)


Visitando las ruinas de Volúbilis se nos fue prácticamente toda la mañana, pero merece realmente la pena dedicarle el tiempo que la ciudad se merece.
Salimos en dirección a Mulay Idris que se encuentra a tan sólo 4.5 kilómetros. Las encaladas casas se van distribuyendo sobre dos colinas que parecen las gibas de un camello. Alí el taxista, nos llevó a la parte más elevada del pueblo para obtener unas bonitas vistas generales. Mulay Idris es una ciudad santa y tomó el nombre del bisnieto de Mahoma y fundador de la primera dinastía real del país que huyó de La Meca a finales del siglo VIII, perseguido por el recién instaurado califato abasí. Idris se estableció en Volúbilis, donde convirtió al Islam a los habitantes de la ciudad y se autoproclamó como su líder. A partir de ahí, prosiguió su labor hasta fundar la primera dinastía imperial de Marruecos.



Sólo hace unos 70 años que se permite la entrada a la ciudad a los no musulmanes, pero al igual que en el resto del país no se pueden visitar las mezquitas ni los santuarios pero tampoco se puede hacer noche en el lugar. Después de una rápida visita nos dirigimos hacia Meknés (o Mequínez) que se encuentra a 28 kilómetros. Decidimos que ya era una buena hora para comer y Alí nos dejó en un restaurante de la carretera, en la parte nueva de la ciudad. No había ni un solo cliente y aquello no nos gustó demasiado. Salió a recibirnos parte del personal y nos indicaron que escogiéramos mesa. De hecho, las teníamos todas a nuestra disposición, sin embargo, antes de sentarnos pedimos la carta y nos pareció escandalosamente caro para un sitio sin ningún tipo de encanto. Supongo que es el típico restaurante donde paran los autocares y más de uno se debe llevar buenas comisiones. Educadamente dijimos que no nos interesaba y le pedimos a Alí, el cual estaba visiblemente enfadado, que nos acercara a la plaza central de Meknés.
La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, un año antes que el sitio arqueológico de Volúbilis.



Ya situados en la gran plaza el-Hedim, buscamos algún sitio para comer. El lugar es muy agradable y destaca, magnífica, la puerta de Bab el- Mansour, la entrada principal de la ciudad imperial de Mulay Ismail, el sultán que hizo de Meknés su capital en el siglo XVII. Las tiendas de cerámica y artesanía se van alternando con los puestos de comida y las terrazas de los pequeños restaurantes. Nos sentamos en una de las terrazas y pedimos un delicioso tajine de pollo. Vemos a Alí merodeando por la zona y le invitamos a comer con nosotros, lo cual acepta gustoso. De todas formas, es un hombre serio y de pocas palabras y se limita a los monosílabos. Los gatos van refregándose por debajo de las mesas a la espera de que alguna alma caritativa les solucione el día. Nos entretenemos mirando un gato que lleva en la boca a un ratón y el felino lo va soltando y atrapando hasta que el pobre animalillo cae extenuado.



Después de comer nos morimos de ganas de perdernos por la medina que se encuentra al norte de la plaza el-Hedim, mientras que la ciudad imperial está situada al sur de la misma. La medina es una mínima expresión de la de Fez, pero no por ello es menos interesante. Vamos encontrando bonitas fuentes de azulejos, puertas labradas, algunas mezquitas y los negocios de alfombras, pieles, cerámicas… Aquí, el personal no es tan insistente como en Fez y se agradece.
Visitamos la madrasa Bou Inania (10 Dirhams) que se encuentra enfrente de la Gran Mezquita. Hace pocos meses que ha finalizado su acertada restauración y es un buen lugar para admirar el exquisito diseño interior que caracteriza a los monumentos benimerines. Se puede acceder a la azotea desde donde se ve una bonita estampa del tejado de cerámica verde y el minarete de la Gran Mezquita.
Después de callejear un buen rato nos dirigimos hacia la ciudad imperial y vamos directamente a visitar el mausoleo de Mulay Ismail. La entrada es libre, aunque las propinas se aceptan con gusto. La ornamentación es exquisita y la rica decoración marroquí luce con todo detalle. Cerca de aquí se encuentra el Koubba as-Sufara, (10 Dirhams), un antiguo salón de recepciones de los embajadores extranjeros. Por un pasadizo se desciende a un inmenso granero subterráneo que, según nos cuenta el guía se utilizaron como calabozos.



Aunque un poco alejados, merece la pena visitar los graneros de Heri es-Souani (10 Dirhams). Con un ingenioso diseño de pequeñas ventanas, gruesos muros y un sistema subterráneo de canalización de aguas, mantenían la temperatura fresca y el aire en circulación. Aquí se almacenaban el grano y el heno para alimentar a los 12.000 caballos del sultán. Una parte ha sido restaurada pero la mayor parte de bóvedas se encuentra aun en ruinas. La vegetación se ha ido apoderando del lugar y le confiere un aspecto muy interesante. Así lo debió pensar también Martin Scorsese cuando decidió situar en este lugar algún escenario de la película ”La última tentación de Cristo”. En la parte norte se halla el estanque de Agdal que servía como lugar de recreo para el sultán y depósito de agua de riego para los jardines.
Empieza a oscurecer y se nota que Alí está cansado con ganas de regresar a casa. Emprendemos el camino de regreso a Fez que se encuentra a unos 60 kilómetros de Meknés, momentos que aprovechamos para descansar y recordar todo lo que hemos vivido a lo largo del día.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Volúbilis - Mulay Idris - Meknés (Parte I)


En principio, nuestra idea era ir en tren desde Fez hasta Meknés y pasar allí un día entero.
El hecho de coincidir en el mismo hotel con unas chicas majísimas de Girona cambió nuestros planes iniciales y decidimos compartir con ellas un taxi durante todo el día que nos permitiría visitar además de Meknés las ruinas romanas de Volúbilis y acercarnos a Mulay Idris.
El día se presentaba soleado y espléndido. Habíamos quedado a las 8:30 de la mañana y el taxista acudió muy puntual, con su mercedes preparado para recorrer kilómetros. Las tres mujeres nos sentamos en la parte trasera del coche y no paramos de hablar durante todo el trayecto, y como bien es sabido que el mundo es un pañuelo, resulta que tenemos amigos senegaleses en común.
Entre áridos paisajes y campos de olivos llegamos a las ruinas de Volúbilis. Antes de entrar al recinto arqueológico hicimos una breve parada para contemplar unas magníficas vistas generales de la zona. Destacan imponentes el gran arco del triunfo, la basílica y las columnas del templo de la que fue la principal ciudad del interior de la provincia de Mauritania Tingitana y un importante centro administrativo y residencia de procuradores.





Se cree que la ciudad fue fundada por los cartagineses en el siglo III aC con el nombre de Oulili. Pasó a formar parte de Mauritania y se convirtió en una de las capitales reales de Juba II. En el año 40, Roma se anexiona Mauritania, tras el asesinato del rey Ptolomeo por el emperador Calígula y Volúbilis pasa a formar parte de la provincia de Mauritania Tingitana. La base de su economía era la producción y comercio de aceite, el trigo y los animales salvajes dedicados al circo.
Después de pagar los 10 dirhams que cuesta la entrada, intentamos organizarnos el recorrido. Un buen hombre que nos quería vender sombreros para protegernos del sol de justicia que estaba cayendo, se convirtió en nuestro improvisado guía y nos fue explicando los detalles de cada una de las construcciones más importantes. A parte de los monumentos públicos de la ciudad como son el arco de triunfo, el foro y la basílica, los templos y las termas, destacan espléndidos y bien conservados mosaicos que adornaban las casas más nobles de la ciudad. La mayoría de ellos son policromados, aunque también hay algunos en blanco y negro. Se componen de un motivo central y una decoración geométrica o floral. Los propietarios de la casa escogían el modelo en una especie de catálogo que circulaba por todo el imperio. La mayoría de los motivos se basan en la mitología y podemos reconocer a Baco, Diana, Neptuno, Eolo, Venus, Eros o Hércules entre otros. Los motivos animales también predominan en los mosaicos de Volúbilis y además de peces, pájaros o delfines, se representaron animales exóticos como monos, elefantes, panteras o tigres. En los mosaicos con motivos geométricos es donde el artista podía mostrar mejor su creatividad.




Además de los monumentos públicos y los mosaicos, pueden observarse varias prensas de aceite y molinos para el trigo o cebada. Por el gran número de ellos, se puede deducir la importante actividad económica que allí se desarrollaba. Cuesta un poco imaginar que esos yermos territorios fueran hace casi 2000 años zonas ricas y prósperas, lo que constata una vez más la gran potencia de los romanos.
Los habitantes de Volúbilis gozaban de un buen nivel económico, con lo que el “confort” romano también llegó hasta allí: grandes piscinas, solariums, termas de vapor, mercados, estanques sagrados con mosaicos dedicados al culto de Afrodita y bellos edificios públicos, como el Arco de Triunfo de Caracalla, construido en el año 217 para agradecer al emperador el haber extendido la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio.
En el año 285 Diocleciano manda restringir los límites africanos del Imperio y Volúbilis comienza a ser abandonada, aunque sobrevive con formas paleocristianas y barbáricas hasta el siglo VIII cuando los musulmanes penetran en ella.



No sabemos exactamente cuándo murió Volúbilis, como tampoco sabemos cuando nació, pues los nuevos cateos han descubierto cerámica campaniforme previa a la urbanización estrictamente Púnica. Pero es obvio que su esplendor máximo ocurre en época de Marco Aurelio.
En el año 631, los árabes toman la zona, instalando una guarnición en Volúbilis. En 789, Idris I, el fundador de la dinastía idrisí y bisnieto de Mahoma, escapa de los abasidas y se asienta en Volúbilis, que recupera su antiguo nombre de Oulili. Con la fundación de Fez por Idris II (808), Volúbilis pierde su importancia, declinando definitivamente en el siglo XVIII. A principios de siglo, el segundo sultán alauita, Muley Ismail, desmanteló prácticamente todos los edificios emblemáticos de la ciudad para aprovechar el mármol en la construcción de los palacios de la nueva capital de Meknés, que estaba construyendo. El terremoto de 1755 acabó de afectar la ciudad, que se encontraba prácticamente despoblada.
La exploración del yacimiento la comenzaron los franceses en 1915 y menos de la mitad de las 40Ha del yacimiento han sido excavadas.



En 1997 el sitio arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Después de despedirnos del "guía" y discutir con él sobre la propina que nos pedía, volvimos al punto de partida donde nos esperaba el taxista para continuar nuestra visita por la zona.