Malta es un país pequeño en extensión pero grande en
posibilidades. Viajamos a Malta en verano de 1999 cuando todavía era un destino poco habitual para los
españoles debido a la inexistencia de vuelos directos. A pesar del intenso
calor que padecimos en aquel mes de julio, disfrutamos de unos espléndidos días
en el archipiélago maltés.
Tal
vez la característica que más llama la atención en Malta es el color. Excepto
algún edificio nuevo, absolutamente todo, desde el palacio más lujoso hasta las
casas más humildes, está construido con bloques de piedra caliza que extraen de
sus canteras. Incluso en el interior de las casas se ve el bloque sin pintar.
De hecho el nombre de Malta, se dice que deriva del hecho de que los romanos la
llamaran "isla de miel" (melha), por el color que adquiría la
roca cuando el sol estaba bajo. Aunque es más probable el origen fenicio
quienes la llamaron "Malalt" (Refugio Seguro).
La
mezcla de su heterogéneo pasado convierte a Malta en un destino rico en
historia, desde la construcción de templos por parte de los primeros pobladores hace más de 6500 años,
hasta la llegada de los caballeros de las Cruzadas en la Edad Media. Ciudades
fortificadas que han sobrevivido el paso de los siglos como su capital Valletta o la ciudad de Mdina.
Desde las murallas de Valletta se puede contemplar la bonita postal que forman
las conocidas como “tres ciudades” Vittoriosa,
Cospicua y Senglea.
Las
playas de Malta se hallan en el extremo norte mientras que su costa austral se
caracteriza por los elevados acantilados, idóneo para la práctica del buceo.
En
ese escarpado litoral se encuentran acojedores pueblos pesqueros como el
pintoresco enclave marinero de Marsaxlokk donde se pueden ver los luzzus,
las tradicionales barcas de brillantes colores azules, rojos, amarillos y
verdes. En su proa tienen meticulosamente tallados y pintados los ojos
del dios egipcio Osiris para proteger a los pescadores de los
peligros del mar. Los jóvenes pescadores casi no se cuestionan acerca de esta
antigua tradición y simplemente se limitan a perpetuarla en sus barcos. Tal
como cuenta la leyenda, los ojos de Osiris eran pintados por los egipcios en
sus veleros del Nilo, como un talismán, para proteger a los navegantes.Los
egipcios no estuvieron en la isla, pero sí los mercaderes fenicios, que
adoptaron la costumbre y la llevaron a Malta, que era un alto en sus viajes por
el Mediterráneo.La sabiduría popular destaca la superstición como una
característica propia de los pescadores.
Se
trata de una tradición de unos 3.000 años de antigüedad, ya que los fenicios,
llegados del actual Líbano, se asentaron en Marsaxlokk en el siglo IX antes de
nuestra era.
Estas
barcas multicolores son un motivo de fotografía muy apreciado por los turistas;
por esta razón el gobierno maltes subvenciona su conservación.
Actualmente
cada vez menos malteses viven de la pesca. Quienes aún obtienen sus ingresos de
la pesca escriben una letra F en el casco de su barco; es una abreviatura de fisherman
(pescador). En el mercado dominical de pescado se encuentran doradas,
salmonetes, atunes y crías de tiburones que atraen a los compradores.
Los
luzzus, bautizadas con nombres de santos, sustituyen hoy a los grandes galeones
y barcos capitaneados por piratas que durante mucho tiempo encontraron un
refugio perfecto aquí, en esta Marsaxlokk que recuerda, al ser evocada, al
incómodo Xlokk, el viento del Mediterráneo que viene del sudeste, más conocido
por su nomenclatura italiana: Sirocco. Efectivamente, Marsaxlokk procede de la
palabra árabe “marsa” que significa puerto y la denominación maltesa para el
viento del sur-oeste mediterráneo.
Marsaxlokk,
con su puerto resguardado, era un sitio ideal para los piratas y las potencias
marítimas enemigas. Las tropas otomanas desembarcaron precisamente aquí para
comenzar el ataque que finalizó con el Gran Asedio de La Valletta y con su humillante retirada de 1565.
Las tropas napoleónicas entraron también sobre el suelo maltés
en 1798. También escogieron sus aguas George Bush (padre) y Mijail Gorbachov
para reunirse en 1989. La Cumbre de Malta marcó el fin de la guerra fría. Ambos
líderes se reunieron en el buque Máximo Gorki fondeado en las costas de Malta
el 2 y 3 de diciembre de 1989. Pocas semanas después de la caída del Muro de
Berlín los dos mandatarios se reunieron para comentar los grandes cambios que
estaba viviendo Europa y proclamaron oficialmente el inicio de una nueva era en
las relaciones internacionales y el fin de las tensiones que habían definido a la
guerra fría.Actualmente son los turistas los que se pasean por su puerto,
contemplando como se balancean los luzzus en sus tranquilas aguas.










