viernes, 8 de mayo de 2009

Luxemburgo (Parte III). Mullerthal y Región del Mosela

Ruta: Luxemburgo – Larochette –Beaufort – Echternach – Wasserbilling – Grevenmacher – Ahn - Ehnen – Remich – Schengen - Luxemburgo.
Total:
190 km





La idea es recorrer en un día la Región del Mullerthal (que significa Valle de los Molineros) conocida también como la “Pequeña Suiza” y la Región del Mosela. 


Dejamos atrás la ciudad y después de un corto tramo de autovía empezamos a circular por unas carreteras de ensueño. Estrechas carreteras locales por las que apenas se ven coches. 




Antes de las 9 ya estamos paseando por las calles de Larochette. Las calles están desiertas, es normal a esa hora y en domingo. Se respira paz y tranquilidad, sólo se oye el cantar de los pájaros y el pueblo huele a pan recién horneado.En el pueblo se encuentran los restos de un castillo y una torre del siglo XI. Vamos siguiendo las indicaciones que nos llevan hasta el castillo. Resulta ser un bonito paseo y las magníficas vistas desde arriba ya compensan el esfuerzo.





Continuamos hasta Beaufort atravesando paisajes boscosos con unas extrañas formaciones rocosas características de esta zona. Es un lugar ideal para los amantes del senderismo y se puede descubrir la región a lo largo de los 110 km de caminos señalizados. Para los que prefieren pedalear o escalar también hay varias posibilidades de pasarlo en grande.


Llegamos a Beaufort y nos dirigimos a visitar el impresionante castillo renacentista. La verdad es que externamente luce con toda su majestuosidad, pero está hecho una ruina y su visita no merece demasiado la pena. Este castillo – fortaleza de los señores de Beaufort fue construido en tres etapas distintas: la parte más antigua data del 1150 y en 1380 se amplió por el lado
del valle. Ya en 1500 se añadieron el ala con los altos ventanales de estilo renacentista.




En el pueblo se elaboran varios licores como el kirsch (aguardiente de cerezas silvestres), el licor de frambuesa o el cassero (licor de cassia). 
En el patio del castillo se pueden degustar (y comprar) todos estos licores. Nos decidimos por el cassero, un licor espeso y dulzón de un color rojo rubí intenso. Está riquísimo aunque empalaga un poco.
De Beaufort vamos directamente a Echternach, considerada como la capital de la Pequeña Suiza. Esta turística población se encuentra a orillas del río Sûre que hace de frontera natural con Alemania. Por tanto, no es de extrañar que casi la totalidad de visitantes sean del país vecino y que se respire un ambiente totalmente germánico. Después de pasear un buen rato por la ribera del Sûre nos dirigimos hacia el centro. Una larga calle comercial conduce hasta la pintoresca Plaza del Mercado, una auténtica maravilla. Todos y cada uno de los edificios de la plaza tienen un encanto especial y parece ser que bien lo conocen los muchos turistas alemanes que pasean por sus calles y se sientan en las terrazas de sus restaurantes.







Destaca su precioso Ayuntamiento (1444) con arcadas de estilo gótico, así como la abadía y basílica del siglo XVIII y sus casas patricias.
Este lugar conserva la herencia que dejó San Willibrordo. Este monje de origen inglés y de extraño nombre, fundó en el año 698 una abadía alrededor de la cual se fue desarrollando el pueblo.





                                                                          
El monje cristianizó la zona y llegó a ser primer obispo de Utrech. La abadía contiene un museo donde se exponen las copias de antiguos manuscritos y es en la basílica que se levanta justo al lado, donde descansan los restos del Santo. Al final de la 2ª Guerra Mundial este conjunto quedó muy dañado y posteriormente se llevó a cabo una reconstrucción (de 1947 a 1952).

Enfrente de la abadía se encuentra el bien cuidado jardín de estilo francés conocido como Orangerie o “Jardin des Prélats”, diseñado en 1731 por el abad Grégoire Schouppe.




Cada año, el martes de Pentecostés, se celebra una ceremonia religiosa conocida como la Procesión Danzante. Los habitantes de la ciudad y peregrinos llegados de toda Europa, desfilan mientras cantan y bailan al compás de una antigua melodía interpretada por las bandas, violinistas y otros músicos durante la procesión.



Comemos en el restaurante del Hotel Bon Accueil. Nos ponen unos platos que no nos podemos acabar. Supongo que son raciones “german size”. Cruzamos el puente del río Sûre y entramos en Alemania.

La gente va y viene como si nada, en coche, bicicleta o paseando y el bonito edificio de la antigua aduana ha quedado como recuerdo de un viejo puesto fronterizo. Desde el puente se obtiene una bonita imagen de las diferentes torres de las iglesias de la ciudad.



Una región todavía desconocida pero que no tiene nada que envidiar a otras rutas turísticas muy consolidadas. La ruta empieza en Wasserbillig y acaba en Schengen y vamos siguiendo pueblo a pueblo por estas carreteras que no pierden de vista el curso del agua, con tierra alemana en una orilla y las viñas luxemburguesas en la otra. Abandonamos la región de la Pequeña Suiza y vamos hasta Wasserbillig, población donde comienza la Región del Mosela, conocida turísticamente como la ruta del vino.





Esta parte del país nos ha sorprendido, especialmente por los paisajes de viñas sobre empinadas pendientes que miran al río, la animación de sus pueblos y la  magnificencia del Mosela.
En Wasserbillig el río ya se presenta en toda su amplitud.

De aquí parten los cruceros turísticos que hacen todo el recorrido de la ruta y también los ferries que traspasan de orilla a orilla. Del Wasserbillig luxemburgués se cruza al Overbillig alemán y tanto en un lado como en el otro están los respectivos carteles que indican que hemos cambiado de país. Elegantes cisnes nadan en sus tranquilas aguas, que sólo se ven agitadas de vez en cuando por algún barco de gran envergadura.
Sentados en un pequeño banco de madera, no nos cansamos de contemplar esa imagen de postal. Atravesamos otros pueblecitos como Wormeldange, Ehnen, Lenningen, Greiveldange.



Seguimos por Mertert y Grevenmacher donde se pueden visitar las Cavas Bernard-Massard y un jardín de mariposas. 

A continuación MatchumAhn Wormeldange.

Aquí nos fijamos en una ermita que se encuentra en la parte más elevada del pueblo y a la cual intentamos llegar.
El acceso es un poco complicado pero vamos siguiendo los carteles que indican
Koeppchen”. 






Cuando por fin llegamos a la capilla de San Donato, la sorpresa es grande. Nos encontramos entre viñas y con una panorámica indescriptible sobre el río. 
Seguimos hasta Remich. Me imagino que Remich debe ser el pueblo más grande de la región, o al menos eso parece. El paseo que va paralelo al río está muy animado y se ven a muchas familias con niños, parejitas y grupos de jóvenes. Una estatua de Bacus, dios del vino, nos recuerda donde nos encontramos y pensamos que no nos podemos marchar sin probar alguno de los vinos del Mosela. Nos sentamos mirando al río en la concurrida terraza del Hotel Esplanade y pedimos una copa de vino “auxerrois”, un vino blanco afrutado y aromático, que fresco entra muy bien.










Desde Remich ya no paramos hasta Schengen, el último pueblo de la ruta del vino y el último de
Luxemburgo ya que se encuentra en la punta del triángulo donde confluyen tres países: Luxemburgo, Francia y Alemania. Quizás su “internacionalidad” fue el motivo principal en ser escogido para firmar aquí el conocido Tratado de Schengen

A bordo del barco Princesa Marie-Astrid, el mismo que actualmente transporta a los turistas, los días 14 de junio de 1985 y 19 de junio de 1990, representantes de los Estados de la Unión Económica Benelux, de la República Federal Alemana y de la República Francesa firmaron 
el acuerdo relativo a la supresión gradual de los controles en las fronteras comunes. Una señal nos indica que Alemania se encuentra a 1 km, de hecho, al otro lado del puente y Francia a 2km.



Nos paseamos de un lado a otro y comprobamos que realmente el acuerdo que se firmó en Schengen a día de hoy está totalmente consolidado. En la pequeña plaza de “L’Accord de Schengen” hay un monumento conmemorativo. Regresamos a Luxemburgo capital y el cuentaquilómetros nos indica que hemos recorrido 190 km. Tanto la Región del Mullerthal como la del Mosela dan para bastante más, sin embargo un día bien aprovechado permite hacerse una idea bastante buena de lo que ambas regiones pueden ofrecer.

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