sábado, 13 de junio de 2009

Petrópolis o la Ciudad de Pedro



Después del trágico accidente aéreo del pasado 31 de mayo, leí en el periódico un titular que me llamó la atención. Decía textualmente:


“Un pasajero muy importante"

Un príncipe brasileño viajaba en el vuelo de Air France.
El príncipe Pedro Luís de Orleans e Bragança, cuarto en la línea de sucesión del emperador de Brasil, figura entre los 216 pasajeros del Airbus A330-200 de Air France que desapareció anoche sobre el océano Atlántico cuando volaba entre Río de Janeiro y París, informaron hoy sus familiares.
Pedro Luís de Orleans e Bragança, de 26 años, es uno de los descendientes directos de Pedro II, que fue el segundo emperador de Brasil y que gobernó el país por casi 50 años tras ser depuesto en 1889 con la implantación del régimen republicano.


Lo de “pasajero muy importante” lo encontré bastante desapropiado, la verdad, como si se diera a entender que la importancia de una persona va en relación al estatus social o a la tarifa aérea que ha desembolsado.

Al acabar de leer la noticia desempolvé el álbum de fotos del viaje a Brasil que realizamos en 1989 y busqué las correspondientes a la ciudad imperial de Petrópolis. No me atrevo a colgar ninguna de las fotos donde aparecemos nosotros, porqué después de 20 años no me reconozco ni yo misma!!!.









Petrópolis es una bonita ciudad situada a unos 65km de Río de Janeiro, en la Sierra de Órgaos. Fue la primera ciudad proyectada de Brasil y es la única ciudad imperial de Sudamérica. Cuando el calor aprieta en Río, los cariocas de buena posición se desplazan a las montañas en busca de un mejor clima. La altitud de Petrópolis es de 840 metros, lo que garantiza un buen alivio. Fue precisamente el clima lo que atrajo a la Familia Real brasileña que construyó allí su palacio de verano. La ciudad se llamó Petrópolis (Ciudad de Pedro) en honor al Emperador Pedro II, el segundo monarca e hijo de Pedro I.

Recordando un poco la Historia.... En 1808 el rey portugués emigró al Brasil, colonia de Portugal, huyendo de las tropas napoleónicas. Esto favoreció la liberación del comercio bajo la misma tutela del rey Juan VI. Unos años más tarde, el hijo de Juan VI, Pedro I, firmó la independencia de Portugal en 1822 declarándose Emperador del Brasil. Posteriormente abdicó en favor de su hijo, don Pedro II, que gobernó el imperio por largos años desde 1840 a 1889, coincidiendo con una época de gran prosperidad para la nación.




Durante el siglo XIX, la ciudad fue residencia de verano tanto de la Familia Real como de las familias aristócratas de la zona, siendo capital oficial del Estado de Río de Janeiro entre 1894 y 1903.

Para acompañar a la Corte, se construyeron muchos palacetes y grandes mansiones. Llaman la atención las construcciones de estilos suizo y alemán en toda la zona, que rodeados del verdor de la sierra te transportan a la vieja Europa. Son prueba de las añoranzas de los primeros colonizadores, en su mayoría alemanes de Renania, que dejaron su huella en los hábitos, costumbres, cultura y la arquitectura de la región. Se trata de un Brasil “diferente” ideal para hacer una excursión de uno o dos días desde Río. Los autobuses locales, frecuentes y baratos son la mejor opción para llegar hasta allí.

Es interesante realizar la visita al Museo Imperial y sus cuidados jardines que inaugurado en 1945, se halla instalado en el palacio de verano. El edificio de estilo neoclásico, está lleno de pinturas, tapices e interesante mobiliario. También se pueden ver el cetro y la corona del Emperador Pedro II, la pieza más valiosa y mejor custodiada. Sus 639 diamantes, 77 perlas y estructura de oro hacen ascender su peso a más de 1.72Kg. Para proteger las nobles maderas del suelo hay que calzarse una especie de pantuflas.




También se puede visitar la Catedral de finales del siglo XIX (finalizada en 1939) e inspirada en las catedrales góticas francesas. Detrás de unas rejas de hierro forjado se hallan las tumbas de Pedro II y otros miembros de la Familia Real.
Allí disfrutamos de una agradable visita mientras tuvimos la fortuna de escuchar los cantos del coro de la catedral. De hecho, los grupos corales forman parte de la tradición de Petrópolis. Los Niños Cantores de Petrópolis es uno de los coros con más reputación de Brasil, conocidos tanto a nivel nacional como internacional.

Otras recomendaciones para visitar son el Palacio de Cristal, la Casa-museo de Santos Dumont (el precursor brasileño de la aviación), el Parque Cremerie y la Quitandinha, una gran mansión de estilo alemán, hoy convertida en un Centro de Convenciones.

Si se decide pasar en la zona más de un día, se puede aprovechar para acercarse a Teresópolis (ciudad que lleva el nombre en honor de la Emperatriz Teresa Cristina), con un entorno natural digno de una visita y punto de partida de muchas excursiones.

Otra ciudad interesante es Nova Friburgo, fundada en 1818 por colonos de Suiza (1631 supervivientes de un grupo de más de 2000 emigrantes que buscaban Eldorado en Brasil).
La ruta de Río de Janeiro a Petrópolis serpenteando las montañas de la Serra dos Orgaos entre exuberantes valles, merece por sí misma el viaje.


2 comentarios:

  1. Buenas Mª Teresa! Si que tiene buena pinta para hacer una excursión desde Río... Pero de Río??? No te animas a escribir nada?? Río es una ciudad que desde niño he querido visitar... pero niño niño... de cuando veía Oliver y Benji y se ilusionaban ellos también con ir allí a jugar en Maracaná jejejeje. No dudo que algún día vaya... aunque ahora evidentemente lo primordial no será el estadio de fútbol...

    Un saludo!

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  2. Hola makavelik,
    A ver si algún día escribo algo de Río porqué es una ciudad que me encantó. El problema es que hace ya unos añitos que estuve allí y eso de no tener fotos en digital y tenerlas que escanear me da una perezaaaaa!
    Gracias por pasar por aquí.
    Un saludo

    M.Teresa

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