domingo, 16 de agosto de 2009

Tierra zulú

Estábamos en la provincia de Kwazulu-Natal y no queríamos desaprovechar la oportunidad de visitar algún poblado zulú. A pocos kilómetros de Santa Lucía se encuentran algunas comunidades, entre ellas el pueblo de Khula.
Es difícil hacer la visita al pueblo sin la compañía de un guía y aunque nos apetecía ir por libre, nos lo desaconsejaron. La chica que nos acompañó como guía era una joven universitaria que aprovecha las vacaciones para ganarse un dinero. Todos los guías son miembros de la comunidad y parte del dinero que cobran por la visita revierte en mejoras para el pueblo, al menos así nos lo hicieron creer.





La visita consiste en dar un tranquilo paseo por el pueblo mientras se van conociendo sus costumbres y aprendiendo su forma de vida y en principio no parece ningún montaje organizado para turistas. En el poblado de Khula viven unas sesenta familias en casas dispersas. A mediados del siglo XIX, los zulúes eran una más de las distintas etnias aborígenes que poblaban el sur de África. La figura del jefe zulú Shaka transformó aquella pequeña tribu en la nación guerrera más poderosa de África que se enfrentó al avance del Imperio Británico desde el Cabo de Buena Esperanza. Años más tarde, el asentamiento de colonos europeos, primero los bóers holandeses y posteriormente los británicos, provocaron ciertas tensiones que en 1879 desembocaron en una guerra. Los invasores fueron derrotados en diversas ocasiones por el jefe Cetshwayo, pero la superioridad técnica y material británica acabó con los zulú. Zululand quedó anexionada a la provincia británica Natal, convirtiendo a los zulú en mano de obra semiesclava durante casi un siglo.


A la guía le gusta hablar del carácter guerrero de su pueblo y de la lucha por mantenerse en su territorio.



Su economía se basa fundamentalmente en la ganadería, pero la cría de grandes manadas de ganado vacuno no es una actividad desarrollada y totalmente organizada, sirviendo mas para la subsistencia precaria. Mientras que los hombres se encargan del ganado, las mujeres se encargan de las labores agrícolas. Y son ellas las que cargan con la mayor responsabilidad económica en el entorno familiar. En la actualidad, muchos zulú viven en las ciudades y se dedican a cualquier actividad dentro de la vida urbana. Muestra de ello es el zulú Jacob Zuma, el actual presidente de la República de Sudáfrica quién ganó su legitimidad en la lucha contra el apartheid. Jacob Zuma tiene dividida a la población del país y para algunos sumará un presidente corrupto y polígamo más a la lista. Los blancos le ven como un dictador y los negros han puesto en él sus esperanzas. El tiempo lo dirá.
El hecho es que hoy en día el 60% de los habitantes de Khula no tienen un trabajo estable y viven de lo que pueden.



Las calles son caminos polvorientos y las casas se encuentran bastante separadas unas de las otras sin seguir ninguna planificación. La gran mayoría son de construcción sencilla y todas tienen un pequeño huerto donde campan los gallos y gallinas a sus anchas.


Hay zonas con grandes árboles que dan buena sombra, como los mangos y aguacates. Algunas mujeres lavan la ropa dentro de pequeños barreños de plástico y por todas partes se ve ropa tendida.
Unas pocas casas destacan entre la mayoría. Según nos explican, las ha mandado construir el Gobierno y son las viviendas de los maestros. La escuela consiste en un conjunto de edificios pintados de un color amarillo anaranjado y la guía orgullosa nos cuenta que hace pocos años la visitó el príncipe Carlos de Inglaterra durante su viaje a Sudáfrica. Al ser sábado la escuela se encuentra vacía pero además estará cerrada durante tres semanas por vacaciones de invierno. La totalidad de las clases se imparten en inglés y el zulú es una asignatura más.
Khula también tiene instituto de secundaria y dos guarderías, un consultorio donde el médico acude una vez por semana y una pequeña oficina de correos.
Entramos en una casa donde una joven está confeccionando los mats, las típicas estoras de paja, tanto las grandes que se utilizan para sentarse o tumbarse en el suelo, como las pequeñas de colorines que se utilizan como decoración. Parece fácil y tenemos la oportunidad de demostrar nuestras habilidades.
En cuanto al aspecto religioso creen en la existencia de un dios del creador (Nkulunkulu), que influye en los asuntos de las personas.
Para influir positivamente en el mundo de los espíritus es necesario invocar a los antepasados (AmaDlozi) a través de los procesos de adivinación. Los adivinos, que casi siempre son mujeres cuentan con una gran importancia de la vida cotidiana del pueblo zulú. Se cree que todas las cosas malas, incluso la muerte, son el resultado de la hechicería maligna o de los espíritus ofendidos de los antepasados. Ningún infortunio se ve en la vida como el resultado de causas naturales. Otro aspecto importante de la religión zulú es la limpieza. Tradicionalmente, se usaban platos y cubiertos diferentes para comidas diferentes y era obligatorio el baño tres veces al día.



Desde la llegada de misioneros cristianos han adquirido mucha importancia las religiones que sincretizan la religión tradicional con la cristiana. Es el caso de los seguidores de Isaiah Shambe, considerado por muchos como el mesías zulú y que practican una especie de cristianismo que incorpora gran parte de las costumbres y crencias tradicionales.



Un 50% de la población de Khula sigue las doctrinas de la Iglesia Baptista de Nazareth y cada sábado se celebran dos ceremonias, la matinal de 8 a 11 y otra por la tarde después de comer. Tenemos la suerte de poder acudir a una de ellas. La ceremonia tiene lugar bajo una gran arboleda. Todos los asistentes dejan los zapatos y sus pertenencias bajo los árboles, en un lugar un poco alejado y se sientan en el suelo sobre las estoras de paja formando un círculo en diferentes filas y en el centro una representación de Shembe en forma de ofrenda.



Nuestra guía cambia sus vaqueros por una falda larga porqué no está bien visto que las mujeres vistan pantalones. Todos los asistentes lucen unas ropas inmaculadas de un blanco radiante pero con importantes diferencias. Hombres y mujeres se sientan separados, por tanto la guía, Patrícia y yo nos vamos a un lado y Josep Maria debe sentarse junto a los hombres. Nos avisan que cuando se den cuenta de nuestra presencia posiblemente interrumpan la ceremonia y tengamos que presentarnos delante de todos los asistentes. Nos sentimos un poco intranquilos e intentamos pasar desapercibidos.


Cuando nos ven, unas mujeres nos ofrecen unas toallas de playa para que nos sentemos junto a ellas.



Las mujeres casadas se sientan delante y llevan una especie de tocado en la cabeza que las diferencia de las que no lo son. Las que tienen hijos pero no están casadas, se sientan en las filas posteriores y visten una especie de pañuelo blanco en la cabeza anudado en la nuca. Los niños más pequeños están junto a sus madres que los intentan mantener en silencio. Las muchachas vírgenes van completamente cubiertas y no se les ve la cara que tapan con unas ropas blancas.



Al otro lado se sientan los hombres y los chicos adolescentes. Algunos visten pieles de animales y una especie de corona en la cabeza hecha con piel de leopardo. Uno de ellos que tiene la pinta de ser el predicador, está haciendo una especie de sermón a la vez que lee unas pregarias y todos entonan diferentes cánticos. Sólo entendemos que de vez en cuando van repitiendo “amén, amén”. Una de las jóvenes vírgenes toma la palabra y siguen los cánticos. Allí estamos un buen rato, sin entender nada pero sin perder detalle de la ceremonia. Por suerte, no nos vemos obligados a presentarnos y con discreción nos levantamos y nos vamos.


En el pueblo se ve poco ambiente ya que muchos de ellos están en la celebración religiosa. A pesar de ello, existen otras creencias. Pasamos por delante de un edificio pintado de un vistoso color azul que pertenece a una iglesia de ritual animista en la que se veneran los antepasados.
Llegamos a la cabaña de la sangoma o curandera. Cualquier persona puede ser sangoma sea hombre, mujer, niño o niña pero debe acceder por herencia familiar y un sueño indica quien debe continuar la labor. El nuevo candidato a sangoma debe cazar una serpiente que posteriormente trocearán y comerán. Debe recibir una amplia formación para llegar a conocer todas las propiedades y virtudes de las hierbas, raíces, hojas, huesos, pieles, minerales… La población acude a la sangoma tanto para curarse como para conocer su futuro, aunque también visitan el consultorio médico.
Entre las casas se van viendo algunas cabañas tradicionales hechas de paja y troncos. Antes eran las viviendas zulú pero actualmente sólo las construyen para honrar a los antepasados. La mayoría de gente acude allí cuando tiene problemas y van a ponerse en contacto con los espíritus de sus ancestros.




Sentados sobre unas estoras dentro de la pequeña cabaña, la guía nos habla de la poligamia en la cultura zulú, de cómo se comporta un marido cuando tiene varias esposas, de la circuncisión de los niños y la ablación en las niñas… y de diferentes aspectos de la cultura de su pueblo que últimamente van cambiando y algunas tradiciones o costumbres más estrictas se van abandonando o al menos, suavizando. Es el caso de la poligamia, ya que hoy en día sólo los hombres adinerados pueden permitirse el lujo de mantener a varias familias, como es el caso del presidente Jacob Zuma que tiene 8 mujeres y 18 hijos
Son ya cerca de las 12 y por tanto, la hora de comer. Nos acompañan hasta una de las casas donde almorzaremos. Se ve una pequeña cocina donde hay dos o tres personas preparando la comida. Nos sentamos en la mesa y compartimos comida con la guía la cual nos comenta que la casa es de la familia de su hermana. Todo está muy rico y hay comida en abundancia: ensaladas de patata y huevo duro, diferentes tipos de judías, arroz, ensalada con queso feta (el que más se consume en Sudáfrica), remolacha, calabaza, verduras guisadas, pollo. Sólo falla la bebida que acompañará los platos ya que lo único que nos ofrecen es Coca-cola.
No usan cuchillos y se trata de irse chupando los dedos. Por lo menos así lo hace la guía y la vamos imitando. Por lo visto, tampoco usan servilletas y nos dejan un rollo de papel de vàter en el centro de la mesa.
Cuando acabamos de comer, nos dirigimos hacia un recinto cerrado con troncos donde se realizan las danzas. Bailan chicos de diferentes edades y alguno de ellos bien pequeño pero con un gran sentido del ritmo. Van con el torso descubierto y adornados con pieles de animales.





Llevan una especie de bastón en la mano y los tambores acompañan el baile. La música de los zulú se compone principalmente de cantos en grupo para acompañar los trabajos del campo y las danzas para los diferentes rituales a lo largo de su vida: nacimiento, muerte, ceremonias de pubertad, bodas, sacrificios, veneraciones, cantos de guerra, narraciones de historias…
La cultura zulú sigue cultivando bellas costumbres como la música capaz de transmitir sus más profundas emociones.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.