martes, 22 de diciembre de 2009

Península de Kowloon o los Nueve Dragones

Kowloon es la península situada frente a la Isla de Hong Kong, al otro lado de Victoria Harbour. En el extremo sur se encuentra el distrito de ocio y compras de Tsim Sha Tsui que significa “cabo arenoso puntiagudo”. Más al norte están los barrios obreros de Yau MaTei y Mong Kok, unos verdaderos hormigueros humanos y donde se concentran la mayor parte de los mercados. Por último, los 35 km2 de tierra que marcan la división entre Kowloon y Nuevos Territorios se conocen como New Kowloon.
La gran arteria de la península de Kowloon es la calle Nathan Road donde compiten comercios, multinacionales, bancos, restaurantes y hoteles.
De Central a Tsim Sha Tsui se puede llegar fácilmente en bus o en metro pero, sin duda, la forma más romántica y económica (2.5 HK$) es hacerlo a bordo de un Star Ferry, unos pintorescos barcos inaugurados en 1888. El trayecto dura alrededor de nueve minutos y la frecuencia es elevada. Sin embargo, nuestro recorrido por Kowloon empezó por la zona más septentrional de la península, New Kowloon, donde llegamos en metro. A pesar de que es la zona menos turística nos apetecía visitar algunos lugares y uno de ellos eran los Jardines Nan Lian Garden. Estos cuidados jardines de la dinastía Tang (618 aC a 906 aC) son un encanto, con diferencia los mejores que vimos en todo el viaje. Flores y bonsáis, pabellones, cascadas, puentes, rocas de extrañas formas … un rincón de paz para pasar un rato alejado del bullicio de la ciudad.














Al salir, cruzamos el Hammer Hill Park y caminamos en dirección al Templo Wong Tai Sin, o al menos eso creíamos. Cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos despistado preguntamos a una chica que paseaba por la calle y a pesar de que no hablaba ni pizca de inglés logramos hacernos entender. La muchacha fue increíblemente amable porque se molestó en cambiar su ruta para acompañarnos hasta prácticamente la misma puerta del templo. Subimos con ella a uno de los muchos minibuses que circulan por Hong Kong y lo que en principio parecía ser un corto paseo resultó ser un buen tramo.
Los minibuses tienen una capacidad para 16 personas y suelen ser más rápidos que los buses urbanos. De todas formas, no son recomendables a no ser que se hable cantonés y se conozca bien la ciudad. Hay dos tipos de minibuses, los de color verde que cubren rutas concretas a precios fijos y los de color rojo que no tienen rutas fijas y los pasajeros pueden subir y bajar en cualquier punto del itinerario. En este último caso, se paga al final del trayecto en función de la distancia recorrida.
El Templo de Sik Sik Yuen Wong Tai Sin es uno de los más concurridos de la ciudad. Este gran templo se construyó en 1973 y está dedicado al dios Wong Tai Sin, venerado por la gente de negocios, por los enfermos o los que quieren prevenir enfermedades. Allí se concentran las tres religiones más importantes de China: taoismo, confucionismo y budismo. Antes de entrar al templo se ven muchos puestos donde se pueden comprar las barritas de incienso u otros objetos para hacer las ofrendas. El color rojo, símbolo de buena suerte y fortuna, es el que predomina por todas partes. Además de acercarse al templo para ofrecer incienso, mucha gente acude en busca de conocer lo que les depara el futuro. El método de adivinación más popular en Hong Kong son los palillos de la suerte o chim. Los palillos se sacuden en una caja y se tiran al suelo. Teóricamente cada uno lleva un número que corresponde a uno de los papelitos de un juego que custodia el guardián del templo el cual interpretará el significado para cada persona. Estuvimos un buen rato observando esta práctica. El sonido de la agitación de múltiples cajas de palillos a la vez, envuelto en una atmósfera de humo con olor a incienso, transmite una sensación agradable. Después de fijarnos atentamente en el funcionamiento de los palillos, vimos que la mayoría “se lo apañan” para que salga lo que les interesa. Me explico: Van agitando la caja con la tapa abierta hasta que algunos de los palillos sobresalen y caen al suelo. Comprueban el número y me imagino que como cada uno ya sabe interpretar el resultado, van repitiendo esa operación hasta que sale lo que interesa, un futuro lleno de fortuna y salud. Por la parte trasera del templo se accede a los jardines llamados Good Wish Garden, donde se puede ver un mural con 9 dragones de piedra en conmemoración del jubileo de Tai Sin. A la salida, hay una gran cantidad de pequeños puestos alineados uno al lado de otro, donde están instalados los adivinos que predicen el fututo, algunos de ellos incluso en inglés.






Cogimos de nuevo el metro hasta Lok Fu y caminamos en dirección al Parque Kowloon Walled City. La historia de este parque es muy interesante ya que el territorio situado dentro de sus murallas quedó durante un tiempo fuera de la jurisdicción de Gran Bretaña después de que Hong Kong se convirtiera en una colonia. Era entonces un lugar famoso por el vicio, tráfico de drogas, la prostitución - sostenida en gran parte por la demanda de los colonizadores -, el juego y los dentistas ilegales. La situación fue degenerando, se dispararon los índices de delincuencia y las condiciones sanitarias estaban a años luz de las que había fuera de las murallas. En sus 0.026 km2 llegaron a vivir o, mejor dicho, malvivir 50.000 habitantes, con una densidad de población de 1.900.000 habitantes por km2. En 1984 Hong Kong adquirió la zona y en 1987 se firmó el acuerdo de demolición. En 1991 empezó el desalojo de la ciudad amurallada, se buscó vivienda para los que allí residían y se indemnizó a los comerciantes. Antes de su demolición se aprovechó para rodar películas de artes marciales que incluían escenas de explosiones reales y en sus calles tortuosas se inspiraron algunos conocidos videojuegos. En 1994 se reconvirtió en un agradable parque de estética tradicional china, con jardines y estanques.







En esta época del año se puede ver la bauhinia blakeana en flor, una bonita orquídea representada en la bandera de Hong Kong. Sólo dos restos de muralla y 6 cañones, recuerdan el antiguo fuerte que allí había. Se puede visitar una interesante exposición ambientada en la época tenebrosa de la ciudad.




Dejamos la relativa calma de New Kowloon para dirigirnos al bullicio de Mong Kok y sus mercados. Bajamos en la estación de metro de Prince Edward y seguimos el recorrido aconsejado por la oficina de turismo. Empezamos por el Mercado de las Flores y el Mercado de los Pájaros de la calle Yuen Po. Hay tantas tiendas de flores que la competencia debe ser brutal, aunque pensándolo bien, con la cantidad de gente que habita en Hong Kong habrá negocio para todos. No hace falta decir que es un verdadero placer para la vista el colorido y la gran variedad de flores que se exponen.




El mercado de las flores enlaza prácticamente con el mercado de los pájaros. Es un lugar muy agradable y entretenido, sobretodo por el griterío de las aves. Lógicamente, el precio de un pájaro no va tan sólo en función de su plujame y exhuberancia sino también de sus dotes de canto. Además de pájaros de diferentes clases, tamaños y colores, venden bonitas jaulas artesanales y todo tipo de accesorios. Es curioso ver como los hongkoneses sacan a pasear a sus pájaros como quien saca al perro; la única diferencia es que en lugar de llevarlos atados los pasean dentro de la jaula. El lugar de encuentro puede ser cualquier parque o jardín de la ciudad pero especialmente el mercado de los pájaros, donde los dueños buscan pareja a sus mascotas.











De aquí seguimos hasta la calle Tung Choi para ver el Goldfish Market o Mercado de los peces de colores. Hay mucha gente comprando peces y accesorios para sus acuarios, tortugas o también plantas acuáticas. Los animalitos están expuestos dentro de bolsas de plástico llenas de agua esperando que alguien los libere de aquella pequeña cárcel. En esta zona de Mong Kok es donde se concentra más gentío y a veces resulta complicado avanzar. En los puestos de comida se organizan largas colas y hay un ritmo frenético constante. Seguimos por el Mercado de Fa Yuen Street donde hay un poco de todo, algunas ofertas de ropa y puestos de fruta. Continuamos hacia el Ladies’ Market o mercado de las señoras donde hay muchas tiendas de ropa, bisutería barata, falsificaciones de bolsos y relojes, pelucas, muñecos de peluche, zapatos… una larga calle que parece no tener fin y donde, a pesar de su nombre, hay material para todos. De todas formas nada que merezca la pena, al menos para mi gusto. Desviamos hacia Shangai Street, una de las calles más antiguas de la ciudad y donde se respira un ambiente mucho más tranquilo. Se ven muchas tiendas donde venden menaje de cocina con colecciones de ollas y cazuelas de todos tamaños, templetes en tamaño reducido para colocar en casa, ferreterías del año de maría castaña… Una calle interesante y una buena excusa para escaparse unos instantes de las multitudes. Nuestra intención era acudir al Mercado de Jade y al Mercado nocturno de Temple Street pero ya estábamos un poco saturados y decidimos volver otro día.













En metro nos dirigimos hasta Tsim Sha Tsui, el extremo sur de la península. Aquí el panorama, las calles y el ambiente cambia radicalmente. Las estrechas callejuelas dan paso a amplias avenidas, los edificios medio destartalados son substituidos por grandes hoteles y los mercados atiborrados por museos. Tras pasar por el elegante y mítico Hotel Península, llegamos al Puerto Victoria. Aquí se encontraba la antigua estación de ferrocarril, cuyo único vestigio que queda en pie es la Torre del Reloj. Las vistas del skyline de la Isla de Hong Kong son magníficas y pienso que posiblemente no exageran cuando dicen que es el mejor del mundo. Los rascacielos iluminados reflejándose en el agua, la imagen del starferry, algún sampán con las velas desplegadas … una romántica imagen que tuvimos el gusto y el placer de disfrutarla durante varios días.
Esperamos hasta las ocho para ver el espectáculo de luz y sonido que se repite diariamente y que implica a 33 edificios. Aunque es bonito, me esperaba más de la llamada Symphony of Lights. Supongo que cuando hay fuegos artificiales el espectáculo gana bastante.
Después de pasar una intensa jornada en Kowloon todavía nos habían quedado muchas cosas por ver. A lo largo de los días sucesivos volvimos a la península en diferentes ocasiones y fuimos visitando algunos de los lugares que nos habían quedado pendientes y no queríamos perdernos.






Uno de esos lugares indispensables es el Paseo de las Estrellas, un homenaje a las estrellas chinas del celuloide al más estilo Holywood. A lo largo de este paseo situado en el muelle, encontramos las típicas baldosas con las estrellas de cinco puntas que llevan el nombre de los actores, huellas y firmas de las celebridades y diferentes esculturas incluyendo una estatua de 2 metros dedicada al legendario actor Bruce Lee que, para ser sincera, era el único que reconocí. Sin embargo, lo mejor del Paseo de las Estrellas son las magníficas vistas de la bahía que lo convierte en el lugar más recomendable para ver la iluminación nocturna de la Isla. El domingo había un ambiente festivo impresionante; en el mismo paseo habían montado un escenario donde algunos aficionados mostraban a un público improvisado sus dotes de canto. En la otra parte del muelle, cerca de la Torre del Reloj, un show en plan Fama organizado por el Centro Cultural y en el que participaba un numeroso grupo de jóvenes, hizo bailar y canturrear a todos los que paseábamos por los alrededores. Desde luego que a los jóvenes de Hong Kong no les faltan oportunidades para divertirse.













Otro de los puntos de referencia de esta parte de la ciudad es el legendario Hotel Península, abierto en 1928. El hotel dispone de su propia flota de Rolls Royce de color verde para transportar a sus huéspedes en los desplazamientos por la ciudad. Los clientes que tengan prisa pueden usar el servicio de traslado en helicóptero que despegan desde el helipuerto situado en la azotea. Tomar el té de las cinco en el elegante vestíbulo del Península es una tradición que todavía se mantiene pero cuando vimos la larga cola esperando mesa se nos quitaron las ganas. No sé si me equivoco, pero me dio la impresión que la mayoría de clientes que acuden a ese "ritual" no son las tai tais (esposas o viudas de hombres ricos) sino turistas dispuestos a pagar 250 HK $ por un té.


El extremo opuesto lo encontramos en las Chungking Mansions, un lugar único en el mundo. Es un enorme y decadente edificio donde se encuentran cientos de negocios y alojamientos tan baratos como cutres. El lugar es un tugurio y lo único que me gustó fue su situación en Nathan Road. Al entrar ya esperan los cazadores de clientes y van repartiendo tarjetas de los diferentes cuchitriles. A pesar de que están restaurando la fachada, el interior se ve muy descuidado y sucio.





Paseamos también por el Kowloon Park construido donde se encontraban los barracones de los soldados indios de la armada colonial y donde actualmente se halla también el Centro Islámico y la Mezquita más grande de la ciudad con un bonito exterior de mármol y sus dos elevados minaretes.




Dejamos para otro día el pequeño Templo de Tin Hau y el Mercado del Jade donde en más de 400 puestos se vende jade de diferentes formas, calidades, tamaños y precios. Seguimos luego en dirección a Temple Street para curiosear más que comprar en el famoso mercado nocturno.






Otra actividad interesante para hacer en Kowloon, dependiendo claro está del tiempo que uno disponga, es visitar alguno de sus brillantes Museos, como el Museo del Espacio, el de la Ciencia, el de Historia o el museo de Arte. A pesar de que las entradas no son caras, una buena opción es acudir en miércoles ya que todos los museos son gratuitos.

2 comentarios:

  1. Q maco tot! :)

    Molt bon Nadal!

    Elisabet

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  2. Gràcies maca,
    Jo també et desitjo que passis unes Bones Festes i que l'any 2010 puguis fer molts viatges.

    Petons

    M.Teresa

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