Durante el viaje que
realizamos a México y Guatemala visitamos diferentes
sitios arqueológicos de antiguas ciudades mayas. Si tuviera que escoger entre
Tikal (Guatemala) y Palenque (México) lo tendría muy difícil, pero
entre las que tuvimos oportunidad de conocer en México - Chichén Itzá, Uxmal,
Tulum y Palenque - me quedo con la última, sin ninguna duda. Esto no significa
que el resto de ciudades arqueológicas no me dejaran fascinada; cada una de
ellas tiene un encanto especial y una interesantísima historia de reyes y
dinastías, de religión y de ceremoniales, de aritmética y astronomía, de
arquitectura y tecnología, pero el encanto de Palenque en medio del explosivo
verdor de la selva chiapaneca, me cautivó.
A
lo largo de más de 1500 años, los mayas desarrollaron una avanzada civilización
en las selvas tropicales de América Central que
se extendió por toda la península mexicana del Yucatán y zonas de lo que hoy es
Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice.
A
finales del siglo VIII, en un momento en que los centros mayas alcanzan el
punto culminante de su desarrollo cultural, se inicia un proceso desconocido
mediante el cual aquellos poderosos asentamientos en los que el desarrollo
intelectual, las artes, la tecnología y las instituciones políticas y sociales
habían adquirido unos niveles de complejidad sin precedentes, van perdiendo
importancia y se van deteriorando. Con seguridad todavía no se conocen cuales
fueron las causas y las teorías han ido variando con el tiempo. Algunas
apuestan por una única causa de tipo natural, como plagas, huracanes,
enfermedades endémicas, movimientos sísmicos o erupciones volcánicas; otras
teorías suponen la coincidencia de varios factores como revueltas campesinas,
desequilibrio ecológico, invasiones de pueblos extranjeros, guerras civiles…
De
todas formas todas estas razones explicarían sólo el fenómeno de manera
limitada a regiones y ciudades concretas, pero no aclaran el proceso que afectó
al sur de las tierras bajas y total abandono hacia el año 900 d.C.
Después
del 900, se habla de la época postclásica, cuyo centro principal fue Chichén
Itzá. Los asentamientos del norte y el perímetro costero del Yucatán
adquirieron un gran desarrollo que empezó a decaer a partir del siglo XIII hasta su
desaparición tras la conquista española de Guatemala y del Yucatán en el siglo
XVI.
Tras
su abandono, las ciudades mayas, invadidas por la densa vegetación cayeron en
el olvido pero los posteriores descubrimientos arqueológicos han facilitado el
conocimiento de esta civilización.
Palenque, el gran reino del suroeste donde se pone el sol, fue
descubierto a finales de siglo XVIII. La ciudad experimentó un gran desarrollo
bajo el gobierno de Pakal (siglo VIII a C) y atrajo a los
mejores arquitectos y escultores para levantar los conjuntos que hoy podemos
admirar. Se ubica en el estado mexicano de Chiapas, cerca el río Usumacinta y
es uno de los sitios más impresionantes de esta cultura. Se la considera de
tamaño mediano en comparación con otras
ciudades mayas como Tikal en Guatemala o Copán en Honduras y en 1981 fue
declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Se
estima que un 90% de la ciudad y unas mil estructuras se encuentran aún
cubiertas por la espesa vegetación de la selva lacandona.
Se
cree que los mayas fundaron Lakam Ha alrededor del 100 a .C. como una aldea
agrícola beneficiada por la abundancia de agua en la región. La población fue
creciendo durante el Período Clásico Temprano (del 200 al 600) hasta
convertirse en una ciudad que llegaría a ser la capital de la región.
Pakal
reinó en Palenque a partir de los 12 años de edad, desde 615 a 683. Era conocido como
el protegido de los dioses, y llevó a Palenque a una época de esplendor, cuando
se construyeron la mayoría de los palacios y templos.
La
zona excavada se divide en tres grandes áreas: el grupo norte, que alberga los
edificios más antiguos; la Gran Plaza en la que destaca El Palacio y el Templo
de las Inscripciones, -donde en 1952 se descubrió la tumba de Pakal con un sarcófago
bellamente tallado y el ajuar funerario del rey- y el Grupo de las Cruces
(Templo de la Cruz y de la Cruz Foliada).
El Templo de las Inscripciones, considerado como la
obra maestra de Pakal, tiene 22.8m de altura y es el edificio más alto de Palenque.
Esta pirámide está formada por ocho terrazas y una escalera que conduce a la
parte superior, donde hay cinco puertas separadas por cuatro pilastras
decoradas. Cualquiera de esas puertas acceden a la gran cámara abovedada que
posee la segunda inscripción jeroglífica más larga del mundo maya, explicando
la estirpe de Pakal a lo largo de diez generaciones.
El
secreto de la pirámide quedó al descubierto en 1952 cuando el arqueólogo
Alberto Ruz Lhuillier levantó aquella losa de 3.8x2.2 metros que dejaba al
descubierto una escalera que conducía al interior de la pirámide donde encontró
la tumba con el cuerpo de Pakal recubierto de joyas.
Pakal
murió el 31 de agosto de 683 d.C. a los 80
años de edad, después de 68 años de gobierno. La escalera que conduce al
interior fue rellenada con ofrendas de jade, cerámica y conchas.
La
máscara mortuoria de Pakal es un ornamento compuesto por 49 teselas o piezas de
jade. El Proyecto Máscaras Funerarias, que comenzó en 2001 con la restauración
de la máscara mortuoria de Pakal, ha permitido la recuperación de 13
mascarillas procedentes de distintas zonas arqueológicas del área maya.
La
pieza, será exhibida durante este año 2009 junto a la reproducción de la cripta
del gobernante de Palenque, en la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología,
en la Ciudad de México.
La
escena representada sobre la lápida que cubre el sarcófago representa el
momento de su muerte y la caída al Inframundo, con una gran riqueza de
símbolos.
Si
algún día regresamos a Palenque ya no tendremos la oportunidad de visitar la
tumba del Gran Señor, puesto que el INAH (Instituto Nacional de Antropología e
Historia) la cerró al público en 2003 por tiempo indefinido debido a la
amenazada estabilidad de los relieves de estuco. En abril del pasado año 2008,
se abrió una reproducción a escala real de la tumba y se puede visitar en el
museo del sitio de la zona arqueológica. Se trata de una réplica en plexiglás
de la cámara mortuoria de tamaño algo mayor que la auténtica para facilitar el
recorrido, mientras que el sarcófago y la lápida están hechos a escala real. La
máscara de jade – material asociado a la clase dirigente - sus anillos y
numerosas joyas también han sido reproducidas. A su muerte le sucedió su hijo
mayor Chan-Balum, representado en los
jeroglíficos con el jaguar y la serpiente.
La
historia de Palenque se puede ir descubriendo en la gran cantidad de
jeroglíficos y relieves que se encuentran en sus edificios, llegando incluso a
conocer los rostros que tuvieron sus principales mandatarios.
El Parque
Nacional Palenque ocupa
una extensión de más de 1700
hectáreas y es altamente recomendable recorrer los
alrededores de la zona arqueológica para poder disfrutar de los placeres de la
selva y apreciar la fauna y flora que allí se encuentra. Se pueden ver gran
variedad de árboles de los cuales se extraen principios activos medicinales.
También el árbol de cacao, de los cuales los mayas extraían la mucosidad que
recubre las semillas para elaborar una especie de batidos que daba mucha
energía a los guerreros. Entre gritos de los monos aulladores se llega a la cascada
Motiepa, donde hay la posibilidad de refrescarse si a uno le
apetece.
A
20km de Palenque se encuentra el impresionante salto de agua de Misol-Ha de 35 metros de altura que
cae sobre un pozo donde se puede nadar, y a tan sólo 50km al sur, las
magníficas cascadas de Agua Azul.
Palenque
es un lugar donde la naturaleza y la Historia se han puesto de acuerdo para
recrear un escenario que queda para siempre en el recuerdo.
















