Para los amantes de
las “piedras” y de las antiguas civilizaciones, recomiendo una visita a las
ruinas de la ciudad de Ostia donde se puede acceder fácilmente en tren desde
Roma que se encuentra a tan sólo 25
km de distancia.
Ubicada
en la desembocadura del río Tíber, fue el puerto de Roma y quizás su primera
colonia. Según la leyenda, fue fundada por Ancus Martius, uno de los reyes de
Roma en el siglo VII adC, pero los hallazgos arqueológicos descubiertos hasta
hoy en día, indican que su pasado remonta hasta el siglo IV adC y la mayoría de
los edificios que se pueden apreciar datan del siglo III adC.
Ostia
(del latín Puerta) se fundó como defensa militar, ya que los invasores podían
entrar por la boca del Tíber y llegar fácilmente hasta Roma, pero con el paso
del tiempo se fue convirtiendo en un puerto comercial y muchas de las
mercancías que Roma recibía de sus colonias y provincias pasaban por Ostia.
A
lo largo de su historia, la ciudad fue arrasada, saqueada y reconstruida de
nuevo por Cicerón quien hizo construir una muralla. Durante el siglo I y bajo
el mandato de Tiberio, la ciudad creció y se construyó entonces el primer foro.
Se
vio enriquecida también por la construcción de un puerto en la desembocadura
superior del río Tíber.
El
nuevo embarcadero, denominado Portus, fue excavado bajo el mandato del
emperador Claudio. Trajano también requirió una ampliación de las áreas
navales, y ordenó la construcción de otro puerto, de nuevo apuntando hacia las
aguas del norte.
Ostia
contaba ya con todos los servicios que requería una ciudad de su tiempo, como
un gran teatro y termas públicas. Los arqueólogos han descubierto también
letrinas públicas, organizadas como una serie de asientos que nos permiten
imaginar que la ocasión de su uso era también un momento social.
A
través de la inmigración y la importación de esclavos, la población llegó a ser
de 50.000 habitantes, de los cuales 17.000 eran esclavos, traídos en su mayoría
de Egipto, Oriente Medio y Turquía.
Un
elevado porcentaje de familias tenían como mínimo un esclavo y también había
muchos esclavos imperiales que trabajaban en el puerto. Otros eran trabajadores
manuales, oficinistas o contables. El nombre más frecuente para un esclavo era
Felix: “Feliz”. La sociedad estaba formada básicamente por una clase media de
comerciantes, que no era originaria de Ostia.
Mucha
gente que trabajaba en el puerto (Portus) vivía en Ostia. Cruzaban el Tíber en
barcos y caminaban al distrito portuario. Una gran necrópolis en Isola Sacra,
cerca de Portus, muestra que se construyeron viviendas cerca de la dársena del
puerto.
Con
la caída del Imperio Romano, Ostia fue perdiendo importancia y fue finalmente
abandonada en el Siglo IX debido a la caída del Imperio en combinación con
repetidas invasiones y saqueos por piratas árabes.
Los
ladrillos de los edificios de Ostia, fueron usados para otras construcciones,
como la Torre de Pisa que fue construida con materiales provenientes de la
antigua ciudad.
Durante
la época barroca, los arquitectos locales llevaron a cabo un saqueo de mármol
que utilizaron en la construcción de diferentes palacios en Roma, pero también
saqueadores extranjeros se llevaron estatuas y todo lo que pudieron.
Fue
durante el reinado del papa Pío VII cuando el Vaticano empezó sus propias
investigaciones arqueológicas, que continúan hoy día. Se estima que tan solo se
han descubierto dos tercios del pueblo antiguo.
Posteriormente,
durante la era del fascismo en Italia, Ostia volvió a renacer bajo el nombre de
Lido di Ostia, o Ostia Lido, o Lido di Roma (lido significa playa),
convirtiéndose en el balneario de Roma.
El
pueblo se reorganizó en una mezcla del estilo colonial, mediterráneo y
racionalista. Se dividía en una sección costera para pequeñas mansiones usadas
como segundas casas por los romanos y una sección interior de barrios
(quartieri) para trabajadores. En aquella época se crearon varios de estos
quartieri en la periferia de Roma para las clases bajas y Ostia contaba con uno
de ellos.
Debido
a la Segunda Guerra Mundial se detuvo el proyecto expansionista y no fue hasta
los años 60 que Ostia volvió a usarse como un balneario romano.
Las
ruinas discurren a ambos lados de la calzada principal, Decumanus Maximus, que
con 1 Km
de longitud unía la Porta Romana y la Porta Marina, que entonces era ya mar
abierto. Justo a la derecha de la Porta Romana estaban las Termas de Neptuno y
un poco más adelante se encuentra el impresionante teatro con capacidad para
3000 personas. Detrás, se encuentra el Foro de las Corporaciones, el lugar
donde se reunían los gremios mercantiles de la ciudad y que todavía conserva
interesantes mosaicos sobre las actividades comerciales que se desarrollaban.
También
es interesante la Casa de Diana, un edificio de tres plantas que alcanzaba los
18m de altura, construido de esa forma debido a la falta de suelo. Debido a la
vasta extensión de las ruinas, cuesta imaginar que hubiera escasez de terreno
para construir, lo que da una idea de las dimensiones que tendría entonces la
ciudad. Entre los edificios que nos llamaron más la atención está el
Thermopolium, cuyo significado es "venta de bebidas calientes", lo
que vendría a ser una especie de bar, donde se conservan aun la barra de mármol
y el horno.
A
pesar de un cierto aire de abandono, es la ciudad romana mejor conservada
después de Pompeya y Herculano y su visita permite alejarse por unas horas del
caos de Roma. No es un lugar excesivamente visitado por los turistas lo que
permite realizar un relajado y tranquilo paseo mientras uno puede imaginar como
debió ser la vida cotidiana en una ciudad de la antigua Roma.