viernes, 20 de febrero de 2009

Ostia Antica



Para los amantes de las “piedras” y de las antiguas civilizaciones, recomiendo una visita a las ruinas de la ciudad de Ostia donde se puede acceder fácilmente en tren desde Roma que se encuentra a tan sólo 25 km de distancia.
Ubicada en la desembocadura del río Tíber, fue el puerto de Roma y quizás su primera colonia. Según la leyenda, fue fundada por Ancus Martius, uno de los reyes de Roma en el siglo VII adC, pero los hallazgos arqueológicos descubiertos hasta hoy en día, indican que su pasado remonta hasta el siglo IV adC y la mayoría de los edificios que se pueden apreciar datan del siglo III adC.

Ostia (del latín Puerta) se fundó como defensa militar, ya que los invasores podían entrar por la boca del Tíber y llegar fácilmente hasta Roma, pero con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un puerto comercial y muchas de las mercancías que Roma recibía de sus colonias y provincias pasaban por Ostia.
A lo largo de su historia, la ciudad fue arrasada, saqueada y reconstruida de nuevo por Cicerón quien hizo construir una muralla. Durante el siglo I y bajo el mandato de Tiberio, la ciudad creció y se construyó entonces el primer foro.
Se vio enriquecida también por la construcción de un puerto en la desembocadura superior del río Tíber.



El nuevo embarcadero, denominado Portus, fue excavado bajo el mandato del emperador Claudio. Trajano también requirió una ampliación de las áreas navales, y ordenó la construcción de otro puerto, de nuevo apuntando hacia las aguas del norte.
Ostia contaba ya con todos los servicios que requería una ciudad de su tiempo, como un gran teatro y termas públicas. Los arqueólogos han descubierto también letrinas públicas, organizadas como una serie de asientos que nos permiten imaginar que la ocasión de su uso era también un momento social.
A través de la inmigración y la importación de esclavos, la población llegó a ser de 50.000 habitantes, de los cuales 17.000 eran esclavos, traídos en su mayoría de Egipto, Oriente Medio y Turquía.
Un elevado porcentaje de familias tenían como mínimo un esclavo y también había muchos esclavos imperiales que trabajaban en el puerto. Otros eran trabajadores manuales, oficinistas o contables. El nombre más frecuente para un esclavo era Felix: “Feliz”. La sociedad estaba formada básicamente por una clase media de comerciantes, que no era originaria de Ostia.




Mucha gente que trabajaba en el puerto (Portus) vivía en Ostia. Cruzaban el Tíber en barcos y caminaban al distrito portuario. Una gran necrópolis en Isola Sacra, cerca de Portus, muestra que se construyeron viviendas cerca de la dársena del puerto.
Con la caída del Imperio Romano, Ostia fue perdiendo importancia y fue finalmente abandonada en el Siglo IX debido a la caída del Imperio en combinación con repetidas invasiones y saqueos por piratas árabes.
Los ladrillos de los edificios de Ostia, fueron usados para otras construcciones, como la Torre de Pisa que fue construida con materiales provenientes de la antigua ciudad.
Durante la época barroca, los arquitectos locales llevaron a cabo un saqueo de mármol que utilizaron en la construcción de diferentes palacios en Roma, pero también saqueadores extranjeros se llevaron estatuas y todo lo que pudieron.
Fue durante el reinado del papa Pío VII cuando el Vaticano empezó sus propias investigaciones arqueológicas, que continúan hoy día. Se estima que tan solo se han descubierto dos tercios del pueblo antiguo.




Posteriormente, durante la era del fascismo en Italia, Ostia volvió a renacer bajo el nombre de Lido di Ostia, o Ostia Lido, o Lido di Roma (lido significa playa), convirtiéndose en el balneario de Roma.
El pueblo se reorganizó en una mezcla del estilo colonial, mediterráneo y racionalista. Se dividía en una sección costera para pequeñas mansiones usadas como segundas casas por los romanos y una sección interior de barrios (quartieri) para trabajadores. En aquella época se crearon varios de estos quartieri en la periferia de Roma para las clases bajas y Ostia contaba con uno de ellos.
Debido a la Segunda Guerra Mundial se detuvo el proyecto expansionista y no fue hasta los años 60 que Ostia volvió a usarse como un balneario romano.




Las ruinas discurren a ambos lados de la calzada principal, Decumanus Maximus, que con 1 Km de longitud unía la Porta Romana y la Porta Marina, que entonces era ya mar abierto. Justo a la derecha de la Porta Romana estaban las Termas de Neptuno y un poco más adelante se encuentra el impresionante teatro con capacidad para 3000 personas. Detrás, se encuentra el Foro de las Corporaciones, el lugar donde se reunían los gremios mercantiles de la ciudad y que todavía conserva interesantes mosaicos sobre las actividades comerciales que se desarrollaban.
También es interesante la Casa de Diana, un edificio de tres plantas que alcanzaba los 18m de altura, construido de esa forma debido a la falta de suelo. Debido a la vasta extensión de las ruinas, cuesta imaginar que hubiera escasez de terreno para construir, lo que da una idea de las dimensiones que tendría entonces la ciudad. Entre los edificios que nos llamaron más la atención está el Thermopolium, cuyo significado es "venta de bebidas calientes", lo que vendría a ser una especie de bar, donde se conservan aun la barra de mármol y el horno.
A pesar de un cierto aire de abandono, es la ciudad romana mejor conservada después de Pompeya y Herculano y su visita permite alejarse por unas horas del caos de Roma. No es un lugar excesivamente visitado por los turistas lo que permite realizar un relajado y tranquilo paseo mientras uno puede imaginar como debió ser la vida cotidiana en una ciudad de la antigua Roma.



miércoles, 11 de febrero de 2009

Tarde de sábado en Arashiyama

Arashiyama es un barrio que se encuentra situado en las afueras de la ciudad japonesa de Kyoto, en la zona oeste. A pesar de que hay muchas cosas por ver y por hacer en Arashiyama, prácticamente no encontramos turistas extranjeros. La ciudad de Kyoto ofrece tanto, que uno lo tiene muy difícil a la hora de seleccionar sus objetivos cuando la estancia se reduce a una semana. De todas formas, había que escoger. Decidimos que los macacos japoneses merecían una oportunidad y además descansaríamos de tanto templo.




Es un lugar donde los habitantes de la ciudad acostumbran a ir durante el fin de semana y al coincidir nuestra visita en sábado, había realmente mucho ambiente.
Por la mañana estuvimos visitando los famosos templos de la zona norte (Kinkakuji o templo dorado, Ryoanji y Ninnaji) y saliendo del templo de Ninnaji ya nos dirigimos a Arashiyama.
Transcribo que anoté aquel 5 de julio de 2008 en mi diario de viaje:

"Hoy tenemos previsto visitar las zonas Norte y Oeste de Kyoto. Después de una reconfortante ducha salimos en dirección a la estación. En el hotel no nos entra el desayuno, por tanto debemos buscarnos la vida. Dentro de la estación hay muchos establecimientos donde se puede desayunar y todos están más que bien. Entramos en uno donde tienen unos pasteles con una pinta excelente.
Cogemos el bus núm. 205 (220 yenes) hasta el conocido Templo Kinkakuji o Templo Dorado que se encuentra bastante lejos del centro, a unos 40 minutos en bus. Me doy cuenta que aquí en Kyoto muchas mujeres y chicas jóvenes visten el kimono, muchas más que en Tokio.
Llegamos a la parada de Kinkakuji-michi y nos dirigimos al Templo Kinkakuji (400 yenes) que es donde se encuentra el pabellón dorado, el cual nos muestra su cara más fotogénica. Es realmente bonito y el reflejo dorado en el lago rodeado de jardines, le dan una fama muy bien merecida.
Al salir, seguimos la ruta a pie “Kyoto walks” aconsejada por la oficina de turismo. Cae un sol de justicia y un calor sofocante que no ayudan demasiado a caminar, pero ya sabemos que los turistas somos unos sufridores natos.


Al cabo de 25 minutos llegamos al Templo de Ryoanji (500 yenes) donde se encuentra el famoso “rock garden”, un misterioso ejemplo de estilo karesansui y que no se ha modificado desde el siglo XV. Consiste en un pequeño rectángulo de grava blanca perfectamente peinada con un rastrillo y 15 rocas de diferentes tamaños repartidas en 3 grupos. Y eso es todo. Cada uno con su imaginación le busca un significado. Dicen que ayuda a la meditación filosófica pero con tanta gente es complicado. Sinceramente, no le acabo de ver la gracia, será que no entiendo del tema y que soy más vulgar, pero prefiero los jardines con plantas y estanques con pececitos de colores. ¡Qué le vamos a hacer!. Cerca del jardín hay una casa de té tradicional preciosa y un gran lago cubierto de nenúfares abiertos que nos sirven para estrenarnos con el nuevo objetivo de la cámara que compramos en Tokio.


Seguimos la ruta a pie y por fin llegamos al Templo Ninnaji, también clasificado como Patrimonio de la UNESCO. Aquí no compramos entrada, pues he leído en la guía que el paseo por los jardines es gratuito. Hace mucho calor y humedad y nos recuperamos bajo un cubierto donde hay varias vending machines.
Bajando las escaleras de entrada del Templo Ninnaji y caminando unos pocos metros, se encuentra la estación Omuroninnaji donde tiene parada el pequeño tranvía Keifuku Railway. Hacemos transbordo en la estación de Katabiranotsuji y cambiamos de la línea azul (B) a la roja (A) y la última estación (A14) es Arashiyama. Pagamos los 200 yenes que cuesta el trayecto al salir de la estación.



Sólo llegar, y ya te das cuenta en seguida que Arashiyama es un lugar muy turístico, pero se ven contados extranjeros, todo son japoneses. La gente de Kyoto va a pasar el fin de semana a la montaña y abundan los restaurantes y diferentes tipos de comercios.
Llegamos hasta el puente Togetsukyo (Puente del paseo de la luna) que con el Monte Arashiyama al fondo recubierto de bosque, es el símbolo más fotografiado. El paisaje es realmente bonito.
Comemos en un restaurante situado en la misma orilla del río. Patrícia y yo acertamos, pero Josep Maria ha pedido uno de los platos mostrados en el escaparate llamado Yamakake Hanasoba ... algo vomitivo. Después de comer, cruzamos el puente y a pocos pasos a la derecha se encuentra la entrada a Iwatayama, el parque de los monos. Pagamos 520 yenes (Patrícia 420) y empezamos a caminar montaña arriba por el bosque, un agradable paseo de 25 minutos que nos ayuda a hacer la digestión.




El macaco japonés de cara roja (macaca fuscata) es la única especie que habita Japón.
Según información de wikipedia, el macaco japonés es el primate que vive más al norte del Planeta con la excepción de los humanos Se encuentra en los bosques y montañas de las islas japonesas (con la notable excepción de Hokkaido).Este macaco es el único mono nativo de Japón, por lo que se encuentra bien adaptado al clima frío que impera en gran parte del archipiélago durante el invierno (registrándose temperaturas de hasta -15ºC). Está recubierto de un espeso y lanoso manto de pelo pardo-grisáceo en todo el cuerpo, con la excepción de la cara, nalgas, palma de las manos y pies. En estos lugares se agolpan numerosos vasos sanguíneos con el fin de mantener el calor, lo que les da un característico color rojo, sobre todo en la cara. La cola es muy corta (8-12 cm) y difícil de ver a simple vista cuando el pelo crece y se espesa de cara al invierno. El resto del cuerpo mide de 50 a 95 cm, siendo los machos más grandes que las hembras. Los primeros alcanzan los 14Kg. de peso máximo, mientras que las hembras rondan los 5 kilos y medio. Son animales de hábitos diurnos y fuertemente sociales. Los macacos japoneses están considerados entre los monos más inteligentes. Con el fin de sobrevivir a los crudos inviernos del centro de Japón, localizan fuentes termales de agua caliente y se sumergen en ellas el tiempo que sea. En la actualidad carecen de depredadores, ya que el pequeño lobo endémico de Japón fue exterminado a principios del siglo XX. Esto contribuye a la multiplicación de su número, aunque ésta sería mayor de no ser por la continua pérdida de su hábitat natural causada por los humanos. Salvando la deforestación de los bosques que sigue al imparable proceso de urbanización japonés, los humanos no representan un peligro para los macacos. Al contrario, esta especie es enormemente popular en el país, donde se la considera tan graciosa como respetable. El macaco japonés tiene también su papel en varios mitos sintoístas y budistas.





El primer macaco nos sorprende desprevenidos pero al cabo de unos minutos empiezan a aparecer por todos lados y de todos los tamaños. Llegamos hasta la zona más elevada, a 155 metros sobre el nivel del mar, donde se encuentra un mirador con bonitas vistas sobre Kyoto. Pasamos un rato de lo más divertido, embobados con los juegos de los monos, con la destreza que tienen desparasitándose los unos a los otros y sobretodo contemplando las piruetas de los más pequeñitos.
En esta zona vive un grupo de unos 140 individuos y están todos censados.
Entramos en la caseta-bar y un amable señor nos ofrece una toalla bien helada para refrescarnos, ¡qué alivio!. Pedimos unos granizados (250 yenes) que nos saben a gloria. En las ventanas no hay cristales pero están cerradas con tela metálica por donde los macacos cuelan sus manos para pedir comida. Me da la sensación como si fuéramos nosotros los que estamos dentro de la jaula. 




Ya de vuelta, damos un largo paseo por la orilla del río Katsura-gawa siguiendo su curso. Hay mucha gente, sobretodo parejitas jóvenes que alquilan barcas de remos. Algunos están con las cañas de pescar metidos en el agua hasta las rodillas, en una zona poco profunda donde también se puede ver alguna garza y otras aves. Familias con niños o grupos de amigos en bicicleta o paseando tranquilamente…. Es un lugar muy agradable. Vemos que están preparando una barca para la pesca con cormorán. Dudamos si merece la pena esperarnos hasta que anochezca o ver este ancestral método en Gifu, tal como habíamos planeado desde un principio.
Lo iremos pensando. Volvemos a cruzar el puente y continuamos por la calle principal Arashiyama Shôten-gai. Los comercios están muy bien montados, tanto los de recuerdos y artesanía, como los que venden helados o pasteles. Con el calor que hace, todo el mundo bebe y come helados o esta especie de granizado. Entramos a visitar el Templo Tenryu-ji (500 yenes) que destaca por su hermoso jardín de hortensias y bambúes. El Templo Tenryu-ji fue construido en 1339, también es Patrimonio Mundial de la Unesco y está considerado como el primero de los cinco templos del budismo zen más prestigiosos. Hay una exposición de fotos que muestran estas montañas en las diferentes estaciones del año. En primavera con los cerezos en flor se ve precioso, pero en otoño toda esta gran superficie boscosa se tiñe de rojo y amarillo. Aquí decidimos que si volvemos algún día a Japón, intentaremos que sea en otoño.




Al salir del templo, seguimos calle arriba y cruzamos la vía del tren hasta el bosque de bambúes. Es un lugar realmente bello, donde se respira una gran tranquilidad que invita al paseo. Empezamos a sentir el cansancio y además unos minúsculos mosquitos me atacan sin compasión por lo que decidimos acelerar el paso.
Regresamos en dirección al río y nos cruzamos con dos guapísimas maikos. La barca que estaban preparando para la pesca con cormorán ya está lista y la taquilla abierta, pero no se ve a nadie. Decidimos esperar 10 días e intentar verlo en Gifu, donde se puede llegar fácilmente en tren desde Nagoya.





Medio muertos, cansados y con los pies echando chispas llegamos a la estación de tren. Nos subimos en el primero que pasa en dirección a la estación central de Kyoto (entra con la JR Pass). Después de haber descansado un buen rato, aprovechamos para visitar el magnífico edificio de la estación que merece realmente la pena. Subimos en ascensor hasta el piso núm. 11 el cual está abierto al atrio central. Un poco más arriba hay un mirador sobre la ciudad, pero los cristales están sucios y desmerece bastante las vistas. Nos quedamos a cenar por aquí, pero ¡no cualquier cosa! Nos encaprichamos de unas inmensas copas de helado, bizcochos y frutas a las cuales no nos podemos resistir.
Y aquí acabamos por hoy, otro día vivido al máximo en este sorprendente país."