lunes, 27 de abril de 2009

Luxemburgo (Parte II) Las Ardenas

RUTA:
Luxemburgo – Ettelbruck – Diekirch – Bettendorf – Vianden – Hosingen – Clervaux – Wiltz - Esch sur Sûre – Bourscheid – Luxemburgo
TOTAL: 211 km
El día despierta soleado y caluroso. Después de un buen desayuno salimos de la capital con la idea de recorrer la región de las Ardenas a lomos del Volswagen Golf de alquiler.

Las Ardenas luxemburguesas ocupan prácticamente una tercera parte del país y son la continuación de la región belga del mismo nombre.
Es donde se encuentran las mejores atracciones naturales del país y las colinas arboladas descienden hasta los valles por donde transcurren sinuosos ríos. Los castillos dominan el valle del Sûre y los pueblos de tejados de pizarra y fachadas encaladas parece que estén detenidos en el tiempo.

Las huellas de la 2ª Guerra Mundial son más visibles en esta región debido a la cruel batalla que aquí tuvo lugar cuando las tropas aliadas hicieron retroceder al ejército dirigido por von Rundstedt durante la batalla de Bulge, también conocida como batalla de las Ardenas.

Nuestra primer destino es Ettelbruck, a unos 30 km de Luxemburgo. Las carreteras son espléndidas y están muy bien señalizadas, con lo que el GPS es totalmente prescindible.
Ettelbruck es el pueblo más grande de las Ardenas y dispone de todos los servicios así como de una amplia oferta cultural. Se conoce como “la ciudad del General Patton” e incluso le han dedicado un museo ya que, como comandante de la 3ª Armada americana, liberó definitivamente la villa de Ettelbruck el 25 de diciembre de 1944.




















Contiene una colección de 1000 fotos de la invasión alemana el 10 de mayo de 1940, de la ocupación nazi y de la liberación por las tropas americanas en septiembre de 1944.

















Las calles peatonales del centro están ya muy animadas a primera hora de la mañana. Nos encontramos en la plaza de la iglesia y seguimos hasta otra plaza donde hay una exhibición y venta de diferentes animales de granja. Unos gallos de enormes crestas que no paran de kikiriquear, patos y otras aves y conejos de diferentes razas algunos de los cuales se dejan incluso acariciar.
Un grupo de niñas disfrazadas de conejitos de Pascua van repartiendo huevos pintados a todos los que se acercan por allí. En Luxemburgo, como en la mayoría de países europeos, no se celebra Semana Santa pero si la Pascua. En la puerta de entrada de muchas casas se cuelgan conejitos y se ponen árboles de donde cuelgan huevos tutticolori.













Después de descubrir bonitos rincones y escondidas plazoletas continuamos la ruta hasta Diekirch. No sé si el pueblo lleva el nombre de la cerveza o la cerveza lleva el nombre del pueblo, imagino que es lo último.
Justo al entrar al pueblo y al lado de la coqueta estación de tren se encuentra la fábrica de esta suave y deliciosa cerveza. Una escultura en bronce que representa la vida en una estación, da el toque de gracia a este bonito rincón.

















Seguimos hacia el centro y aparcamos cerca de la iglesia nueva.
Diekirch está situada a orillas del rio Sûre y el casco antiguo se ha reconvertido en zona peatonal. Igual que en Ettelbruck también hay mucho ambiente por las calles.


















El símbolo del pueblo es un asno y se encuentran varias esculturas alusivas a ese animal, preferentemente decorando algunas de las fuentes.
















No podemos despedirnos de Diekirch sin probar una Diekirch y nos sentamos en la terracita del Café de Luxemburgo para saborear diferentes tipos de esta cerveza local.



 


Delante tenemos una divertida fuente que representa a un asno cagando monedas y un niño que las va recogiendo mientras le levanta la cola.
Visitamos la antigua iglesia de San Lorenzo, construida entre los siglos VII y IX y catalogada como Monumento Histórico la cual contiene unos interesantes sarcófagos medievales.

Seguimos camino y nos desviamos hacia Bettendorf. Es un pueblo muy pequeño donde reina la tranquilidad. Sólo un grupo de niños que juegan en la calle interrumpen el silencio que se respira. Del pueblo parten varias rutas de senderismo y de mountain bike.
















Hacemos una visita rápida porque ya vamos con ganas de llegar a Vianden.



Tenemos muy buenas referencias acerca de ese lugar y la verdad es que no decepciona. Al llegar, la imagen del imponente castillo con las casas a sus pies te deja boquiabierto.





Este pintoresco pueblo se encuentra a la orilla del río Our y posiblemente sea el lugar más turístico del país después de su capital. En 1871, el gran Víctor Hugo, escritor exiliado y residente en Vianden describió el pueblo como una “joya colocada en un escenario espléndido, caracterizado por dos elementos magníficos y de valor: las siniestras ruinas de su fortaleza y su alegre población”.












Caminamos cuesta abajo por la Grand Rue que es la calle principal y es donde se encuentra la iglesia, el ayuntamiento y un buen surtido de hoteles, restaurantes, tiendas, plazas, museos… todo con un gran encanto y un aire de tiempos pasados.
Llegamos hasta el río y el panorama es encantador.









Cruzando el puente se encuentra la casa que habitó Víctor Hugo hoy convertida en museo. A orillas del río hay muchos restaurantes y aunque debe ser un buen lugar para comer, decidimos hacerlo un poco más tarde. Caminamos río arriba hasta encontrar el telesilla que está abierto desde Pascua hasta el segundo domingo de octubre, de 10 de la mañana a 6 de la tarde. Desde los 450 metros que alcanza, podemos disfrutar de unas magníficas vistas de las callejuelas estrechas y sinuosas, del castillo y el valle del río. Compramos el ticket sólo de subida porque desde allí se puede acceder al castillo a través de un fácil y agradable caminito que va serpenteando en medio del bosque. El castillo se construyó en el siglo IX y fue propiedad de la familia Orange – Nassau durante varios siglos; actualmente pertenece a los Duques de Luxemburgo. Restaurado siguiendo sus planos originales, actualmente pueden verse las secciones añadidas de los siglos XI, XII y XV que todavía son más impresionantes que la parte más antigua.
La visita es muy interesante y dentro de los gruesos muros se conserva también una importante colección de tapices y otras obras de arte.










Después de visitar el castillo, nos despedimos de Vianden con la satisfacción de haber estado en uno de aquellos lugares que quedan grabados para siempre en la memoria.
Nuestro siguiente destino será Clervaux. De camino, paramos a comer en un pequeño restaurante que se encuentra en la carretera y tiene buena pinta. Por lo visto es un lugar de parada de muchos motoristas pues las mesas al aire libre rodeadas de verdes prados invitan a un descanso. Bajo un sol de justicia compartimos mesa con dos parejas de moteros sesentones.
Antes de llegar a Clervaux hacemos una breve parada en Honsingen donde se encuentra una antigua abadía.



Al llegar a Clervaux las vistas sobre el pueblo no tienen nada que envidiar a Vianden. El castillo domina sobre este pequeño pueblo situado al norte del país en el estrecho valle del río Clerve. Aparcamos el coche en la plaza del mercado, a los pies del castillo. A pesar de los múltiples daños que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial en la actualidad está restaurado. Aloja modelos a escala de otras fortalezas medievales, uniformes y armas de la Segunda Guerra Mundial y la prestigiosa exposición fotográfica “La Familia del Hombre”, realizada en 1955 por Edward Steichen para el MOMA de Nueva York.

















En el exterior del castillo se conserva un tanque como triste recuerdo de la devastadora guerra. En la parte más elevada de la población se alza la iglesia parroquial construida en 1910 en piedra característica de la región.

Clervaux es conocido por la abadía benedictina que allí se encuentra.


A pesar de que la torre se divisa desde varios puntos, nos resulta un poco difícil acceder hasta allí. Por fin llegamos pero se encuentra en obras de restauración y los andamios desmerecen su bella fachada. En 2010 se celebra el primer centenario de su fundación y se ha emprendido un ambicioso proyecto de restauración con un coste total de 1.300.000 €. Por las mañanas a las 10.30 se celebra una misa gregoriana y cada tarde a las 6pm (y a las 5pm los sábados y domingos) se celebran las vísperas. Llegamos justo a tiempo para escuchar los cánticos de la veintena de monjes que forman la comunidad.
Nos despedimos de Clervaux y pasamos por la población de Wiltz. El pueblo está dividido por la mitad, con una diferencia de más de 150 metros entre ambas partes. Casi un abismo separa la cruz de piedra del año 1502 a cuyos pies los poderosos Señores de Wiltz hicieron justicia, y el tanque que data del 1944 situado en la curva de la carretera que sube hasta ella. El castillo del siglo XII (remodelado en el siglo XVII) es probablemente la mejor herencia de la historia del pueblo, puesto que su antigua ala izquierda aloja un museo en conmemoración de la lucha entre los años 1944 y 1945. También existe un monumento en recuerdo de los que murieron a causa de una huelga general militar en protesta contra la ocupación alemana. La iglesia de Niederwiltz, una maravilla románica y renacentista, contiene las tumbas ornamentadas de forma muy suntuosa de los condes de Wiltz.
A pocos kilómetros de Wiltz encontramos Esch-sur-Sûre.


















Este famoso centro de pesca del río Sûre tiene un pintoresco castillo medieval en ruinas desde donde hay unas bonitas vistas. De todas formas, los principales atractivos turísticos se encuentran en el Parque Nacional Upper Sûre, lugar de una destacable belleza natural y con posibilidad de realizar diversas actividades acuáticas.










Empezamos a notar el cansancio pero no queremos perder la oportunidad de ver el castillo de Bourscheid. La carretera que tomamos nos regala unos encantadores paisajes. A pocos kilómetros de Esch-sur-Sûre y al lado mismo de la carretera se encuentra un memorial que recuerda a todos aquellos que lucharon en medio de estos bosques y colinas en la cruel Batalla de las Ardenas contra las tropas de Hitler.
El cielo va cambiando del azul intenso a un gris oscuro y empieza un festival de rayos y truenos. Parece que estamos en el centro de la tormenta y llegamos a Bourscheid bajo un fuerte chaparrón que apenas dura 10 minutos. El castillo ya se encuentra cerrado y tenemos que conformarnos con verlo por fuera.
De aquí ya vamos de vuelta a Luxemburgo donde llegamos sobre las 8:30.

domingo, 19 de abril de 2009

Luxemburgo (Parte I)

Del 9 al 14 de abril viajamos a Luxemburgo, un país de pequeñas dimensiones ideal para recorrerlo en 4 ó 5 días.
A diferencia de otros destinos turísticos, no se encuentra demasiada información a la hora de organizar el viaje, lo que induce a pensar erróneamente, que hay pocas cosas que ver o por hacer. En 4 partes intentaré explicar el recorrido que hicimos por las diferentes regiones del Gran Ducado y espero que sirvan de ayuda a los que quieran visitarlo en un futuro.

No entiendo por qué Luxemburgo no es un destino de primer orden. Pienso que a los luxemburgueses quizás no les interese promocionar su pequeño país y que lo quieran resguardar como un pequeño tesoro. Lo cierto es que la mayoría de visitantes que acuden a Luxemburgo lo hacen en excursiones de una jornada desde los países vecinos, pero el pequeño Gran Ducado da para bastante más.
Con tan sólo 2586 km2, es el séptimo país más pequeño de Europa. La población total no llega al medio millón de habitantes y en su capital se alojan algo más de 80.000 habitantes. De todas formas, cada día acuden a trabajar a la ciudad más de 100.000 personas de los países vecinos Francia, Alemania y Bélgica.




Es un país montañoso y con grandes extensiones boscosas. En el norte se encuentra el macizo montañoso de las Ardenas con una altitud máxima de 500 metros, mientras que el sur es una extensa llanura.
El agua es una constante y los caudalosos ríos acostumbran a marcar fronteras en muchos puntos del país. El Sûre (o Sauer en alemán) atraviesa Luxemburgo de este a oeste y a lo largo de su curso va recibiendo las aguas de diferentes afluentes como el Alzette por su orilla derecha o el Our y el Clerf, por su orilla izquierda. A su vez, el Sûre es un afluente del Mosela que discurre por la parte oriental trazando la frontera con Alemania y configurando una de las regiones más interesantes del país.
Es un paraíso para los amantes del senderismo y los paseos en bicicleta son otra opción muy interesante teniendo en cuenta que transcurren varios kilómetros de carriles bici por unos parajes de ensueño, normalmente siguiendo los cursos de los ríos.

El clima es continental, húmedo y frío en las regiones del norte y algo más moderado en el sur con lluvias abundantes.
En este sentido hemos tenido suerte, porque el tiempo ha sido soleado con temperaturas muy agradables y sólo nos sorprendió un chaparrón de primavera que no duró más de 10 minutos.

Desde la 2ª Guerra Mundial, Luxemburgo se ha convertido en uno de los países más ricos, impulsado por el gran crecimiento en el sector de los servicios financieros, su estabilidad política y la integración europea y posee uno de los PIB per cápita más altos del mundo. La banca, las compañías de seguros y el sector de las inversiones representan la parte más importante del pastel económico.
El dinero se deja ver y los coches de lujo circulan por las avenidas de la capital. Los Ferrari, Porsche, Maserati, Aston Martin, Jaguar … son tan “comunes” como lo pueden ser aquí los Seat Ibiza. Les gustan los deportivos que llamen la atención, predominando los rojos y amarillos. El buen tiempo ha permitido a los descapotables salir de su letargo invernal y lucir flamantes ante la mirada atónita de algunos de los viandantes.

Del casi medio millón de habitantes, sólo algo más de la mitad son luxemburgueses. La mayoría de extranjeros son de origen europeo y la comunidad de inmigrantes mayor del país es la portuguesa con unos 65.000 habitantes, seguida de los franceses, italianos, belgas, alemanes, británicos y neerlandeses.
De todas formas, la primera corriente migratoria hacia Luxemburgo fue la italiana, que acudió a trabajar para la entonces en auge industria del acero. Los portugueses emigraron a Luxemburgo hacia los años 60, en el mismo período que los españoles emigraron a Alemania, Francia o Suiza en busca de mejores oportunidades. Éstos forman un colectivo importante; hay varios restaurantes portugueses, tienen sus tiendas e incluso una cadena de TV en portugués.
En cuanto al idioma hay que decir que la mayoría de luxemburgueses tienen la gran suerte de ser bilingües o trilingües. El luxemburgués es oficial junto al alemán y el francés. Suena parecido al alemán y, según nos dicen, ellos entienden a los alemanes pero los alemanes no les entienden a ellos. Hace muy pocos años (desde 1984) que el luxemburgués es idioma oficial y antes ni siquiera se enseñaba en las escuelas, limitándose al uso familiar.
Actualmente, aunque ya se enseña en la escuela, son muy pocas horas semanales y siempre después del alemán y del francés.
El alemán es hablado por casi la totalidad de la población y el francés por un elevado porcentaje. De todas formas el nivel cultural de una persona se mide por el nivel de su francés. Cuanto más elevado es el nivel cultural, mejor domina el francés que, por otra parte, es el idioma preferido por la administración.

Luxemburgo es un país seguro. A pesar de ello, en la ciudad hay que andar con cuidado, sobretodo por los alrededores de la Estación Central. Tuvimos la mala experiencia de que me robaran el bolso, caso poco frecuente según nos comentaron en la Embajada. De todas formas, al ser una ciudad tan pequeña, lo pude solucionar todo de forma rápida y eficaz, empezando por la Policía y acabando en la Embajada.

La mejor manera de recorrer la ciudad es a pie a pesar de su accidentada orografía.
Ir en bicicleta también es una excelente opción de ver la ciudad y las áreas periféricas. Las bicis pueden alquilarse de marzo a octubre y hay varios puntos de recogida y devolución de “Vélo en Ville“El servicio de autobuses es muy eficiente y pueden comprarse tickets para 10 viajes que salen a menos de 1€ por viaje.
En cambio, circular en coche no es aconsejable debido a los problemas de aparcamiento. Es muy difícil aparcar en la calle y más difícil todavía, yo diría que imposible, aparcar de forma gratuita. Si - como en nuestro caso - se alquila un coche, es mejor dejarlo en un parking y utilizarlo sólo para recorrer el resto del país.
En cuanto a los taxis, no es costumbre llamarlos en medio de la calle. Las paradas se encuentran cerca de la Estación Central y de Correos.
El casco antiguo de la ciudad está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y esto representa ya una garantía.
Ha crecido entre los valles de sus dos ríos: El Alzette y el Pétrusse. El casco histórico es el más elevado y donde se encuentran los edificios más representativos.
Una posible ruta podría ser la que parte de la estación de tren para acabar en el mismo punto:

Desde la Estación Central caminamos por la Avenida de la Estación y atravesamos el viaducto hasta encontrar la Catedral de Nôtre Dame con sus afiladas agujas que se distinguen desde lejos. Construida en 1613 en estilo gótico tardío, tiene bonitas vidrieras y un interesante órgano.

A unos pasos de la Catedral, se encuentra la Plaza de la Constitución desde donde se obtienen unas magníficas vistas del Valle de la Pétrusse y el Puente Adolfo. En la plaza se levanta un monumento a las víctimas de la 2ª Guerra Mundial que simboliza la libertad y resistencia del pueblo luxemburgués. Aquí también se halla la entrada a las Casamatas de Pétrusse.
En la ciudad hay dos Casamatas: las de Pétrusse y las Bock. Se trata de defensas subterráneas construidas durante las diferentes épocas de dominación. Las Casamatas de Bock se construyeron entre 1745-46 bajo dominación española y durante 2009 están cerradas por restauración.
Subimos por unas calles peatonales muy animadas y llegamos a la gran Plaza de Armas. Está rodeada de restaurantes y brasseries con infinidad de mesas en la calle. La temperatura es muy agradable y todos los establecimientos están a rebosar.
Seguimos hacia la plaza contigua que es la Plaza de Guillermo II. En esta gran plaza, mucho más tranquila que la anterior, se encuentra la Oficina de Turismo así como el Ayuntamiento. Es un sencillo edificio de dimensiones proporcionadas construido entre 1830 y 1838 en estilo neoclásico; antiguamente había sido un convento franciscano. El nombre de la plaza se debe a la estatua ecuestre de Guillermo II, el Rey y Gran Duque que gobernó el país de 1840 a 1849 y dio al Gran Ducado la primera constitución parlamentaria.
El primer día que visitamos la plaza estaba muy calmada; también hay algunos restaurantes, situados en el lado opuesto al Ayuntamiento, pero no se respira el bullicio de la Plaza de Armas. En cambio, el ambiente del siguiente lunes era totalmente distinto, ese día se celebra un colorido mercado. Por lo que pudimos ver, básicamente son puestos de artesanía, algunas antigüedades y muchas flores que le dan el toque alegre.

De la Plaza Guillermo II seguimos hasta encontrar a muy pocos pasos el Palacio de los Grandes Duques. Tiene unas torres puntiagudas y los típicos torreones de las piezas de Exin Castillos que da la sensación que en alguna de ellas tenga que hallarse cautiva la princesa de los cuentos.
En varios puntos luce el escudo con el león, símbolo del Gran Ducado. La parte renacentista se construyó en 1572 y la parte central, aunque originalmente fue barroca (1741-43) se reformó en 1891 a estilo renacentista. De 1992 a 1995 se restauró toda la fachada. El interior sólo se puede visitar durante los meses de verano previa solicitud en la Oficina de Turismo. Pegada al Palacio se encuentra la pequeña Cámara de los Diputados.
Decidimos regalarnos un descanso en la chocolatería que se encuentra enfrente del Palacio mientras contemplamos sin prisa los detalles de los dos edificios.
Continuamos hasta la coqueta Plaza Clairefontaine donde se levanta un bonito monumento a la Gran Duquesa Charlotte. Desde aquí seguimos hasta llegar al camino de la Corniche, donde hay un mirador con espléndidas vistas sobre el barrio del Grund, la parte baja de la ciudad y posiblemente la zona más pintoresca.
Desde aquí destaca la iglesia de San Juan en la parte baja y, en la parte alta, la Iglesia de San Miguel (la más antigua de la ciudad), los restos del castillo y las Casamatas de Bock, con los edificios de la ciudad judicial a lo lejos.
El Grund tiene unos rincones encantadores, con las casas reflejándose en las tranquilas aguas del Alzette. Calles coquetas y ambiente agradable. Paseamos siguiendo el curso del río y buscamos rincones desde donde poder contemplar diferentes panorámicas.
Para volver a la parte alta hay un ascensor (gratuito) que ahorra una buena caminata por aquella cuesta interminable.

Volvemos a pasear por las plazas más céntricas y bajamos hasta el Puente Adolfo el cual cruzamos, dejando a la izquierda el valle del Pétrusse. Se llega a la Plaza de Metz donde luce el magnífico edificio del Banco y Caja de Ahorros Estatal y ya bajamos por la Avenida de la Libertad hasta la Plaza de la Estación donde hemos iniciado el recorrido.

Ese primer día recorrimos las zonas más interesantes de la ciudad y los edificios y plazas más representativos.

Al atardecer, cuando la mayoría de turistas abandonan la ciudad y cierran los comercios, es agradable pasear por sus tranquilas calles, o sentarse en una terraza a degustar una suave Diekirch, la cerveza local y la más popular en todo el país.