miércoles, 27 de mayo de 2009

A tots els culés del Planeta

Fa pocs minuts que el Barça acaba de guanyar la final de la Champions contra el Manchester. Els que entenen de futbol diuen que és una victòria ben merescuda i un premi a la constància i al treball ben fet, així com també ho són les recents aconseguides al campionat de Lliga i la Copa del Rei.

Fa uns dies que només sentim parlar de futbol i suposo que ara tindrem eufòria blaugrana per uns quants dies més. Tanta felicitat s’encomana i és una sensació gratificant compartir aquesta alegria que, per altra part, ajuda a oblidar almenys per uns dies, el degoteig continu de notícies negatives.

De ben segur que tots els culés repartits pel Planeta ho estan celebrant i a tots els vull dedicar avui el blog. Suposo que de fotos de gent que vesteixen la samarreta del Barça arreu del món encara en trobaria alguna més, però en deixo una mostra. En molts dels països que hem pogut conèixer, el futbol és una de les poques vies d’escapatòria que té la població.
En realitat, no massa diferència amb la situació actual en la que ens trobem a casa nostra.

Sigui com sigui, avui els culés de ben segur que estan feliços.
Per tots ells, per tots els culés del Planeta i Visca el Barça !!


Plaça Djemaa el Fna, Marrakech. Marroc


Restaurant Soda Maxi, Manzanillo. Costa Rica

Pel riu Casamance, Senegal
 


Curtidories de Fez. Marroc


Ferri de Gambia


Fent petar la xerrada a l'illa de Carabane. Senegal















domingo, 17 de mayo de 2009

El secreto de Rennes-le-Château

Hasta hace bien poco nunca había oído hablar de este pequeño pueblo del Departamento del Aude francés en la región del Languedoc. Aprovechando el fin de semana largo de la festividad del uno de mayo, nos decidimos a recorrer parte de los departamentos de Ariège y Aude y nos acercamos hasta Rennes-le-Château.
Fundado por los godos, se convirtió en una plaza fuerte debido a su situación estratégica ya que domina los valles del Aude y del Sals, pudiendo vigilar tanto el paso a los Pirineos como hacia el Languedoc.
Posteriormente fue invadido por los árabes y también dejaron huella los cátaros, quienes utilizaron Rennes-le-Château como refugio hasta 1210. El pueblo quedó derruido casi por completo en 1362 por las tropas de Enrique de Trastámara y hasta finales del siglo XIX no se reconstruyó.


Actualmente, una muy decente pero empinada carretera asciende el valle hasta la cima de la colina donde se encuentra la población en la que viven tan sólo unas 40 personas. Es un lugar tranquilo y solitario con unas vistas increíbles sobre las cumbres de los Pirineos.
A pesar de ser un lugar encantador no creo que por allí se acercaran muchos turistas antes de que una serie de hechos y leyendas cambiaran la Historia del lugar. Todos los años, miles de visitantes acuden a Rennes-le-Château y desde 1960 más de cincuenta obras en distintos idiomas, incluso algún best seller, le han sido dedicados. Que el pueblo se encuentre en el interior del “país cátaro”, tantas veces promocionado, seguro que ha ayudado también a aumentar el número de visitantes.
Pero ... ¿por qué tanto misterio alrededor de Rennes-le Château?. La respuesta está en François Béranger Saunière. En 1885, a los 33 años de edad, François Béranger Saunière llegó al pueblo como párroco de la pequeña iglesia de Sainte-Madeleine, abandonada y semiderruida y que se alzaba en la parte más alta de la calle del pueblo, donde los visigodos habían levantado un palacio fortificado.



Según parece, el párroco anterior había dejado unos fondos que irían destinados a la restauración del altar mayor de la iglesia, obra que inició Saunière en 1892. El altar constaba de un solo bloque de piedra, con uno de sus extremos fijado a la pared de la iglesia y el otro apoyado en una columna de piedra de la época visigoda. Al levantar el bloque descubrieron que en el interior de la columna había unos pergaminos. Se trataba de diferentes pasajes del Nuevo Testamento que estudiados más a fondo revelarían algunos datos inesperados.

El hecho es, que Saunière se desplazó a París y los entregó al abat Bieil, director de la iglesia de Saint-Sulpice. Éste le presentó a Émile Hoffet, autoridad en manuscritos antiguos y sociedades secretas.




Saunière estuvo tres semanas en París y pasó mucho tiempo en el Louvre, donde compró reproducciones de tres cuadros sin vinculación aparente entre sí: «Pastores de Arcadia» de Poussin, el «retrato de San Antonio» de Teniers y un retrato anónimo del papa san Celestino V. Entabló amistad con una celebridad parisina, Emma Calvé, una soprano que se encontraba entonces en la cima de la fama. Cuando volvió a Rennes, Saunière continuó con la restauración de la iglesia y según manifestó uno de los jóvenes que le ayudaban en las excavaciones, algo encontró que mandó parar las obras durante algún tiempo. Sobre lo que Saunière encontró en la iglesia, se han escrito muchas páginas y han surgido varias leyendas bastante más cercanas a la ficción que a la realidad.



La fantasía y la imaginación se vieron incrementadas todavía más a raíz del best seller y posterior película “El Código da Vinci” de Dan Brown. Según se escribe, el párroco había descubierto un tesoro fabuloso que ha sido atribuido a diferentes procedencias: al Templo de Jerusalén, a los visigodos, a los cátaros, a los templarios o incluso a la monarquía francesa. Pero además de un tesoro material habría descubierto unos documentos que podían probar que Jesús había tenido descendencia con María Magdalena, los que llevan la sangre real, o Santo Grial. El Código da Vinci refuerza estas afirmaciones e incluso da el nombre de Saunière a uno de los personajes de su libro.











Lo que si es cierto es que Saunière llevó a cabo una profunda restauración de la iglesia y enriqueció el pueblo con bellas construcciones como la Torre Magdala y Villa Betania.
Junto a la puerta principal de la iglesia levantó un monumento de colores llamativos en que la pila bautismal es sostenida por la cabeza de una figura de gran tamaño del demonio.




Las paredes de la iglesia están cubiertas con pinturas en relieve de estilo popular; además hay un Vía Crucis poco convencional y, encima del confesionario, una representación de Cristo en el monte de los Olivos. El mismo Saunière pintó la imagen de María Magdalena que hay en el altar. Lo más extraño de todo es que sobre el portal de la iglesia están grabadas las palabras de Jacob en Bethel, pronunciadas la mañana siguiente a la visión de los ángeles que subían y bajaban por una escalera que llevaba al cielo: Terribilis est locus iste (Éste es un lugar terrible).



Posteriormente Saunière compró la finca situada al lado de la iglesia, desde donde hay una espléndida panorámica de todo el valle. Construyó un paseo semicircular y en el extremo sur de éste, una torre de dos pisos, la Torre Magdala. En el interior de la curva del paseo se encuentra un jardín, y al final, separada de la iglesia por un pequeño patio, levantó una casa para huéspedes que llamó Villa Betania. Decoró la casa con todo lujo de detalles y allí recibió a varias personalidades de la época.




Se dice también que Saunière tenía relación con ambientes esotéricos de París, aunque de esto no hay ninguna prueba. La figura de Saunière está llena de incógnitas y sus construcciones muestran que se trataba de un hombre atento a las alegorías y a los símbolos.

La evidencia demuestra que Béranger Saunière dejó de ser el cura pobre de una pequeña parroquia para convertirse en un hombre rico, muy rico. ¿De dónde salió toda esa fortuna?
Muchos novelistas todavía están exprimiendo el jugo a ese extraño personaje y en el pueblo se encuentran algunas librerías repletas de obras de temas esotéricos.
Visitamos la colorida iglesia, el museo, la Torre Magdala y la Villa Betania. Sea cierta o no la leyenda que se ha creado entorno a Saunière, hay detalles curiosos. No se puede negar que la iglesia es pintoresca y la gran imagen del demonio le da ciertamente una aire misterioso. Otro detalle intrigante es que uniendo en una línea las imágenes de los santos que decoran los altares laterales de la iglesia, sus iniciales forman la palabra GRAAL, es decir, Grial...supongo que es simplemente una casualidad.




Independientemente de toda esa historia, Rennes-le Château es un pueblo muy bonito, con las calles limpias y las casas bien cuidadas. Situado en un emplazamiento privilegiado con unas vistas sobre el valle que no te dejan indiferente. Es agradable pasear por los rincones del pueblo repleto de flores y hojear algunos libros en busca de las respuestas a tanto misterio. Pueblo que huele a primavera y a incienso.

viernes, 8 de mayo de 2009

Luxemburgo (Parte III). Mullerthal y Región del Mosela

Ruta: Luxemburgo – Larochette –Beaufort – Echternach – Wasserbilling – Grevenmacher – Ahn - Ehnen – Remich – Schengen - Luxemburgo.
Total:
190 km



La idea es recorrer en un día la Región del Mullerthal (que significa Valle de los Molineros) conocida también como la “Pequeña Suiza” y la Región del Mosela. 

Dejamos atrás la ciudad y después de un corto tramo de autovía empezamos a circular por unas carreteras de ensueño. Estrechas carreteras locales por las que apenas se ven coches. 



















Antes de las 9 ya estamos paseando por las calles de Larochette. Las calles están desiertas, es normal a esa hora y en domingo. Se respira paz y tranquilidad, sólo se oye el cantar de los pájaros y el pueblo huele a pan recién hecho.En el pueblo se encuentran los restos de un castillo y una torre del siglo XI. Vamos siguiendo las indicaciones que nos llevan hasta el castillo. Resulta ser un bonito paseo y las magníficas vistas desde arriba ya compensan el esfuerzo.

































Continuamos hasta Beaufort atravesando paisajes boscosos con unas extrañas formaciones rocosas características de esta zona. Es un lugar ideal para los amantes del senderismo y se puede descubrir la región a lo largo de los 110 km de caminos señalizados. Para los que prefieren pedalear o escalar también hay varias posibilidades de pasarlo en grande.
















Llegamos a Beaufort y nos dirigimos a visitar el impresionante castillo renacentista. La verdad es que externamente luce con toda su majestuosidad, pero está hecho una ruina y su visita no merece demasiado la pena. Este castillo – fortaleza de los señores de Beaufort fue construido en tres etapas distintas: la parte más antigua data del 1150 y en 1380 se amplió por el lado
del valle. Ya en 1500 se añadieron el ala con los altos ventanales de estilo renacentista.


En el pueblo se elaboran varios licores como el kirsch (aguardiente de cerezas silvestres), el licor de frambuesa o el cassero (licor de cassia). 
En el patio del castillo se pueden degustar (y comprar) todos estos licores. Nos decidimos por el cassero, un licor espeso y dulzón de un color rojo rubí intenso. Está riquísimo aunque empalaga un poco.
De Beaufort vamos directamente a Echternach, considerada como la capital de la Pequeña Suiza. Esta turística población se encuentra a orillas del río Sûre que hace de frontera natural con Alemania. Por tanto, no es de extrañar que casi la totalidad de visitantes sean del país vecino y que se respire un ambiente totalmente germánico. Después de pasear un buen rato por la ribera del Sûre nos dirigimos hacia el centro. Una larga calle comercial conduce hasta la pintoresca Plaza del Mercado, una auténtica maravilla. Todos y cada uno de los edificios de la plaza tienen un encanto especial y parece ser que bien lo conocen los muchos turistas alemanes que pasean por sus calles y se sientan en las terrazas de sus restaurantes.
















Destaca su precioso Ayuntamiento (1444) con arcadas de estilo gótico, así como la abadía y basílica del siglo XVIII y sus casas patricias.
Este lugar conserva la herencia que dejó San Willibrordo. Este monje de origen inglés y de extraño nombre, fundó en el año 698 una abadía alrededor de la cual se fue desarrollando el pueblo.




                                                                                   Este monje cristianizó la zona y llegó a ser primer obispo de Utrech. La abadía contiene un museo donde se exponen las copias de antiguos manuscritos y es en la basílica que se levanta justo al lado, donde descansan los restos del Santo. Al final de la 2ª Guerra Mundial este conjunto quedó muy dañado y posteriormente se llevó a cabo una reconstrucción (de 1947 a 1952).





Enfrente de la abadía se encuentra el bien cuidado jardín de estilo francés conocido como Orangerie o “Jardin des Prélats”, diseñado en 1731 por el abad Grégoire Schouppe.

Cada año, el martes de Pentecostés, se celebra una ceremonia religiosa conocida como la Procesión Danzante. Los habitantes de la ciudad y peregrinos llegados de toda Europa, desfilan mientras cantan y bailan al compás de una antigua melodía interpretada por las bandas, violinistas y otros músicos durante la procesión.
Comemos en el restaurante del Hotel Bon Accueil. Nos ponen unos platos que no podemos acabar. Supongo que son raciones “german size”. Cruzamos el puente del río Sûre y entramos en Alemania.

La gente va y viene como si nada, en coche, bicicleta o paseando y el bonito edificio de la antigua aduana ha quedado como recuerdo de un viejo puesto fronterizo. Desde el puente se obtiene una bonita imagen de las diferentes torres de las iglesias de la ciudad.

Una región todavía desconocida pero que no tiene nada que envidiar a otras rutas turísticas muy consolidadas. La ruta empieza en Wasserbillig y acaba en Schengen y vamos siguiendo pueblo a pueblo por estas carreteras que no pierden de vista el curso del agua, con tierra alemana en una orilla y las viñas luxemburguesas en la otra. Abandonamos la región de la Pequeña Suiza y vamos hasta Wasserbillig, población donde comienza la Región del Mosela, conocida turísticamente como la ruta del vino.
Esta parte del país nos ha sorprendido, especialmente por los paisajes de viñas sobre empinadas pendientes que miran al río, la animación de sus pueblos y la  magnificencia del Mosela.
En Wasserbillig el río ya se presenta en toda su amplitud.
De aquí parten los cruceros turísticos que hacen todo el recorrido de la ruta y también los ferries que traspasan de orilla a orilla. Del Wasserbillig luxemburgués se cruza al Overbillig alemán y tanto en un lado como en el otro están los respectivos carteles que indican que hemos cambiado de país. Elegantes cisnes nadan en sus tranquilas aguas, que sólo se ven agitadas de vez en cuando por algún barco de gran envergadura.

Sentados en un pequeño banco de madera, no nos cansamos de contemplar esa imagen de postal. Atravesamos otros pueblecitos como Wormeldange, Ehnen, Lenningen, Greiveldange, Seguimos por Mertert y Grevenmacher donde se pueden visitar las Cavas
Bernard-Massard y un jardín de mariposas. A continuación MatchumAhn Wormeldange.



Aquí nos fijamos en una ermita que se encuentra en la parte más elevada del pueblo y a la cual intentamos llegar.
El acceso es un poco complicado pero vamos siguiendo los carteles que indican
Koeppchen”. 












Cuando por fin llegamos a la capilla de San Donato, la sorpresa es grande. Nos encontramos entre viñas y con una panorámica indescriptible sobre el río. 

Seguimos hasta Remich. Me imagino que Remich debe ser el pueblo más grande de la región, o al menos eso parece. El paseo que va paralelo al río está muy animado y se ven a muchas familias con niños, parejitas y grupos de jóvenes. Una estatua de Bacus, dios del vino, nos recuerda donde nos encontramos y pensamos que no nos podemos marchar sin probar alguno de los vinos del Mosela. Nos sentamos mirando al río en la concurrida terraza del Hotel Esplanade y pedimos una copa de vino “auxerrois”, un vino blanco afrutado y aromático, que fresco entra muy bien.


Desde Remich ya no paramos hasta Schengen, el último pueblo de la ruta del vino y el último de
Luxemburgo ya que se encuentra en la punta del triángulo donde confluyen tres países: Luxemburgo, Francia y Alemania. Quizás su “internacionalidad” fue el motivo principal en ser escogido para firmar aquí el conocido Tratado de Schengen






A bordo del barco Princesa Marie-Astrid, el mismo que actualmente transporta a los turistas, los días 14 de junio de 1985 y 19 de junio de 1990, representantes de los Estados de la Unión Económica Benelux, de la República Federal Alemana y de la República Francesa firmaron 
el acuerdo relativo a la supresión gradual de los controles en las fronteras comunes. Una señal nos indica que Alemania se encuentra a 1 km, de hecho, al otro lado del puente y Francia a 2km.



Nos paseamos de un lado a otro y comprobamos que realmente el acuerdo que se firmó en Schengen a día de hoy está totalmente consolidado. En la pequeña plaza de “L’Accord de Schengen” hay un monumento conmemorativo. Regresamos a Luxemburgo capital y el cuentaquilómetros nos indica que hemos recorrido 190 km. Tanto la Región del Mullerthal como la del Mosela dan para bastante más, sin embargo un día bien aprovechado permite hacerse una idea bastante buena de lo que ambas regiones pueden ofrecer.