miércoles, 29 de julio de 2009

Tshukudu Game Reserve. Sudáfrica

Uno de los mejores aciertos del reciente viaje a Sudáfrica fue reservar alojamiento en el Tshukudu Game Reserve que se encuentra a unos 5km de la pequeña población de Hoedspruit.
Se trata de una reserva privada de 5000 Ha que pertenece a la familia Sussens y ofrece la posibilidad de disfrutar de un lugar magnífico sin necesidad de arruinarse, a la vez que te permite compartir con ellos ese pedacito de paraíso africano y su pasión por la vida salvaje.


Dentro de la reserva hay tres tipos de alojamiento, todos ellos gestionados por tres generaciones de la misma familia. Se trata del Tshukudu Bush Camp, Tshukudu Tented Camp y Tshukudu Game Lodge.
Lolly y Ala Sussens empezaron juntos el proyecto en 1980. Lolly llegó a Sudáfrica después de diferentes experiencias y negocios en Zambia, Zimbabwe y Botswana. Ala nació en Polonia y fue enviada a Siberia durante la 2ª Guerra Mundial desde donde fue exiliada a Zambia. Allí conoció y se casó con Lolly en Livingstone. Su hijo mayor Ian junto con su mujer Sylvia, llevan el centro educacional enfocado principalmente a grupos de escolares que se acomodan en el Bush Camp. El hijo menor, Chris, gestiona el Tented Camp donde nosotros nos alojamos. Dispone de 3 encantadoras tiendas y 3 bungalows con una capacidad para tan solo 12 personas, lo que convierte al campamento en un sitio tranquilo y acogedor.





Después de pasar un control de entrada y confirmar que teníamos hecha la reserva, nos dirigimos hacia el campamento que se encuentra a unos 2 km. Enseguida empezamos a cruzarnos con los primeros animales, cebras, ñus y facoqueros. Dentro de la reserva se puede observar mucha fauna y hay bastantes posibilidades de ver a los llamados "cinco grandes", es decir, león, rinoceronte, elefante, leopardo y búfalo.

A las 15:30 nos esperaba el game drive que duraría unas 4 horas. David, el nieto de Lolly y Ala fue el guía que nos acompañó. Parece ser que su trabajo le entusiasma y que seguirá con la labor que empezaron los abuelos.
El paisaje es de sabana, con acacias y arbustos de media altura. Nos pasaron las horas sin darnos cuenta y vimos entre otros, chacales, elefantes, rinocerontes, kudús, impalas, aves de coloridos plumajes pero no tuvimos suerte con los leones. Empezó a oscurecer y esperamos un buen rato al lado de una laguna para ver si se acercaban a beber, pero nada de nada. Lo que si vimos, fueron algunos hipopótamos que nos mostraron su descomunal dentadura.



Antes de las 6 de la tarde ya era de noche pero el guía conectó un foco a la batería del todoterreno. Empezamos a ver fauna de hábitos nocturnos, como un gran búho blanco que nos observaba con sus redondas pupilas dilatadas, algún puerco espín y la gran sorpresa del día: un maravilloso, impresionante, espléndido leopardo en la rama de un árbol, custodiando a su presa. Fue una lástima que no hubiera suficiente luz para sacar buenas fotos, pero la imagen se quedará bien grabada en mi memoria. Primero posó de cara, frente a nosotros, después dio la vuelta y posó de lado pudiendo admirar su magnífico pelaje. Saltó a la rama inferior y lo pudimos contemplar mejor y finalmente desapareció entre los arbustos.
Contentos como niños nos fuimos a preparar para la cena. En el campamento no hay restaurante pero tuvimos la posibilidad de cenar en el Lodge que se encuentra a 1km aproximadamente. Comimos en la “boma”, un recinto al aire libre con las mesas colocadas alrededor de la hoguera. La comida estaba bien rica, sobretodo la carne de kudú.
Volvimos de regreso al campamento y el silencio de la noche sólo se veía interrumpido por los sonidos de animales que no supimos identificar.


A las 6:30 del día siguiente nos esperaba una salida que nos hacía mucha ilusión, el llamado morning walk. Fuimos caminando hasta el Lodge y nos unimos a un pequeño grupo para realizar un paseo durante cerca de 2 horas. El hecho especial es que iríamos acompañados por dos jóvenes leones con los que disfrutamos de escenas muy divertidas. El experto ranger-guía nos enseñó a diferenciar tanto las huellas de los distintos animales como sus excrementos, incluso retó al grupo a una competición de lanzamiento de excremento de jirafa con la boca. Sólo se atrevió uno del grupo que, sin ningún tipo de escrúpulo, se metió la bolita en
la boca y la disparó con fuerza.




Caminando entre arbustos y acacias espinosas regresamos al punto de partida. Ya de vuelta al campamento tuvimos la oportunidad de ver, acariciar y admirar a Savannah, una preciosa hembra de guepardo y a sus tres cachorros que con sus ganas de jugar nos tuvieron boquiabiertos durante un buen rato.
La familia Sussens es conocida por su labor de rescate de animales huérfanos y devolverlos a la vida salvaje.
Fueron muchas emociones en pocas horas y una oportunidad única que nos permitió aprender muchas cosas sobre tan especiales gatos.



domingo, 26 de julio de 2009

Blyde River Canyon

El primer día que pisamos tierras sudafricanas se hizo largo y pesado. Después de darle algunas vueltas al asunto, decidimos alquilar el coche en el mismo aeropuerto de Johannesburgo y sin detenernos en la ciudad, salir hacia el norte para llegar a la provincia de Mpumalanga con la finalidad de visitar el Cañón del río Blyde al día siguiente. A pesar del cansancio acumulado durante las 10 horas de vuelo de Madrid a Johannesburg, nos sentíamos con ganas de comernos el mundo. El hecho de estar dentro de la misma franja horaria que España, jugaba a nuestro favor.



La tensión de conducir con el volante a la derecha y el intenso tráfico en los alrededores del aeropuerto O.R.Tambo fue un poco estresante durante la primera media hora. Nos saltamos el desvío que debíamos coger y sin quererlo nos encontramos en el centro de Pretoria, la capital del país. En principio nadie nos sabía orientar, pero después de dar algunas vueltas tomamos ya la dirección correcta. Nos quedaban unas 4 horas y media de viaje bajo un cielo azul intenso y por unas carreteras estupendas. Las doradas praderas fueron dando paso a colinas arboladas. Al igual que el paisaje, el color del cielo también fue cambiando sus tonalidades y disfrutamos de la primera puesta de sol africana y del brillo de sus estrellas.
A las 17:30 ya oscurece, lo que significa que tendríamos que madrugar cada día para aprovechar al máximo las horas de luz. La idea era llegar a dormir al pequeño pueblo de Graskop desde donde iniciaríamos al día siguiente la ruta por el Cañón.
Graskop se encuentra a una altitud de 1400 metros sobre el nivel del mar y la brusca bajada de la temperatura no se hizo esperar.


Por fin llegamos al pueblo y fuimos a reponer fuerzas al muy recomendable restaurante Canimambo. Al lado de la hoguera, degustamos una excelente cocina mozambiqueña acompañada de la primera Castle, la cerveza más popular en Sudáfrica.

El día siguiente amaneció soleado aunque muy frío y después de desayunar los famosos Harrie’s pancakes de Graskop nos disponíamos a gozar de uno de los paisajes más espectaculares del país. Seguimos la llamada Ruta Panorama siguiendo la carretera R532. Es el tercer cañón más grande del mundo, después del Gran Cañón en Arizona y el Fish River Canyon en Namibia pero su abundante vegetación lo diferencia de los dos anteriores.
A lo largo del trayecto se van encontrando saltos de agua y diferentes formaciones que la erosión del río Blyde ha ido moldeando. En algunos lugares se paga una pequeña entrada pero la mayoría son gratuitos. Lo que si es común son los puestos de artesanía con preciosos objetos de madera y coloridas telas.



Los coches se dejan en las correspondientes zonas de aparcamiento donde siempre hay un vigilante. En ningún momento hay sensación de inseguridad y la carretera R532 es tranquila y está en muy buen estado.

Pinnacle Rock: Una solitaria columna de roca que se levanta 30 metros en medio de la profunda selva de la garganja Driekop.




God’s Window: a una altitud de 1730 metros ofrece unas espléndidas vistas sobre el Lowveld y el Kruger National Park.
Es totalmente recomendable seguir hasta el final del camino que va enfilando por medio de la selva. Las extrañas formaciones rocosas y la abundante vegetación hacen muy agradable el paseo. La panorámica es impresionante.






Lisbon Falls y Berlin Falls: La primera se trata de un espectacular salto de agua de 95 metros, mientras que la segunda tiene sólo 45m, pero igualmente bonita.
En cada una de ellas se paga una tasa de 10 rands por aparcar el coche.




Bourke’s Luck Potholes: En el punto donde confluyen los ríos Treur y Blyde se encuentran esos originales agujeros que a lo largo de miles de años se han ido moldeando por la erosión de ambos ríos y que le dan a la zona un aspecto de queso gruyères.
Se encuentra un centro de visitantes y una pequeña exposición. El precio es de 15 Rands por persona más 5 Rands por el coche.

Lowveld View Site: Desde aquí hay unas magníficas vistas del Blyde River Canyon a 1219 metros de altitud y al fondo el embalse Blydepoort.



Three Rondavels View Site: Una rondavel es el nombre con que se conoce a las típicas cabañas de forma cilíndrica hechas con barro y techo de paja. Ese mismo aspecto tienen estas tres formaciones rocosas que se levantan espectaculares entre la vegetación. Desde ese punto se obtiene la mejor panorámica del embalse Blydepoort el cual tiene una capacidad de 54 millones de metros cúbicos. El intenso color azul de sus aguas que contrasta con la densa vegetación que cubre toda el área, regalan una de las mejores postales que uno pueda imaginar.





Seguimos la ruta y abandonamos la R532 para coger la R36. Pasamos el puerto de montaña Abel Erasmus que se abrió durante la época de la fiebre del oro. Impresionantes rocas cubiertas de líquenes de un anaranjado intenso le dan un pintoresco aspecto. Dicen que es la mejor zona del país para observar líquenes. Entre campos de naranjos llegamos a Hoesdspruit, nuestro siguiente destino.

domingo, 19 de julio de 2009

Ya hemos vuelto de Sudáfrica

Ya estamos de vuelta. Han sido unos intensos días en Sudáfrica, el País del Arco Iris.
Inicialmente estuvimos barajando la posibilidad de realizar un recorrido por varios países del sur del continente, combinando Sudáfrica con Namibia y Botswana, pero Sudáfrica ofrece tantas posibilidades que nos decidimos por apurar todos los días en ese gran país y dejar Namibia y Botswana para un futuro viaje.

Sudáfrica es un país enorme, con una superficie igual a la suma de Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Austria y Suiza, por lo que algún vuelo interno se hace imprescindible si se dispone de pocos días como es nuestro caso.

Comparando con otros países de África subsahariana, podemos decir que Sudáfrica es un país atípico. Los primeros días costó hacerme a la idea de que nos encontrábamos en África: carreteras espléndidas sin baches, buenas infraestructuras, limpieza y buena organización…

A pesar de haber estado influenciada por la cultura occidental, Sudáfrica ha mantenido las antiguas tradiciones africanas. La variedad racial es muy amplia así como también lo es la mezcla de costumbres, credos y lenguas (11 lenguas oficiales). Realmente, un arco iris.

Los largos años del apartheid marcaron la historia del país. La segregación de la sociedad y su clasificación en función del color de la piel produjeron un gran malestar y resistencia entre la población africana que quedó muy dividida. Con la abolición del apartheid en 1994, la segregación racial ha desaparecido, pero ha nacido otra basada en el nivel económico de las familias. Debido a las bajas tasas de natalidad entre la población blanca, la proporción está disminuyendo de forma importante. Mientras que en 1900 del total de la población el 60% era de raza negra y el 30% eran blancos, actualmente sólo un 9.1% son de raza blanca frente a un 80% de raza negra. Un 9% son mestizos y un 2% asiáticos. Otros motivos como la escandalosamente elevada tasa de sida y los altos índices de criminalidad han provocado que parte de esa población blanca emigrara hacia Europa, Norteamérica y Oceanía.

Uno de los principales retos del nuevo gobierno presidido por Jacob Zuma, es reducir los niveles de criminalidad. Los mundiales de fútbol del próximo 2010 mantienen muy ilusionada a la población que quiere dar una buena imagen al mundo. Ojalá lo consigan.

Hemos recorrido casi 4000 km y hemos tomado dos vuelos internos. A grandes rasgos, nuestro itinerario ha sido el siguiente:

Día 1: Vuelo Barcelona – Madrid – Johannesburgo

Día 2: Johannesburgo – Salida en dirección norte hacia la provincia de Mpumalanga. Pretoria - Dormimos en Graskop.

Día 3: Recorrido por el Blyde Canyon River de sur a norte. Dormimos en Hoedspruit (provincia de Limpopo) – Safari en reserva privada.

Día 4: Safari en reserva privada y salida hacia Parque Nacional Kruger (Letaba)

Día 5: Parque Nacional Kruger. Dormimos en Hazyview.

Día 6: Parque Nacional Kruger. Dormimos en Komatipoort, a las puertas de Mozambique.

Día 7: Salida en dirección al reino de Swazilandia. Atravesamos todo el país y llegamos a dormir a Santa Lucía (provincia de Kwazulu Natal)

Día 8: Santa Lucía. Recorrido en barca por el estuario (Patrimonio UNESCO) – Poblado zulú.

Día 9: De Santa Lucía nos dirigimos a Durban donde cogimos vuelo en dirección a Port Elizabeth (Nelson Mandela Bay) en la provincia de Eastern Cape.

Día 10: Parque Nacional de Addo, donde dormimos.

Día 11: Parque nacional de Tsitsikamma, donde dormimos.

Día 12: Iniciamos la “Garden Route”, visitando Plettenberg Bay, Knysna y Parque Nacional de Wilderness. Llegamos a dormir a Oudtshoorn.

Día 13: Oudtshoorn. Cuevas Kangoo y granjas cría avestruces. Salida hacia Cape Agulhas donde dormimos.

Día 14: Cape Agulhas – Hermanus – Kleimond – Betty’s Bay – Gordons Bay – Ciudad del Cabo.

Día 15: Visita de Ciudad del Cabo.

Día 16: Ruta por la Península del Cabo: Hout Bay – Cabo de Buena Esperanza – Punta del Cabo – Simon’s Town – Ciudad del Cabo.

Día 17: Ruta viñedos. Stellenbosch, Franschhoek y alrededores. Por la noche, vuelo interno a Johannesburgo.

Día 18: Visita Soweto y Johannesburgo. Vuelo nocturno Johannesburgo – Madrid

Día19: Vuelo Madrid – Barcelona y llegada a casa.