domingo, 27 de septiembre de 2009

South West Township - SOWETO

Nos quedaba prácticamente un día entero para gastar el último cartucho en Sudáfrica. La noche anterior habíamos tomado un vuelo interno de Ciudad del Cabo a Johannesburgo, que sería nuestro último destino del viaje.
Para ser sinceros, la ciudad de Johannesburgo no me atraía en absoluto pero ya que pasaríamos allí el día antes del regreso a casa, no podíamos malgastar el tiempo de ninguna de las maneras. Quedaban atrás unos días espléndidos en plena naturaleza, parques nacionales, paisajes de sabana, animales en libertad y gentes maravillosas. Ahora nos encontrábamos en una de las ciudades con los índices de criminalidad más elevados del mundo, donde una vida humana no tiene ningún valor y donde pasear libremente por sus calles está totalmente desaconsejado.
Sin embargo, nuestro máximo interés no se centraba en la capital económica del país, sino en Soweto (South West Township) o barrio del Suroeste. Soweto representa el lugar de máxima lucha contra el apartheid hasta la elección de Nelson Mandela como presidente del país en 1994. Es una gran área urbana situada a 24km de Johannesburgo y con una población estimada de unos 4 millones de personas.


Decidimos contratar un guía que nos acompañaría a conocer los lugares más representativos y después de circular por un laberinto de autovías y circunvalaciones por fin llegamos a Soweto. No se puede decir que sea un lugar del cual te vas con un grato recuerdo, pero en sus calles se resume gran parte de la historia de ese complejo país y es por ese motivo que algunos turistas se acercan por allí a pesar de su aspecto poco atractivo.
En época del apartheid, Soweto fue construida para alojar a los africanos negros que hasta entonces vivían en áreas designadas por el gobierno para los blancos.
Actualmente la población continúa siendo mayoritariamente negra y se divide en tres barrios claramente diferenciados.
La zona rica es con diferencia la más pequeña, pero llama la atención que la mayoría de las casas no tengan ni alarma ni vallas electrificadas. Nos comenta el guía que, contrariamente a lo que pueda parecer, el barrio es más tranquilo que cualquier calle de la vecina Johannesburgo y algunas familias adineradas prefieren establecerse en Soweto.
Los barrios pobres cubren una gran extensión donde las chabolas se amontonan en unas condiciones de precariedad absoluta. No disponen ni de agua corriente, ni electricidad ni tampoco sanitarios en las casas. Son zonas altamente peligrosas donde el grado de criminalidad es elevadísimo, con unas cifras que ponen los pelos de punta.



Aquí viven muchos inmigrantes que llegan de Zambia, Zimbawe y otros países vecinos o emigrantes de la propia población rural de Sudáfrica que acudieron a Johannesburgo, centro de la industria del oro y diamantes, en busca de mejores condiciones de vida y lo único que encontraron fue la más absoluta miseria.
Por otro lado, la zona media de Soweto está creciendo rápidamente y podría compararse a cualquier barrio de cualquier ciudad si no fuera por los hechos que en sus calles tuvieron lugar algunos años atrás.
Paseamos por delante de la casa de Winnie Mandela, la que fuera segunda esposa del ex presidente Nelson Mandela. Justo delante, se levanta una guardería y algunos niños se acercan a nosotros mientras canturrean unas palabras que no entendemos. El guía nos comenta que nos están llamando “¡blancos, blancos!”.




Llegamos a la calle, única en el mundo, que se puede vanagloriar de tener las casas de dos Premios Nobel: Nelson Mandela y Desmond Tutu. Mandela vivió en Soweto hasta que lo encarcelaron en Robben Island y su casa es actualmente un pequeño museo.




En el otro extremo, se encuentra la casa donde vive todavía Desmond Tutu, el obispo que luchó por los derechos de la población negra y condenó de forma absoluta la precariedad de la situación.



En el cruce de la misma calle, un 16 de junio de 1976, tuvo lugar el suceso más dramático de la historia de Soweto y probablemente de toda la historia de Sudáfrica. Aquel día, miles de estudiantes decidieron que las cosas habían llegado demasiado lejos. Una ley impuesta por el gobierno del Partido Nacional, obligaba a las escuelas a impartir la enseñanza en afrikáner en lugar del inglés. Afrikáner, el idioma del opresor, representaba para ellos algo más que la simple imposición de una lengua que no hablaban ni entendían. Los jóvenes salieron a manifestarse de forma pacífica pero 170 estudiantes murieron en manos de la policía. La foto del cuerpo sin vida de Héctor Pieterson en brazos de un amigo dio la vuelta al mundo entero.



Visitamos el interesante Museo Héctor Pieterson donde se encuentra amplia información gráfica, fotos y vídeos sobre aquellos lamentables hechos.
A lo largo de los años posteriores, cada 16 de junio los estudiantes se reunían en la Catedral de Regina Mundi como recuerdo de la trágica fecha. El guía nos mostró diferentes puntos donde se pueden ver impactos de bala disparados por la policía así como el mármol del altar, roto por la culata de un rifle.



Pasamos por delante del Hospital Baragwanath, del cual se dice que es el más grande del mundo, con más de 20.000 empleados. Por desgracia, sus principales pacientes son enfermos de SIDA y víctimas de la violencia callejera. Muy cerca del hospital se encuentran las tan fotografiadas chimeneas de la central térmica de Soweto que se divisan desde cualquier punto. Hoy en día ya no funciona como tal, pero unos años atrás suministraba electricidad a la ciudad de Johannesburgo. Estas dos chimeneas pintadas con vistosos colores se han convertido en una de sus imágenes más características.




Desde allí, nos acercamos a uno de los barrios más pobres de Soweto. Nos separamos del guía y nos dejamos acompañar por un joven voluntario del propio barrio que, muy amablemente y a cambio de una propina, nos explicó como vive allí la población y se mostró abierto a contestarnos todo tipo de preguntas.



Entramos en una de las chabolas donde vive una mujer viuda con sus dos hijos, a pesar de que por su aspecto parece la abuela. La barraca tiene dos habitaciones minúsculas pero me sorprendió la limpieza y orden. Cocinan con gas butano o parafina y van a buscar el agua a la fuente que se encuentra más cercana. Incluso tiene una pequeña tele que funciona con un generador. A pesar de la gran sensación de impotencia que uno puede llegar a sentir ahí dentro, el paseo entre aquellas gentes que nunca niegan una sonrisa, fue del todo enriquecedor.



Volvimos a reencontrarnos con el guía y nos dirigimos hacia la gran urbe de Johannesburgo donde realizamos un rápido recorrido por sus lugares más representativos.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La ruta del vino sudafricana

Las principales zonas vinícolas de Sudáfrica están situadas al suroeste de Ciudad del Cabo.
Todo empezó en 1652 cuando Jan Van Riebeeck fundó la compañía de avituallamiento de la Compañía de las Indias en el Cabo de Buena Esperanza y, poco después hizo traer de Europa esquejes de vid, convencido de que el vino reduciría los casos de escorbuto entre los marineros. El día 2 de febrero de 1659 escribió en su diario: “Hoy, Dios sea loado, ha fluido por primera vez el vino de la uva del Cabo”. Simon Van der Stel, su sucesor como gobernador y entendido en vinos, plantó sus propias vides en Constantia con la ayuda de refugiados hugonotes franceses expertos en vinicultura.



Los hugonotes eran los protestantes franceses de doctrina calvinista que tuvieron que huir bajo la persecución del rey Luís XIV. El 18 de octubre de 1685, el Rey Sol, decidió revocar el Edicto de Nantes y reiniciar el exterminio sistemático de los evangélicos franceses, utilizando, entre otras iniciativas, el infame Batallón especial, un grupo de soldados dedicados exclusivamente a la tarea de reprimir a los protestantes.
Numerosos hugonotes huyeron a los Países Bajos, Inglaterra, Suiza o Alemania. Otros muchos se instalaron en las colonias británicas del Cabo y comenzaron sus propias iniciativas colonizadoras, contribuyendo a la fundación de Sudáfrica.




Después de atravesar períodos difíciles, hoy en día los productores sudafricanos siguen las tendencias y técnicas internacionales. Muchos productores viajan para adquirir experiencia y conocer las variedades europeas clásicas, plantadas hoy a gran escala. Algunos estudian enología en Francia, Alemania, Australia o Nueva Zelanda conscientes de la necesidad de adaptar sus vinos a la demanda del consumidor.
Un total de 4900 explotaciones cultivan 92500 Ha de viñas al suroeste del Cabo y se encuentran tres tipos de productores: las bodegas cooperativas, los productores privados y las fincas, que han convertido a Sudáfrica en el octavo productor de vino con un 3% de la producción mundial.
La ruta del vino forma parte de los circuitos turísticos y muchas explotaciones muestran sus bodegas y han abierto incluso restaurantes.
Unos 60 kilómetros separan Ciudad del Cabo de Stellenbosch, considerada el centro de la región vinícola. Pasamos de largo con la idea de visitar más tarde la ciudad y seguimos el desvío en dirección a Franschhoek.



Antes de llegar al pueblo, se encuentra la bodega Boschendal, una de las más populares de la región y que teníamos interés en visitar. Entre la gran oferta de bodegas nos decidimos por Boschendal ya que la casa principal (1812) ha sido restaurada y está abierta al público como museo. La idea de conocer el modo de vida de aquellos primeros viticultores nos resultaba atractiva.



La propiedad de Boschendal, que significa “bosque y valle”, fue otorgada a Jean Le Long en 1685 pero otro hugonote, Abraham de Villiers, la compró en 1715. Los De Villiers fueron prósperos viticultores hasta 1879. Fueron ellos quienes construyeron los edificios de la finca. Fue su hijo Paul junto con su esposa Anna Susanna Louw quienes en 1812 construyeron la casa en su actual estado.



A pesar de que Jean de Villiers tuvo 22 hijos no vivieron todos juntos en la misma casa. Los hijos mayores podían abandonar la casa materna dejando lugar a los menores y las hijas se casaban muy jóvenes.
Tanto el mobiliario como los objetos decorativos reflejan la categoría y poder adquisitivo de los propietarios.
La familia era atendida por esclavos que con plumas de pavo real espantaban las moscas. La mayoría de esclavos procedían de las Indias Orientales y ello influyó en la cocina local. La esclavitud fue abolida en el Cabo en 1834.
El hecho de que los hugonotes fueran calvinistas devotos no significa que estuvieran todo el día rezando. En el salón de la casa recibían a los amigos donde jugaban a cartas, interpretaban música o bailaban.



En la misma zona donde se levanta la casa principal hay también otros edificios. La antigua cochera es la actual tienda, las viviendas de los esclavos se han convertido en un café y la bodega es un prestigioso restaurante.

Para llegar hasta las bodegas debemos coger el coche y recorrer unos dos kilómetros entre las viñas.


Nos despedimos de Boschendal y llegamos a Franschhoek. Este pequeño pueblo tiene un centro bien compacto donde las construcciones de estilo Victoriano se levantan en la calle principal. Conocido por su buena cocina, se considera la capital gastronómica de la región de Western Cape.



Volvemos de regreso a Stellenbosch, interesante ciudad cuya Universidad acoge una Facultad de viticultura y enología y donde se concentran el mayor número de explotaciones productoras de vino de calidad. La ciudad fue fundada en 1679 por el gobernador de la Colonia del Cabo, Simon van der Stel y le llamó Stellenbosch que significa “el bosque de van der Stel”.





Fue el segundo asentamiento europeo de Sudáfrica después de Ciudad del Cabo y a finales de 1683 más de 30 familias se habían establecido allí.
De aquel lejano siglo XVII queda el legado de algunos robles que Simon van der Stel ordenó plantar a ambos lados de todas las calles.


El centro es una agradable mezcla de edificios de marcada influencia holandesa, Georgianos y Victorianos. La ciudad está limpia y los edificios cuidados y bien restaurados lo que hace muy aconsejable un tranquilo paseo por sus calles.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Una vuelta por la Península del Cabo

La excursión más interesante desde Ciudad del Cabo es, lógicamente, dar la vuelta a la Península del Cabo y eso es lo que trataríamos de hacer durante el día. Un día que se presentaba de nuevo gris y lluvioso pero que a pesar de ello no decayeron nuestros ánimos.
Salimos en dirección a Clifton Beach y Camps Bay, playas muy cercanas a la ciudad y por tanto muy concurridas en verano. La carretera M6 transcurre siguiendo la línea de la costa y los llamados Doce Apóstoles, una docena de formaciones rocosas que cuelgan sobre la playa.



Continuamos hasta Hout Bay, una pintoresca bahía con un atractivo puerto y varios restaurantes donde sirven pescado fresco. Nuestro interés estaba en visitar la colonia de focas que habitan Duiker Island. En el puerto hay varias compañías que realizan el tour hasta la diminuta isla. De hecho, en el mismo puerto se pueden ver algunos ejemplares bañándose tranquilamente o descansando sobre alguna roca. El mar estaba muy picado y las olas rompían contra el barco con lo que se hacía difícil mantener el equilibrio.

Al cabo de unos 30 minutos llegamos a Duiker Island. No está permitido pisar tierra y las focas, que cubren prácticamente la totalidad de la superficie, deben observarse desde el barco. Empezó a llover sin compasión, y entre el agua, el fuerte viento y el vaivén del barco, el poder hacer alguna foto decente se convirtió en una odisea. Regresamos a puerto y continuamos resiguiendo la península.



Cuando el tiempo lo permite, de Hout Bay a Noordhoek se puede circular por la Chapman’s Peak Drive. Esta carretera se abrió en 1922 y fue construida por prisioneros. Se dice que es una de las rutas escénicas más bonitas del mundo por sus impresionantes acantilados. En tan solo 9 km de ruta se cuentan 114 curvas que cuelgan 600 metros sobre el mar. Nos quedamos con las ganas de comprobarlo ya que se encontraba cerrada por mantenimiento. De todas formas cuando hace mal tiempo también se cierran. Puede consultarse la situación en : www.chapmanspeakdrive.co.za.
Así pues, cambiamos el itinerario y seguimos hacia Constantia, una pequeña zona de viñedos, hasta llegar a Muizenberg, población que da nombre a la Batalla de Muizenberg y lugar de veraneo de algunas personalidades como Agatha Christie o Cecil Rhodes. Tocando a Muizenberg se encuentra St James cuya playa conserva unas coloridas casetas de madera que utilizaban los bañistas.


Nuestra siguiente parada sería Simon’s Town donde la conocida Playa Boulders alberga una colonia de pingüinos africanos. Estaba lloviendo a cántaros y las tapas de las alcantarillas saltaban por la misma presión del agua. En pleno diluvio universal intentamos salir del coche para ir a ver los pingüinos pero en medio segundo quedamos empapados y descartamos momentáneamente la idea. Seguimos las indicaciones que llevan a la Playa Boulders formada por unas pintorescas y enormes rocas que hacen honor a su nombre, puesto que "boulder" significa en inglés canto rodado. De momento nos conformamos con ver algún pingüino que paseaba entre los coches del aparcamiento. Es realmente divertido contemplar sus andares mientras chapoteban bajo la lluvia.

 

De Simon’s Town nos dirigimos al Cabo de Buena Esperanza, lugar legendario en la historia de la navegación y las exploraciones. Debido a la gran dificultad marítima que presentaba, Bartolomé Díaz le llamó Cabo de las Tormentas. Un tiempo después, el portugués Vasco de Gama descubrió que superando este cabo era posible continuar la ruta hasta llegar a la India, cambiando el mundo de la navegación.





El Cabo de Buena Esperanza junto con la Playa de Boulders forman parte del Table Mountain National Park. Una vez dentro del Parque Nacional se encuentran diferentes rutas bien señalizadas. Seguimos la carretera que nos llevaría hasta al extremo sur de la Península, Cape Point.




Una vez dejado el coche en el aparcamiento cogimos el camino que nos llevaría hasta el faro viejo. El tiempo nos concedió una tregua y nos permitió disfrutar de aquellos salvajes paisajes, altos acantilados, estupendas vistas sobre el océano y playas desiertas.
Saliendo del Parque Nacional volvimos a Simon’s Town para intentar de nuevo ver los pingüinos en Boulders Beach. Es un lugar más turístico que Betty’s Bay pero no por ello menos interesante.



Ya de regreso a Cape Town la lluvia volvió a intensificarse y por lo visto ocasionó graves inundaciones en algunos barrios de las afueras de la ciudad. Las noticias de TV de la mañana siguiente no hablaban de otra cosa.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Ciudad del Cabo

Las carabelas portuguesas de Bartolomeu Dias de Novaes anclaron en sus costas ya en el año 1488 pero no fue hasta 150 años después que los europeos se asentaron allí definitivamente, convirtiendo Ciudad del Cabo en la primera colonia blanca en esa parte del planeta. La ciudad empezó a crecer lentamente, debido a que era muy difícil encontrar mano de obra adecuada. Esto provocó la importación de esclavos desde Indonesia y Madagascar, muchos de los cuales se convertirían en las primeras comunidades mestizas del Cabo.
Hoy en día, Ciudad del Cabo es un cóctel de culturas, razas y lenguas y también una ciudad de contrastes, reflejo de lo que es el país entero. Lujosos hoteles y boutiques de las marcas más caras se levantan en los barrios ricos de la ciudad. Los buenos restaurantes compiten en la antigua zona del puerto en los muelles de Victoria & Alfred, pero muy cerca se encuentran los barrios marginales donde kilómetros y kilómetros de chabolas esconden pobreza y miseria.
La famosa Table Mountain (montaña de la mesa para los colonos británicos) o Hoerikwagoo (montaña del mar para los koi-koi locales) es la imagen más característica de Ciudad del Cabo. Una meseta aplanada de unos tres kilómetros de extensión en su parte más ancha, que se ha convertido en la principal atracción turística de la ciudad.



El día amaneció triste y gris y la “mesa” estaba cubierta por un gran mantel blanco. De esta manera, con el nombre de clothes, es como los locales llaman a la espesa niebla que tan a menudo impide ver la Table Mountain. Se trata de un fenómeno muy común, sobretodo en invierno, debido a la condensación de la humedad cuando los vientos marinos del SE circulan y ascienden hasta los más de 1000m de la cima. Sin embargo, la versión popular es otra: son los restos de una competición de humo entre el pirata Jan van Hunks y el Diablo para ver quien fumaba más.



Primero nos dirigimos a Signal Hill, una colina desde donde se divisa la ciudad a los pies de la montaña. El cielo había ido ennegreciendo y parecía que se estaba preparando un buen aguacero. Daba la sensación como si el color, de pronto hubiera desaparecido e incluso las fotos salían en blanco y negro. Ciudad del Cabo tiene un clima mediterráneo y en los meses de invierno se concentran abundantes precipitaciones. Sus habitantes aseguran que las cuatro estaciones juntas pueden vivirse en un mismo día. En la parte más elevada de Signal Hill se encuentra el cañón desde donde cada día a las 12 del mediodía un disparo, activado actualmente por un impulso electrónico desde el Observatorio, mantiene una vieja tradición capetoniana: el llamado noon gun. Antiguamente servía para dar la hora exacta a los barcos anclados en la bahía. Hoy en día los ciudadanos de la ciudad simplemente comprueban sus relojes.
Al descenso de Signal Hill subimos hasta la base del funicular el cual se encontraba cerrado debido al mal tiempo. Nos quedamos con las ganas de subir a Table Mountain pero la verdad es que con tanta niebla tampoco creo que hubiera merecido la pena.
De vuelta al centro de la ciudad, nos olvidamos ya del coche y recorrimos a pie el centro histórico. La mayor parte de los lugares de interés dentro de la ciudad se concentran en el llamado City Bowl. Primero nos dirigimos a Greenmarket Square en pleno corazón de la ciudad, donde se celebra un mercado diario desde hace 300 años y fue en esta misma plaza, cuando en el año 1834 tuvo lugar la declaración de libertad de todos los esclavos.



Se respira un ambiente animado y la gente resulta abierta y acogedora. Al vernos con el mapa desplegado, algunas personas se nos acercan preguntando si necesitamos ayuda. Un espontáneo se ofrece a acompañarnos hasta la Catedral de St George y después de explicarnos sus miserias, nos pide ayuda. Se ven muchos vagabundos y gente buscando en las papeleras y contenedores. Muchos de ellos son inmigrantes sin papeles procedentes de los países vecinos, especialmente de Zimbawe, donde la situación está más complicada que en Sudáfrica. El hecho es que hay muchos agentes de policía por todas partes y es que están empeñados en combatir la violencia callejera y acabar con tanta inseguridad.





La Catedral de St George no tiene la majestuosidad de las catedrales europeas pero la visita es interesante. Desde aquí el arzobispo Premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu luchó por el fin del apartheid. Junto a la Catedral accedemos a los jardines Company’s Gardens con gigantes árboles que nos regalan una buena sombra mientras nos entretenemos un rato con las siempre graciosas ardillas. En un extremo se encuentra la Biblioteca Pública, un elegante edificio que acoge una de las primeras bibliotecas públicas del mundo. Paseando por los jardines notamos que el sol comienza a apretar pero la Table Mountain sigue cubierta de niebla.




Aquí se encuentra la llamada Museum Mile, que sigue fundamentalmente la Goverment Avenue a través de los Company’s Gardens y pasa por el South African Museum, el Planetario, la Nacional Art Gallery, la Gran Sinagoga y el Parlamento. Así es, el Parlamento Nacional y otras sedes gubernamentales se encuentran en Ciudad del Cabo y no en Pretoria, la capital administrativa del país. Se trata de un bonito edificio de blancas columnas corintias con la estatua de la Reina Victoria presidiendo la entrada.




También es interesante fijarse en la fachada del Ayuntamiento de la ciudad, un gran edificio victoriano construido en 1905. El reloj de la torre parece ser una réplica del Bigben londinense aunque de menor tamaño. Desde su balcón, el día 11 de febrero de 1990, unas pocas horas después de salir de prisión, Nelson Mandela hizo su primer discurso público y gritó ante 100.000 personas “El poder para el pueblo”.
La calle Long Street nos ofrece otros atractivos: bares, tiendas de moda, cafés, restaurantes, librerías… podría considerarse el centro espiritual de la ciudad.



Después de visitar el centro histórico nos dirigimos a Victoria&Alfred Waterfront. Es la zona más turística de la ciudad y se respira tranquilidad, lujo, limpieza y un ambiente festivo y agradable. Desde aquí se puede ver el nuevo estadio para la Copa Mundial de la FIFA 2010 que se ha construido en el barrio de Green Point . Su situación es inmejorable, muy próximo al mar y con las montañas de la ciudad como telón de fondo.



Hay que reconocer que las autoridades locales han sabido sacar un buen partido de ese viejo muelle. Aquí se concentran un gran número de tiendas de artesanía, galerías de arte, joyerías y muchos restaurantes de todo tipo. Músicos callejeros, estatuas vivientes, espectáculos de baile … todo un ambientazo además de unas bonitas vistas, a pesar de que continua cubierta la Table Mountain, y varios rincones donde disparar la cámara de fotos. Desde aquí salen los barcos para visitar Robben Island, lugar donde se encuentra la cárcel donde estuvo preso Nelson Mandela durante 27 años.




En una pequeña plaza llamada Plaza de los Premios Nobel, se levantan las 4 estatuas, una al lado de otra, de diferentes ciudadanos sudafricanos que han recibido el Premio Nobel de la Paz, todos ellos por su lucha contra el apartheid:
Albert John Lutuli en 1960 – Desmond Tutu en 1984 y compartieron galardón Nelson Mandela y Frederik de Klerk en 1993.





A pesar de la tregua de mediodía, el tiempo se ha vuelto a complicar y una fría llovizna hace que no apetezca demasiado caminar por la calle. Una buena excusa para ir a visitar el fabuloso Acuario “Two Oceans” que muestra más de 3000 especies marinas que habitan los Océanos Índico y Atlántico.




Al salir del acuario no podemos evitar entrar en alguno de los múltiples centros comerciales que se han construido en Victoria & Alfred Waterfront donde acabamos de pasar el día.