viernes, 30 de octubre de 2009

Por tierras bávaras

Tras más de hora y media haciendo cola delante del mostrador de Hertz en el aeropuerto de Memmingen, al fin teníamos las llaves del Ford Focus familiar que nos acompañaría a lo largo de los próximos cuatro días por tierras bávaras y tirolesas. Todos los planes para la primera tarde se habían esfumado pero a pesar de ello y a pesar también de que Alemania nos había recibido con un tiempo horribilis y una niebla que dejaba escapar un frío chirimiri, teníamos por delante unos días que pensábamos aprovechar al máximo.
En este viaje nos acompañaban también mis padres y quería llevarlos a un sitio especial. Nos alojamos en un acogedor apartamento para cinco personas con vistas al Lago Weissensee, a cinco minutos de Füssen y por tanto de los Castillos reales de Neuschwanstein y Hohenschwangau. El lugar prometía pero cuando llegamos ya había oscurecido. Lo primero que hice a la mañana siguiente fue dirigirme hacia la terraza y apartar las cortinas para ver con luz de día si el paisaje que había admirado en fotografías no sería un montaje publicitario. ¡Nada más lejos de la realidad!. No puedo describir la primera sensación que me causó aquella imagen de auténtica postal.


El lago como un mar de plata, rodeado de montañas y de bosque con sus espectaculares colores otoñales que iban del amarillo al rojo, pasando por todas las tonalidades de verde y ocre, un magnífico escenario que me dejó en las nubes durante un buen rato.

Ya de nuevo con los pies en el suelo, planeamos ir hasta Munich pero haciendo un alto en el camino para visitar la Iglesia de Wieskirche, una iglesia en plena naturaleza que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983.
El viaje transcurrió entre prados escandalosamente verdes y bosques multicolores. La iglesia de Wieskirche se levanta en una pequeña colina rodeada de prados donde pastan tranquilamente algunos caballos. Su modesto exterior esconde una rica decoración rococó que inunda la totalidad del templo.

Wieskirche o la Iglesia de Wies significa en alemán “Iglesia en la pradera” y nos cuenta la leyenda que en 1738 la campesina María Lori vio como brotaban lágrimas que se transformaban en perlas preciosas, de una imagen tallada en madera de Cristo encadenado. A partir de aquellos hechos empezaron a llegar peregrinos de diferentes partes del país que querían ver la imagen. Dos años después se construyó una pequeña capilla para albergarla pero enseguida resultó insuficiente. Los hermanos Zimmermann diseñaron y construyeron la iglesia actual entre 1745 y 1754, comisionada por el cercano monasterio de Steingaden. En los años 1802 y 1803 la oposición de los campesinos locales salvó a la iglesia de la demolición durante el proceso de secularización de los bienes de la iglesia por el estado de Baviera, permitiendo de ese modo que continuaran las peregrinaciones. Después de ser proclamada Patrimonio de la Humanidad en 1983, empezó un largo proceso de restauración que terminaría en 1991 pudiendo de nuevo mostrar toda su belleza interior.


No está permitido sacar fotografías, por lo que las del interior que aquí se muestran no son propias.

De aquí ya nos dirigimos a Munich, capital de Baviera y tercera ciudad de Alemania con una población de 1.300.000 habitantes. Sus orígenes remontan al siglo VIII cuando un importante obispo poseía un puente sobre el río Isar que le daba el control sobre la ruta de la sal hacia Augsburgo. El Duque Enrique de León lo hizo destruir y se construyó un nuevo puente más al sur, junto al monasterio de Munichen, alrededor del cual se desarrolló la ciudad.

Tenía muchas ganas de volver a Munich. Había visitado la ciudad en 1984 durante el viaje de final de estudios a Alemania. Para mi significó entonces mucho más que un simple premio a los cinco años de carrera; era la primera vez que – salvo los fugaces viajes a Andorra – cruzaba la frontera. Quizás aquel viaje fue el culpable de mi pasión creciente por recorrer mundo. Lo que sí es cierto es que allí se me abrieron de tal manera los ojos que aun no me he atrevido a cerrarlos y a partir de aquel mes de junio de hace ya 25 años se despertaron en mi una serie de inquietudes que alteraron significativamente mi escala de valores.

Ya en Munich y a pesar de ser un sábado, el tráfico estaba muy espeso. Cuando pudimos salir del atasco, dejamos el coche en un parking céntrico y cruzamos Kalstor o antigua puerta de entrada a la ciudad, que se encuentra en la Karlsplatz.

La calle Neuhauser Strasse que conduce hasta la Marienplatz estaba realmente abarrotada. Es una zona peatonal muy animada y las terrazas de los restaurantes y cafeterías se van alternando con algunas paradas de frutas y verduras y con los múltiples comercios, especialmente de ropa.


A pocos metros se encuentra la Catedral (Frauenkirche) que destaca por sus verdes cúpulas. El interior es de estilo gótico pero no está tan ricamente decorada como la mayoría de catedrales europeas. Continuamos hasta la Plaza del Ayuntamiento o Marienplaz, el auténtico centro vital de la ciudad. La recordaba diferente y sobretodo mucho más grande. ¡Cómo nos traiciona la memoria!. La primera reacción fue pensar que la plaza había cambiado pero, claro está, la que ha cambiado soy yo. No es que me decepcionara, ni mucho menos, simplemente la recordaba distinta.

El edificio del Ayuntamiento es una maravilla aunque necesita un buen lavado de cara. Ocupa un lado entero de la plaza y merece la pena mirarlo y admirarlo detenidamente. Es un edificio de estilo neogótico, construido entre 1867 y 1909.Destaca su carillón, por donde aparecen figuras mecánicas a tocar las horas a las 11:00, a las 12:00, a las 17:00 y a las 21:00.Este reloj fue fabricado para exorcizar la plaga de la peste de 1517, y de ahí sus adornos relativos al zodíaco, los planetas y ritos paganos antiguos. La figura dorada es la Virgen María que da nombre a la plaza. Este carillón se compone de 43 campanas y 32 figuras de cobre. Hay dos danzas diferentes: Arriba está representado el torneo celebrado en 1568 con motivo de la boda del Duque Guillermo V y Renata de Lorraine. En la parte inferior se ven tres figuras celebrando el final de la peste que asoló la ciudad entre 1515 y 1517.

No hace falta decir que en la plaza hay un ambiente estupendo y los músicos callejeros animan a la multitud de turistas que allí se concentran.

A escasos pasos de la plaza se encuentra la Iglesia de San Pedro o Peterskirche, la más antigua de la ciudad, construida en el año 1180.

El principal motivo de nuestra visita como el de la gran mayoría de visitantes, era subir a la torre del campanario para poder contemplar una estupenda panorámica de Marienplaz y de la ciudad. Para acceder a la torre se debe salir del templo y entrar por una puerta lateral previo pago de 1.5€

Los 302 escalones de la empinada escalera de caracol te dejan un poco exhausto pero el esfuerzo bien merece la pena. La plataforma es muy estrecha y todo el mundo lucha por hacerse un hueco donde poder posicionarse. La ciudad ha conservado la tradición de no permitir a ningún edificio sobresalir por encima de las torres de la Catedral y el aspecto de los tejados muniqueses bajo las torres de sus múltiples iglesias no decepciona. Se alcanza a ver el estadio de fútbol Allianz Arena, la Torre Olímpica y el estadio, así como la casa BMW con su original edificio.

La ciudad abarca una gran superficie donde destacan los jardines y zonas verdes. Al bajar de San Pedro seguimos paseando por las calles cercanas fijándonos en las bonitas fachadas e intentando no perder detalle.

Cualquier visita a la ciudad de Munich debería incluir la cervecería Hofbräuhaus, toda una institución. Los monjes de Munichen iniciaron la mayor tradición de la ciudad al inventar la cerveza, que llamaban pan líquido, para poder seguir trabajando pese al escaso alimento durante la cuaresma.La cerveza es una religión en Alemania, y particularmente en Munich. Cada año, la Oktoberfest convierte la ciudad en una gran cervecería, cubierta de carpas por todas partes, para consumir cinco millones de litros en los quince días que dura el festival.Existen en la ciudad varios cientos de cervecerías pero Hofbräuhaus es la más popular y famosa. Fundada en 1589, aparece en las guías de turismo como un monumento más, y es que en realidad es mucho más que una cervecería.

Cuando se atraviesa la puerta de la entrada enseguida te das cuenta de que tiene la fama bien merecida. El local es enorme y con un ambiente fabuloso. Una banda de música ameniza la fiesta y se ven algunos clientes (además de los músicos) vistiendo el traje típico de Baviera, con el pantalón corto y tirantes los hombres y los corpiños ajustados y amplias faldas las mujeres.

Las mesas están abarrotadas y el griterío es importante. La cerveza va que vuela y las camareras cargan varias jarras a la vez, como vienen haciendo desde hace siglos. Leo que cada día se sirven 10.000 litros de cerveza!. Además de probar la cerveza, aprovechamos para comer y saboreamos un delicioso codillo. Antes de despedirnos subimos al piso superior donde se muestra una interesante exposición sobre la historia del establecimiento a la vez que pudimos admirar otra sala restaurante ricamente decorada.

Al salir de Hofbräuhaus el día había empeorado y tuvimos que abrir los paraguas. Nos dirigimos hasta la plaza donde se encuentra el Gran Teatro y la Residencia (Residenz), el palacio donde vivió la dinastía de los Wittelsbach rodeados de todo lujo. Este palacio es uno de los más grandes de Europa y representa el poder de una importante familia que dominó Baviera durante cinco siglos. La casa de Wittelsbach, que recibió la ciudad en 1118 de manos del emperador Federico Barbarroja, mantuvo su poder hasta 1918, y durante todo este tiempo embelleció la ciudad y la dotó de un gran número de hermosos edificios.

A pesar de que sufrió de forma importante los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial, está prácticamente restaurado en su totalidad. La visita se realiza con un audífono en español y al principio seguíamos las explicaciones sin perder detalle. Si no hubiéramos acelerado un poco, me imagino que aun estaríamos perdidos por aquellas salas interminables. Una visita a fondo requiere como mínimo un día entero pero con unas horas es suficiente para ver lo más significativo.

Algunas de las salas son magníficas, como el Anticuarium, un salón renacentista que se construyó para guardar la colección de más de 100 bustos romanos. La Sala de los Antepasados, con una gran colección de retratos de toda la dinastía, la Capilla, la Sala de las Reliquias con una colección escalofriante de restos de supuestos santos.

También es interesante el patio Grottenhoff con una gruta hecha totalmente con restos de conchas. Hay tantas salas (se pueden visitar unas 90) y todas tan ricamente decoradas que al final sales con un empacho de dorados y de filigranas. Dejamos el palacio cuya visita nos ocupó gran parte de la tarde y salimos a la Plaza Odeon (Odeonplaz) donde destaca la vistosa, algo chillona según mis gustos, fachada amarilla de la Theatinerkirche, iglesia dedicada a San Cayetano. En esta plaza también se levanta el edificio de la Comandancia militar o Feldhernhalle, presidido por dos enormes estatuas de unos leones vigilando la plaza.

Continuamos por una de las calles peatonales que desembocan de nuevo en Marienplaz y desde aquí paseamos tranquilamente hasta el parking donde teníamos el coche. La idea inicial era coger el coche y acercarnos a la zona olímpica, subir a la torre, visitar el estadio y las piscinas olímpicas e incluso el museo de la BMV. El hecho es que ya había casi oscurecido, estábamos cansados, llovía y nos quedaban bastantes kilómetros hasta Füssen, por lo que decidimos regresar a nuestra casita del lago.

viernes, 23 de octubre de 2009

Torun, la ciudad de Copérnico

Para llegar hasta Torun desde Poznan nos decidimos de nuevo por el tren, un medio de transporte cómodo y barato (34 PLN). Torun queda al noreste de Poznan y comparte capitalidad de la provincia de Kuyavia-Pomerania con la ciudad de Bydgoszcz. Las 2 horas y cuarto de viaje transcurren sin casi enterarnos y nos apeamos en la estación de Torun Glowny.


Como no andamos demasiado sobrados de tiempo cogemos un taxi (20PLN) hasta la misma esquina de la encantadora Plaza Vieja del Mercado o Rynek Staromiejski, en pleno centro histórico de la ciudad, declarado Patrimonio de la UNESCO en 1997.
La ciudad fue fundada por los Caballeros Teutónicos en 1233 y en la Edad Media se convirtió en uno de los centros económicos y culturales más importantes de esa parte de Europa. En 1264, se fundó la vecina Nowe Miasto hasta que en 1454 ambas se fusionaron. En este mismo año, la ciudad se sublevó contra los Caballeros Teutónicos y aceptó la soberanía de la Corona Polaca. Al igual que muchas de las ciudades polacas, su historia podría llenar libros enteros: El Reino de Prusia anexionó la ciudad después de la segunda partición de Polonia en 1793, pasando más tarde a formar parte del Gran Ducado de Varsovia creado por Napoleón. Sin embargo, Prusia recuperó Torun y los prisioneros franceses construyeron una cadena de fortalezas alrededor de la ciudad. En 1871, Torun fue anexionada al Imperio Alemán como toda Prusia. Después de la I Guerra Mundial, se integró a la Segunda República Polaca tal como figuraba en el Tratado de Versalles de 1919. Veinte años más tarde, pasó a formar parte de la Alemania nazi después de la invasión de Polonia para ser posteriormente liberada en 1945 por el Ejército Rojo de la Unión Soviética.
Torun es la ciudad que, un 19 de febrero del año 1473 vio nacer a Nicolás Copérnico, el astrónomo quien formuló la primera teoría heliocéntrica que revolucionaría el mundo científico en pleno Renacimiento. Como herencia del considerado padre de la astronomía moderna, la Universidad N.Koperniko continua con su labor, así como el gran Planetario.




La Plaza del Mercado no tiene las dimensiones ni la monumentalidad de la plaza de Wroclaw o incluso la de Poznan, pero es más recogida, coqueta y con mucho encanto. La mayoría de edificios son de estilo gótico y es considerada después de Cracovia como la ciudad que tiene más arquitectura gótica, hecho que tuvo un gran peso a la hora de ser reconocida por la UNESCO. También hay que destacar que ha mantenido su estructura intacta desde la Edad Media y afortunadamente no fue dañada durante la II Guerra Mundial.

Damos una vuelta completa a la Plaza, donde en el centro, destaca el edificio del antiguo Ayuntamiento.




A principios del siglo XIII en esta misma plaza se levantaron edificios comerciales y administrativos, así como una torre de 23 metros de altura. En el siglo XVI, el Gran Maestro de la Orden de los Caballeros Teutónicos concedió a la ciudad el privilegio de la construcción del Ayuntamiento, con una torre de 40 metros. El aspecto actual es fruto de los trabajos realizados a principios del siglo XVIII, ya que en 1703 el ayuntamiento fue destruido por el fuego durante un ataque de la armada sueca. Después de la II Guerra Mundial, se estableció el Museo Regional.
En frente del mismo, se levanta una representativa estatua de Copérnico. Este monumento de 2.6 metros y realizado en bronce en 1853, representa al astrónomo sujetando un astrolabio con su mano izquierda y señalando el cielo con la mano derecha. Una inscripción en latín dice: “Nicolaus Copernicus Thorunensis Terra motor, Solis Caelique stator”, es decir, Nicolás Copérnico, un ciudadano de Torun, cambió de lugar la Tierra y detuvo el Sol y el Cielo.




Al otro lado del Ayuntamiento, una bonita fuente representa el violinista que protegió al pueblo de una plaga de ranas con su música, al estilo del flautista de Hamelin. Rodeando la fuente, un grupo de pequeñas ranitas de bronce le dan un aire divertido.




Sin movernos aun de la Plaza, entramos en la Iglesia de Santa Maria (ul. Panny Marii) pero decidimos volver más tarde ya que se está celebrando la misa dominical.

Seguimos por la Calle Piekary hasta encontrar los graneros góticos (ul. Piekary).



El más impresionante es el que se levanta en la esquina de la misma calle Piekary con la calle Rabianska, reconstruido en el siglo XIX. Justo enfrente se levanta una de las mayores atracciones de la ciudad: la Torre Inclinada (ul. Pod Krzywa Wieza).



Se trata de una torre de 15 metros que forma parte de las antiguas fortificaciones. Probablemente se construyó en la primera mitad del siglo XIV y, aunque no es la Torre de Pisa, la inclinación es bien evidente a pesar de que los techos que se añadieron posteriormente están bien nivelados.

Parece que va a empezar a llover y entramos a visitar la Casa de Copérnico en la calle del mismo nombre. Se trata en realidad de dos casas unidas que hoy en día acogen una división del Museo Regional (10PLN + 6PLN sacar fotos).



La casa se construyó hacia el siglo XIV o XV en el estilo gótico típico de la ciudad y tiene una fachada ricamente decorada. El museo en si no aporta demasiada información sobre Copérnico, pero es interesante ver como se distribuia el interior de una típica casa granero. En la planta baja, la cocina y un gran hall de entrada, mientras que en el piso superior se encontraban las oficinas de los comerciantes y las habitaciones. En la parte más elevada estaban las habitaciones que se utilizaban como almacén de grano.




Al salir del museo parece que el día está abriendo y seguimos hasta la Catedral de los Santos Juan Bautista y Juan Evangelista (ul. Zeglarska) de la cual se está restaurando la fachada. Sus orígenes se remontan al 1250, siendo el presbiterio la parte más antigua. También se está celebrando la misa y la Catedral está hasta los topes pero en la nave sur podemos ver la pila gótica donde Copérnico fue bautizado.

Desde aquí llegamos a orillas del río saliendo por una de las puertas de la muralla. El río que pasa por Torun es el Vístula, el mismo que baña Varsovia y Cracovia.




Es el más importante de Polonia y con sus 1070 kilómetros, uno de los más importantes de la Europa oriental. Quedamos maravillados del gran caudal que lleva y paseamos por su orilla disfrutando de la animación que hay en esa zona de la ciudad.

Cruzamos de nuevo la muralla y volvemos a entrar en la ciudad vieja. Caminamos por las animadas calles peatonales hasta llegar a la gran Plaza de la Ciudad Nueva o Rynek Nowomiejski.



En el centro se levanta una iglesia protestante de 1834, convertida en galería de arte. Seguimos callejeando hasta llegar de nuevo a la Plaza del mercado donde buscamos sitio para comer en uno de los muchos restaurantes que aquí se concentran.
Al salir, aprovechamos para visitar de nuevo la Iglesia de Santa María, una iglesia gótica construida por los franciscanos en el año 1300. Aquí se encuentra el órgano más antiguo de Polonia y en el presbiterio está el mausoleo de Anna Wazowna, hermana de Sigmundo III que aunque tenía sangre real no pudo ser enterrada en el castillo de Wawel en Cracovia por ser protestante. Llegamos hasta el Planetario, el más avanzado técnicamente de Polonia, pero viendo la larga cola de niños armando barullo, nos pasan las ganas de entrar. Detrás de una bonita fachada que mira a la plaza se esconden unas galerías comerciales donde nos sentamos para tomarnos una suave cerveza Zywiec.




Torun es una ciudad que enamora, que se presta al paseo tranquilo, sin rumbo fijo para ir descubriendo callejuelas y rincones escondidos. Así nos topamos con el pequeño dragón, origen de una antigua leyenda.



Esa leyenda cuenta que el 13 de agosto de 1746 Johann Georg Hieronimi, capataz de carpintería y Kataharina Storchin, la mujer de un soldado, testificaron ante la secretaría municipal de Torun, que habían visto un dragón. El monstruo podía volar y nadar, medía 2 metros de largo, su cabeza y el cuerpo entero eran de un color gris oscuro, mientras que la brillante cola era de color marrón. El dragón volador (Draco volans) apareció cerca de Struga Torunska, en la región de Przedzancze y voló hasta las ruinas del Castillo de los Caballeros Teutónicos.




Igual que hizo el dragón, llegamos hasta las ruinas del Castillo de los Caballeros Teutónicos, señores absolutos de la ciudad durante un largo período de tiempo. Construido en el siglo XIII, actualmente sólo queda en pie una torre letrina debajo de la cual pasaba una corriente de agua que actuaba como alcantarilla.




Salimos por otra de las puertas de la muralla y volvemos a bajar hasta el río. Es un lugar muy agradable y parece ser que es uno de los lugares preferidos por los ciudadanos de Torun para salir a dar un paseo.




Caminamos hasta el puente que nos conducirá a la otra orilla del Vístula donde se encuentra la estación de tren Torun Glowny, mientras contemplamos unas bonitas imágenes de la ciudad.



El próximo tren es un llamado “Ossobowy” que vienen a ser nuestros regionales. Es más económico (21 PLN frente los 34) pero no tiene compartimentos, ¡qué decepción!. Contábamos con echar una buena cabezadita y aquí no será tan fácil. El trayecto se hace realmente pesado, ya que el tren para en todas y cada una de las estaciones y al hacerse de noche no se puede ni tan siquiera contemplar el paisaje. Los asientos son tan duros que al final uno no sabe como sentarse y el tren se ha llenado hasta los topes. Un consejo: Viajar en tren, pero para realizar trayectos largos evitar los Ossobowy.