viernes, 19 de noviembre de 2010

Singa Pura, la ciudad del león


El nombre de Singapur proviene de "Singa Pura" o ciudad del león, denominación que surgió durante el siglo XI y que tiene origen en la leyenda que cuenta como un príncipe que visitaba la zona vio un animal al que confundió con un león.
Singapur es uno de esos destinos que gusta a casi todo el mundo. Por diversas razones y mire como se mire es una ciudad–estado atípica dentro del caos existente en otros países del Sudeste Asiático. Tanto es así, que en algunos momentos tenía la sensación de estar paseando por un parque temático. Ni en Little India, ni en Chinatown ni en Kampong Glam (barrio musulmán) me cuadraban la extrema limpieza, el orden o las correctas señalizaciones.





Aunque pueda parecer lo contrario, Singapur no es un montaje para turistas, pero la mayoría de visitantes se sienten a gusto. Algunos lo escogen como un destino exótico pero seguro, sin tener que asumir riesgos de ningún tipo; disfrutan de sus lujosos hoteles, de su rica gastronomía o de sus bien surtidas tiendas. Otros, lo utilizan como un paréntesis o un pequeño respiro antes o después de un viaje por otros países del Sudeste Asiático.


Singapur es un país de inmigrantes, especialmente chinos, indios y malayos que han sabido adaptarse a las estrictas normas de civismo impuestas por el gobierno, sin perder la esencia de su país de origen. Y todo eso, compartiendo en perfecta armonía un reducido espacio de tierra donde los rascacielos se llevan gran parte del protagonismo.
El skyline de Singapur me decepcionó un poco, quizás porqué algunos meses antes habíamos estado en Hong Kong, una ciudad impresionante y hasta el momento, la que ocupa el número uno en mi lista particular de skylines, por delante de Nueva York, Tokio o Kuala Lumpur.
Dicho esto, no hay que desmerecer en absoluto a Singapur, porqué su encanto es indiscutible.





Después de pasar casi tres semanas en Borneo nos apetecía acabar el viaje en Singapur, en una primera toma de contacto con la ciudad del león.
La visita turística de la ciudad resulta agradable y cómoda. Los puntos de mayor interés están bastante cerca unos de otros y se pueden recorrer fácilmente andando. Si hay que coger un medio de transporte, indiscutiblemente el metro es el mejor, rápido, económico e impecablemente limpio … como toda la ciudad. Y esto se ha conseguido a base de multar al personal, por algo se la conoce como “The fine city” o la ciudad de las multas. Sus casi cinco millones de habitantes están embutidos en menos de 700 kilómetros cuadrados y a pesar de esa elevada densidad de población, el orden y la limpieza no es tan sólo un mito. Algunas de las normas tienen una cierta razón de ser pero otras son un tanto absurdas. Infringir algunas normas como la prohibición de mascar chicle, de obstruir el paso, de tirar papeles, de comer y beber en el metro, de cruzar la calle fuera de los pasos cebra y por supuestísimo de fumar … entre otras, es motivo de multa. Algunas otras prohibiciones van más allá, ya que la homosexualidad se paga con 10 años de cárcel y el tráfico de drogas es penado con la muerte.
Esta serie de prohibiciones llaman la atención a los visitantes pero los singapurenses le han sabido encontrar la parte positiva inventándose una buena colección de souvenirs (camisetas, postales, bolis, imanes…) con la señal de prohibición y el importe de la multa. De todas formas he de decir que algún papel en el suelo sí que vimos (¿sería obra de algún turista despistado?) y que algunas de las prohibiciones más absurdas como la de mascar chicle me da la sensación que ya son cosa del pasado.




Así pues, dedicamos tres días a conocer sus barrios más emblemáticos y a disfrutar del buen ambiente.

Río Singapur y Quays:
La primera impresión de la ciudad fue muy buena. Se presenta como una ciudad elegante, con edificios coloniales magníficos y bien cuidados, jardines impecables, bonitas esculturas que recuerdan el origen comercial del puerto de Singapur. En definitiva, una ciudad limpia moderna y con mucho ambiente.
Aquí, el río Singapur llega a la bahía conocida como Marina Bay. Unos altivos rascacielos quieren competir con los blancos edificios coloniales que nos transportan a otra época, cuando Singapur formaba parte de la Corona Británica.






Uno de estos edificios es el elegante hotel Fullerton, situado en el antiguo edificio de correos y rehabilitado para tal uso. Cuando oscurece y miles de luces van apareciendo como por arte de magia, el escenario cambia por completo.





Desde Merlion Park hay unas vistas sorprendentes del Parque de la Esplanade, los modernos rascacielos de Marina Bay y la noria gigante. Aquí se encuentra la famosa fuente (y por cierto, bastante fea) con la estatua símbolo de la ciudad: el león con cuerpo de pez.
En Boat Quay se concentran muchos pubs y locales de copas al principio, siguiendo con los restaurantes de pescado y marisco uno al lado de otro. Caminar por aquí a la hora de la cena se convierte en una carrera de obstáculos y cada establecimiento tiene algún “pescador” que intenta convencer a la posible clientela. Los precios no son bajos pero la tentación nos vence y el lugar nos convence y en nuestra primera noche en Singapur cenamos con vistas al río.









Little India y Kampong Glam:

Moverse por los distintos barrios étnicos de Singapur es como leer una introducción completa sobre el continente asiático.
Serangoon Rd es la arteria principal de Little India. Ésta era una zona donde se habían criado búfalos (de aquí el nombre de Buffalo Rd) y donde también se hallaban los correspondientes mataderos. El barrio fue creciendo y actualmente es como una pequeña porción de la India traída hasta aquí: los colores de los sharis, el olor a incienso y especias, la música Bollywood que suena en el interior de los comercios, los pequeños puestos de collares de flores, los templos, los carteles publicitarios, las fachadas de colores de las shophouses … Prácticamente cada casa tiene el negocio en la planta baja, ya sea una tienda, un taller, una sastrería … y en la planta superior viven los propietarios.












Son muchos los aspectos que recuerdan a la India, pero la pulcritud de sus calles y de cada uno de sus rincones, la ausencia de caos circulatorio, de vacas en medio de la calzada y de montañas de basura, marcan las mayores diferencias con el país de origen. Visitamos dos de los templos hindúes más importantes de la ciudad, cuyos impronunciables nombres son imposibles de aprender: El Sri Veeramakaliamman que está dedicado a Kali, consorte de Siva el destructor y el Sri Srinivasa Perumal, dedicado a Visnú. La actividad que se desarrolla en los templos hindúes siempre me ha fascinado y especialmente a primeras horas de la mañana es un hormigueo de gente que viene y va. Los fieles llevan sus ofrendas de fruta y leche que de los tetrabrick pasa a unos grandes recipientes para tal uso. Los sacerdotes, a cambio, reparten bendiciones  y ungen a los que se acercan a venerar a sus dioses, ya sea la misma diosa Kali, Ganesh – el dios elefante hijo de Kali y Siva – o cualquier otro, porque los hay para todos los gustos.












El ajetreo de estos dos templos contrasta con la quietud que se respira en el templo budista de Sakaya Muni Buddha o templo de las Mil Luces, en el cual se encuentra un gran buda de 15 metros y 300 toneladas cuya plácida sonrisa contagia más aun esta sensación de paz o en el templo taoista de Leong San See, justo enfrente del anterior.






Siguiendo las indicaciones sobre el mapa vamos cortando calles hasta llegar a Arab Street que nos conduce a Kampong Glam, el barrio malayo o musulmán de la ciudad. Su nombre deriva de la palabra “pueblo” en malayo (Kampung) y de gelam, un árbol que crecía en este lugar. Entre las coloridas shophouses sobresale la imponente cúpula de la Mezquita del Sultán, la más grande de Singapur. Vestimos pantalón corto y ni siquiera intentamos entrar al interior, nos conformamos admirando su bonita cúpula dorada desde diferentes ángulos. La calle Busorah Street es la que concentra más actividad turística y comercial. Se trata de un pintoresco callejón con palmeras a ambos lados que conducen hasta la entrada de la mezquita.




Sin tener que andar demasiado, cambiamos de aires y también de época y nos sumergimos en pleno siglo XIX. Nos encontramos en el distrito colonial donde el colorido de las gopuram (torres de los templos hindúes) y de las shophouses son reemplazados por edificios de blancas fachadas que nos transportan a los años en que los británicos controlaban estas tierras. Posiblemente, el ejemplo más representativo de aquella época sea el Hotel Raffles cuyo nombre hace honor a Sir Thomas Stamford Raffles quien desembarcó en Singapur en el año 1819. Detrás del blanco inmaculado de sus paredes se esconde un mundo en sí mismo: tiendas de marcas de lujo, restaurantes y unos bonitos jardines de exuberante vegetación donde, leyenda o realidad, se dice que aquí se mató el último tigre de Singapur.









Dejamos el siglo XIX y el siglo XXI nos recibe con uno de los edificios más representativos del Singapur moderno: Esplanade – Theatres on the Bay, formado por dos semi cúpulas doradas que se parecen a un durian según algunos o a unos ojos de mosca, según otros. En el interior se encuentra una gran oferta cultural y de ocio, desde teatros, salas de conciertos, exposiciones y como no podía ser de otra manera, más tiendas y más restaurantes. Lo más interesante es subir hasta la terraza desde donde se puede disfrutar de una magnífica vista de Marina Bay, donde el río Singapur se encuentra con el mar, de Merlion Park y de los rascacielos del distrito financiero.










Después de pasear por Marina Walk y ya algo cansados, decidimos que nos iría bien un paseo en barca por el río pasando por los llamados “Quays”: Boat Quay y Clark Quay.

En Clark Quay intuimos tanta animación que regresamos más tarde caminando. Esta zona que hace tan sólo unos años estaba descuidada y dejada de la mano de Dios, se ha convertido en un área donde se concentran el mayor número de pubs, bares y restaurantes de toda la ciudad, de todos los estilos y para todos los gustos.













Uno de los puentes del río está completamente “ocupado” por las Jornadas Gastronómicas de Singapur. Durante el mes de julio de cada año se celebra este certamen donde los habitantes de la ciudad y los visitantes pueden disfrutar y participar de la afición más popular de los singapurenses: comer.

La totalidad de la superficie del puente está cubierta con unas grandes carpas y en su interior se concentra una multitud de curiosos y gente interesada en degustar las distintas especialidades gastronómicas a un precio más que asequible. A ambos lados se suceden una serie de puestos de comida donde sirven todo tipo de delicias para el paladar: dim-sum, rollitos de primavera, arroces y fideos cocinados de varias maneras, pato lacado … y los dulces, entre ellos diferentes especialidades con durian, fruta pestilente pero que sabe bien.
En el centro, se disponen unas grandes mesas que la gente comparte mientras va picoteando, bebiendo y pasándolo en grande. 









Chinatown:

Cualquier persona que viaje a Singapur tampoco debería pasar por alto Chinatown. Salimos del metro por la pintoresca calle Pagoda St. Los fanalillos rojos y la predominancia de ese color nos indican que estamos en pleno barrio chino, sin embargo, las fachadas de las casas siguen la misma tónica del resto de barrios y al igual que en Little India o Kampong Glam, están pintadas con diferentes colores. Muchas tiendas de recuerdos, ropa a buen precio, lacas chinas y muchos puestos de comida. Curiosamente, el Templo hindú más antiguo de la ciudad, el Templo de Sri Mariamman, construido en 1823, se levanta en pleno barrio chino. La gopuram es espléndida y las imágenes de Brahma, Visnú y Siva comparten protagonismo con las esculturas de las vacas sagradas que cubren el muro que cierra el recinto. El templo ha sido restaurado recientemente y los colores lucen especialmente vivos e intensos. Aunque hay algunos devotos, no se respira el ajetreo de los templos visitados en Little India, lugar donde vive la mayoría de población que profesa la religión hinduista.






















En un pequeño jardín, un grupo de esculturas explican el origen del barrio. Aunque cueste imaginar, la calle Telok Ayer St años atrás daba al río y hasta aquí llegaron en barco los primeros inmigrantes chinos que como agradecimiento hicieron construir el Templo de Thian Hock Keng o de la Felicidad Celestial, dedicado a la diosa del mar Ma Cho Po. Un gran número de dragones decoran el techo, simbolizando los principios del yin y del yang. Los chinos parece que son menos devotos que los hindúes ya que el único personal que se pasea por el interesante templo son los turistas. Continuamos nuestra andadura por las callejuelas de Club street, Temple street y Pagoda street que a esta hora del mediodía empiezan a llenarse de gente en busca de restaurante.








Nuestro último cartucho antes de partir hacia el aeropuerto, lo gastamos en Orchad Road. Esta glamorosa calle se ha comparado con los Campos Elíseos de París, la quinta avenida de Manhattan u Oxford Street en Londres, pero a mi me parece que incluso las supera en algunos aspectos. Centros comerciales de moderno diseño y escaparates que compiten en elegancia, en Orchad Road se marca la pauta de la moda y se vive el dinamismo de esta cosmopolita ciudad.








7 comentarios:

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  2. Lo de las prohibiciones tiene que ser una pasada, tengo una pregunta, dónde fuma allí la gente??
    Pero bueno si ellas llevan a que la ciudad se presente así como cuentas parece que las multas han hecho su labor.
    Y otra cosilla, lo de la comida en las carpas todo un descubrimiento no?? es muy típico alemán eso, bueno y español.
    Muy buen post Teresa, te felicito

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  3. beautiful photos of Singapore you've got here. It's a small country but it has a lot to offer. Happy to be coming back there next week. :-)

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  4. Hola María Teresa:

    Leyendo el post, tengo la sensación de que Singapur son tres ciudades o piases distintos. Eso si, un poco asépticos. Supongo que el tema de las prohibiciones lo llevarán más o menos bien por costumbre. Y deduzco de todo ello, además, que no debe haber grandes bolsas de pobreza pues la limpieza suele ser un signo de riqueza.

    Un abrazo

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  5. Hola kaskero
    Pues no sé donde fuma la gente, supongo que en su casa.
    Referente a las Jornadas Gastronómicas, realmente me gustó coincidir con el evento porqué a parte de ponernos las botas disfrutamos de un buen ambiente.
    Gracias por pasar por aquí.

    M.Teresa

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  6. Hi JIPP
    Thank you very much for visit this blog again.
    Enjoy Singapur next week.

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  7. Hola Fernando
    Tal como dices, según en que barrio de Singapur te encuentras vas cambiando de país aunque en un plan descafeinado. A pesar de ello, me gustó mucho la ciudad y mereció la pena acabar allí las vacaciones.
    Un abrazo

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