jueves, 22 de abril de 2010

Chester, la antigua Deva Victrix

La ciudad de Chester es el resultado de la evolución del asentamiento romano conocido con el nombre de Deva Victrix. Ubicada en la provincia romana de Britania, nació en el año 79 a.C. como fortaleza defensiva contra los brigantes, la tribu que habitaba el norte de la isla, con la finalidad de proteger las fértiles tierras regadas por el río Dee. Alrededor de dicha fortaleza se fue levantando un asentamiento civil que disponía incluso de un anfiteatro con capacidad para 10000 personas. Junto con Londres y York fue una de las ciudades más importantes de la Britania romana. Tras la marcha de los romanos, el asentamiento militar siguió habitado y tras muchos amaneceres y atardeceres se fue convirtiendo en la actual Chester, capital del condado de Cheshire. La época de mayor esplendor fue durante los siglos XII al XIV gracias a la importante actividad de su puerto, mayor entonces que el de Liverpool. Debido a una exagerada acumulación de sedimentos que provocó un retroceso del mar, la actividad portuaria fue disminuyendo.
Parece ser que la mayor parte del suelo de Chester pertenece al Duque de Westminster y la familia Grosvenor que ostenta el título, reside en las afueras de la ciudad. Chester es una ciudad muy “posh” donde buena parte de sus habitantes tienen un saneado nivel económico, como algunos jugadores de fútbol tanto del Liverpool como del Manchester que han fijado aquí su residencia; un lugar sin duda mucho más tranquilo.
La visita a Chester es una excursión muy recomendable que se puede hacer perfectamente en un día desde Liverpool. De Lime Street Station salen trenes cada media hora y a pesar de que tan sólo 44 km separan ambas ciudades, el tren para en todas y cada una de las estaciones tardando 40 minutos en llegar a destino.
Al llegar a Chester hay un autobús gratuito, disponible para los pasajeros del tren, que conduce hasta el centro. De todas formas, aconsejo caminar, es un corto paseo que permite tomar un primer contacto con la ciudad e incluso descubrir algún lugar interesante como el Parque Grosvenor. Se trata de un agradable espacio público, el mayor de la ciudad, y como la mayoría de parques ingleses está bien cuidado y diseñado con gusto. Situado a orillas del río Dee se trata de un buen ejemplo de parque victoriano, con sus avenidas de árboles alineados, estatuas, grandes explanadas de césped, parterres floridos y donde tampoco faltan las pícaras ardillas que nos tienen un buen rato entretenidos



Dejamos el parque y salimos en dirección al río. Es día festivo y el buen tiempo invita a salir. Mientras algunos toman tranquilamente una cerveza aprovechando los primeros rayos de sol primaverales, otros practican deporte, especialmente piragüismo o remo. Durante el mes de julio de cada año se celebra desde 1733 la Raft Race, organizada por el Rotary Club, una de las regatas más antiguas (si no la más antigua) de Inglaterra.
Dos bonitos puentes resaltan sobre las tranquilas aguas del Dee: el Suspension Bridge y, en un segundo plano, los siete arcos desiguales del antiguo puente Old Dee Bridge. Este último se construyó en 1387 durante el reinado de Edward I, ocupando el lugar de un primer puente prerrománico de madera.




La ciudad de Chester es especialmente conocida por haber conservado su recinto amurallado. Algunos tramos corresponden a la época romana, mientras que otros son medievales. Se puede recorrer prácticamente toda la muralla en un circuito circular desde donde se disfruta de unas bonitas vistas. Y esto es precisamente lo que hacemos… buscar un punto por donde acceder y caminarla. Entramos por los llamados Jardines romanos donde hay una interesante colección de “piedras” entre las que destaca un hypocausto, o sistema de calentamiento subterráneo de la época romana. En nuestro paseo por la muralla encontramos los restos del Castillo, ordenado construir en 1069-1070 por Guillermo el Conquistador.



Uno de los encantos de la ciudad es su riqueza arquitectónica y la mezcla de los diferentes estilos, empezando por sus ruinas romanas, edificios medievales y los de las épocas victoriana y georgiana. Dejamos la muralla y nos dirigimos al centro, donde a esta hora las calles principales están ya muy concurridas. Lo primero que llama la atención son las bonitas fachadas de las casas, pintadas de blanco, con unos entramados de madera negra que les dan ese fotogénico aspecto. Su origen es medieval, pero la mayoría han tenido importantes remodelaciones, especialmente durante la época victoriana. Algunas de ellas son verdaderas obras de arte y merece la pena pasear sin prisa, levantar la cabeza y fijarse en todos los detalles de cada rincón.




Las plantas bajas de los edificios son establecimientos comerciales en su mayoría, pero el aspecto diferenciador respecto a cualquier otra ciudad del país, son las galerías cubiertas, llamadas The Rows, unos pasajes que recorren a la altura del primer piso estas calles centrales, comunicando las casas unas con otras. Se trata de un entramado de galerías comerciales que da mucha vidilla y una gran actividad a la ciudad donde se acercan a comprar gente de los alrededores y del vecino País de Gales. Es una gran ventaja poder ir de compras bajo tejado durante los frecuentes días de lluvia que tienen por aquellos lares. El mejor punto de acceso a las galerías es la confluencia de las calles Eastgate y Bridge, una pequeña placita donde se levanta The Cross, una muy erosionada cruz de piedra y un buen punto de encuentro.



Aquí es donde se desarrolla cualquier manifestación ciudadana, desde un grupo que entona cánticos relacionados con la Pascua y el sermón de un predicador, hasta un grupo de rock formado por tres quinceañeros que nos dejan boquiabiertos. Siguiendo por la concurrida calle Eastgate se llega al punto donde antiguamente había una de las puertas de la muralla. Sobre una estructura metálica se construyó el Reloj de Eastge, actualmente un símbolo para la ciudad. Se propuso su construcción para celebrar el Jubileo de la Reina Victoria en 1872 pero se inauguró en 1899 coincidiendo con el 80 aniversario de la reina. En la época romana, en ese mismo lugar había una puerta de madera de doble arco con una estatua de Marte en el centro y en la Edad Media (siglo XIV) se levantó una alta torre rectangular de piedra bajo la que se abría un estrecho pórtico de acceso a la ciudad.



Muy cerca de aquí encontramos la Catedral, una maravilla en estilo normando que se remonta a 1250. Su construcción se alargó durante tres siglos, ocupando el lugar de un antiguo monasterio benedictino.
Su exterior llama la atención por su color rojizo y por la gran torre central. Ya en su interior, la Nave Central es muy luminosa. Sus bien orientadas vidrieras dejan entrar la suficiente luz para admirar los espléndidos mosaicos (de 1883) donde se ven representadas diferentes escenas bíblicas.



El claustro, a pesar de su origen normando fue reconstruido en el siglo XVI y alberga una serie de tumbas medievales. Los arcos del claustro no están abiertos al patio central como en la mayoría de los claustros, sino que están cubiertos con vidrieras.
Visitamos también la Sala Capitular (del 1225 al 1250), donde se reunían los monjes para escuchar diariamente un capítulo de las Reglas de San Benito, patrón de la orden, y hablar de negocios eclesiásticos. El Refectorio, de la misma época, era el comedor del monasterio y actualmente es un comedor abierto a los visitantes.
El Coro (del 1280 a 1300) es en si mismo una obra de arte y las filigranas talladas en la madera son de una gran exquisitez. Especialmente interesante es la pequeña Sala de la Corte Consistorial construida en 1636, ya que se trata del ejemplo más antiguo de un tribunal consistorial en el país.



Justo enfrente de la Catedral se levanta la torre de 49 metros del Ayuntamiento. A pesar de la apariencia gótica, el edificio fue reconstruido después del incendio de 1862. El nuevo Ayuntamiento fue inaugurado en 1869 por el entonces príncipe de Gales, el que fuera el rey Eduardo VII.


Chester tiene también interesantes museos y la ciudad ofrece un amplio abanico de actividades para el turismo, inglés en su gran mayoría, pero en esta ciudad el auténtico museo está en sus calles. No dejéis de visitar Chester si tenéis la ocasión, una pequeña joya del Reino Unido.

jueves, 15 de abril de 2010

Algunas impresiones sobre Liverpool

Liverpool y Chester fueron las ciudades que elegimos para escaparnos algunos días de la pasada Semana Santa. ¿Motivos? Quedaría bien decir que somos unos incondicionales de los Beatles y que siempre habíamos soñado conocer la ciudad que les vio nacer o que el fútbol es nuestra pasión y queríamos pisar el estadio del Anfield, hogar del Liverpool Football Club. Ni una cosa ni la otra. La razón es mucho más banal: vuelo desde Reus a Liverpool que encajaba con los días festivos. Es lo que tiene el fenómeno low cost, que te anima a visitar lugares que quizás nunca antes te habrías planteado. Aunque a decir verdad, por Semana Santa, puentes y otras fechas en que la densidad de viajeros se multiplica, de low cost no tienen demasiado pero la ventaja de poder volar desde casa es una razón de peso.
Pocos días, pero los suficientes para hacerse una idea de la ciudad, con posibilidad incluso de acercarnos a Chester.
No me había creado grandes expectativas sobre esta ciudad del condado de Merseyside, que, como el nombre indica, se halla a orillas del río Mersey. Cuando uno no se hace demasiadas ilusiones, el resultado acostumbra a ser un éxito, al menos en mi caso.
Liverpool no forma parte de la lista de ciudades más bonitas de Europa ni posiblemente del Reino Unido, pero tiene algunos atractivos por los cuales merece una oportunidad.
Bajo mi punto de vista sus puntos fuertes son:

1.-La zona de los muelles, declarada en 2004 Patrimonio de la Humanidad en reconocimiento al papel que desempeñaron en la expansión del comercio y la influencia británica durante la época del Imperio.
2.-Unos estupendos museos, la mayoría de ellos gratuitos, y una interesante oferta cultural y de ocio.
3.-Los Beatles y lo que ello representa para la ciudad.



Liverpool vivió un largo período de esplendor que comenzó a principios del siglo XVIII debido precisamente a ese importante comercio marítimo y a mediados del siglo XIX entraban en el puerto más de treinta mil barcos. De aquellos años dorados se conservan importantes edificios, que lo son tanto por su arquitectura como por todo lo que representan. Las llamadas “Tres Gracias” son los edificios más emblemáticos del Pier Head, los que mejor transmiten la opulencia de tiempos pasados. Se trata de The Royal Liver Building, el primer rascacielos de Gran Bretaña con dos grandes torres rematadas por los liverbirds, convertidos en símbolos de la ciudad, The Cunard Building, cuna de la industria naviera británica y la sede del puerto,The Port of Liverpool Building, con su magnífica cúpula que recuerda la de la Catedral de San Pablo de Londres. Se levantan altivos uno al lado de otro compitiendo en espectacularidad, pero es el conjunto de los tres lo que potencia su belleza.



A pocos pasos de las “Tres Gracias” se encuentra el Albert Dock. Construido entre 1841 y 1848 fue uno de los primeros muelles cerrados. Tanto el muelle como el área que lo rodea, es una zona encantadora y en los antiguos almacenes se concentran algunos restaurantes, museos y tiendas. Hace tan sólo veinte años el escenario era del todo diferente. A finales de los 60, principios de los 70, el puerto y con él la ciudad de Liverpool entraron en declive. En 1972 se cerró el Albert Dock y se fue abandonando hasta convertirse en un lugar sucio y decadente. Una buena labor de recuperación ha convertido ese pequeño muelle en la niña mimada de la ciudad y como el ave fénix que resurge de sus cenizas nos muestra ahora su mejor aspecto.




Es aquí donde se encuentran algunos de los mejores museos de la ciudad: el Museo Marítimo de Merseyside que comparte edificio con el Museo de la Esclavitud y a pocos metros, la Tate Gallery, con una importante colección de arte moderno. El Museo Marítimo es un homenaje a la ciudad que durante 200 años dominó los mares. Una de las plantas está dedicada a tres de las peores catástrofes marítimas de la historia de la navegación: la del Titanic, Lusitania y Empress of Ireland. El Titanic pertenecía a la naviera White Star Line, fundada en Liverpool.
A lo largo de las diferentes salas se recuerda la historia de los miles de emigrantes que embarcaron en Liverpool hacia Nueva York en busca de una nueva vida o el importante papel que desarrolló Liverpool durante la 2ª Guerra Mundial en la sala dedicada a la Batalla del Atlántico.



La actividad del puerto de Liverpool va también ligada al más oscuro y vergonzoso capítulo de la Historia: el comercio de esclavos. El primer barco que zarpó hacia África en busca de esclavos lo hizo en 1699 pero se calcula que desde 1730 a 1770 salieron dos mil barcos negreros transportando miles de esclavos a las colonias de América y dejando suculentos beneficios que enriqueció a la ciudad. A finales del siglo XVIII, Liverpool controlaba el 40% del comercio de esclavos de Europa y el 80% del Reino Unido. Todo ello está bien documentado y de una forma amena en el Museo de la Esclavitud.



Muy cerca de la estación de tren de Lime Street se concentra la que llamaríamos zona neoclásica de la ciudad. No pasa desapercibido el imponente edificio de St George’s Hall y también otros edificios que albergan el Museo de Liverpool, la Biblioteca pública y la Walker Art Gallery. Sólo pudimos visitar el Museo de Liverpool el cual reúne varias colecciones en un antiguo edificio, inaugurado en 1860 y reconstruido en 1941. Destaca la importante colección de antigüedades egipcias, griegas y etruscas entre otras piezas.




Pero no sólo de cultura vive el hombre y la diversión también está garantizada en Liverpool.
Gran parte de esta diversión se concentra en Mathew Street - dígase Beatles Street - y alrededores. Muy lejos de caer en el olvido, la leyenda de los Beatles continúa creciendo y son muchos los lugares que hacen referencia a la mítica banda. The Cavern Club es el más emblemático, lugar donde actuaron 292 veces entre 1961 y 1963 y donde Brian Epstein, su descubridor y futuro manager, los vio por primera vez en acción el día 9 de noviembre de 1961: “Quedé impresionado de manera inmediata por su música, su ritmo y su sentido del humor sobre el escenario. E incluso más tarde cuando los conocí también quedé impresionado por su carisma personal. Y fue en ese mismo instante en donde todo comenzó..."
El ambiente es increíble y allí se reúnen tanto turistas – la mayoría - como locales. Escuchar algunas de sus canciones mientras se toma una pinta de cerveza después de un agotador día, es una excelente idea. En otros locales como The Grapes, The Abbey Road, Rubber Soul, Lennon’s Bar, Lucy in the Sky Café se pueden ver objetos que pertenecieron al grupo, delicia de los mitómanos. O también en el Cavern Pub, donde la estatua de un desgarbado John Lennon parece que nos invita a entrar.


Y uno no puede marcharse de Liverpool sin haber visitado el museo The Beatles Story, donde a pesar de no ser unos grandes expertos en las banda, disfrutamos de verdad. La exposición empieza explicando la forma como se conocieron, sus primeros representantes, el importante viaje a Hamburgo, su primera discográfica, Mathew Street y The Cavern, el nacimiento del fenómeno fans, el lanzamiento a EEUU, sus álbumes … todo muy bien ambientado y explicado por diferentes personajes que tuvieron alguna relación con la banda. En la última sección se muestra la carrera que siguió cada uno de ellos por separado. También hay algunos objetos personales, como diferentes guitarras y banjos, unas gafas de John Lennon, las famosas americanas sin cuello que crearon tendencia y el piano blanco con el que John Lennon interpretó “Imagine”.



Otro gran atractivo es que Liverpool es una ciudad que invita a ser recorrida a pie ya que la mayoría de los lugares de interés turístico se encuentran concentrados en un área reducida.

La ciudad que controló los mares, la que vio nacer a una de las bandas más emblemáticas que ha tendido jamás el panorama musical… Liverpool os espera.

Más imágenes de la ciudad: