martes, 28 de septiembre de 2010

Tres días en Brunei

No recuerdo ningún profesor de geografía que me enseñara dónde se encuentra el pequeño sultanato de Brunei Darussalam o me hiciera aprender el nombre de su capital, Bandar Seri Begawan, BSB como se la conoce popularmente.
Reconozco que mis conocimientos en esa materia han mejorado significativamente desde que empecé a viajar que, como he dicho en varias ocasiones, considero el método más eficaz de aprendizaje. Así pues, la primera vez que me enteré de la existencia de un país llamado Brunéi, no fue consultando ningún atlas, sino hojeando una revista Hola que cayó en mis manos. Hablaban de un sultán inmensamente rico y la opulencia y el lujo se manifestaba en todas y cada una de las fotos del reportaje donde predominaba el oro, las sedas, el mármol y las maderas nobles. Situé entonces Brunei en el mapa pero jamás pensé que algún día podría viajar hasta allí y mucho menos que podría ver en persona a aquel personaje de cuento de hadas.
Situado en el noroeste de la isla de Borneo y enclavado entre los estados malayos de Sarawak y Sabah, está prácticamente cubierto por selva tropical y tiene un clima cálido y húmedo durante todo el año. La industria turística está muy poco desarrollada y son escasos los viajeros que le dedican unos días. A pesar de ello, parece que están empezando a promocionar el país y ya leí en algún sitio que han bautizado a Brunei como “la Venecia asiática” por la cantidad de ríos que la bañan. Yo no sé cuántas “Venecias” habrá en el mundo pero por lo visto, cualquier lugar que se precie turísticamente hablando, debe compararse con la ciudad de los canales.
Entre los siglos XIV y XVI fue un sultanato muy poderoso y su reino cubría toda la isla de Borneo y el sudoeste de las islas Filipinas. A la llegada de los europeos su poder se fue debilitando y en el siglo XIX perdió casi todo su territorio que pasó a manos de los rajás blancos de Sarawak. Desde el siglo XIV el sultán ha sido de la misma dinastía y es el cabeza de Estado y del gobierno. El Islam es la religión oficial de Brunei y el sultán es también el jefe religioso del país, o sea que recae sobre la misma figura el total y absoluto poder. Durante los años 60 tuvo lugar una pequeña rebelión contra la monarquía que fue controlada por el Reino Unido, del cual Brunéi era protectorado (de 1888 a 1984). Posteriormente, Brunei no aceptó participar en la Federación malaya y se ha mantenido hasta nuestros días como país independiente, sin tener que compartir con sus vecinos los beneficios de la explotación de sus abundantes recursos mineros: yacimientos petrolíferos, gas natural y carbón.
Pero no todo es tan bonito como parece porqué esa gran riqueza se concentra en manos del rey y sus allegados. El gobierno está formado por un Consejo privado, un Consejo de Ministros y un Consejo Legislativo de 20 miembros, cargos ocupados por familiares y amigos del sultán. De sus cerca de 400.000 habitantes, los bruneanos no llegan a 30.000. Esa minoría goza de un elevado nivel de vida mientras que el resto de la población, básicamente inmigrantes de origen malayo y chino, se gana la vida en el país pero sus privilegios son escasos. Sin embargo hay que decir que en Brunei no se pagan impuestos, la Seguridad Social es gratuita y la gasolina a precio de risa.
Se trata de una monarquía absoluta y a pesar de que el rey estudió en Londres y tiene mucha afinidad con ese país, el gobierno es poco tolerante en muchos aspectos. Es un país islámico donde sus habitantes están obligados a seguir el modelo más estricto de la religión. Está totalmente prohibido consumir alcohol y si un ciudadano de Brunei bebe fuera del país, se castiga con la cárcel a su regreso. También existe la pena de diez años de cárcel por mantener relaciones homosexuales y un largo etcétera.
Después de leer algunos comentarios bastante críticos y desalentadores sobre el país, estuvimos dudando si merecía la pena dedicarle unos días, pero cuando me di cuenta que por fechas teníamos la oportunidad de coincidir con las celebraciones del aniversario del sultán, la decisión fue fácil de tomar.


Puntuales nos pasan a recoger a las 11:30am tal como habíamos quedado y por lo visto compartiremos trayecto con un chico indonesio que viaja a Brunei para visitar a su madre. A los pocos kilómetros, el chofer nos reparte los papeles del visado para que los vayamos rellenando tranquilamente. Nos pide los pasaportes y sin bajar siquiera del coche pasamos los correspondientes controles de salida de Malasia y de entrada a Brunei respectivamente. Ya en nuevo territorio pero siguiendo con el mismo paisaje, atravesamos prácticamente todo el país, puesto que el Hotel Empire donde nos alojamos se encuentra en la parte norte, en Jerudong, cerca de la capital Bandar Seri Begawan.

Nos despedimos de los compañeros de viaje en la puerta del hotel y entramos boquiabiertos a hacer el check in. Es un capricho que nos hemos permitido ya que no acostumbramos a alojarnos en ese tipo de hoteles. Conocí de su existencia leyendo los comentarios del amigo Florencio en su blog y más que un alojamiento lo considero como una atracción del país que no se puede dejar de visitar.





El Empire Hotel &Country Club lo mandó construir el hermano del sultán, el príncipe Jefri que casi dejó el país en la ruina, por su ritmo desenfrenado de derroche. El Empire se conoce como el hotel de 6 estrellas y su construcción, que costó 1100 millones de $USA, se llevó a cabo con los más ricos y refinados materiales traídos de todas partes del mundo. Después de registrarnos y cambiar moneda (1€ = 1.625 B$ o dólares de Brunei) subimos a la habitación que se encuentra en el edificio Seaview, con bonitas vistas al Mar de la China. El recinto es inmenso y nos entregan un plano para situar los distintos servicios. El personal del hotel y los clientes que lo deseen se desplazan de un lugar a otro en carritos de golf, pero preferimos caminar hasta la habitación. Ésta es elegante, decorada en cálidos tonos azules pero lo más espectacular es el baño, de precioso mármol negro con la bañera frente a un ventanal con vistas al mar. No estamos acostumbrados a movernos entre tanto lujo y examinamos todos los detalles como si tuviéramos que encontrar el tesoro escondido.
Con plano en mano vamos a dar una vuelta por las instalaciones. El hotel ocupa un terreno de 180 hectáreas y en su construcción participaron un equipo de 200 arquitectos y diseñadores. Lo que más impresiona es el llamado atrio con unas espectaculares columnas de 80 metros de altura. Abundan los dorados, pero están combinados con exquisitez evitando la chabacanería. Los mármoles y granitos son italianos y en algunas zonas los suelos están trabajados con mosaicos formando diferentes dibujos que representan pájaros, cenefas y motivos florales. Las lámparas son de cristal de Swarovski y las barandillas de la escalera tienen trabajos de marquetería. Las alfombras y moquetas están confeccionadas con lana de Nueva Zelanda, el algodón de sábanas, toallas y manteles es egipcio y todo el mobiliario es francés e italiano. ¡De lo mejorcito que encontraron en su momento!. El hotel tiene cine, teatro, 5 ó 6 restaurantes, tiendas, playa privada y 9 piscinas que para llenar se necesitan 12.285.000 litros de agua. Hablando de cifras, también es interesante saber que sumando todos los caminos del hotel y country club, hacen nada menos que 22 kilómetros.
Cuando llegamos a la zona de piscinas, quedamos maravillados. Comemos allí mismo y volvemos luego a la habitación a ponernos los bañadores. Al entrar, nos espera otra sorpresa: nos han dejado unos platos con bombones y pasteles cortesía de la casa. Golosos como somos, en un plis plas no dejamos ni rastro. Todas las piezas de la vajilla y complementos son de la casa Asprey de Londres y los cubiertos de plata.







Bajamos a la piscina y no sabemos por dónde empezar. Una de las piscinas enlaza con una pequeña playa y continúa hasta el mar. Pasamos toda la tarde disfrutando de las instalaciones e intentando descubrir cada uno de los rincones.
Después de cenar, nos acercamos al mostrador de actividades, donde una joven muy atenta nos informa sobre los horarios del bus a BSB, la fiesta de aniversario del sultán y pasamos un buen rato charlando con ella sobre diferentes aspectos de su país y su cultura de la cual se sienten orgullosos.
Ya en la habitación, la noche nos regala una gran tormenta y los relámpagos iluminan el cielo sobre el Mar de la China.



El segundo día se nos presenta muy intenso y a las 6am ya nos suena el despertador. Aquí el día empieza temprano y aunque parezca extraño, a las 6:30 el comedor de desayunos ya está lleno. De hecho, hoy es un día especial porque se celebra el 64 aniversario del sultán Hassanal Bolkiak y muchos de los ilustres invitados a la ceremonia están alojados en el Hotel Empire.
Por la indumentaria que visten, me imagino que muchos de los que están desayunando a estas horas acudirán a los actos oficiales. Las mujeres, muy elegantes y con la cabeza cubierta, eso sí y la mayoría de hombres visten el traje típico del país: camisa y pantalones negros con una especie de faldón superpuesto de ricos bordados dorados combinados esencialmente con granate y verde oscuro. Todos lucen en el pecho medallas y galones, por lo que deducimos que deben ser personas importantes.


Salimos a esperar el autobús público que va a BSB y que tiene parada en el hotel a las 7am, mientras contemplamos el vaivén de cochazos de lujo recogiendo a todas las personalidades que han tenido que desayunar tan deprisa como nosotros sin poder disfrutar el magnífico y abundante buffet. Por el hotel pasan dos autobuses públicos, el 57 y el 58. En realidad son unos minibuses de color violeta y cuestan tan sólo 1$B. Hace bastantes paradas y tardamos casi una hora para llegar a BSB. La zona donde se encuentra el hotel, es donde vive la gente de más recursos y vamos circulando por distintas urbanizaciones con imponentes mansiones aunque no todo el mundo en Brunei vive de una forma tan acomodada. Llegamos a BSB y bajamos muy cerca de Taman HJ Sir Muda Omar Alí Saifuddien, una gran plaza donde se celebran los actos.



Las calles del centro están adornadas con enormes pancartas de felicitación y todos los edificios de la ciudad tipo bancos, centros comerciales, edificios públicos, la sede de la compañía aérea, etc lucen en sus fachadas grandes fotografías con la imagen del monarca y la bandera del país. Nos quedamos en la avenida Julan Sultan donde ya se concentra bastante gente esperando que llegue su majestad. En el centro de la plaza, sobre el césped, tiesos como palos y sudando la gota gorda se encuentran inmóviles los soldados de los diferentes ejércitos. En las gradas bajo cubierto están sentadas las personalidades del Gobierno, familiares y demás VIP’s.



Al fondo, la mezquita de dorada cúpula completa el escenario donde muchos periodistas con potentes objetivos intentan captar la mejor imagen del día. Es curioso ver a muchos de los hombres con el vestido típico de Brunei, en cambio las mujeres no llevan ningún detalle distintivo respecto a los países vecinos y lucen el pañuelo con más o menos gracia. También hay presencia de mucha policía con sus flamantes BMW y las mujeres visten un pañuelo azul cielo bajo la gorra del uniforme.









Por fin llega el sultán, revisa las tropas y los diferentes ejércitos empiezan a desfilar. Disparan varios cañonazos y tras el sobresalto inesperado del primero llegamos a contar unos 20 estruendos. Menos mal que paran, porque pensaba que dispararían tantos como años cumple el rey. A continuación, la banda de música interpreta el “aniversario feliz” y los helicópteros y avionetas dejan en el cielo unas estelas de colores. El rey y su séquito regresan a palacio para continuar con los actos de protocolo, la comida de gala y por la noche el fin de fiesta con fuegos artificiales.
La mayoría de los coches de la comitiva son Rolls Royce y supongo que pertenecen a la gran colección del sultán. Una colección bien conocida por todos los aficionados a los automóviles de lujo ya que se menciona frecuentemente en diferentes revistas del sector. Su flota se estima en más de 7000 vehículos de marcas como Rolls Royce, Aston Martin, Mercedes, Bentley, Lotus, Lamborghini, Jaguar o Ferrari, entre otras. Sin embargo, lo más destacable de su colección es la originalidad y exclusividad de los retoques y acabados, como el Rolls Royce con decorados de oro macizo que utiliza en las bodas. También tiene una gran colección de coches campeones de Fórmula 1.

Me imagino que los invitados tendrán que poner mucha imaginación a la hora de comprar los regalos de aniversario para una persona que lo tiene todo. A modo de ejemplo, en 1996 para celebrar sus 50 años, se contrató a Michael Jackson y ese mismo año, tuvo lugar una semana de celebraciones con conciertos de Stevie Wonder y Whitney Houston para celebrar el matrimonio de su hija mayor a la que regaló nada más y nada menos que un Airbus cuando cumplió los 18.





Puesto que no nos han invitado a la comida de palacio, intentaremos dedicar el resto de día a conocer algo de BSB y alrededores.


Nos dirigimos a la Mezquita de Omar Ali Saifuddien que no hemos perdido de vista durante la celebración y que lleva el nombre del 28 sultán y padre del actual, quien la mandó levantar. Se construyó en 1958 dentro de un lago artificial cerca del río Sungai Kedayan. Destaca el gran barco de piedra que es una réplica de una barcaza real del siglo XVI. No está permitida la entrada a los no musulmanes y debemos conformarnos con admirar el edificio por la parte externa. Por una puerta lateral semiabierta se puede ver el interior pero al mínimo movimiento con la cámara de fotos se me acerca un vigilante y me pide que les muestre las últimas fotos tomadas. Cuando ven que no he sacado ninguna foto, se relajan y acabamos hablando de la FIFA y la selección española. Damos una vuelta bordeando el lago y seguimos en dirección al muelle. Pasamos por delante del centro comercial Yayasan que a pesar de tener las tiendas cerradas concentra a mucha gente en la planta baja, me imagino que para refrescarse del intenso calor. La mayoría de gente que ronda por aquí son inmigrantes, muchos de ellos indios.
 



Llegamos al muelle donde hay un frenético movimiento de barcas taxis que van y vienen continuamente. Aquí confluyen los ríos Sungai Kedayan y Sungai Brunéi y contratamos una excursión en barca con la idea de llegar a la reserva Pulau Ranggu y visitar luego Kampung Ayer.




Empezamos el recorrido y ya alejados del centro pasamos por el Parque Taman Persiaran Damuan desde donde hay una bonita vista del palacio del Sultán, Istana Nurul Iman que con sus 1788 habitaciones y 200 cuartos de baño, costó más de 350 millones de $USA. También pasamos por delante de la mezquita de Jame’Asr Hassanal Bolkiah, construida en 1992 para celebrar el 25 aniversario del mandato del sultán.




A ambas orillas crecen manglares y seguimos río arriba hasta la reserva de Pulau Ranggu, una especie de isla de manglares donde vive una importante colonia de monos proboscis. Damos la vuelta en dirección de nuevo a BSB y visitamos Kampung Ayer, un pueblo de unos 30.000 habitantes construido por completo sobre palafitos de madera dentro del agua. El pueblo dispone de varias escuelas de primaria, restaurantes, dos mezquitas, estación eléctrica, de bomberos y de policía o incluso un museo. Nos paseamos por ese laberinto intentando imaginar como transcurre un día normal en Kampung Ayer. La gente se mueve en taxis acuáticos y el tráfico de un lado a otro es constante. Regresamos al muelle después de dos horas de recorrido, por lo que consideramos un precio razonable los 15$B por persona.












Paseamos por los alrededores del muelle donde todos los pequeños comercios están abiertos pero está tan abarrotado que casi no podemos ni andar. Ya se ha hecho la hora de comer y nos dirigimos hacia el centro que está lleno de pequeños restaurantes.

Después de comer y en vistas de que todos los museos están cerrados, decidimos regresar al hotel. Los buses 57 y 58 son los únicos que paran en el Hotel Empire y son poco frecuentes por lo que debemos esperar casi una hora mientras nos entretenemos en la ajetreada estación. Pasamos el resto de la tarde paseando, leyendo y remojándonos en las piscinas.
Al día siguiente continuamos con la misma tónica del buenvivir. Yo voto por volver a BSB a visitar los museos pero estoy en minoría de uno contra dos que prefieren mimar un poco al cuerpo. Hacia las dos de la tarde pedimos un taxi para ir al aeropuerto y nos recoge un flamante Mercedes que en quince minutos nos deja en la terminal para coger un vuelo de Air Asia con destino a Kota Kinabalu, la capital de la provincia de Sabah, de nuevo en el Borneo malayo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Por el Norte Sarawak: Miri y Cuevas Niah

Después de visitar Kuching y alrededores, la siguiente etapa del viaje nos llevará a la zona norte de la provincia de Sarawak.
Llegamos a Miri, la segunda ciudad de Sarawak, en un corto vuelo de Malaysia Airlines procedente de Kuching. En Miri se desarrolló a principios del siglo XX una importante industria petrolífera que sigue siendo la primera industria de la ciudad. La compañía Shell perforó en 1910 el primer pozo petrolífero, conocido como The Grand Old Lady, actualmente una de las escasas atracciones turísticas de Miri.
Sin embargo, la mayoría de turistas que llegan hasta aquí lo hacen para visitar las Cuevas de Gunung Mulu, declaradas Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Cerca de Miri se encuentran también las Cuevas de Niah que a pesar de no ser tan conocidas como las primeras tienen una gran importancia arqueológica.
Nos alojamos en el Hotel Eastwood Valley Golf & Country Club situado a 4 km del aeropuerto. Aunque apartado del centro de la ciudad, el entorno es magnífico y el hotel dispone de un servicio de transporte gratuito tanto al aeropuerto como al centro, con lo que la distancia no representa ningún inconveniente.
En Miri estaremos tres noches y nuestros planes iniciales consisten en visitar el Parque Nacional Lamber Hills y el Parque Nacional Niah donde se encuentran las Cuevas del mismo nombre. Las Cuevas de Gunung Mulu ya las descartamos de entrada, porque significa sumar otros dos vuelos a un total de once que tenemos previstos en todo el viaje, contando los intercontinentales.
Quedamos con la recepcionista del hotel en que mañana a las 8:30am nos dejarán en la ciudad, en el Centro Comercial Imperial Mall. Evidentemente nuestro interés no es ir de compras, y menos a esa hora de la mañana, pero por lo visto la gran distracción de los habitantes de Miri y de muchos de los turistas que allí acuden es pasar las horas en los múltiples y bien surtidos centros comerciales. Ese debe ser el motivo por el cual los únicos destinos de la minivan del hotel son los diferentes shopings malls. Poco importa, porque desde allí iremos a la estación de autobuses de donde sale el que nos llevará al Parque Nacional Lamber Hills en poco más de 40 minutos.

El diluvio que ha caído durante la noche y la todavía lluvia matinal nos obliga a cambiar de planes y descartamos la idea de ir al P.N.Lamber Hills. Siendo así, tampoco tiene ningún sentido plantarnos a las 8:30 en un Centro Comercial de Miri, por lo que llamo a recepción aplazando el traslado a la ciudad hasta las 10. Esta mañana, todos los canales de TV dan la noticia de que la Selección Española ha ganado el mundial de Sudáfrica, el tema de conversación estrella del viaje, tanto con los taxistas como con los camareros, sin excepción. 
Tardamos unos 10 minutos en llegar hasta el centro y tal como habíamos quedado, nos dejan en el Imperial Mall donde aprovechamos para desayunar.
A pesar de que Miri no tiene demasiados atractivos turísticos, dedicaremos unas horas a recorrer los lugares más interesantes y tomar el pulso a esa ciudad Shell.
Sin abandonar el paraguas, empezamos por los Jardines City Fun que se encuentran frente a la mezquita de cúpulas doradas. Se trata de una serie de jardines temáticos y cada zona tiene diferente nombre: Garden of Vision, Islamic Garden, Botanical Ethnic Garden, Formal Garden, Chinese Garden, Health Garden… En el amplio recinto se encuentra también un centro cívico, una piscina pública y un anfiteatro, el más grande al aire libre de Malasia.


Nos dirigimos hasta el Mercado central y damos una vuelta por los variados puestos y por las shophouses exteriores regentadas mayoritariamente por chinos.
Tenemos pendiente organizar la excursión a las Cuevas Niah para mañana y no hay demasiadas opciones: Una de ellas es ir en bus público, la compañía Syarikat Bas Suria tiene 5 autobuses hasta Batu Niah, repartidos entre 6:30am y 4pm. De Batu Niah hasta las oficinas del Parque se puede llegar en barca motorizada, en taxi o caminando unos 45 minutos. El último autobús que regresa a Miri desde Batu Niah es a las 3:30pm.
La otra opción es contratar un transporte privado. Nos situamos en el mapa y vamos en busca del albergue Highlands donde, según la Lonely Planet organizan transporte a las Cuevas Niah por un precio razonable. Nos cuesta un poco encontrar el albergue pero al fin distinguimos el cartel. Subimos hasta el tercer piso del edificio y en recepción no hay nadie, solo un gato durmiendo encima del mostrador. Cansados de esperar nos vamos y justo al pisar la calle una mujer nos pregunta si estamos buscando alojamiento, resultando ser la encargada del albergue. Allí mismo en la calle hacemos tratos para el traslado a las Cuevas: 60RM por persona y nos recogerán en el hotel a las 8:30.


Seguimos nuestro recorrido por Miri y llegamos hasta el puerto que nos recuerda el pequeño pueblo pesquero que fue Miri antes que la industria del petróleo se asentara en la ciudad.
El sol empieza a apretar con fuerza y aprovechamos para descansar y para comer.
Ya recuperados, paseamos por el mercado de pescado con algunos ejemplares que nos resultan del todo desconocidos. Unos muchachos nos llaman y nos hacen señas para enseñarnos orgullosos el gran atún que tienen sobre el mostrador. Justo al lado del mercado se encuentra el gran Templo chino de Tua Pek Kong. La población china de Miri es muy numerosa y a esa hora el templo está muy animado de gente que va a ofrecer las barritas de incienso o algunos que intentan adivinar su futuro con los palillos chinos o chim.


A pesar de que ha quedado un día estupendo ya no tenemos tiempo de ir al P.N. Lamber Hills y al ser lunes el Museo del Petróleo está cerrado por fiesta semanal, o sea que tampoco podremos conocer a la Grand Old Lady, el primer pozo petrolífero.
Nos acercamos a la oficina de turismo para ver si tenemos la posibilidad de visitar alguna longhouse cerca de Miri. Nos comentan que hay una bastante cerca y aunque dicen, no es demasiado bonita, se puede llegar en autobús. Nos acercamos a la estación y cogemos el número 24 en dirección a Lambir. Pedimos al conductor que nos avise y al cabo de una media hora llegamos al pueblo Kampung Tunku Abdul Rahman.
Las longhouses son las casas tradicionales de los indígenas de Borneo. Se trata de casas comunitarias donde diferentes familias viven bajo el mismo techo. Haciendo honor a su nombre de “casas largas” algunas de ellas pueden llegar a tener hasta cien puertas. Detrás de cada puerta hay un diminuto apartamento unifamiliar pero lo realmente interesante de la longhouse es la veranda común que sirve de zona social.


La visita a una longhouse es una de las atracciones más solicitadas en Borneo, pero no me interesaba para nada ir a una longhouse turística, por muy bonita que fuera. Para eso ya habíamos visitado la de la Aldea Cultural de Sarawak cuando estuvimos en el Rainforest World Music Festival. Antes de entrar a una longhouse (a no ser que se haya pagado una cantidad considerable a un tour operador) siempre se debe esperar a ser invitado. En la oficina de turismo me anotaron en un papel el nombre del jefe, Rh.Jarek, por quien deberíamos preguntar. No hizo falta buscar demasiado porqué enseguida salieron a recibirnos. Primero se nos acercó el jefe y a continuación un grupo de mujeres y niños que nos invitaron a entrar.
Nos sentamos en la zona común y enseguida nos ofrecen te, zumos, galletas y licor de arroz. Son de la etnia iban, mayoritaria en esta zona de Sarawak. Me cuesta imaginar que hace tan sólo cincuenta años eran los temidos cortadores de cabezas humanas.


El jefe y algunas de las mujeres más jóvenes hablan bien el inglés y les bombardeo a preguntas. El resto, escuchan sin entendernos, pero nos miran y sonríen. Ellos también se interesan por aspectos de nuestra cultura y les sorprende enormemente que sólo tengamos una hija ya que ellos tienen una media de seis hijos. La longhouse es relativamente pequeña, y es de “sólo”23 puertas. Nos cuentan orgullosos que tienen electricidad las 24 horas del día, agua corriente, sanitarios y el pequeño pueblo dispone también de una guardería y una escuela de primaria. Me intereso por los famosos tatuajes de los iban, aunque sólo el más anciano de los presentes muestra el tatuaje en la nuez. Los iban acostumbraban a tatuarse todo el cuerpo, brazos, piernas y espalda y la parte superior de la mano si habían cortado alguna cabeza humana. Los diferentes motivos, flores y pájaros, tienen un gran simbolismo y cada diseño tiene su propia razón de ser. Se sorprenden con los tatuajes de los occidentales y no entienden muy bien esa moda, a pesar de que los jóvenes iban, aunque no se tatúan todo el cuerpo como sus antepasados, combinan algún diseño actual con otros tradicionales.
Pido hacer una foto al anciano de los tatuajes y a pesar de que no me entiende noto que se siente incómodo por ser el protagonista, y por supuesto descarto la idea. 
Nos ha encantado visitar esta longhouse porqué no se trata de ningún show montado para turistas y hemos visto como viven realmente los iban cerca de una ciudad. No nos han recibido con taparrabos ni plumas en la cabeza, sino vistiendo vaqueros y con el móvil en la mano. No nos han explicado historias de sus antepasados cortadores de cabezas sino la realidad de cómo viven los jóvenes del pueblo, sus trabajos, sus avances, sus inquietudes y mirando al futuro en vez de intentar vivir del pasado.
Cuando nos vamos, les dejamos una propina que no quieren aceptar de ninguna de las maneras pero insistimos en que compren con el dinero algún regalo para los niños. Ha sido una bonita experiencia y nos despedimos de esa hospitalaria gente.

Paseamos por la carretera, donde se dispersan el resto de casas del pueblo pero al poco rato de caminar pasa un autobús al que hacemos señas para que pare y le preguntamos si se dirige a Miri. El chófer no tiene cambio pero insiste en que nos sentemos tranquilos; después de recorrer pocos kilómetros se detiene frente a una pequeña tienda de carretera y nos indica que podemos ir a buscar cambio, que el bus nos espera. Yo no creo que esto sea un hecho habitual, pero me sorprendió la tranquilidad del resto de los pasajeros. Intento imaginarme la misma situación en un autobús de aquí y creo que, como mínimo, linchan al conductor. No sé si será su filosofía de vida o su manera de ser, pero definitivamente no gastan tan mala leche como nosotros.

De regreso a Miri, nos acercamos al Tamu Muhibbab, otro gran mercado donde los dayak locales van a vender sus hortalizas. Ya están recogiendo pero nos da tiempo de comprar unos mini plátanos deliciosos y longan u ojos de dragón, una fruta parecida a los lychees.
Vamos caminando por la parte más moderna de la ciudad, donde se concentran varios locales y restaurantes con muy buena pinta. Llegamos al Centro Comercial donde hemos quedado con el chófer del hotel que se presenta puntual, como siempre.



Unos 10 minutos antes de la hora acordada ya estamos esperando en la casa club del hotel donde quedamos que nos pasarían a recoger para el transporte al Parque Nacional Niah.
La recepcionista nos dice que han llamado avisando que están en camino, pero pasa media hora y aquí no viene nadie. Por fin llega un coche (esperábamos un minibus) con un sujeto que no acabamos de identificar si es chico o chica. Lleva el pelo pintado de color rosa a conjunto con la camiseta que viste y lleva el coche decorado con infinidad de peluches y cojines, la mayoría de color rosa. Después de pasar por algunas urbanizaciones vamos a recoger a otro elemento, que también viste de rosa, y lleva unas uñas de pies y manos largas de escándalo. Josep Maria que se había sentado delante, pasa detrás con nosotras, los peluches y los cojines y dejamos a los hombres de rosa que hablen de sus cosas. Es curioso porqué siendo tan jóvenes, tendrán unos 23-25 años, no hablan más de dos palabras en inglés. No son malayos, sino chinos como la mujer del albergue que nos atendió ayer que debe dar trabajo a los chavales del barrio o a sus nietos.
El caso es que lleva el aire acondicionado a punto de congelación y va a 160 km por hora en una carretera llena de baches. Josep Maria dice que éste ha aprendido a conducir en un video juego y me parece que razón no le falta. Después de 110 kilómetros, llegamos al Parque Nacional y pactamos la hora de regreso. Nos registramos en la oficina del Parque y pagamos los 10RM reglamentarios por persona. Cerca de la oficina está la cafeteria – restaurante y algunos lodges que se ven decentes.


Para acceder a los caminos se debe cruzar el río Sungai Niah en barca ya que no existe ningún puente. Cuesta tan sólo 1RM pero el trayecto no dura ni dos minutos ya que se trata literalmente de pasar de una orilla a la otra. Lo primero que se encuentra es un pequeño museo situado en un bonito edificio de madera que muestra los diferentes hallazgos arqueológicos del lugar, donde se evidencia la presencia del hombre hace unos 40.000 años. A parte de ser el primer lugar poblado en todo el Sudeste asiático, nunca fue abandonado. Se ha encontrado un gran cementerio donde las distintas épocas desde el paleolítico hasta el 1400 aC distribuidas en diferentes capas, demuestran este hecho. También se hallaron muchos objetos, desde cerámica, joyas, etc que acompañaban al difunto a lo largo de su gran viaje hacia la otra vida.


Visto el museo, iniciamos el recorrido que transcurre por unas pasarelas de madera sobre el suelo y que desemboca en la Gran Cueva después de unos 3 kilómetros. A pesar de que la distancia es corta, lo hacemos muy despacio ya que nos detenemos a cada dos pasos porqué el lugar se lo merece. Es un agradable paseo por una selva primaria y la única compañía es una magnífica banda sonora. Intentamos caminar en silencio y los sonidos de diferentes pájaros, insectos y monos no nos abandonan ni un momento. Sabemos que hay macacos, proboscis e incluso serpientes y cocodrilos (ya que el camino transcurre paralelo al río) pero lo único que vemos son infinidad de mariposas de diferentes colores y tamaños, lagartos, ciempiés de un color rojo estridente, setas fluorescentes y una espesa vegetación. Los troncos de los árboles crecen altivos buscando la luz del sol y sus raíces superficiales se enredan entre rocas calcáreas de extrañas formas.

La primera cueva que se encuentra, la llamada Cueva de los Mercaderes, es donde antiguamente se realizaban las transacciones comerciales.


Si ésta ya me parece impresionante, a pocos metros se halla la Gran Cueva, de 250 metros de ancho y 60 metros de altura. Es aquí donde se llevan a cabo las dos actividades recolectoras: por una parte, la etnia de los penang es la encargada de recolectar los nidos de vencejo, una delicatessen de la cocina oriental, especialmente la china, a partir de los cuales se elabora la sopa de nido de pájaro. Es el único nido comestible y está hecho a partir de la saliva que segrega este pájaro parecido a la golondrina pero más pequeño. Ahora no es época de recolección pero podemos ver los altísimos palos de bambú que sirven para trepar y alcanzar los nidos. La otra riqueza que da la cueva es el guano, es decir, los excrementos de los murciélagos y de los mismos vencejos, un abono muy valorado. En este caso, no lo explotan los penang sino los iban.


El lugar es impresionante y las formaciones rocosas están recubiertas de un color verduzco del guano. La cueva es bastante oscura y la luz de la linterna no alcanza la parte más elevada y no podemos ver los nidos aunque se escucha el griterío de los pájaros en lo alto. Se debe andar con precaución porque el suelo es muy resbaladizo. Las imágenes desde el interior de la Gran Cueva hacia el exterior parecen sacadas de una película de Indiana Jones y las estalactitas que cuelgan del techo junto con la vegetación selvática de fondo nos ofrecen un panorama magnífico. La pasarela de madera continúa por el interior de la cueva pero primero hay que subir unas largas escaleras. Ahí la linterna se hace imprescindible porqué está totalmente a oscuras y debemos mirar bien donde ponemos los pies. Aquí el escenario de película de Indiana Jones se convierte en un escenario de película de terror. En algunos puntos hay agujeros por donde entra la luz natural e ilumina tenuemente.

Por fin salimos al exterior y seguimos unos diez minutos hasta la Cueva Pintada. Las pinturas, de un color rojo descolorido no se ven demasiado bien y cuesta distinguir los dibujos. Probablemente representan a cazadores y guerreros, algunos animales y las almas que acompañan a los difuntos en el viaje al más allá.


Volvemos a la Gran Cueva por el mismo camino y de aquí regresamos al punto de partida.

No me explico como un lugar tan interesante tiene tan pocas visitas. No sé si siempre será igual pero apenas nos encontramos cuatro o cinco personas en todo el recorrido.
Llegamos a la oficina del parque y vamos al restaurante a comer donde nos encontramos con los dos muchachos de rosa.

Volvemos hacia Miri y ahora le toca conducir al otro chaval, al de las uñas largas. Nos preguntan si queremos parar en la playa pero preferimos seguir el camino. El viaje de vuelta ha sido más o menos igual; quizás éste no ha alcanzado los 160 pero no ha bajado de los 140km/h. Nos han dejado en el hotel, les hemos pagado los 180RM y nunca más. La excursión nos ha encantado pero la fama que había leído sobre el albergue Highlands no la veo demasiado merecida: tres cuartos de hora de retraso, estrechos como sardinas en un coche bastante destartalado y lo que es peor, unos suicidas al volante. No nos han dado ninguna bolsa de pic-nic como había leído y no nos han dirigido la palabra en todo el trayecto. Al menos nos han devuelto sanos y salvos.

Una vez en el hotel decidimos aprovechar un poco las instalaciones y vamos a la piscina y al jacuzzi. También hay la posibilidad de remar por el lago pero ya es demasiado tarde.
Me conecto a Internet y recibo un mail de la oficina de turismo en que nos dicen que mañana a las 11:30 am nos pasarán a recoger para ir hasta Brunei. Los de la oficina de turismo sí que se ven gente formal. Cenamos en el hotel y mañana cambiamos de aires y de país.