viernes, 31 de diciembre de 2010

Haciendo balance de 2010


Otro año vivido y uno menos que queda por vivir, esa es la realidad. Hablando en términos viajeros, empieza a angustiarme la idea de que no voy a tener tiempo de conocer todo aquello que me ilusiona. La lista es larga y aunque parezca una contradicción, en lugar de ir acortándose cada vez se alarga más. Supongo que os ocurre lo mismo a la mayoría de los que seguís este blog, un viaje lleva a otro, lees un artículo que te gusta, un reportaje en televisión, hablas con alguien que te cuenta su viaje y resulta que acabas añadiendo a la lista una infinidad de lugares que en un principio no tenías en mente, a lo mejor por pura ignorancia. Sin hablar de los lugares a los que me apetecería volver una y otra vez. ¡Necesitaría 30 largas vidas!. Como no sé lo que nos depara el futuro, intento aprovechar el presente, aunque siempre me persigue la duda de si vivo la vida que realmente quiero y como quiero. En fin, ha llegado el momento de hacer balance de los viajes que se han hecho realidad y de los que no han podido ser y de plantearse nuevos objetivos y nuevos retos para el próximo año. Esta es la ilusión con la que empezaré el 2011.
Del año que acaba no nos podemos quejar, a pesar de que algunas cosas no han salido como estaban previstas. Es uno de los inconvenientes de tener que programar los viajes con antelación, ya que cualquier contratiempo puede hacer cambiar los planes a última hora. El tema de los controladores aéreos se ha convertido en un problema real y muy a tener en cuenta a la hora de hacer planes de viajes. Este año 2010 lo he sufrido tres veces, dos cancelaciones de vuelos a última hora y un retraso importante. Cuando no son los controladores españoles, son los franceses y ya podemos afirmar que nuestro destino está en manos de este colectivo que, sin entrar en detalles, se siente a disgusto con sus condiciones laborales.  

Así pues, en febrero, los controladores franceses fastidiaron nuestra escapada a Cambridge, ya que se canceló nuestro vuelo de Easyjet a Londres Stansted pocas horas antes de partir. Perdimos una buena ocasión de pasar un fin de semana en compañía de amigos viajeros en una ciudad que me apetecía mucho conocer.

No pudo ser Cambridge pero en Semana Santa visitamos otras dos ciudades británicas, Liverpool y Chester y ambas me sorprendieron. Chester es una ciudad encantadora, con un conjunto histórico considerable y calles animadas que hacen muy agradable la visita. Liverpool, me dio mucho más de lo que esperaba y considero que es un claro ejemplo de que las ideas preconcebidas, para bien o para mal, en la mayoría de los casos no se ajustan a la realidad. La música y el espíritu Beatle se respira en todos los rincones pero Liverpool ofrece mucho más que eso.




En verano nos decidimos por el sudeste asiático donde estuvimos tres semanas. La mayor parte del tiempo lo destinamos a la isla de Borneo, concretamente a las provincias de Sarawak y Sabah que pertenecen al Estado de Malasia y también visitamos el sultanato de Brunei.
En la parte de Malasia continental sólo estuvimos en Kuala Lumpur pero antes de regresar a casa dedicamos tres días a Singapur. Una grata experiencia que cumplió una de mis ilusiones, la de poder ver orangutanes en libertad.     




En octubre nos fuimos cinco días a Roma. Un viaje en familia para celebrar las bodas de oro de mis padres. A pesar de que ya conocíamos la ciudad eterna, ése fue un viaje muy especial por lo que representaba. Roma es una ciudad que no cansa y a la que volvería una y otra vez. Seguro que no será la última.



El puente de diciembre no salió como teníamos previsto. Disponíamos de una semana entera a nuestra disposición y aunque en principio pensamos en Bulgaria nos decantamos al final por Sicilia, básicamente por cuestiones de temperaturas más favorables en esa época del año. De nuevo los controladores aéreos fastidiaron nuestros planes y decidimos volver a algunas zonas de Francia donde habíamos estado años atrás. Sin nada programado y sin un rumbo fijo, fuimos  recorriendo varios pueblos de la Provenza, la mayoría de ellos ya conocidos, pero a los cuales nos encantó volver. Visitamos por primera vez ciudades como Montpellier, Marsella o Niza y la región de la Camarga. No hay que negar la rabia y sensación de impotencia al vernos obligados a anular el viaje a Sicilia, pero regresar a Francia siempre es para mí una buena noticia. Si no he perdido las cuentas hemos viajado 16 veces al país vecino y como aquel que dice, todavía no nos hemos movido del sur. La primera idea fue llegar hasta la Champagne pero el temporal de frío y nieve nos retuvo allí donde los mapas metereológicos no pintaban tan desfavorables. Tengo muchas cosas que contar que iré haciendo durante las próximas semanas.

A lo largo de estos 365 días ha habido también escapadas cortas. Algunas de fin de semana, como la de Andorra y otras, excursiones de un solo día a lugares más cercanos como la ciudad de Girona o Besalú.






Tampoco desaproveché la última semana de octubre que viajé a Bélgica por motivos laborales pero que me permitió hacer un poco de turismo tanto en Amberes como en Bruselas. Ya conocía ambas ciudades pero siempre quedan muchas cosas por descubrir.




Los destinos para 2011 no están aun decididos pero espero que se puedan ir cumpliendo sueños. Es mi deseo para todos los que os acercáis por aquí. Feliz 2011!

jueves, 23 de diciembre de 2010

El románico andorrano

Andorra es conocida como un destino invernal, donde los aficionados al esquí tienen kilómetros de pistas a su disposición. Sin embargo, a mí me cautiva en verano, cuando el color verde cubre el paisaje, la temperatura es agradable, se pueden realizar infinidad de excursiones y algunas visitas excepcionales.
Durante los meses de julio y agosto se ofrecen una serie de visitas guiadas gratuitas a las iglesias románicas más significativas del patrimonio andorrano, un gran valor turístico para el pequeño Principado.





Aunque en varias ocasiones habíamos podido admirar las iglesias románicas repartidas por las distintas parroquias andorranas, nunca antes habíamos tenido la ocasión de conocer su interior en visita guiada. Aprovechamos por los pelos esa gran oportunidad ya que viajamos a Andorra el último fin de semana de agosto, en una decisión improvisada para alejarnos de la intensa y última ola de calor del pasado verano.
Combinamos las visitas con una excursión a la montaña y tranquilos paseos.





Como introducción recomiendo empezar por el Centro de Interpretación del Románico que se encuentra en el pequeño pueblo de Pal. Un espléndido y muy bien realizado audiovisual de 15 minutos te transporta a la Edad Media, a la Andorra de los siglos XI y XII, cuando piedra a piedra se fueron levantando estas construcciones sencillas, sobrias y con poca ornamentación, aunque de gran belleza. No encontramos en Andorra grandes conjuntos arquitectónicos, sino edificios de pequeñas dimensiones que no tan sólo cumplían las funciones religiosas sino también civiles, ya que era en las iglesias donde se reunían los vecinos, donde se pagaban los impuestos o incluso, donde se hacía el mercado.
La mayoría de estas iglesias seguían los patrones del románico, con un ábside semicircular orientado al este, en dirección a la salida del sol y a los lugares sagrados de Jerusalén, un pequeño presbiterio y una nave rectangular.  
A lo largo de los años, muchas de ellas sufrieron modificaciones importantes, especialmente en el siglo XVII, cuando se descubren en Andorra las minas de hierro y se abren diferentes fraguas para su transformación, alcanzando un bienestar económico que desencadenó un aumento de población, motivo por el cual se tuvieron que ampliar algunas de ellas, como es el caso de Sant Martí de la Cortinada que prácticamente triplica su capacidad y se reorienta en dirección norte-sur.
Las tres visitas guiadas que realizamos fueron la de Sant Cristòfol d’Anyós, Sant Climent de Pal y Sant Martí de la Cortinada.

Sant Cristòfol d’Anyós
La iglesia se encuentra en la parte más elevada de la población y es de propiedad privada, perteneciendo a una familia acomodada del Principado.
Como la gran mayoría, a lo largo de su historia ha sufrido varias modificaciones y del edificio románico sólo queda el ábside semicircular y el muro de tramontana.



Los frescos románicos que se descubrieron en los años 30, fueron vendidos a un anticuario de Madrid y de aquí pasaron a manos de un coleccionista americano por lo que los que podemos ver son una reproducción de los originales.



El retablo del siglo XVI dedicado a su patrón, Sant Cristòfol, ha sido recientemente restaurado.
El campanario no es de estilo lombardo como en la gran mayoría de las iglesias románicas andorranas, sino que se trata de un pequeño campanario de torre cubierto con un tejado de cuatro vertientes de madera y pizarra.



St Climent de Pal
Su bello campanario de tres pisos y ventanas geminadas, sobresale entre los tejados de pizarra de las casas del pequeño pueblo de Pal, completando una imagen de postal. El ábside actual de forma cuadrada es de los siglos XVII- XVII y substituyó al románico original.
Se accede al interior a través de un porche, un buen lugar para tomar el fresco. No cuesta demasiado imaginar las tertulias de los vecinos en verano sentados en las repisas de este pequeño recinto. El interior es muy sencillo y destaca una talla de la Mare de Déu del Remei (Virgen de los Remedios) del siglo XIII y un retablo barroco dedicado al santo patrón, Sant Climent. 






La tercera iglesia que visitamos fue la de Sant Martí de la Cortinada, donde se conservan parte de los frescos originales del siglo XII, realizados por el llamado Maestro de la Cortinada.
Cuando se empezaron a explotar las minas de hierro hubo un aumento importante de la población y la pequeña iglesia románica pronto se quedó pequeña. Se amplió por uno de los lados y se reorientó en dirección norte-sur pasando el ábside a ser una capilla lateral y quedando afortunadamente escondida su magnífica decoración pictórica. Digo afortunadamente, porque el románico que había quedado del todo abandonado durante siglos, recupera el interés a finales del siglo XVIII y XIX con el Romanticismo, cuando se echa la vista atrás en busca de raíces. Y fue entonces cuando una parte del patrimonio que había aguantado año tras año durante seis largos siglos, pasa a manos de coleccionistas, ladrones o museos.








Fue en el año 1968 durante unas obras de restauración, cuando volvieron a ver la luz aquellos seres reales y fantásticos que habían permanecido escondidos durante años bajo unas capas de cal.
Por desgracia sólo han sobrevivido a los expolios y desamortizaciones los frescos que permanecieron escondidos, ya fuera detrás de retablos o porqué se encalaron las paredes.
La guia nos hizo una excelente exposición y nos explicó detalladamente cada uno de los personajes que aparecen en las pinturas murales. Parece que el presupuesto para decorar la iglesia no debió ser bajo. Esto se puede intuir por la cantidad de tonos azules y verdes, ya que eran los más caros de obtener. Sin embargo, en Andorra no se utilizó el lapislázuli como en otras partes de Europa, sino la arenita, otra piedra semi preciosa.  
La interpretación de los frescos se hace pensando en la función que tenían en la Edad Media las pinturas de las iglesias, la de adoctrinar a la población a través de las imágenes para hacerles entender la diferencia entre el bien y el mal. Así pues, a mano derecha, la mano “buena”, se encuentran una serie de personajes religiosos y santos simbolizando el bien: San Martín, el patrón, que se encuentra primero como noble y militar repartiendo el sustento entre los más necesitados y posterirmente ya representado como alto clergado. También se puede ver a su sucesor Sant Brici (Sanct Bricius), a Sant Arnau (Sanct Arnalsu) y a otro personaje que sostiene un cáliz.




A mano izquierda están representados los malos: Destaca la figura de un animal fantástico, una especie de lobo con lengua de reptil trífida. El arquero que mató a San Sebastián, un alto clergado que no cumplió las normas de la iglesia o gente considerada de mala vida como músicos, actores o bailarines.



A parte de los frescos, la iglesia tiene también otros elementos decorativos de gran interés, como cuatro retablos barrocos y especialmente un interesante conjunto de rejas de hierro forjado que protegen el altar mayor y las capillas laterales, separando las partes sagradas de la parte laica. Las rejas son del siglo XVII, construidas con el hierro local que enriqueció a la población andorrana.



Aunque no pudimos visitar su interior, nos acercamos hasta Sant Miquel d’Engolasters para disfrutar de las magníficas vistas sobre el valle.








Me encanta Andorra y me encanta la hermosa sencillez de las iglesias románicas. Nos quedó mucho por ver y si el próximo verano nada nos lo impide, continuaremos visitando el patrimonio del Principado esperando que el Patronato de Turismo de Andorra siga fiel a su buena iniciativa.