sábado, 19 de marzo de 2011

Marsella, una ciudad con carácter

Viajar a Marsella no se encontraba dentro de nuestras preferencias a corto plazo, pero el cambio de planes debido a la huelga inesperada de los controladores aéreos, nos facilitó el camino hasta la segunda ciudad más poblada de Francia. Es complicado organizar la visita en un solo día para una ciudad que requiere una semana como mínimo, pero lo que está claro es que hay que escoger y no intentar obsesionarse con querer abarcarlo todo en pocas horas.

Puerto viejo y Basílica de Nuestra Señora de la Guardia al fondo



Puerto viejo
Los lugares que no queríamos perdernos eran el Viejo Puerto, el barrio de Panier y la Basílica de Nôtre Dame de la Garde. Dejamos el coche en un aparcamiento céntrico de la Cours de St Julien y ya nos olvidamos de él durante el resto del día.
Desde siempre, esta metrópoli portuaria se ha visto envuelta en estereotipos no demasiado positivos que no hacen justicia a su historia ni a su riqueza cultural de hace casi 3000 años. Marsella, fundada con el nombre de Massalia hacia el año 600 por unos marineros griegos procedentes de la ciudad jónica de Focea, fue en sus orígenes un destacado asentamiento comercial. La situación era inmejorable ya que la bahía formaba un puerto natural protegido.

Sobre sus orígenes existe, como no podía ser de otra manera, una bonita leyenda. Ésta cuenta que los griegos desembarcaron en el momento en que Gyptis, la princesa ligur de la localidad, se disponía a elegir consorte entre un grupo de candidatos dispuestos en círculo. En un inesperado gesto, posiblemente para evitar derramamiento de sangre entre sus conciudadanos, la joven ofreció la copa que señalaba la elección, a Protis, el capitán de la expedición griega. De aquella unión surgió una floreciente colonia mercantil a la que se llamó Massalia.
En el siglo XIX, cuando los muelles de la ciudad eran la puerta de entrada de riquezas procedentes de las colonias de Asia y África, se vivió la época más próspera, con edificios que han permanecido hasta nuestros días como muestra de aquellos días de esplendor.
Pero a lo largo de los siglos, la historia de Marsella es la historia de su mar, de su Mediterráneo y Nôtre Dame de la Garde, su Virgen que protege desde lo más alto de la ciudad, a todos los marineros que navegan en sus aguas.

Puerto Viejo y Fuerte de San Nicolás
Sus habitantes han pasado momentos de gran esplendor y también de gran amargura, lo que les ha ido marcando una fuerte personalidad y un carácter independiente que distingue a los marselleses.

Puerto Viejo
Bajamos por la calle Canebière que desemboca en el puerto viejo, le Vieux Port. La calle Canebière es la más famosa de la ciudad, inmortalizada en una canción que, para ser sincera, no la había escuchado nunca anteriormente. El edificio de la Bolsa (que actualmente alberga el Museo de la Marina), magníficos edificios como antiguos hoteles emblemáticos convertidos ahora en compañías de seguros o entidades bancarias y diferentes palacios del siglo XIX dan un aire elegante a esta gran avenida. En esta época del año es donde se monta el Mercado de Navidad, con varios puestos de santones, jabón de Marsella, artesanía y otros productos de la Provenza. Marsella se abre magnífica al mar y su puerto viejo abandonado y en decadencia durante años, queda ahora integrado dentro de la ciudad formando un gran rectángulo con edificios a ambos lados.

Edificio de la Bolsa. Canebière
Aunque hay otros puertos dedicados al tráfico de mercancías y de pasajeros, le Vieux Port es el más pintoresco. Las embarcaciones deportivas y los barcos de pesca comparten las mismas aguas y desde aquí sale el transbordador que va al pequeño islote donde se encuentra el Château d’If del que, se dice, escapó el Conde de Montecristo.
Caminamos de punta a punta por el Quai du Port, con el antiguo Ayuntamiento (s. XVII) como edificio más representativo. El aire es gélido pero no nos impide llegar hasta el final donde se encuentran los edificios portuarios, tales como las antiguas aduanas o la intendencia sanitaria. Este edificio del 1719 disponía de los médicos y personal sanitario que controlaron hasta finales del siglo XIX, todos los barcos que entraban en el puerto de Marsella. Este edificio se utilizó como modelo para el resto de los grandes puertos del Mediterráneo. En el extremo, se levantan dos fortalezas, antiguas defensas de la ciudad: San Nicolás a la izquierda y San Juan a la derecha, sede de los Caballeros de la Orden de Malta durante unos cuantos siglos. Tal como recuerda una inscripción en la fachada, en este lugar se alojaron desde el siglo XII hasta el siglo XVII, los Caballeros de la Orden soberana de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. 

Edificio intendencia sanitaria. Puerto Viejo
Deshacemos el mismo camino hasta el Quai de la Fraternité, donde la Canebière se funde con el Vieux Port y donde cada mañana acuden a su cita los vendedores de pescado. Muy cerca de aquí se encuentra la bien dotada Oficina de Turismo donde recogemos un completo mapa y buenos consejos.
Para llegar hasta la Basílica de Nuestra Señora de la Guardia, se puede utilizar el autobús urbano pero decidimos coger el “Petit train”, un trenecito turístico que parte del Puerto Viejo y circula por el Quai de Rive Neuve, pasando por la Abadía de San Víctor - la más antigua de la ciudad – y por la corniche John F.Kennedy o carretera de la costa que va siguiendo los acantilados con magníficas vistas sobre las islas cercanas. La Corniche, auténtico balcón sobre el Mediterráneo, da comienzo en la playa des Catalans y termina en la del Prado, la principal. Aquí se pueden ver diferentes palacetes construidos en el siglo XIX por ricos propietarios que amasaron su fortuna con los negocios o como armadores de barcos comerciales.
Aunque el recorrido está muy bien y me imagino que en verano debe ser una delicia, cuando llegamos a Nuestra Señora de la Guardia estamos completamente congelados. Este mirador a 162 metros sobre el nivel del mar, se trata del mejor sitio para contemplar Marsella y sus alrededores.

Basílica de Nuestra Señora de Guardia

Las vistas de la ciudad nos muestran un perfil monótono, monocolor, el color de la piedra calcárea blanquecina, típica de la región. Se distinguen el Palacio de Longchamp, la Vieja Caridad y la Catedral.




Château d'If. 
La basílica es muy bonita, especialmente su interior recubierto de mosaicos bizantinos y una imagen de plata de la Virgen y el Niño, en el altar mayor. Tiene sus orígenes en 1214, pero su aspecto actual románico-bizantino se debe a Espérandieu, uno de los arquitectos franceses más populares de la segunda mitad de siglo XIX.
Está decorada con diferentes barquitas que cuelgan del techo, donaciones de los marineros como agradecimiento a su muy venerada Virgen.
La gran imagen de la Virgen, está situada en la parte más alta de la torre bendiciendo la ciudad y el puerto. Está cubierta de pan de oro y mide 9 metros y 72 centímetros. Hay constancia de la existencia de una capilla dedicada a la Virgen en el siglo XIII pero su importancia estratégica la toma en el siglo XVI con la construcción de un fortín para Francisco I. Como símbolo de la ciudad, es con la toma de la Basílica, el 25 de agosto de 1944 que se lleva a cabo la liberación de Marsella.

Interior de la Basílica



De cara abajo, el recorrido se nos hace más corto y llegamos al mismo punto de partida. Es hora de comer y en Marsella hay que probar la bullabesa, una especialidad que se debe a las mujeres de los antiguos pescadores, que utilizaban el pescado que sus maridos no habían logrado vender. La receta, en lo que respecta a sus ingredientes fundamentales, sigue siendo casi las misma de entonces. Nos sirven una gran cazuela con caldo, mejillones y filetes de diferentes pescados, elaborado con tomate, vino blanco, hinojo y azafrán. Se sirve con pan tostado, alioli y queso rallado. No está mal pero echamos en falta alguna gamba, algún calamar …

Dedicamos gran parte de la tarde a recorrer Le Panier, el barrio antiguo de la ciudad, en 
Sopa bullabesa
la colina norte del Puerto Viejo y el que mejor refleja el ambiente multiétnico de Marsella.
Partimos desde el viejo Ayuntamiento y lo volteamos hacia la plaza Daviel (plaza de la Ley bajo la Revolución) donde durante la Revolución se hacían los juicios públicos desde el balcón del Pabellón Daviel en el mismo edificio del ayuntamiento. Daviel es el nombre de un hijo ilustre de Marsella, un famoso oftalmólogo que realizó la primera operación de cataratas, en 1745.

Pabellón Daviel. Ayuntamiento Viejo
Mosaico en Le Panier

Desde aquí, cogemos la subida des Accoules hasta la Place des Moulins que, como el nombre indica, había diferentes molinos que trabajaban con la fuerza del aire. En el siglo XVI se contabilizaron hasta quince, pero el número fue decreciendo con la utilización del agua como fuerza motriz y ya en el siglo XIX sólo quedaban tres de ellos. Aun son visibles los restos de dos de estos molinos. A mediados del siglo XIX se demolieron algunos edificios y quedó la plaza tal como se encuentra actualmente, una típica plaza provenzal.











A pesar de que se nota el gran esfuerzo de las autoridades locales en sanear y rehabilitar ese particular barrio de Panier, hay mucho trabajo por hacer. Es agradable pasear por sus calles estrechas, empinadas, con escaleras y llenas de color pero la realidad es que la decadencia se nota en cada esquina. Locales cerrados, pintadas por todas partes y bastante sucio, con una población inmigrante y marginal que ocupa las destartaladas viviendas. Intento captar con la cámara de fotos estas sensaciones con sabor a tiempos pasados pero con esperanza puesta en el futuro.
















Seguimos hasta el edificio de la Vieja Caridad, catalogado como Monumento Histórico el día 29 de enero de 1951. Pierre Puget inició su construcción en 1655 para que fuera un hospicio para mendigos, pobres y huérfanos de la ciudad después de guerras y frecuentes períodos de hambruna en la segunda mitad de siglo XVII. Se caracteriza por el contraste entre las austeras fachadas exteriores y las fachadas interiores con bonitas arcadas de tres pisos y galerías. La capilla central del patio es una pura expresión del barroco y representa una proeza arquitectónica con su cúpula elíptica. En la actualidad se encuentran dos museos, que de alguna forma rinden homenaje a los lazos con ultramar: el Arqueológico del Mediterráneo y el dedicado a las Artes Africanas, Oceánicas y Amerindias.

La Vieja Caridad

La Vieja Caridad

La Vieja Caridad
Bajando por la Vieja Caridad, a la orilla del mar se levanta la Catedral, un suntuoso edificio construido entre 1852 y 1893 en estilo románico bizantino. Su interior impone respeto por sus descomunales dimensiones y por su soledad: nosotros dos, un par de viejecitas y un vigilante … muy poca gente para tanta iglesia. Es evidente que el esplendor vivido en el siglo XIX canalizó el deseo de construir esta gran obra.

Catedral






Dejamos Le Panier con una sensación agridulce, como acostumbra a ocurrir en todos los barrios antiguos de cualquier ciudad.
Paseamos por la Rue de la République, una amplia avenida comercial y damos una vuelta por el mercado de Navidad donde no podemos olvidar comprar jabón de Marsella. A pesar de que la base es la misma, los hay con diferentes aromas y colores. Me los llevaría todos pero debo controlarme. Compro el de jazmín, naranja, rosa, aloe vera, lila y mimosa … para todos los gustos.

Mercado de Navidad
Jabones de Marsella

El jabón de Marsella aparece en el siglo XV y se prepara con aceites vegetales, básicamente de oliva, y una mezcla de huesos (ricos en potasio). A principios del siglo XVIII existían en Marsella 30 jabonerías trabajando a pleno rendimiento, las cuales exportaban su producto al norte de Europa, Inglaterra y al Imperio Turco. En la actualidad sólo sobrevive una de ellas que sigue elaborando el jabón de forma artesanal y con ingredientes naturales.


Nos despedimos de ese rincón del Mar Mediterráneo, que han hecho suyo los distintos pobladores que por aquí han pasado. Primero los griegos y romanos, seguidos por catalanes, aragoneses, corsos y genoveses para dar paso a la nueva inmigración, un gran crisol de mestizaje que caracteriza a esta gran ciudad.


11 comentarios:

  1. Siempre he marcado Marsella en el mapa, pero nunca la he visitado. Ahora ya tengo una razón más para hacerlo algún día.

    ResponderEliminar
  2. Me parece que erece la pena una escapada desde Madrid ahora que hay vuelso directos. Magníficas fotografías.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Enhorabuena por las fotos, son fantásticas. Y la ciudad parece preciosa. Saludos!!

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
    La visita a Marsella fue del todo improvisada, sin saber muy bien lo que me iba a encontrar pero creo que mereció la pena. No me importaría repetir.

    Saludos

    ResponderEliminar
  5. Hola Maria Teresa: qué lindo que me sigue resultando leer tus opiniones sobre sitios que he visitado y de los cuales guardo un grato recuerdo.
    A mucha gente me consta que no les gusta Marsella, y a mi me ha encantado, especialmente el barrio del Puerto Viejo y sus alrededores. Como tú dices, las vistas desde la Iglesia de Notre-Dame son impresionantes ...
    Cuánta historia no? y cuantos pueblos han pasado por allí.
    Aqui en Francia se suelen referir a ella como 'Marsella, la ciudad fenicia'.
    No creo que yo podría vivir allí, pero realmente es una ciudad para visitar y perderse unos dias entre sus calles y monumentos.
    Hoy creo que su población luce distinta, tan cosmopolita con las nuevas oleadas de inmigrantes magrebíes. Pero claro, cada corriente de inmigrantes ha dejado su huella, como la de los italianos o inclusive catalanes que tan bien fueron recibidos en la época infame que escapaban a pie de las garras del tirano aquel ...

    ¡Bravo por las fotos, son todas bellísimas, has tenido la suerte de contar con un sol magnífico!

    ResponderEliminar
  6. Hola Maria Teresa!

    Yo también tuve un día para ver Marsella y, a pesar de las críticas feroces que había leído sobre esta ciudad, me gustó. Tiene un "nosequé"...

    Me encantaron las fachadas con sus contraventanas... y perderme por el Panier.

    La Charité la encontré sin una sola persona dentro..

    Las vistas de Nostre Dame fabusolas.

    Encima tuve un día soleado como el que te encontraste tú.

    Vaya, me alegra que tu improvisada escapada francesa diera tan buenos frutos.

    A ver si nos vemos pronto!! Un beso fuerte para tí y otro para la family,

    Sele

    ResponderEliminar
  7. Hola Gus,
    A mi tampoco me gustaría vivir en Marsella ni en ninguna otra ciudad. Soy rural 100x100 aunque ir a visitar ciudades por placer es otro tema. De hecho, para entrar en Marsella nos tuvimos que tragar un atasco de casi dos horas.
    Personalmente me pareció una ciudad pintoresca y agradable, por lo menos la zona que vimos.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  8. Hola Sele
    Me alegra verte por aquí!´
    Ya ves que a pesar de mis amigos los controladores, mi escapada fue fructífera. ¡Cómo no iba a serlo si Francia me encanta!. Me queda tan sólo un post que quiero dedicar a la Camarga y luego ya cierro el capítulo francés ... hasta la próxima.

    Un beso y espero que Rebeca esté del todo recuperada.

    ResponderEliminar
  9. Hola María Teresa. Bonito y completo reportaje, el día sido a hacerlo idílico.desde luego que es un destino a visitar, yo que siempre la había asociado a puerto, patillas y navajas...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fuimos a parar a Marsella casi por casualidad y me pareció una ciudad muy interesante a pesar de su dudosa fama tal como describes de una forma muy gráfica ;)

      Eliminar