lunes, 4 de abril de 2011

Pueblos de la Costa Blanca. Una vuelta por Alicante (Parte I)

Cansados de tanta fiesta navideña, nos apetecía salir los cuatro días del puente de reyes. Ya sé que cuatro días no dan para mucho pero sí para escaparse a algún lugar a despejar la mente y dar un descanso al cuerpo de tanto exceso. Después de valorar distintas posibilidades, decidimos asegurarnos el buen tiempo y Alicante es una buena opción en este sentido. Hablando con franqueza, no es un destino que a priori me resultara demasiado atractivo. La vorágine urbanística que ha destrozado gran parte de la costa mediterránea tiene en el litoral alicantino uno de los más tristes ejemplos, pero aun así, viajamos hasta allí con la intención de pasarlo lo mejor posible.

Peñón de Ifach. Calpe


Nos alojamos en el núcleo antiguo de Calpe, en el Hostal Terra de Mar, un lugar de éstos que te hacen sentir bien: pequeño, familiar, acogedor, decorado con gusto, personal encantador, aroma agradable, velas en todos los rincones y una coqueta terraza que se asoma sobre los tejados del pueblo.


Terraza del Hostal Terra de Mar
El símbolo de Calpe es el Peñón de Ifach, que emerge del mar como una gran montaña calcárea de 332 metros de altura y un total de unos 50.000m.Se encuentra unido a tierra por un estrecho istmo configurando un particular accidente geográfico que ya para los antiguos navegantes del Mediterráneo gozó de un gran simbolismo. Los restos arqueológicos encontrados, nos revelan que diferentes pueblosse asentaron en sus laderas. Hoy en día está declarado Parque Natural donde crecen una gran variedad de plantas endémicas y da cobijo a numerosas aves que lo escogen para anidar.

Puerto de Calpe
Es agradable pasear por el largo paseo marítimo hasta llegar al puerto, donde se encuentran la lonja de pescadores y también el pequeño club náutico de la localidad. A lo largo de este recorrido, se pueden encontrar algunos lugares de interés como las Termas Romanas o los llamados Baños de la Reina. Los romanos fundaron aquí una colonia dedicada al comercio de la salazón de pescado y estos yacimientos nos descubren lo que fuera una piscifactoría, muy deteriorada por la erosión, la cual me hubiera pasado totalmente desapercibida a no ser por los paneles informativos.

Baños de la reina

Bonito atardecer en Calpe

Puesta de sol. Calpe

También en el puerto se encuentran varios restaurantes de pescado y marisco que exponen su materia prima en la calle de tal manera que llama la atención a todo el que pasa por allí. Los platos se componen de gamba roja, langostinos, calamares, navajas, mejillones … y tienen nombres tan sugerentes como menú Zapatero, menú Aznar o incluso un menú Roldán.


Otro lugar en Calpe que no debe pasar por alto son las Salinas, las cuales se remontan a la época romana y abastecían de sal a la industria del salazón. Se trata de un humedal que se encuentra en el mismo núcleo urbano, ocupando una gran depresión rellenada por depósitos aluviales cuaternarios. Es un lugar muy interesante para los aficionados al avistamiento de aves, entre las cuales se encuentra el flamenco rosa, la cigüeñuela, la garza real o la focha entre otras especies que encuentran aquí un lugar de descanso en los períodos migratorios. Es coincidencia que justo un mes antes habíamos tenido ya la oportunidad de observar flamencos rosa en la Camarga francesa, de la cual hablé en una anterior entrada.

Las Salinas. Calpe




La parte antigua de Calpe conserva el aire de lo que en su día fuera un pequeño pueblo de pescadores. Se puede seguir una ruta turística que está perfectamente señalizada y te lleva por los lugares de más interés. Entramos por una antigua puerta de la muralla y visitamos la iglesia, el museo arqueológico, el museo del coleccionismo o el museo fester, que acoge una exposición de trajes y elementos característicos de las fiestas de Calpe, especialmente las de moros y cristianos y las fallas. Lo más gratificante es pasear por las estrechas calles bien cuidadas, tranquilas, coquetas y olvidarse del cemento que invade la primera línea de mar…y la segunda y la tercera.

Museo fester. Calpe

Forat de la Mar en Calpe. Formaba parte de la muralla exterior y en mayo de 1813 fue objeto de un ataque por parte de un destacamento francés abriendo una brecha en la muralla.
Este perfil se repite en la mayoría de los pueblos costeros de Alicante, cuya política urbanística ha permitido y sigue permitiendo construir hasta la misma playa. De todos los pueblos costeros que visitamos, el núcleo antiguo de Altea es el que me pareció más bonito con diferencia. Altea es uno de los municipios más bellos de la Costa Blanca, enclavado en una bahía que discurre entre la punta del Albir y el Morro del Toix, en la comarca de la Marina Baixa. En su parte norte se alza la imponente sierra de Bernia, con más de 9 kilómetros de longitud, cuya cima más alta supera los 1.000 metros de altura y que protege a la localidad de los vientos, confiriendo un microclima que garantiza temperaturas suaves todos los meses del año. Este clima excepcional y su inmejorable situación en el centro de la bahía de Altea, atrajo en los años 60 y 70 un gran número de artistas, pintores, escultores, músicos que eligieron este pueblo marítimo como refugio. Entre ellos, Antonio Gades y Marisol, Rafael Alberti, Vicente Blasco Ibáñez o el pintor Eberhard Schlotter hicieron de Altea su lugar de residencia habitual y le dieron esa fama de lugar de encuentro del mundo bohemio. Éste último, creó en los años 90 una fundación en el casco antiguo a partir del legado de 1.000 obras de su propiedad. Hoy día es un prestigioso centro de arte que realiza exposiciones, conciertos y espectáculos.  

Paseo marítimo. Altea

Calles de Altea
Pero mucho antes que ese grupo de bohemios fueron los íberos, los griegos, los fenicios, los romanos y los musulmanes quienes dejaron aquí su huella. El nombre de Altea proviene del griego Altahia y significa "saludable". Los griegos y romanos se dedicaron al comercio mientras que los árabes introdujeron innovadores métodos agrícolas. En 1244 Altea fue conquistada por Jaime I, lo que supuso que sus habitantes abandonasen su emplazamiento, llamado hoy día Altea la Vella, y se trasladasen al actual casco antiguo, refugiados por las murallas que aún hoy se conservan en varios puntos de la villa. En las últimas décadas, su economía ha pasado de depender de la agricultura y la pesca al turismo, lo que ha provocado un elevado aumento de la población.






Sus casas blancas se deslizan por la suave pendiente hasta llegar al mar y su casco antiguo conserva el ambiente de pueblo de tradición marinera que se mezcla aún con un cierto aire bohemio. Muchas calles son escalonadas, casas encaladas con portales de madera y flores en los balcones ocupadas en muchos casos por galerías de arte, tiendas de artesanía y encantadores restaurantes. Los gatos se dejan acariciar y ronronean ajenos al ajetreo de unas calles más abajo. Vamos encontrando diferentes miradores que se asoman al mar y nos sirven para tomar aliento.






A través de este laberinto de calles blancas y empedradas, llegamos al punto más alto del pueblo: la Plaza de la Iglesia, un lugar de encuentro para residentes y visitantes ya que concentra numerosos restaurantes y locales de ambiente. Destaca la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo que se caracteriza por su gran cúpula de cerámica azul, tan característica de estos pueblos.

Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Altea





Aquí tiene lugar la “mostra d’artesania” que se celebra cada día al atardecer y hasta media noche durante los meses de más afluencia turística.
Una antigua ancla homenajea la principal actividad de este lugar hasta hace cuatro días, porqué no hay que olvidar que, a pesar de que cerca de un 40% de la población es extranjera, especialmente británicos y holandeses, los pescadores siguen ganándose la vida con sus barcas y sus redes.


Plaza de la Iglesia. Altea

Vista desde el mirador y silueta de Benidorm 
Desde el mirador se divisa la suave línea de la bahía y la silueta de los rascacielos de Benidorm a lo lejos, nos devuelven a la realidad y nos recuerdan que a pesar del tipismo de estas calles y plazas de los núcleos antiguos, queda muy poco de lo que un día fueron estos pequeños pueblos costeros alicantinos.

Puerto de Santa Pola

Puerto de Santa Pola


4 comentarios:

  1. Hola Maria teresa:

    Magnífico en todos los sentidos. Desde la recomendación del hostal terra mar que se hace muy apetecible a las fotos que son espectaculares a la narración que rezuma Mediterráneo por todos los lados.
    Enhorabuena.
    un abrazo

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  2. Gracias Fernando,
    Tal como comentábamos no hace mucho en tu blog, cuando disponemos de pocos días, nos gusta también ir conociendo lugares que tenemos a un tiro de piedra.

    Saludos

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  3. Hola María Teresa,

    Me ha gustado mucho tu relato ya que la provincia de Alicante la conozco bastante bien. Siempre que me escapo por ahí, casualmente mañana estaré en tierras alicantinas, intento ir hasta a Altea y subir a la plaza de la iglesia que siempre tiene un ambiente muy especial.
    Saludos.

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  4. Hola Víctor!

    Oye, ¿tú pasas algún fin de semana en casa?. No paras!.
    Me alegro que el relato te haya transportado a tierras de Alicante. Pásalo bien este fin de semana y seguro que ya te podrás pegar un bañito.

    Un abrazo

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