viernes, 25 de febrero de 2011

El pueblo de las bories

Entre el departamento de Vaucluse y los Alpes de la Alta Provenza se encuentra la región del Luberon, la tercera y última cadena montañosa de Vaucluse. Se trata de la Provenza más rural, de áspera belleza y de bosques teñidos de ocre, de pueblos medievales encaramados sobre escarpadas colinas de piedra calcárea, de castillos, de tenue luz y tranquilos paisajes. Su capital es Apt, donde se celebra un importante mercado semanal y un buen punto de partida para explorar el Parque Natural Regional del Luberon, aunque cada una de las pequeñas localidades tiene un encanto especial: Manosque, Bonnieux, Menerbes, Lourmarin o Lacoste, lugar donde permanecen las ruinas del castillo del marqués de Sade (si las paredes hablaran…) quien vivió en el pueblo desde 1774 hasta su detención en 1778. Fuera de la época de máxima afluencia turística, la vida en estos pueblos sigue tranquila y las tertulias en un café, acompañadas de una copa de pastís, forman parte de la rutina.


domingo, 20 de febrero de 2011

Patrimonio de la Humanidad: De la Galia romana a la ciudad de los Papas.


Los tres puestos del podium de los estados con más sitios Patrimonio de la Humanidad están ocupados por Italia en primer lugar, con 45 sitios, seguido de España con 42 y China con 40. En pocos ámbitos nos corresponde un lugar tan destacado dentro del panorama internacional y es que en la reducida superficie de la vieja Europa se concentra una gran parte de ese patrimonio mundial formado, a fecha de hoy, por 911 sitios en 151 estados.
Como es sabido, el objetivo del programa es catalogar, preservar y dar a conocer sitios de importancia cultural o natural excepcional para la herencia común de la humanidad.
Con pocas excepciones, que las hay, visitar un sitio Patrimonio de la Humanidad es garantía de que el viaje va a merecer la pena. A pesar de que acostumbran a ser lugares excesivamente visitados, sí es cierto que suele haber unas normas de comportamiento que se hacen indispensables para no dañar su conservación y permitir que las generaciones futuras puedan seguir admirándolos en los siglos venideros.
Francia ocupa un bien merecido cuarto lugar en la lista, con 35 sitios, de los cuales 4 se encuentran a muy poca distancia unos de otros, lo que permite visitarlos en un par de días o incluso en un día apurando mucho. Son los siguientes:
  1. Puente del Gard (Región: Languedoc Roussillon / Departamento: Gard)
  2. Arlés: Monumentos romanos y románicos (Región: Provenza-Alpes-Costa Azul  /  Departamento: Bocas del Ródano)
  3. Avignon: Centro histórico (Región: provenza-Alpes-Costa Azul  / Departamento: Vaucluse)
  4. Orange: Teatro antiguo y su entorno y el Arco del Triunfo (Región: provenza-Alpes-Costa Azul  / Departamento: Vaucluse)

Y aquí nos encontramos nosotros, dispuestos a retroceder en el tiempo y dejarnos llevar por los caminos de la antigua Galia.
El día que visitamos el Puente del Gard amanece frío, lluvioso, gris y muy triste.
Tras cruzar la barrera, dejamos el coche en el parking; a pesar de que se aprecia un montaje preparado para recibir grandes afluencias de visitantes, en el gran aparcamiento sólo está nuestro coche y dos más. 
A la izquierda del puente, en la orilla norte, vemos el centro de visitantes, un centro de conferencias y un museo tecnológico, pero se encuentra todo cerrado. Caminamos pocos metros hasta encontrar el río Gard con su majestuoso puente que lo exploramos desde todas las perspectivas posibles.




lunes, 14 de febrero de 2011

Viajando de manera diferente por Paulo Coelho

Este fin de semana me disponía a  leer un viejo libro cuando apareció entre sus páginas y cuidadosamente doblado, un recorte de suplemento dominical que en su día guardé como un pequeño tesoro. No lleva fecha pero calculo que el escrito debe tener cinco o seis años.
Se trata de nueve puntos a modo de consejo, que el gran escritor carioca Paulo Coelho da a todo aquel viajero con alma de peregrino, como él mismo se autodefine.
Posiblemente, la mayoría de viajeros seguidores de este blog ya lo habréis leído en alguna otra parte, pero como a mí me ha gustado releerlo, lo quiero compartir con vosotros. 

Parque Nacional de Addo. Sudáfrica 


jueves, 10 de febrero de 2011

Recordando a Van Gogh en la Provenza

Las dos veces que hemos viajado a la Provenza ha sido en invierno y, casualmente, los mismos días pero con 18 años de diferencia. Esto significa que seguramente me he perdido uno de sus grandes atractivos: los colores de sus campos en primavera o las infinitas laderas teñidas de azul con el intenso aroma de los campos de lavanda en flor, durante los meses de julio y agosto Como ventaja, hemos podido movernos prácticamente solos por lugares muy turísticos que en verano deben ser un auténtico hervidero. Eso sí, muchos establecimientos cerrados, tanto restaurantes y bares – a veces incluso se hace complicado encontrar un lugar para comer-, como galerías de arte, algún museo o diferentes ofertas de actividades de aventura. Época solo apta para quienes, como nosotros, no somos nada amigos de las multitudes.
Si tuviera que escoger un pueblo para definir la esencia de la Provenza, lo tendría complicado pero creo que éste sería Saint Rémy.


domingo, 6 de febrero de 2011

Ocho horas en Montpellier

Según las informaciones de última hora, el espacio aéreo estaba cerrado y la totalidad de los vuelos habían sido cancelados. A medida que nos íbamos acercando al aeropuerto tenía más claro que las probabilidades de poder volar eran prácticamente nulas, pero me resistía a aceptar que los ocho días que habíamos planeado pasar en Sicilia se iban al traste. A pesar de que en los paneles informativos aparecía la palabra maldita al lado de todos y cada uno de los vuelos previstos para el día 4 de diciembre, nos dirigimos al mostrador de Aena en busca de información que nos mantuviera un poco la esperanza. Quizás había una remota posibilidad de acuerdo con los controladores y el tráfico aéreo se reanudaría en pocas horas, pero nada más lejos de la realidad. Después de los primeros momentos de rabia, impotencia y disgusto, me resultó bastante fácil cambiar los planes y lo único que tenía claro era que a casa no volvía.
Nos sentamos en la cafetería, rellenamos las hojas de reclamación correspondientes y saqué el portátil para enterarme de cómo estaba el mundo. Lo primero que hice fue anular las reservas de los alojamientos que teníamos en distintos puntos de Sicilia y luego consultar las previsiones del tiempo. La cosa pintaba bastante mal, una ola de frío en prácticamente toda Europa. No llevábamos ropa ni calzado para soportar tan bajas temperaturas ni tampoco teníamos ganas de pasarnos los ocho días en la carretera por lo que las opciones no eran muchas. Nos dirigiríamos hacia Francia y dependiendo de la evolución climatológica tiraríamos para un lado o para el otro. En el kiosco del mismo aeropuerto compré una guía de Lonely Planet “Lo mejor de Francia” para intentar organizar algo sobre la marcha.
A pesar de que partimos con la esperanza de poder llegar hasta las regiones de Auvernia y Borgoña, al cabo de dos días ya desistimos porqué el tiempo no parecía que iba a mejorar. Así pues, nos quedamos en la Provenza, región de la cual guardábamos muy buen recuerdo. Hacía 18 años que habíamos estado por esa zona y nos quedaron entonces muchas cosas pendientes, por lo que ahora teníamos la ocasión de conocer nuevos lugares pero también para recordar otros.