jueves, 26 de mayo de 2011

Un corazón llamado Istria (Eslovenia y Croacia)

Una pequeña parte de Eslovenia se asoma también al mar. El mar Adriático baña cerca de 47 kilómetros de costa, una insignificancia si lo comparamos con los kilómetros de costa de sus vecinas Italia o Croacia.
Este pequeño territorio es una reserva natural donde los acantilados y las playas comparten protagonismo con preciosos pueblos medievales.
Visitamos Koper (Capodistria en italiano) Izola y Piran y nos olvidamos de Portoroz, por la que solamente damos un breve paseo en coche. Portoroz es la ciudad turística por excelencia del país, con su casino, muchos hoteles, un gran puerto deportivo, pero con poco interés en lo que a nuestras preferencias se refiere.
Nuestro recorrido continua por tierras croatas para conocer Rovinj y Pula, en la Península de Istria.
Istria es la mayor península del mar Adriático la cual es compartida por Croacia, Eslovenia e Italia. La zona croata es la que, con diferencia, tiene la mayor extensión y tiene en el turismo  su principal fuente de ingresos.


Los colores de esta península caracterizada por su forma de corazón son el azul del mar, el verde de sus inmensos bosques y el blanco de su piedra, una perfecta combinación.
Se han descubierto vestigios de pueblos prehistóricos del Paleolítico y restos que evidencian una densa población durante la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, pero fueron los romanos quienes urbanizaron el territorio, dejando una herencia que así lo demuestra, como el anfiteatro Vespasiano y templo de Augusto en Pula.
Como es de suponer por su situación geográfica, por Istria han pasado muchas culturas que han ido dejando rastro en su cultura local y en sus costumbres.
La República de Venecia la ocupó durante cuatro siglos y estableció distintas bases marítimas que aseguraban su comercio. Su influencia es más que evidente y tanto los campaniles de las iglesias como muchos de los edificios recuerdan a cada paso cualquier ciudad del Véneto. A la Serenísima Venecia le siguió la ocupación napoleónica para dejar paso a la monarquía austro-húngara a comienzos del siglo XX, que le dio un fuerte impulso económico.
Este triángulo llamado Istria, de apenas 3.000 km2 y poco más de 200.000 habitantes carga a sus espaldas una densa historia que, en términos generales, la ha enriquecido.
Desde 1945 está dividida entre Croacia, a la cual corresponde casi todo el territorio, Eslovenia, que tiene en Istria su única salida al mar, y un pequeñísimo territorio italiano al sur de Trieste.
Tras la 1ª Guerra Mundial, pasó de los Habsburgo austriacos a Italia, país al cual perteneció desde 1918 hasta el Tratado de paz de 1947. Pero aquí no acaba su andadura porqué tras la 2ª Guerra Mundial, Istria pasa a manos de Yugoslavia, excepto el pequeño territorio de Trieste. Cuando en 1991 se desmiembra la república federal, se divide entre las repúblicas de Croacia y de Eslovenia en una pequeña parte.
Esta es la situación actual, pero me temo que no la definitiva porqué muchos de los istrios se sienten ajenos a cualquier afiliación nacional y con posiciones bastante alejadas del gobierno de Zagreb. En muchas familias se da el caso que cada generación ha vivido bajo un régimen distinto: el bisabuelo era austríaco, el abuelo italiano, el padre yugoslavo y el hijo croata (o esloveno).
Tras la 2ª Guerra Mundial, la industria turística arrancó con fuerza  y el hecho de ser el destino mediterráneo más cercano para muchos europeos, hace que la demanda vaya en aumento. Una ventaja para nosotros es que la gran mayoría de la población habla italiano, lo que facilita enormemente la comunicación. Pero no sólo eso, ya que el ambiente, la gastronomía y la arquitectura de los pueblos de la Península de Istria, recuerdan en todo momento a la vecina Italia.
Después de un día recorriendo la región del Karst, llegamos a KOPER, la ciudad más grande del adriático esloveno. Su época dorada se vivió durante los siglos XV y XVI bajo la República de Venecia. Entramos a la ciudad antigua después de cruzar una puerta de la muralla donde se puede ver esculpido un sol, el símbolo de la ciudad.


La plaza central es la Titov Trg o plaza de Tito, donde diferentes edificios emblemáticos ocupan los cuatro costados. Al norte, la Loggia, una recién restaurada arcada gótica veneciana.


Al sur, el imponente edificio del Palacio Pretoriano, con una mezcla de estilos gótico veneciano y renacentista que actualmente acoge el Ayuntamiento. Al oeste, el edificio de la Armería y al este, la Catedral de la Asunción y su campanario de 36 metros.


Una de las calles que salen de la plaza Titov es la Kidriceva, que nos lleva hasta el mar. Nos vamos deteniendo en los edificios de diferentes épocas y estilos, desde pomposos palacios a casas medievales.





Al final de la calle se abre la plaza Carpacciov, donde se levanta la columna de Santa Justina y una fuente romana. Aquí, el edificio más emblemático es el antiguo almacén porticado del siglo XV.
Paseamos por el puerto que está lleno de restaurantes y heladerías y cenamos en el restaurante Manta. A pesar de que su aspecto no es demasiado chic, comemos divinamente y a un precio más que razonable.



Dormimos en Koper para seguir mañana recorriendo los pueblos del Adriático. Por suerte, las predicciones del tiempo han fallado y nos sigue acompañando un espléndido día. Vamos directamente a Izola que se encuentra a tan sólo 7km de Koper. Igual que ésta, IZOLA también tiene muchas influencias venecianas. Paseamos por las calles del pueblo y por el puerto en un ambiente de tranquilidad absoluta.




Si tenemos en cuenta que se trata de un domingo, es normal que la gente no ande por la calle a las 8 de la mañana. Izola tiene unos 11500 habitantes y no tiene la importancia histórica de las otras ciudades del Adriático, lo que hace que muchos turistas la dejen de lado. Los romanos construyeron un puerto en ese lugar al que llamaron Haliaetum y en época de dominio veneciano, Izola era una isla que le dio el nombre actual. Se trataba de un transitado puerto de donde salían productos como el aceite, vino o pescado, sin embargo, las grandes plagas de peste del siglo XVI y el hecho de que el puerto de Trieste fue ganando importancia, Izola perdió peso aunque continua siendo el primer puerto pesquero de la zona.




Hoy en día ya no es una isla, los franceses en el siglo XIX derribaron la muralla que la rodeaba y aprovecharon la piedra para unir la isla a tierra firme.
Después de un paseo por el puerto y por el centro del pueblo, ya nos dirigimos hacia PIRAN, que está a unos 10km siguiendo la pintoresca carretera de la costa. Entrar con el coche en Piran no está permitido, por lo menos para los visitantes y debemos dejarlo en un parking de las afueras. El pueblo está protegido por el gobierno esloveno y considerado monumento cultural.


Hay que recorrer un buen tramo hasta el centro y no tardamos demasiado en darnos cuenta de que es un pueblo muy turístico. Tiene sólo 4500 habitantes pero es el la niña mimada de la costa eslovena. Se sitúa justo en la punta de la península, dándole ese aire tan pintoresco. El nombre de Piran procede del griego “pyr” que significa hoguera. Y es que en este emplazamiento encendían una hoguera que a modo de faro guiaba a los barcos hacia el cercano puerto de Koper, Aegida para los griegos.



Seguidamente los romanos, eslavos, bizantinos, francos… todos los pueblos cayeron rendidos a sus encantos y, especialmente, a su posición estratégica. En el siglo XIII empezó la influencia de Venecia y a diferencia de Koper e Izola que se resistieron, los habitantes de Piran les dieron un importante soporte en sus batallas por el Adriático, ya que los venecianos eran los clientes más importantes de la sal que obtenían de sus minas. Fue esa época de dominio veneciano, la más fructífera y durante la cual se construyeron la mayoría de edificios que le dan ese aire tan, tan …veneciano!
El león de San Marcos, patrón y símbolo de Venecia, se puede ver en las fachadas de muchos edificios, de la misma manera que lo encontramos en Koper o Izola.



Caminamos por el bonito puerto hasta el centro histórico y corazón de la ciudad, la monumental y amplia plaza Tartinijev. Dos altos mástiles de madera del siglo XV nos reciben. Uno de ellos lleva la imagen de San Jorge, patrón de la ciudad y el otro a San Marcos y el león que lo representa. Sus edificios más relevantes son el Ayuntamiento (que alberga también la oficina de turismo) y el edificio de las Cortes o Juzgados.



También la iglesia de San Pedro y la interesante casa veneciana cuya fachada color granate destaca sobre el resto. La mandó construir un rico veneciano que se enamoró de una jovencita del pueblo. La gente empezó a murmurar sobre esta relación y el galán le construyó un palacio en la fachada del cual hizo esculpir un león de cuya boca sale un mensaje escrito: Lassa pur dir, que significa “Deja que hablen”.



En la plaza también vemos la estatua del músico Tartini, hijo del pueblo, y su casa natal (ahora en restauración). Encantadoras callejuelas y plazas nos llevan hasta la iglesia de San Jorge, cuyo campanario de 47 metros de altura y separado de la propia iglesia, se construyó en 1609 tomando como modelo el Campanile de Venecia. Hoy es día de Pascua y en la iglesia no cabe ni un alfiler. La mayoría de eslovenos son católicos practicantes tal como hemos podido comprobar estos días tanto en las celebraciones del Viernes Santo como en la misa de Pascua. Muy cerca de la iglesia se mantiene un tramo de muralla que aun conserva algunas de las torres de defensa.



Desde aquí se obtienen las mejores vistas, tanto sobre la plaza Tartinijev y los tejados, como del mar, calmado y transparente. Descendemos por la parte de la playa y a esta hora las terrazas de los locales están llenas de gente tomando el aperitivo. Llegamos a la punta de Piran donde se encuentra la iglesia de San Clemente y también el faro. Hemos dado la vuelta entera a la península por lo que llegamos de nuevo a la plaza. 



Dejamos Piran y pasamos fugazmente por Portoroz para cruzar la frontera croata.
Las carreteras no son tan buenas como las eslovenas pero no importa porqué circulando a menor velocidad disfrutamos mejor del paisaje. Espesos bosques que forman un tapiz de color verde el cual se funde con el azul del mar. Dejamos atrás pueblos como Porec o Vsar que pasamos de largo para llegar a ROVINJ (Rovigno en italiano). 

(Fotografía descargada de la red)


Nos dirigimos hacia el puerto y tanteamos los restaurantes que se encuentran en primera línea de mar pero antes de comer preferimos dar una vuelta por el casco antiguo. Sus adoquinadas calles son estrechas y muy empinadas especialmente la calle Grisia que está abarrotada de tiendas de recuerdos, artesanía o bisutería. Nos conduce a la parte más alta del pueblo y guiados por su esbelto campanario llegamos a la Catedral barroca de Santa Eufemia que se construyó en el siglo XVIII sobre los restos de una iglesia paleocristiana para custodiar las reliquias de la mártir que fue arrojada a los leones y cuyo sarcófago llegó misteriosamente por mar desde Constantinopla hasta Rovinj.




Desde aquí las vistas son magníficas y el mar nos envuelve. De hecho, Rovinj había sido una isla y hace tan sólo dos siglos y medio que está unida a tierra firme.
Igual que en la parte eslovena, algunos leones, símbolo de San Marcos, nos recuerdan que perteneció a Venecia. Como el león de la torre del Reloj que domina la plaza principal, la Trg Marsala Tita, en honor al mariscal Tito.




El edificio religioso más antiguo de Rovinj es la capilla románica de la Santa Trinidad que se utiliza como galería de arte.
Comemos deliciosamente en un restaurante del puerto, Porta Antica y pasamos un buen rato observando el ambiente festivo de domingo mientras probamos el vino de la región.



Seguimos hasta PULA, el centro económico y ciudad más grande de la Península de Istria. Pula está situada cerca del vértice del triángulo y se trata de una ciudad cosmopolita y moderna. En este lugar se asentaron los romanos alrededor del año 45 a.C. y el edificio más notable que permanece en pie es el anfiteatro construido en el siglo I d.C. bajo reinado del emperador Vespasiano. Es uno de los seis anfiteatros más grandes del mundo y en él tenían cabida 20.000 espectadores que acudían a ver las luchas de gladiadores, su principal uso. Actualmente acoge conciertos y cada mes de julio el Festival de Cine de Pula.



También se conserva el Templo de Augusto, con un friso similar al de la Maison Carrée de Nimes. El edificio romano más antiguo de Pula es la Puerta de Hércules, de mitad del siglo I a.C. Formaba parte de la muralla romana que fue destruida y reconstruida en varias ocasiones.



Regresamos de nuevo a Eslovenia. Hemos recorrido 366 km de la Península de Istria donde pueblos y ciudades comparten un agitado pasado y una rica y plural cultura que le da un aspecto claramente diferencial del resto de ciudades de Croacia y Eslovenia.

domingo, 22 de mayo de 2011

La región del Karst y Lipica

Imaginemos un enorme queso gruyer bajo tierra. Mejor dicho, todo el subsuelo es un gigantesco queso gruyer que esconde inimaginables tesoros en su oscuridad. Unos tesoros que se han ido acumulando siglo tras siglo, milímetro a milímetro hasta formar auténticas maravillas. Se trata de la región del Karst, situada al suroeste de Eslovenia, a pocos kilómetros de su capital y que tiene el honor y privilegio de haber dado nombre a todos los paisajes cársticos del mundo entero, los cuales se caracterizan por un relieve originado por la disolución de los minerales de determinadas rocas.
En la región del Karst coinciden varios factores que favorecen este tipo de relieve, un paraíso para espeleólogos de todo el planeta. Hasta el momento se contabilizan unas mil cuevas, pero cada año se descubren dos o tres más.
Dedicamos el día a recorrer parte de la región que reúne, además de las cuevas, muchos otros atractivos. Nos resulta difícil seleccionar los lugares a visitar porque ello significa que debemos descartar otros, pero no nos queda otra solución, al menos en este viaje.
A lo largo del día visitamos el Castillo de Predjama, las Cuevas de Škocjan, Hrastovlje con su preciosa iglesia de la Santísima Trinidad y Lipica para acabar ya en la costa del Adriático, en Koper, donde pasamos la noche.
Entre las muchas cuevas que se pueden visitar hay dos que destacan sobre el resto. Se trata de las Cuevas de Postjona y las de Škocjan. Sólo teníamos la intención de entrar en una de ellas y la decisión de escoger no fue fácil. Quizás las más populares son las de Postjona. Digo populares por ser las más visitadas, pero el precio no es, ni de lejos, popular: 25€ es lo que cuesta la entrada por persona. Han sabido promocionarlas, destinando muchos recursos en campañas de marketing que ahora dan sus frutos día tras día. Según me informo, son espectaculares en cuanto a la formación de estalactitas y estalagmitas y disponen de un buen montaje turístico, con tren incluido que te pasea por el interior. El inmenso aparcamiento y el número de autocares nos ayudan a decidir. Definitivamente iremos a las Cuevas de Škocjan. Éstas son Patrimonio de la UNESCO, el único lugar en todo el país que tiene el reconocimiento y esto ya es una garantía. El precio tampoco es una ganga: 15€ por persona, pero merece la pena gastarlos. En esta época del año hay tres horarios de visita: a las 10, 13 y 15:30 y para organizarnos un poco la ruta decidimos ir a la una de la tarde.
Así pues, pasamos de largo en las Cuevas de Postjona y nos dirigimos hacia el Castillo de Predjama que se encuentra a 9 km siguiendo una carretera local muy bonita.





El castillo impresiona porqué está literalmente embutido en las paredes de la roca de 123 metros. A pesar de que en 1202 ya se construyó un castillo en ese mismo lugar, el aspecto actual corresponde al siglo XVI. Todavía no ha llegado ningún visitante y ni siquiera están abiertas las taquillas por lo que paseamos tranquilamente por sus alrededores. A cuatro pasos del castillo se encuentra una pequeña iglesia y un árbol bajo el cual se dice que está enterrado el caballero que mandó construir la extravagante fortaleza: Erasmo Lueger, una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para darlo a los pobres y que resistió largo tiempo escondido en las montañas, subsistiendo con los alimentos que le suministraban.



Me enamoran las flores que crecen por todos lados, incluso tulipanes y narcisos en la misma cuneta de la carretera.



Visto el castillo de Predjama, aun es pronto para ir a las cuevas de Škocjan cuya próxima entrada es a la una de la tarde. A pesar de que luego nos veremos obligados a retroceder algunos kilómetros, aprovechamos para ir a visitar otra de las joyas del Karst: la Iglesia fortificada de Trojica. Se trata de una pequeña pero preciosa iglesia considerada la más interesante de Eslovenia. Se encuentra en la pequeña aldea de Hrastovlje y llegar hasta allí es muy fácil, sólo hace falta seguir las indicaciones una vez se sale de la autopista. El paisaje es boscoso y en los alrededores del pueblo se ven algunas plantaciones de viña.
Está dedicada a la Santísima Trinidad y fue construida entre los siglos XII y XIV aunque las fortificaciones que la rodean se añadieron posteriormente, en 1581, ante el avance de los turcos.




Tras el muro se esconde la iglesia medieval de piedra con su ábside hacia el exterior. La muralla es un rectángulo irregular con dos torres cilíndricas en las esquinas exteriores y aspilleras en dos niveles. El interior tiene forma de bóveda de cañón con cuatro columnas que divide el espacio en tres naves. Todos los muros y los arcos están decorados con frescos que narran diferentes escenas bíblicas, la mejor manera de adoctrinar a las gentes de aquella época que no sabían leer. Durante muchos años estuvieron cubiertas de revoque y se descubrieron en 1949. Podemos ver a Adán y Eva representados en un típico paisaje cárstico, el Sacrificio de Caín y Abel, la Pasión de Cristo… una auténtica maravilla.



Muestra también un gran número de frescos de santos y profetas, con interesantes escenas de los trabajos de los campesinos que simbolizan los doce meses del año. Una voz en off va explicando cada una de las escenas mientras una guía las va señalando con un puntero láser. Las explicaciones se van alternando en diferentes idiomas: esloveno, italiano e inglés.


Sin lugar a dudas, la escena más famosa es la Danza de la Muerte o Danza Macabra, que muestra el baile de once esqueletos que acompañan al mismo número de personas hacia la tumba, mientras otro esqueleto les está abriendo el ataúd. Se presentan en orden, representantes de diferentes rangos: El primero es un recién nacido, seguido de un paralítico, un joven, un prestamista – quien intenta persuadir al esqueleto – un rico mercader, un monje, un obispo, un cardenal, una reina, un rey y un Papa.




La lección es fácil de interpretar: todos, sin excepción, somos iguales ante la muerte, que nos está esperando desde el mismo momento en que nacemos.
Retrocedemos hasta Divaca, la ciudad más próxima a las Cuevas de Škocjan. Compramos las entradas para las 13pm que incluyen también la visita al Museo pero antes tenemos tiempo de comer en el mismo restaurante del complejo. Puntuales, nos reunimos con el guía en el centro de visitantes y después de un largo paseo llegamos a la entrada de la cueva. 


Debido a su extraordinario cañón subterráneo, los trabajos de investigación del fenómeno cárstico, su rico patrimonio arqueológico y la gran biodiversidad de especies, la UNESCO consideró que las Cuevas de Škocjan merecían formar parte de la lista del Patrimonio Universal y así ha sido desde 1986.
La cueva tiene 5.8km de largo de los cuales sólo 3km están abiertos al público general. Se ha ido formando por la erosión del río Reka que entra a la cueva cerca del pueblo de Škocjan y sale a 40km al noroeste, ya en territorio italiano, para desembocar en el Golfo de Trieste.
Se accede primero a la llamada Cueva del Silencio con buenos ejemplos de estalactitas y estalagmitas. La Cueva del Silencio acaba en la Gran Sala, de 30 metros de altura y 120 metros de ancho. Ya nos vamos acercando a la parte más esperada y el murmullo del agua así lo indica. Entramos en la llamada Cueva del Murmullo donde el espectáculo natural es indescriptible. Entre paredes de 100 metros, caminamos por el puente Cerkvenik, suspendido a 50 metros sobre el lecho del río Reka. Cascadas interiores y todo un mundo de fantasía que el río ha ido esculpiendo en las entrañas de la Tierra.


Una vez en el exterior, hay la opción de regresar al centro de visitantes en un trenecito o caminando a través de los extenuantes senderos. Sin dudarlo, escogemos esta segunda opción y a lo largo del camino vamos encontrando algunas cascadas entre una exuberante vegetación.






El museo, está dividido en tres secciones las cuales se encuentran en edificios separados. Los dos primeros están uno frente del otro y en ellos se exhiben diferentes utensilios del campo y el cultivo del cereal en la zona, así como el descubrimiento de la cueva y su evolución hasta ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Después de caminar un poco llegamos al tercer edificio del museo, donde se encuentra la parte más interesante, ya que se expone de una manera muy didáctica abundante información sobre la fauna y flora que habita en el interior de la cueva y en la Dolina Velika. El encargado del museo es un chico que vive con pasión su trabajo y nos aporta una información muy interesante, regalándonos incluso un póster de las diferentes especies, como recuerdo de nuestro paso por Škocjan.                  



Estamos agotados pero nos animamos a llegar hasta Lipica, pueblo famoso por sus caballerizas. Lipica se localiza en una meseta cárstica al sur de la ciudad de Sežana y su fama se debe a la crianza de caballos de raza lipizzana. La cría de caballos y la crianza de la raza de lipizzanos empezó de forma intensiva después del año 1580, cuando el archiduque Carlos de Habsburgo compró unas fincas al obispo de Trieste.




La base de la raza lipizzana es el caballo cárstico autóctono, cruzado con caballos españoles primero y luego con caballos napolitanos y árabes. Criaron un caballo veloz, dócil, bondadoso, alegre y de rápido adiestramiento para las necesidades de la corte, el ejército y la Escuela Española de Equitación de Viena. Los potros son de color oscuro y con la edad pierden la pigmentación quedando el color blanco característico.
Lipica no es un pueblo como tal, sino que todo gira alrededor de la gran finca, la cual se puede visitar previo pago de 10€ por persona. Una guía nos acompaña por todo el recinto y visitamos también varios establos, entre ellos el Velbanca, un establo abovedado del año 1703 y el museo del carruaje. 




En el corazón de la finca se encuentran los edificios que se han conservado como un complejo funcional: la casa solariega, una pequeña capilla del siglo XVI dedicada a San Antonio de Padua y alguna otra edificación típica de la región del Karst.


Según el horario de visita y, especialmente en verano, se pueden ver los entrenamientos. En la alta escuela de adiestramiento se utilizan sólo los mejores caballos, los que demuestran una mayor inteligencia y cuerpo fuerte.



Cada año nacen unos cuarenta caballos y las yeguas con sus potrillos pasan la mayor parte del día en los pastizales de la finca. Entre los 3 y 4 años empiezan su “formación” y a los 5 años los criadores deciden cuales entrarán en la escuela de adiestramiento y cuales serán capados y utilizados como caballos turísticos o de tiro.
Una interesante visita, especialmente para los amantes de los animales.



Dejamos ya la región del Karst y nos dirigimos hacia la costa del mar Adriático, concretamente hasta la ciudad de Koper (Capodistria en italiano) donde pasaremos la noche.