sábado, 24 de septiembre de 2011

Por el Condado de Clare: El Burren y los Acantilados de Moher

El Condado de Clare, situado en la costa occidental de Irlanda, esconde dos de los tesoros naturales más interesantes del país. Se trata de los Acantilados de Moher y de El Burren, que literalmente significa “lugar pedregoso”.
Los Acantilados de Moher son visitados cada año por miles de personas y el número sigue creciendo. Concretamente, durante los seis primeros meses de 2011 han pasado por allí 345.398 visitantes, un 19% más que en el mismo período del año anterior. Es el segundo lugar más visitado del país después de la fábrica de cerveza Guinness Storehouse, en Dublín.
En el caso de El Burren, es más difícil sacar estadísticas ya que se trata de una amplia zona de unos 300 kilómetros cuadrados y tan sólo un 5% constituye el Parque Nacional (Burren Nacional Park) con una superficie de 15 kilómetros cuadrados.
Recientemente, ambos lugares han sido incluidos dentro de un grupo exclusivo de 78 parques geológicos en 26 países, los cuales forman la llamada Red Mundial de Geoparques Nacionales (Global Network of Nacional Geoparks), un patrimonio geológico a escala mundial, amparado por la UNESCO.
Tanto la Red Mundial como la Red Europea de Geoparques (European Geoparks Network) trabajan conjuntamente para mantener el patrimonio, darlo a conocer, educar sobre el medio ambiente y promover el desarrollo regional sostenible, bajo las directrices de la UNESCO.

Acantilados de Moher
Viajar desde Cork hasta los Acantilados de Moher en transporte público es posible aunque un tanto incómodo para hacerlo en una sola jornada, ya que se encuentran en una zona algo aislada y no hay ninguna línea de autobús que tenga el trayecto directo, obligando a hacer trasbordo en Galway o Limerick desde las cuales la compañía Eireann tiene varias rutas diarias. Otra alternativa es alquilar un coche e ir a tu aire. Cruzar el sur de la isla de costa a costa lleva unas dos horas y media si se hacen de un tirón los casi 180 kilómetros que las separa. Nosotros nos decantamos por una tercera opción, la de apuntarnos a un tour organizado. Lo reservamos con Paddywagon, muy popular por sus tours divertidos y enfocados a gente joven. De hecho, creo que éramos con bastante diferencia los menos jóvenes del grupo, pero nos sentimos muy a gusto. Hacía bastantes años que no hacíamos ninguna excursión en este plan, pero nos encajaba el recorrido, las críticas que leí eran buenas, el precio de 39€ por persona estaba más que bien y la empresa me pareció seria y formal.
Como inconveniente, el que ya sabemos: tiempo limitado para disfrutar de cada lugar. Aun así, nos arriesgamos.
Salimos de la Oficina de Turismo de Cork y nos dirigimos hacia el oeste de la isla. El chófer lleva un micrófono “manos libres” y hace también de guía, dando algunas explicaciones durante el trayecto. Es un irlandés típico, muy simpático y con un sentido del humor peculiar pero habla deprisa como el demonio y suelta algunas expresiones en gaélico que hace que me cueste un poco seguirle, especialmente sus continuos chistes y bromas.
Hacemos una breve parada en Limerick, tercera ciudad del país y lugar donde se rodó la película Angela’s Ashes que ganó el Óscar a la mejor banda sonora en el año 1999. El río Shannon, el más caudaloso del país, atraviesa la ciudad y en sus orillas se levanta el gran castillo King John’s Castle.

Río Shannon a su paso por Limerick
A partir de aquí ya entramos en el Condado de Clare y el paisaje se va haciendo más y más bonito, dominado por grandes prados donde pastan las vacas, ovejas y caballos en un entorno muy rural y bucólico. Llegamos a El Burren, el único paisaje rocoso del país y considerado uno de los paisajes cársticos más grandes de Europa, una gran extensión de piedra muy peculiar que parece sacado de otro Planeta. Gracias a sus características climatológicas y geológicas, se trata del único lugar de la Tierra donde crecen flores árticas, alpinas y mediterráneas juntas e incluso 26 tipos diferentes de orquídeas. Un lugar que no sólo entusiasma a los geólogos y botánicos sino también a los arqueólogos pues se han encontrado importantes restos de antiguas civilizaciones.

Paisaje de El Burren

Paisaje de El Burren


Un magnífico ejemplo es el dolmen de Poulnabrone, nombre que procede del gaélico Poll na Bron y que significa “agujero en la piedra”. Se trata de un lugar de enterramientos del Neolítico, probablemente entre el 4200 a.C. y el 2900 a.C. Consta de una piedra plana y lisa de tres metros de largo que descansa sobre otras dos colocadas formando una puerta y éstas sobre un túmulo que da estabilidad al monumento. En el año 1985 se descubrió una grieta en una de las piedras que hacen de soporte y durante la operación de substitución de esta losa se aprovechó para excavar, descubriéndose al menos 33 personas enterradas bajo el monumento y diferentes objetos personales como una azada de piedra, un colgante de hueso, cristales de cuarzo, armas y cerámica. Debido a su situación predominante sobre el paisaje de Burren que rodea el monumento, debió ser un centro de ceremonias y rituales durante la Edad del Bronce y hasta bien entrado el período celta.

Dolmen de Poulnabrone
Aunque no estamos en la mejor época para ver flores, disfrutamos enormemente de este gran mar de piedra atravesado por grietas que se conocen como grikes donde crecen las flores y dejan al descubierto rocas aisladas llamadas clints.

Grikes (grietas) y clints (rocas)



Circulamos por carreteras muy estrechas, lo que obliga al chófer a demostrar sus habilidades cada vez que nos cruzamos con otro autocar, acompañado de unos bien merecidos aplausos. Seguimos la costa por la Bahía de Galway desde donde se divisan las islas Aran que han inspirado a tantos poetas.

Bahía de Galway
Tiempo libre para comer en un pub del pequeño pueblo de Doolin. Saboreamos una deliciosa crema de zanahorias, un roast beef con un generoso acompañamiento y una pinta de Guinness.
Nos quedamos sin postre. El postre es la llegada al punto más esperado de la excursión: los Acantilados de Moher, una increíble maravilla de la naturaleza. Este lugar ha quedado finalista entre 28 más y compite con ellos a través de votaciones populares para ser nombrado como una de las “siete maravillas naturales del mundo” cuyo anuncio se hará el próximo 11 de noviembre. 
Los Acantilados se extienden a lo largo de 8 kilómetros y alcanzan los 214 metros en su punto más elevado, al norte de la Torre O’Brien. Esta torre fue construida en 1835 por Cornelius O’Brien, un descendiente de Brian Boru (rey de Irlanda de 1002 a 1014) y actualmente se utiliza como punto de observación.




Acantilados de Moher



Torre O'Brien




Esas murallas de piedra arenisca que superan los doscientos metros sobre el mar en caída libre, impresionan a cualquiera. En sus erosionadas paredes conviven numerosos grupos de aves en grandes colonias que se han adaptado perfectamente a este hábitat.
El nuevo Centro de Visitantes inaugurado en 2007 fue diseñado para minimizar el impacto medioambiental, totalmente integrado en el terreno y adaptado al paisaje.

Centro de Visitantes
El tiempo es muy cambiante y en pocos minutos pasamos del sol a un chubasco que nos deja bien empapados. A no ser que te encuentres cerca del Centro de Visitantes no hay lugar para resguardarse y los paraguas de poco sirven porqué el viento es un acompañante fijo del recorrido. En algunos momentos, la línea entrecortada de acantilados se cubre de una neblina que apenas los deja ver, creando una aureola de misterio.
A partir de cierto punto, un cartel indica que es propiedad privada y está prohibido el paso pero la gente hace caso omiso de la advertencia.

Prohibido el paso a partir de este punto. Nadie hace caso!
Música celta ambientando el recorrido
La verdad es que es bastante peligroso porque no hay ninguna protección y muchos inconscientes no tienen ningún reparo en acercarse hasta la misma línea del precipicio tentando a la suerte. No sé si se habrán producido muchos accidentes pero los Acantilados de Moher se encuentran dentro de la lista de los "mejores" lugares donde puede uno suicidarse (17 suicidios en 1998). En el número uno de esta macabra lista está el Golden Gate de San Francisco, con 1500 suicidios… poca broma! 



Roca Great Raven




La combinación de colores, el verde de la hierba, el gris de la piedra y el azul del mar y los constantes cambios atmosféricos recrean un buen escenario para los aficionados a la fotografía y también al cine ya que son varias las películas y los videos musicales que han utilizado este lugar en alguna de sus escenas, entre ellas Harry Potter y el Misterio del Príncipe (2009).
Ya de vuelta a Cork hacemos una breve parada en Bunratty, un lugar que gira entorno a su castillo medieval.

Castillo de Bunratty

Castillo de Bunratty

  

lunes, 5 de septiembre de 2011

Por el Condado de Cork: Kinsale, Blarney y Cobh

El pasado mes de agosto viajamos unos días al sur de Irlanda. De la isla sólo conocíamos Dublín y nos apetecía ver algo de paisaje, pastos verdes, acantilados y a la vez, alejarnos de los bochornosos días de verano.

Casas de Cobh

Un típico paisaje irlandés
Volamos hasta la ciudad de Cork y nos movimos desde allí utilizando el autobús y el tren. A pesar de ser la segunda ciudad en número de habitantes, Cork es pequeña, fácil de recorrer en pocas horas. No tiene el encanto de Dublín pero es una ciudad agradable donde, al igual que en la capital, se respira un buen ambiente. De los 32 condados en que se divide administrativamente el país, el Condado de Cork, no es sólo el más grande, sino que es uno de los más ricos en paisajes, historia y cultura. Sin verse obligado a recorrer muchos kilómetros se pueden hacer interesantes excursiones, entre ellas a los pueblos de Cobh y Kinsale o al Castillo de Blarney.




Madrugando un poco se pueden hacer las tres excursiones en un día y sin agobios, ya que la frecuencia tanto de autobuses (a Kinsale y Blarney) como de trenes (a Cobh) es lo suficientemente buena para ir enlazando unos con otros sin tiempos muertos.
Así pues, salimos del hotel a primera hora de la mañana, a las siete y media ya nos encontrábamos caminando por las aun dormidas calles de Cork, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que era sábado.
Tras cruzar el río Lee por el puente de Brian Boru se llega a la estación central de autobuses.
Compramos los billetes de ida y vuelta para el bus nº 249 con destino a Kinsale que se encuentra a unos 29 km al sur de Cork.




KINSALE


Kinsale es un pueblo pesquero situado en el estuario del río Bandon, apreciado por sus buenos restaurantes de pescado y marisco. Llegamos a Kinsale un poco antes de las nueve y no se veía un alma por la calle. Empezamos el recorrido por el pequeño puerto, donde algunos pescadores estaban trajinando cajas con las capturas de la noche anterior. El cielo gris que dejaba escapar alguna gota, la fresca brisa, el canto de las gaviotas, el olor a mar...ummmm, Irlanda en estado puro.




Tan pronto abrieron la oficina de turismo fuimos a buscar algo de información. Aunque el pueblo es pequeño parece muy turístico y en la oficina ofrecen una buena atención al visitante. La zona más pintoresca es la Plaza del Mercado y sus alrededores, donde se concentra el mayor número de tiendas, pubs, restaurantes y algunos hoteles y bed and breakfast. 


Edificio antiguo mercado





El antiguo mercado es un pequeño edificio porticado del 1600 y reconvertido ahora en museo. Todo el barrio es muy alegre y sus callejuelas adoquinadas lucen las casas pintadas de vivos colores que me imagino ayudarán a levantar el ánimo durante los muchos días grises que tienen por esas tierras.









Uno de los edificios de mayor interés histórico es el Castillo Desmond, construido como aduana alrededor del 1500 por el noveno conde de Kinsale, un miembro de la familia Fitzgerald. Entre 1600 y 1601 se utilizó como arsenal de Don Juan de Aguila durante la ocupación española de la ciudad que duró cien días, antes de la Batalla de Kinsale, el día 3 de enero de 1602, batalla que se enmarca dentro de la guerra anglo-española del 1585 al 1604. 



Cuando se construyó el nuevo edificio de aduanas en 1641, el Castillo Desmond se convirtió en una cárcel naval. Los prisioneros de guerra eran mayoritariamente franceses, de tal manera que se empezó a conocer como la “cárcel francesa”, siendo muchos de ellos canjeados por soldados británicos. En 1751, el castillo fue cedido al pueblo de Kinsale y se utilizó como cárcel hasta 1846 y también como almacén. En la década de los 90 fue restaurado y posteriormente abierto como Museo del vino.



Siguiendo la cuesta a mano derecha se llega al convento de las carmelitas cuya iglesia visitamos. De todos modos, la iglesia que tiene más interés es la dedicada a San Multose, personaje que vivió en el siglo VI. Fue construida hacia el año 1190 en estilo románico irlandés, siendo una de las más antiguas del país. A las afueras de Kinsale se pueden visitar las ruinas de dos Fuertes militares: el Fuerte James y el Fuerte Charles, cuyas piedras son testigos de las batallas que vivió esta parte de la isla.






CASTILLO DE BLARNEY


Regresamos a Cork y desde la misma estación cogimos el bus nº 224 hacia Blarney, pueblo que se encuentra a las afueras, a unos 8 km. En Blarney se puede visitar uno de los castillos más antiguos del país y que custodia una vieja tradición: besar la piedra de Blarney, más conocida como la piedra de la elocuencia, porqué se dice que concede este don de saber expresarse en público a quienes la besan.











La cuestión es que besar la piedra no es tan fácil como puede parecer ya que uno debe tumbarse boca arriba e inclinar la cabeza hacia atrás en una hendidura hasta alcanzarla. La verdad es que me sentí un poco ridícula pero cumplí con lo que mandan los cánones. El castillo se construyó a principios del siglo XIII y su interior está prácticamente en ruinas, quedando la torre del homenaje y algunas estancias que con la ayuda de los paneles informativos te conducen a la época medieval. Es como una gran caja vacía con una escalera que tras subir los cien escalones lleva a la parte más elevada de la torre, lugar donde se halla la famosa piedra.



No merecería la pena pagar los 10€ de la entrada si no fuera por su magnífico entorno y por los jardines. Uno de ellos es el llamado Poison Garden, en el cual todas las plantas que crecen son tóxicas.





Más interesante es The Rock Close and Water Garden, un lugar místico situado en un antiguo asentamiento druídico. Los druidas, para las sociedades celtas antiguas, eran sacerdotes con la misión de conservar y transmitir las tradiciones religiosas y administrar la justicia. Se puede realizar un corto recorrido y con la ayuda de un plano se van identificando los distintos puntos de interés: The witches stone o piedra de las brujas que viendo su forma es fácil adivinar por qué se la conoce con este nombre, un dolmen, o las estrechas escaleras que llevan a una pequeña cascada.


The witches stone o piedra de las brujas



Dolmen
Estas escaleras se conocen como “the wishing steps” y según la leyenda, a quien las baje con los ojos cerrados se le cumplirán todos los deseos.


The wishing steps o escalera de los deseos
Aproximadamente en el centro de la gran finca de 24 hectáreas se encuentra la Blarney House, una mansión reformada en 1874 en estilo señorial escocés y residencia de la familia Colthurst desde el siglo XV.
Hay dos senderos señalizados, el llamado Lake walk (45 minutos) que conduce a un lago y el Woodland Walk que se puede recorrer en una hora y media.





COBH


Visto el castillo de Blarney y sus jardines, nuestro siguiente objetivo era Cobh (Queenstown hasta 1921) por lo que nos vimos obligados a volver a Cork para coger el tren. Salen trenes cada treinta minutos durante las horas centrales del día (algunos menos los domingos) y el trayecto Cork – Cobh dura tan sólo 25 minutos.
En la misma estación está el Cobh Heritage Centre. Delante y de cara al mar, la bonita escultura de la joven Annie Moore y sus dos hermanos. Esta adolescente fue la primera persona registrada en el Centro de Inmigración de Ellis Island. Fue el dia 1 de enero de 1892, fecha en que se inauguró en Ellis Island la instalación por la que tendrían que pasar a partir de aquel momento, todos los inmigrantes que llegaban a New York. Una estatua parecida de la muchacha se encuentra en el Museo de Inmigración de Ellis Island como homenaje a todos los que llegaron a la ciudad de New York en busca de un futuro mejor.



Visitamos el Cobh Heritage Centre, una exposición que explica las vivencias de los dos millones y medio de irlandeses que abandonaron el país con destino a los Estados Unidos de América desde este puerto de Cobh, entre 1844 y mediados del siglo XX debido a la gran hambruna y miseria que asoló el país como consecuencia de la pérdida total de la cosecha de la patata (entre 1844 y 1848) por un hongo desconocido hasta el momento.






Condiciones durante los viajes en barco
También se expone material acerca del desastre del Titanic, pues Cobh fue el último puerto donde hizo escala el trasatlántico antes de su viaje, y de la tragedia del Lusitania, como recuerdo a los cientos de personas que murieron a consecuencia del hundimiento del trasatlántico por un submarino alemán en 1915, hecho que provocó la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial. En ese aspecto, tiene un cierto parecido con el Museo Marítimo de Liverpool, a pesar de que este último es mucho más completo e interesante.
Continuamos disfrutando de la soleada tarde de sábado que seguro animó a muchas familias a salir a la calle. Por la zona de la estación, donde se encuentra el paseo marítimo, se podía ver a mucha gente paseando o en bicicleta, otros pescando y algunos leyendo tranquilamente sentados en un banco a la orilla del mar. Ya en el centro del pueblo, el ambiente festivo se multiplica: muchas paradas de artesanía, atracciones de feria, competiciones de regatas, actuación de grupos musicales… y mucha gente llenando toda la zona del puerto, comiendo y bebiendo cerveza.








Nos alejamos un poco del barullo y subimos por las empinadas calles hasta la Catedral de San Colman, una enorme construcción, desproporcionada si tenemos en cuenta el número de habitantes de la localidad. Se construyó en estilo gótico francés entre 1868 y 1915, año en que se acabó la estilizada aguja que se ve de todos los rincones del pueblo. El carillón es el más grande de Irlanda y consta de 47 campanas con un peso total de 17380 kilos que, junto con el reloj, se instalaron un año después de construida la torre.  
Delante de la catedral hay una gran explanada, que a modo de terraza sobre el puerto y la parte baja del pueblo, es el mejor mirador de Cobh.  






Desde la catedral, se ve la parte trasera de las tan fotografiadas casas de Cobh con sus fachadas de colores siguiendo la pronunciada pendiente hasta llegar al mar. Bajamos de nuevo hasta el puerto por la Lower Middleton street, donde tienen la entrada principal las pintorescas casas que con sus colores azul, verde, rosa, amarillo se aferran a la colina bajo la sombra de la Catedral.







Ya de regreso a Cork, la última sorpresa del día. En una de las estaciones del recorrido Cobh – Cork vimos en el andén y en las ramas de los árboles unos animalillos parecidos a unos mapaches que con sus grandes ojos miraban descaradamente hacia el tren.
Nos pareció algo extraño y posteriormente busqué información al respecto. Efectivamente, el periódico The Irish Times del día 6 de mayo de 2011, publicaba una noticia que hacía referencia al avistamiento de un mapache por esa zona. Según comentaba la noticia, alguien había avisado de la presencia de uno de estos animales y el “Centro Nacional de Datos de Biodiversidad” manifestaba su preocupación acerca de esta especie nativa de Norteamérica e introducida en el país de forma ilegal, por la potencialidad de transmitir nuevos parásitos y enfermedades que pudieran afectar a la población y a las especies nativas.

Y después de un día tan intenso, qué mejor que una buena pinta de cerveza, que para quien no lo sepa (por ejemplo yo, hasta ahora que lo he buscado) equivale a 568.26125 ml en el Reino Unido y a 473.17647 ml en Estados Unidos. Tiene guasa lo de las cinco cifras decimales!