viernes, 8 de junio de 2012

Castillo de Devín. República Eslovaca



Devín es un pequeño situado a las afueras de Bratislava. Allí se encuentran las ruinas de un castillo que para el pueblo eslovaco está cargado de un gran simbolismo.

Devín desde el Castillo


En sus orígenes Devín formaba parte de las propiedades del castillo llegando a alcanzar posteriormente la categoría de pueblo. Su historia y la de su castillo han pasado momentos de gloria y de penurias, supongo que como la gran mayoría de castillos situados en lugares tan estratégicos como éste. Hoy forma parte de Bratislava y se podría considerar un barrio más de la ciudad pero no es un barrio cualquiera porque su ambiente rural y su gran tranquilidad hacen que sea una excursión ideal para acercarse a la naturaleza.







Si no se dispone de coche, viajar en autobús es lo más práctico y económico (2.9 € ida y vuelta). Los autobuses 28 y 29 llegan hasta Devín, el primero tiene su última parada en el pueblo que está a cuatro pasos del castillo, mientras que el segundo para prácticamente en sus puertas. Se tardan unos 20 minutos en recorrer los 13 kilómetros que separan Bratislava de Devín.
Una alternativa es hacer el recorrido en barco por el Danubio pero sólo navegan de abril a septiembre y la frecuencia no es demasiado buena ni en plena temporada alta. El precio es de 7€ ida y vuelta y se deja un tiempo libre de dos horas para la visita. Aunque es suficiente para ver las ruinas, lo considero un inconveniente ya que los alrededores son muy agradables para caminar y tomárselo con la calma que a uno le apetezca sin tener que mirar el reloj. Si se decide ir a Devín en barco y regresar a Bratislava en autobús o viceversa, el precio del viaje sencillo es de 5€.  
Lo que nos llevó hasta Devín no fueron tan sólo las ganas de ver lo que queda en pie del castillo que arrasaron las tropas de Napoleón Bonaparte tras su paso por allí en 1809, sino alejarnos del asfalto y saber como huele la primavera eslovaca. El lugar es muy bonito ya que es el punto donde se unen los ríos Danubio y Morava dibujando éste último la frontera con Austria. No es una frontera cualquiera ya que formaba parte del llamado Telón de Acero, la división política entre Este y Oeste después de la II Guerra Mundial. El Morava en ese punto separaba pues, no sólo dos países sino dos mundos.

Punto de unión del Morava con el Danubio

Sobre un peñasco de 212 metros sobre el río se levantó el Castillo de Devín en el año 1237. O al menos, esto es lo que se cree porqué de esa fecha es el primer documento conocido donde se hace mención de la fortaleza. Por los restos arqueológicos encontrados se sabe que el lugar ya fue habitado en el Neolítico y los Celtas y Romanos también se establecieron en ese punto de control del comercio por el Danubio.
La fortaleza del siglo XIII fue construida para proteger la frontera del oeste del Reino de Hungría y se reforzó durante las guerras contra los turcos. En 1945 Devín formaba parte del Tercer Reich como parte de la Baja Austria pero en 1946 fue devuelto a Checoslovaquia junto con Bratislava.
Su historia inspiró a varios poetas del Romanticismo y fue en la primera mitad del siglo XIX cuando se empezó a convertir en lugar de peregrinación de los jóvenes patriotas como símbolo del pasado eslovaco.
Cuando bajamos del autobús seguimos las indicaciones en dirección al río, mejor dicho, a los ríos. A pesar de que todo estaba extremadamente tranquilo, el pequeño hotel, un par de restaurantes y algunas atracciones de feria nos hacen pensar que debe ser un lugar concurrido especialmente en fin de semana.


Junto al río se levanta un monumento para recordar a las 400 personas que fueron asesinadas en este lugar durante la etapa comunista. En una placa está escrito:
“Durante el período Comunista en la ex República Checoslovaca cerca del Telón de Acero 400 hombres y mujeres fueron asesinados. La Confederación de ex prisioneros políticos han levantado este monumento para que su sacrificio en la búsqueda de la libertad inspire a las futuras generaciones.”
Y después añade que el día 23.X.2008 su Majestad la Reina Isabel II visitó el monumento.




De Devín a Vysoká pri Morave se extiende un sendero junto al río Morava, ideal para recorrerlo en bicicleta. De aquí parte también una ruta hasta la colina Devínska Kobýla que atraviesa los Cárpatos en su parte occidental.
Nos conformamos con pasear por la orilla del río hasta el embarcadero, ahora prácticamente sin actividad, donde hay también un pequeño faro, el único del país.





El único faro del país

Pequeño embarcadero. Río Danubio 

Caminamos por la zona residencial de Devín que desemboca de nuevo en el castillo. No se ven mansiones lujosas pero si casas individuales con pequeños jardines bien cuidados. El Castillo forma parte del Museo de Bratislava y abre a las 10 de la mañana de martes a domingo. Siendo lunes no teníamos ninguna esperanza de poderlo visitar pero a las 10 en punto se abrieron las puertas. Antes de comprar la entrada, muy amablemente nos informaron que la exhibición y los lavabos estarían cerrados y que el precio reducido era de 1.5€ en vez de los 3€ que cuesta habitualmente.
Se entra al recinto por la Puerta de Moravia, construida en el siglo XV en la antigua muralla y protegida por dos bastiones semicirculares.

Puerta de Moravia

Desde el año 1973 se están realizando trabajos arqueológicos y de conservación. En 1975 se encontró una cruz de hierro que junto con otros hallazgos corresponden a la que se cree la construcción cristiana más antigua de Eslovaquia y una de las primeras al norte del Danubio.

Restos arqueológicos primera iglesia cristiana del país

A través de un manto de flores amarillas que cubren el paisaje vamos caminando hasta las ruinas de lo que fue el castillo propiamente dicho. Desde el siglo XV perteneció a diferentes familias de la aristocracia como los Señores de Gara que construyeron el palacio gótico de dos plantas durante la primera mitad del siglo XV, añadiéndose en el siglo XVI un palacio renacentista. Un gran pozo del siglo XV de 55 metros de profundidad y 2.4 metros de diámetro abastecía de agua a los habitantes del castillo. En su interior se descubrieron 722 marcas en la piedra de 24 tipos diferentes.





Restos palacio siglo XV

Ventana gótica
Pocas piedras quedan en pie pero no hay edificación que pueda superar la belleza del paisaje. Por un lado el color verde cubre las colinas que rodean el pequeño pueblo de Devín y por el otro, las aguas del Morava uniéndose al Danubio y territorio austríaco, intuyéndose Viena a lo lejos.
Las almenas del bastión renacentista sobresalen de la estrecha roca, lugar que inspiró la leyenda de Mikulas, el joven heredero del castillo y la princesa de un reino lejano cuyo amor prohibido por oposición de la familia acabó con el salto de la muchacha al Danubio tras caer muerto su amado.







Pozo del siglo XV

Marcas encontradas en el interior del pozo

Más cierto es que Julio Verne quedó maravillado de este entorno y aunque ubicó su novela “El Castillo en los Cárpatos” en Transilvania, el castillo que en ella describe es el de Devín.





14 comentarios:

  1. Que bonito
    siempre me han encantado los castillos y sus alrededores
    un abrazo

    ResponderEliminar
  2. estupendo post, pero si tengo que destacar algo es la razón que te lleva al lugar como dices:

    "sino alejarnos del asfalto y saber como huele la primavera eslovaca" porque es eso, los viajes también son oler y aporta una dimensión que a mucha gente le pasa desapercibida. Me ha gustado mucho.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Me encantan los castillos y la verdad es que el enclave de este es precioso, mi lista de lugares a visitar cada vez se va haciendo más grande, no puede ser...Un abrazo!!! ;-)

    ResponderEliminar
  4. Un lugar precioso. Estos verdes prados acompañados por el río nos maravillan a todos, no solo a Julio Verne. Un relato muy interesante.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Hola Bleid,
    En este caso el castillo en sí no es nada del otro mundo pero los alrededores sí que merecen la pena. El lugar es precioso.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  6. Hola Fernando

    Como hemos comentado algunas veces, los viajes son la suma de varias sensaciones, unas sensaciones que deben experimentarse in situ y son las que formarán parte de los recuerdos individuales.

    Gracias por comentar. Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Babyboom, me parece que te pasa igual que a mí y es que la lista de lugares a visitar en vez de acortarse cada vez se va haciendo más y más larga y como dices ¡no puede ser! Necesito por lo menos otras tres vidas.

    Un abrazo y disfruta en Polonia

    ResponderEliminar
  8. Gracias cincuentones. No me extraña que Julio Verne se enamorara del lugar. Quizás fue una primavera tan esplendorosa como la de este año, aunque me imagino que en invierno y en otoño también debe tener su encanto.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  9. Las visitas que más disfruto son con la naturaleza y si encima incluyes un espectacular castillo tienes una excursión perfecta. Muy buenas fotos, me ha encantado el castillo y el paisaje aunque lo que más me ha llamado la atención es el monumento a los 400 asesinados durante el comunismo, un punto de inflexión sobre otros tiempos no tan lejanos que hemos ido olvidando poco a poco.

    Un abrazo !!!

    ResponderEliminar
  10. Pues sí Carfot,
    Hay episodios de la Historia que son todavía muy recientes y estos monumentos, aunque estéticamente son feuchos, sirven para que no olvidemos.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  11. Hola Ma.Teresa, otra entrada muy interesante. Y, como siempre, nos descubres un sitio y su historia que, al menos personalmente, desconocía... Acuerdo con que el paisaje es realmente bellísimo, el pueblo/barrio se encuentra muy buen situado y ése Castillo de Devín o lo que resta de él, debe resguardar muchas historias, mucha sangre derramada!

    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
  12. Gracias Gus,

    Pues para ser sincera, antes de viajar a Devín tampoco conocía su historia, es más, ni me sonaba el nombre. Pero por eso viajar es tan apasionante porqué es un aprendizaje contínuo en todo el sentido de la palabra.

    Gracias por pasar por aquí

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  13. Pero ue bonitooo!!, ... parece además un poco "callado", es decir, silencioso, tranquilo ... seguro que descansando después de tantos años de historia!.

    Un lugar chulísimo, gracias por compartirlo!.
    Alfonso

    ResponderEliminar
  14. Que bonito M.Teresa.

    No sólo el castillo, sino sobretodo todo el entorno!Parece un lugar de cuento!

    Tengo una pendiente con Bratislava, ya que cuando estuve allí fue muy de pasada. Así que me apunto este sitio, para cuando vuelva.

    Petons!

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.