Hangzhou, la ciudad que maravilló a
Marco Polo en el siglo XIII, es hoy una gran urbe de más de seis millones de
habitantes. La descripción que éste hace de Hangzhou en su libro de viajes es la más larga y quizás la más famosa, comparándola a una ciudad
celestial, la más bella del mundo conocido. Estos elogios han sido recordados
durante siglos y todavía hoy se siguen utilizando como reclamo publicitario aunque
ya mucho antes del turismo de masas, la ciudad de Hangzhou era una de las más
visitadas del país.
Si el veneciano levantara la cabeza me
pregunto si la reconocería, probablemente sí. A pesar de los altos rascacielos,
de los coches de lujo que circulan por sus calles o de la frenética actividad consecuencia
de su próspera industria, cuando se acercara a orillas del Lago Oeste sabría inequívocamente
que se encuentra en Hangzhou, o mejor en Kinsai tal como él la llamó, cuyo
significado en chino significa capital.
Sí, es cierto que el Lago Oeste ha cambiado mucho
desde entonces porqué su aspecto actual no es cosa de cuatro días sino que es
una labor pausada de embellecimiento siglo tras siglo.
Nació en el siglo VIII a
partir de una pequeña laguna junto al río Qiántáng cuando el gobernador mandó
dragar las marismas. A partir de entonces la historia del Lago ya avanzó paralela
a la de Hangzhou, ciudad mucho más antigua que el propio lago, remontándose a
inicios de la dinastía Qin (221
a .C.)
Juntos han vivido largos períodos de
prosperidad pero también períodos de hambre y miseria siendo el Lago Oeste
testigo de cada uno de estos momentos.
La ciudad adquirió mucha importancia
cuando se construyó el Gran Canal de China bajo la dinastía Sui. A partir del
siglo XII se convirtió en un gran centro de comercio especializado en sedas y
porcelana, siendo un puerto de primer orden hasta la dinastía Ming. Fue en 1126
tras la llegada de los invasores del norte cuando la dinastía Song se trasladó
al sur y se instaló en Hangzhou, ciudad que consideraban protegida por el lago
y por las montañas.
Fue en esa época de esplendor cuando
llegó a Hangzhou el primer occidental, el explorador y mercader veneciano Marco
Polo. Exageraba explicando que la ciudad tenía más de un centenar de kilómetros
de diámetro y 12.000 puentes o cuando escribió que el número y la riqueza de
los comerciantes y la cantidad de mercancías era tan enorme que ningún hombre
se podría formar una justa estimación de los mismos.
Seguro que exageraba, pero sus
relatos describen muy bien el ambiente que se debía vivir en sus calles, en los
almacenes y comercios, en el puerto.
Le sucedieron épocas de saqueos de piratas
japoneses, ataques, incendios, pero la ciudad fue recuperándose de nuevo hasta
lo que es hoy, un núcleo próspero acorde con el crecimiento que están
experimentando gran parte de las provincias chinas. Los chinos no se cansan de repetir el antiguo proverbio de que "En el cielo está el paraíso y en la tierra Suzhou y Hangzhou" y lo que atrae a los miles de turistas que visitan esta antigua capital imperial, es muy parecido a lo que sedujo a antiguos viajeros, a filósofos, políticos o célebres poetas. Lo mismo que embelesó a Marco Polo: el Lago Oeste. Según sus notas "El lago en sí es una interminable procesión de barcazas llenas de buscadores de placer", un placer que siguen buscando tanto los locales como los visitantes que pasean por sus orillas o se deslizan en sus aguas.
Tiene una extensión de 3x3 kilómetros
y una profundidad media de 5
metros y se divide en cinco partes: El Lago exterior que
es la zona más conocida y popular, el Lago norte, el Lago Yuehu, Lago interior
occidental y Lago menor Sur.
En 2011, el paisaje cultural del Lago
Oeste de Hangzhou fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisamente por su
papel de inspirador de famosos poetas, pensadores y artistas desde el siglo IX.
Está rodeado por colinas y bosques en
tres cuartas partes y abierto a la ciudad en la cuarta. Su belleza y la del
paisaje que lo envuelve ha dado lugar a tantos mitos y leyendas como a poemas y
declaraciones de amor. El conjunto de agua, jardines y montañas recrean la imagen
romántica y bucólica que parece sacada de una pintura china tradicional la cual
completan los antiguos pabellones, pagodas o puentes de media luna.
| La gran pagoda de Léifeng domina el lago |
El clima de Hangzhou es caluroso y
húmedo en verano y muy frío en invierno por lo que abril y octubre son los
mejores meses para visitar la ciudad. De todas formas, el lago y los jardines
son bonitos en cualquier estación del año. Sus jardines se conocen con nombres tan poéticos como la Fiesta de los Peces, el Canto de las Oropéndolas, la Brisa
Mece los Lotos de Chuyuan, el Puerto de Flores o el Oleaje de los Sauces.
El Lago Oeste forma parte de la
cotidianeidad de los habitantes de Hangzhou, especialmente los fines de semana.
Las familias pasean bajo la sombra de los sauces, ya sea a pie o en bicicleta.
Sentados junto al agua, hablan, pescan, comen, degustan un té, se divierten
bailando, tocan instrumentos tradicionales o simplemente contemplan el
paisaje o aprovechan los rayos de sol en invierno.
Es posible cruzarlo de norte a sur a
través de una pasarela elevada construida por el poeta y gobernador local
llamado Su Dongpo. Es un paseo de 3 kilómetros pero lo aconsejo sin dudar porqué
es una de las actividades más agradables que se pueden hacer en la ciudad.
La pasarela de Bai es más corta y conecta
la orilla norte con la isla de Gushan o Colina Solitaria, la mayor del lago y
la única de origen natural, formando un lago interior. Los edificios y el
jardín de la isla formaron parte del palacio de verano del emperador Qianlong
en el siglo XVIII.
Hay otras tres islas artificiales. La
más famosa es la isla de Xiaoying, la más pequeña y desde donde se pueden ver
los Tres Estanques que reflejan la
Luna , tres pequeñas torres en el agua. Las otras islas se
conocen como el Pabellón del Centro del Lago y el Monte del Señor Ruan Tyuan.
Se pueden hacer recorridos en barcas
de remos (imprescindible negociar el precio) o en barcos grandes, algunos de
ellos decorados de forma tradicional como si fueran pequeños templos flotantes,
con sus dragones y sus doradas ornamentaciones que tanto gustan a los chinos.
Cada noche se realiza una
representación que lleva el nombre de Impresión del Lago Oeste. Nosotros no
fuimos a verlo pero según he leído se trata de un espectáculo con grandes
efectos especiales interpretado por actores que parecen deslizarse sobre el
agua. El director de puesta en escena es el cineasta Zhang Yimou quien se hizo
cargo de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
La historia explica las leyendas y los mitos de Hangzhou ensalzando su cultura
y su belleza natural.
Lo que si vimos un par de veces fue
el espectáculo de la Fuente Luminosa
del Lago que tiene lugar diariamente en varios pases. Se hace justo enfrente del
hotel Hyatt Regency Hangzhou y aunque también
se representa durante el día, lógicamente luce mucho más cuando ya ha
oscurecido. Se trata de una bien lograda sincronización de agua, luz y
música.
Hangzhou tiene muchos más atractivos
además del Lago Oeste los cuales espero poder contar en una próxima ocasión.